miércoles, 30 de noviembre de 2011

Toro salvaje (1980)

Todo empezó en 1973, mientras Robert De Niro se encontraba rodando en Italia, cuando Peter Savage, uno de los co-autores del libro, le envió la salvaje y brutalmente sincera autobiografía de Jake LaMotta, "el Toro del Bronx", una leyenda de los pesos medios que asoló los rings de boxeo durante los años 40 y primeros 50, y quien presumía, a pesar de haber perdido varios combates, de no haber sido nunca derribado por un oponente. La vida que se describía en su autobiografía, parcial como toda autobiografía (por ejemplo no se mencionaba en ella a su hermano Joey) a pesar de su sorprendente sinceridad en según que aspectos, tocaba varios de los arquetipos que rodeaban a la figura de muchos de los grandes campeones pugilísticos: una infancia y juventud nada fáciles, delincuencia, Mafia, dinero malgastado, violencia doméstica, matrimonios fracasados, la soledad en la cima. De Niro quedó prendado de esa figura tan compleja, el boxeador decidido con voluntad de hierro y el emocionalmente débil marido compulsivamente celoso de su mujer; el campeón en el cénit de su popularidad y el deportista acabado y obeso quien tras varios negocios fracasados había acabado como cómico en clubs de mala muerte y actor y extra eventual. Tras devorar el libro De Niro se dijo que allí había un gran papel para él.

Para De Niro si había alguien en la Tierra indicado para dirigirle ése era sin duda su amigo Martin Scorsese. El actor le llamó para hablarle del proyecto que tenía en mente, pero Martin no se mostró interesado. Odiaba el boxeo, y según le dijo por teléfono, el único boxeo que tenía sentido para él era el que se veía en El boxeador de Buster Keaton. Así quedaron las cosas, pero De Niro no se había rendido todavía. Pasaría el tiempo y juntos aun habría de rodar Taxi Driver y New York, New York, y el actor volvía de vez en cuando con la idea de su película. Sus debates sobre el proyecto a lo largo del tiempo debieron de convertirse en algo tan mítico como los legendarios seis combates entre LaMotta y Sugar Ray Robinson. Poco a poco De Niro fue haciendo mella en el director, quien aceptó entrevistarse con Peter Savage, e incluso mandó a Mardik Martin, el guionista de Malas Calles, trabajar en un borrador sobre la vida de LaMotta. Pero aun así Scorsese seguía sin considerar seriamente la posibilidad de dirigir la película. Mardik se entrevistó con Vicki LaMotta, la sufrida esposa del boxeador y trabajó en dos borradores más, que ni gustaron a De Niro, ni convencieron a Scorsese. Era 1977, el año en que se estrenaría New York, New York, el primer proyecto de gran presupuesto para el director. Sería un sonoro fracaso en taquilla.

Mientras Martin todavía se encontraba enfrascado en el rodaje de su musical, De Niro y Scorsese acordaron que había que buscar un nuevo escritor para el biopic de LaMotta. El actor acudió a su amigo común Paul Schrader, el guionista de Taxi Driver, quien por entonces se encontraba rodando su segundo largo, Hardcore, un mundo oculto. Schrader ya no tenía ganas de escribir para otros y prefería dirigir, pero De Niro le persuadió para que se reuniera con él y Scorsese. Finalmente accedió a echarles una mano y reescribir el monumental y caótico tratamiento de Mardik.

Tras leer el borrador Schrader decidió que reescribir aquello no iba a solucionar nada, así que decidió partir de cero llevando a cabo su propia investigación sobre la figura de LaMotta. Fue entonces cuando repasando viejos archivos y noticias en la hemeroteca dio con la existencia de Joey, el hermano de Jake, también boxeador en sus inicios, que había pasado a convertirse en su representante, en lo que constituyó una tormentosa relación familiar y profesional hasta su ruptura definitiva. Aquella fue la mayor contribución de Schrader al guión final, la descentralización de Jake LaMotta de la trama central para convertirla en una carretera de dos carriles. Además, Schrader decidió crear a un nuevo Joey, fusionándole con Peter Savage, el viejo amigo de Jake. Sería así como el personaje de Joey LaMotta en el film sería al mismo tiempo el hermano y Peter, el amigo. Tras seis semanas de trabajo Schrader entregó un nuevo borrador con nuevas perspectivas y una impactante escena de masturbación en una celda.

El hecho de que Scorsese finalmente aceptara dirigir aquella película fue la culminación de un largo proceso personal en el que se combinaron muchos factores, principalmente algunos demonios personales que el director llevaba arrastrando muchos años. Al tiempo que su carrera cinematográfica iba despegando Scorsese se encontraba cada vez más perdido en una profunda crisis personal. No encontraba en él nada de los valores y el legado familiar italoamericanos, y como profundo católico llevaba mucho tiempo inmerso en una dolorosa y complicada crisis de fe. Desde Alicia ya no vive aquí pasando por Malas calles y el resto de sus films, todas aquellas inquietudes y preguntas sin respuesta se habían reflejado en sus trabajos de una u otra forma. Poco a poco su vida y su trabajo se habían convertido en una misma cosa. En su vida no había sito para nada más, y por tanto no fue de extrañar que en 1977 su segundo matrimonio se deshiciera. Martin siguió refugiándose en el trabajo, pisando el acelerador aceptando más de lo que podía manejar. A Taxi Driver y dos documentales había que añadir el agotador rodaje de New York, New York. Scorsese no sería la primera ni la última persona en recurrir a la cocaína para mantener ese ritmo de trabajo. Si finalmente añadimos a su delicado estado mental y espiritual los problemas de la droga y su ya de por sí frágil salud, tenemos un cóctel explosivo que finalmente detonó en septiembre de 1978 cuando el director tuvo que ser hospitalizado por una embolia que le tuvo a un paso de la muerte.

Mientras se recuperaba su amigo De Niro fue a visitarle. Scorsese había tocado fondo, pero era hora de salir a flote. El actor le animó a desintoxicarse y a volver a rodar juntos. Tras su experiencia cercana a la muerte que como en tantos casos se había transformado en profunda catarsis, el director le contó sus planes de retiro. Sí, haría esa última película con él que tanto deseaba. Después se retiraría a Italia donde se dedicaría a rodar documentales sobre santos en una vida de recogimiento y reencuentro con la fe. Por tanto Toro salvaje iba a ser su último film, su legado al mundo del cine. Un limpio Scorsese pondría en ella toda su atención y talento, un compendio, por así decirlo, de todo lo que tenía que decir. Desde luego ése iba a ser un factor importante para el resultado final.

Cuando por fin el director se había recuperado y se sintió con fuerzas para involucrarse del todo en el proyecto, el primer paso fue reescribir de nuevo el guión. Los contactos con los estudios no habían sido muy positivos, y nadie parecía interesado en rodar la vida de alguien tan antipático y oscuro como LaMotta. Finalmente la United Artists mostró interés (además de los productores de Rocky), pero exigió algunos cambios, empezando por la polémica escena de la masturbación de Jake en la celda y su método para rebajar la excitación a base de hielo. Siguiendo su cura de reposo Scorsese, acompañado por De Niro, se fue a pasar dos semanas en la isla de San Martín, donde juntos dieron el toque final conservando lo que les gustaba del guión de Schrader, desechando lo que no, y adaptando los puntos más polémicos al gusto de los ejecutivos.

El guión final sería acreditado a Mardik y Schreder, con lo que los cambios del actor y el director no quedarían reflejados de forma oficial. De Niro tenía de todas formas su ansiado proyecto y su reto personal, mientras que a Scorsese le atraía la oportunidad de mostrar las acciones y consecuencias de un ser complejo, cuyos motivos no siempre tenían explicación, un aspecto en el que quería marcar una diferencia entre aquel film y otros donde los personajes siempre parecían tener una justificación para todas sus acciones. En el plano más personal, Scorsese estaba interesado por la forma de conducirse de LaMotta tanto fuera como dentro del ring (como apuntó el director, en la época alguien comentó que el boxeador peleaba como si no tuviera derecho a vivir), como si un gran sentimiento de culpa le devorara por dentro, igual que le ocurría a él mismo. En ciertos aspectos Scorsese parecía verse reflejado en el personaje de su película.

Una vez que United Artists aprobó el proyecto De Niro fue a prepararse su papel con su estilo y determinación habitual. Durante varios meses el actor se fue a vivir y entrenar con Jake y su tercera esposa, Deborah, quien poco tiempo después señalaría a la continua presencia del actor en sus vidas como una de las causas para que su matrimonio se fuera al garete. Una vez más De Niro se preparó a conciencia (dicen que durante los entrenamientos llegó a romper algún hueso del pobre Jake) bajo la supervisión del propio LaMotta. Cuando ambos consideraron que estaban preparados el actor disputó tres combates amateurs, de los cuales ganó dos. Más tarde LaMotta presumiría ante la prensa y afirmaría que de haberlo deseado De Niro podría haber debutado como profesional y ganarse la vida como boxeador. Durante su preparación para el papel De Niro también se entrevistó con Vicki LaMotta, la ex-mujer de Jake y uno de los personajes principales de la película. Durante aquella reunión Vickie se le insinuó, pero como siempre el estudioso De Niro (o al menos ésa fue su excusa) prefirió que aquel encuentro fuera extrictamente profesional. Vickie afirmó más tarde que de no haberse sentido intimidada por el actor, habría logrado convencerle.

Mientras De Niro preparaba su papel Scorsese decidió rodearle de actores desconocidos para el reparto. La primera misión de su director de casting Cis Corman fue encontrar a varios preparadores y entrenadores así como boxeadores aficionados y profesionales para participar en la película. Para interpretar a Joey De Niro sugirió contratar a Joe Pesci, un actor desconocido que le había impresionado en la película The Death Collector. Por entonces, tras varios intentos fallidos para establecerse como actor, Pesci había decidido volver al negocio de la hostelería donde parecía irle mejor. Tras ver su trabajo Scorsese estuvo de acuerdo en ficharle, así que tras contactar con él le ofrecieron el papel de Joey. Pesci no se lo pensó dos veces y aceptó, y se fue a prepararse junto a De Niro. Sería el comienzo de una bonita amistad, y de una larga y prolífica carrera para Pesci.

Para el papel más pequeño de Salvy, uno de los mafiosos que aperecen en el film, Scorsese recurrió a otro actor que había aparecido en The Death Collector, Frank Vincent, quien, más involucrado en su carrera musical que en su faceta de actor, realizó la audición sin conocer a Martin, ignorando que era un director de prestigio. El papel no sólo sería suyo, sino que Vincent se convertiría en un secundario recurrente en la filmografía de Scorsese. Por otro lado para encarnar a Vickie, la esposa de LaMotta, encontrar a la actriz adecuada fue más difícil. Se llegó a sugerir a la propia hija del boxeador, Stephanie, pero De Niro rechazó la idea por ser demasiado extravagante. Finalmente fueron Pesci y Vincent quienes sugirieron a Cathy Moriarty, una impresionante beldad recién graduada de dieciocho años a quien habían conocido en un club del Bronx, y que parecía la reencarnación de Vickie LaMotta. La belleza y elegancia naturales de Cathy impresionaron a Scorsese y De Niro, y aunque no dejaron de considerar a otras actrices profesionales, pasaron tres meses con ella realizando lecturas del guión y en lo que fue como un cursillo rápido de interpretación de la mano de dos pesos pesados del negocio. Finalmente Moriarty consiguió el papel.

Por varias el film sería rodado en blanco y negro. Al parecer fue el mítico director británico Michael Powell, de quien Scorsese era un gran fan, quien le llamó la atención sobre el color de los guantes de boxeo que llevaba De Niro en unas pruebas que se habían rodado en 8mm. Ambos coincidieron en que visualmente las pruebas parecían fallar porque ambos recordaban el boxeo como algo en blanco y negro. Por lo tanto Scorsese se decidió a rodar Toro Salvaje en blanco y negro, de esa forma el aspecto del film sería más adecuado para la época y a sus propios recuerdos, podría utilizar más cantidades de sangre sin soliviantar a la gente del estudio, y se desmarcaría así de otros proyectos del género (entre ellos Rocky II) que estaban en preparación para ser rodados en color.

El plan de rodaje se adaptó a las necesidades de De Niro, quien desde el principio había pretendido a amoldar su físico a las necesidades de la historia. Tras meses de entrenamiento el actor había conseguido un físico envidiable, el adecuado para la juventud y la etapa de boxeador de LaMotta, añadiendo siete kilos de puro músculo a su peso habitual. Sin embargo para sus años posteriores De Niro estaba decidido a engordar casi 30 kilos para amoldarse al físico decadente del ex-boxeador metido a cómico. Desde luego no sería el primer actor en engordar o adelgazar para un papel, especialmente esto último, pero nadie había llegado las cosas tan lejos poniéndose kilos encima. Pero por entonces Bobby estaba dispuesto a lo que fuera por el bien de sus papeles, y no dudó en llevar su físico al límite para conseguir lo que quería (de hecho durante el rodaje Scorsese temió unas cuantas veces por la salud de su amigo). El hecho que fue el rodaje se dividió en dos partes: en la primera se rodaron los combates y la etapa de juventud de LaMotta. Después el rodaje se paró durante varios meses para darle tiempo a De Niro a zampar como un cerdo y engordar lo necesario. Paradójicamente durante ese tiempo Joe Pesci debía adelgazar para parecer más mayor. Los resultados fueron impresionantes.

Con De Niro a bordo y como siempre, totalmente metido en su personaje, el rodaje fue muy intenso. Para Cathy Moriarty fue una experiencia sorprendente y muy aleccionadora, aunque difícil. Siempre se sintió arropada por Scorsese y Bobby, y aunque había pasado varias semanas trabajando en su papel con ellos, tuvo que amoldarse a las súbitas improvisaciones de De Niro que no siempre se habían trabajado de antemano. Totalmente inmerso en su personaje, De Niro sólo respondía al nombre de Jake o champ. En cierta ocasión en que Cathy llevó a De Niro a su casa en coche, el actor decidió bajarse a mitad camino e irse corriendo el resto del trecho como lo haría un boxeador. Evidentemente todo giraba entorno a él y Scorsese, y el resto del equipo tuvo que acostumbrarse a que cada vez que sugieran dudas sobre motivaciones del personaje o similares, los dos irían a reunirse en privado paralizando todo el rodaje. Al fin y al cabo, ellos eran los viejos amigos y conocidos. El resto eran los nuevos. Con todo, la confianza entre ambos era ya tanta que en ocasiones a De Niro no le importaba hablar las cosas en el plató.

Aunque por ser una novata Cathy Moriarty fue quien lo pasó peor enfrentándose a De Niro, el actor les hizo sudar la gota gorda a todo el reparto con su nivel de intensidad (le fracturó una costilla a Pesci en la escena en que Joey hace de spárring para Jake; el plano permaneció en la película) y sus ocasionales improvisaciones buscando pillarles por sorpresa para obtener reacciones más naturales. Con el nivel de exigencia de Bobby, el talento con los actores de Scorsese y sus propios talentos tanto Pesci, Vincent como Moriarty rallaron a un gran nivel. El nivel de complicidad y amistad entre De Niro y Pesci fue tan patente que no es de extrañar que Scorsese volviera a recurrir al dúo de cuando en cuando. Como excelente secundario que es Frank Vincent también se ganó la confianza del director, y por su parte Moriarty realizó un debut antológico. Se reveló como una actriz con muchas posibilidades y su increíble físico causó un impacto tremendo en pantalla; parecía salida directamente del Hollywood de los años 40. Seguramente desde Bonnie y Clyde no había aparecido una actriz que pudiera desprender tanto glamour.

Bobby y Jake

Resulta curioso que cuando pasado el tiempo uno recuerda Toro salvaje, parece que haya muchos más combates de los que en realidad hay, ya que en el film el minutaje dedicado a las peleas en el ring apenas alcanza los diez minutos. Sin duda ello se debe a que las secuencias en el cuadrilátero son realmente impactantes, excelentemente coreografiadas y, a diferencia de la mayoría de films sobre boxeo, muy realistas (desde luego De Niro y LaMotta como asesor nunca habrían permitido lo contrario). El trabajo de Scorsese en este aspecto, como en el resto del film, es excelente. Aunque el director no tenía ni idea de cine, se dejó asesorar por LaMotta, y puso su talento en marcha para lograr esas inolvidables escenas. Para la preparación del film Scorsese se centró más en el espíritu de los combates que en la técnica de los mismos. Repasó muchos clásicos cinematográficos del género y viejos noticiarios, y tan sólo acudió en persona a dos combates de boxeo. Lo que más le impactó de los mismos fue el cubo de agua y la esponja que los ayudantes usaban para limpiar y refrescar a los púgiles; agua y esponja que conforme avanzaba el combate iban volviéndose más rojas. En el segundo combate que presenció, sentado entre las primeras filas, se quedó con el detalle de las gotas de sangre que caían de las cuerdas. Por supuesto esas experiencias las añadió a la película.

Desde luego no cabe duda de que Scorsese puso su alma en Toro salvaje, tanto en lo que quería contar como en la forma de contarlo. Desde luego el film trascendía el boxeo y al boxeador, para explorar los sentimientos de un hombre, la consecuencia de sus acciones, el sentimiento de culpa, los celos, y muchos otros aspectos. Toro salvaje debía ser el epitafio del director a su modo de ver la vida, y como cinéfilo, insertó todas las referencias y homenajes a otros films que pudo. Junto con la excelente fotografía de Michael Chapman y la inevitable colaboración de su mano derecha, la montadora Thelma Schoonmaker, Scorsese regaló al mundo no sólo uno de los mejores films de boxeo de la historia, sino todo un clásico de la historia del cine. De hecho la obsesión de Scorsese fue tal que volvió loco a los productores durante la posproducción, analizando el montaje casi fotograma a fotograma, hasta tal punto que tras muchos retrasos se fijo una fecha límite, y cuando ésta llegó, el director todavía quería trabajar en el sonido porque en cierta escena no oía las palabras "Cutty Shark". El productor le dijo que se oía perfectamente y le ordenó que entregara la copia para ser positivada. Scorsese monto en cólera y amenazó con quitar su nombre del producto final. Cuando pasaron las horas y la mente del director por fin volvió a la realidad, Toro salvaje fue finalizada y comenzó a ser copiada para su distribución.

Desde el arranque del film con esos bellos créditos e imágenes a cámara lenta con De Niro/LaMotta entrenándose al ritmo de una pieza de Cavalleria Rusticana, hasta ese fantástico y, en todos los sentidos, cinematográfico final en el camerino, Toro salvaje es una auténtica maravilla, con un inigualable De Niro en su momento álgido, y escenas mágicas e irrepetibles. La increíble aparición de Cathy en la pantalla, las peleas domésticas de Jake, la regla de Jake de no tener sexo antes de un combate, y tras juguetear con Vickie se acaba echando agua con hielo en los pantalones... O, por ejemplo, cuando Vickie comete el error de decir lo guapo que es el próximo contricante de Jake y éste, muerto de celos, le hace un buen "trabajito" sobre el ring para dejarle la cara deformada, o en el lado contrario, cuando corroído por la culpa Jake se deja apalizar por Sugar Ray... En fin, podría estar así todo el día.

Resumiendo, Toro salvaje es una película sobre la que se podría y de hecho se han escrito libros monotemáticos, y seguramente le podría dedicar un blog entero. No me alargaré mucho más. Tan sólo añadir que estamos hablando de cine más grande que la vida, rodada y protagonizada por un director y unos actores que se encontraban entre lo mejor de una generación. Obviamente tan imprescindible como respirar.

12 comentarios:

supersalvajuan dijo...

La tengo pendiente!!!

TSI-NA-PAH dijo...

De Niro para mi , aqui borda un papel echo a su medida, mas que en Taxi driver, el Padrino, aqui es realmente LaMotta
Y es cierto que Cathy Moriarty desprendia glamour por los cuatro costados!
Un abrazo

Félix S. Trabanco dijo...

Un gran clásico del cine, obra maestra, una película insuperable.

Lillu dijo...

Es una de mis pelis favoritas. He disfrutado muchísimo tu entrada. Gracias :)

saluditos!

ROCKLAND dijo...

Una de las mejores películas que he visto.
De Niro + Pesci + Scorsese = Obra maestra!

Saludos.

Alí Reyes H. dijo...

Ví esta película, y sin duda, es buena, pero ya veo que detras de ella y el libro hay otra trama como para una película más

John P. Maaaula dijo...

Me apunto una re-visión. Me entraron ganas de verla por fijarme en algunas cosillas que citas. Gran post.

Un saludo

Kinski dijo...

Película genial se mire por donde se mire. El reverso tenebroso y real del simpático e inocenton Rocky.

Guzz dijo...

Mucho más que un biopic u otra peli de boxeo. Uno de los mejores DeNiros y (para mí bastante más importante) uno de los mejores Scorseses. Es de esas de siempre te faltará verla una vez más aunque te la sepas de memoria y poco se puede añadir una vez leído el magnífico post. Saludos guzzeros.

Sergio dijo...

La volví a ver precisamente hace un par de semanas. Volvió a sorprenderme, siempre lo hace.
Obra maestra rotunda.

Möbius el Crononauta dijo...

supersalvajuan: ¡no puede ser!

Tsinapah: Cathy estaba impresionante

Félix S. Trabanco: totalmente

Lillu: ¡de nada!

Rockland: sí, nunca falla el trinomio

Alí Reyes H: con todas las grandes películas suele pasar

Kinski: ¡se mire por donde se mire!

Guzz: desde luego trasciende al propio género. Efectivamente, siempre gana con cada visionado

Sergio: totalmente cierto

Mr. Lombreeze dijo...

Pues me ha encantado el post. Sin embargo Toro Salvaje pertenece a mi particular grupo de unánimemente consideradas por otros obras maestras que a mí no me tocan la fibra (como Ciudadano Kane o La Regla del Juego). Hay algo en la historia de Lamotta que, en el fondo, me importa un bledo. Eso sí, los créditos iniciales son inolvidables.