sábado, 19 de noviembre de 2011

El último emperador (1987)

Nueve estatuillas de los Oscar, miles y miles de extras, suntuosos trajes, toneladas de pelo humano para pelucas, cooperación del gobierno chino y el primer permiso para rodar en la Ciudad Prohibida una película comercial occidental desde el advenimiento del comunismo. En El último emperador todo es grandilocuente y ancestral, como corresponde a la historia de Puyi, el emperador de China y señor del orbe terráqueo que acabó siendo jardinero, en la que no deja de ser una de las producciones independientes más costosas de la historia.

La verdad es que si por algo destacan las películas de Bernardo Bertolucci es por lo preciosistas que resultan siempre, algo bastante común entre los grandes directores clásicos italianos. Poco importa si el film en cuestión resulta más o menos interesante, ágil o aburrido, lo cierto es que por regla general suelen ser un regalo a la vista. Quizás El último emperador sea el mejor ejemplo de esas dotes de Bertolucci para la composición visual respaldadas por la excelente fotografía de Vittorio Storaro. Si a ello añadimos la magnificencia de la Ciudad Prohibida, y de otras localizaciones reales, nos encontramos con una película digna de verse, con escenas que marcaron época y que enseñaron a Homer como comportarse entre los Canteros.

Hay que reconocer también a Bertolucci, director que no suele escatimar en minutaje, que logró hacer de las cerca de dos horas cuarenta minutos que dura la película una historia bastante ágil con continuos flashbacks que nos retrotraen a la historia anterior del emperador desde su nacimiento hasta que cae en manos de los comunistas. Por supuesto ello no quiere decir que El último emperador sea una película fácilmente accesible para cualquier público, pero quien esté interesado en aquel convulso periodo histórico del gigante chino y las vicisitudes del emperador que acabó de jardinero, seguró que encontrará el film fascinante.

El reparto estelar de la cinta está encabezado por el emperador adulto y su mujer, interpretados por el entonces desconocido John Lone (uno de esos actores que si fueran músicos parecerían un one-hit wonder) y la sexy Joan Chen, aunque entre los chinos hay un par de secundarios más carismáticos cuyos nombres por desgracia desconozco. El insigne Peter O'Toole interpreta al tutor escocés del joven emperador con su reconocido talento y su facilidad para convertirse en un icono de la rectitud británica. Entre los japoneses malutos destaca Ryuchi Sakamoto, imprescindible nombre en muchas de las pelis ochenteras que tenían que ver con el oriente, ya fuera como actor o como compositor. En esta ocasión Sakamoto desempañaba ambas funciones aportando sus partituras junto a David Byrne.

Nunca he estado en China, pero si voy algún día desde luego será, más incluso que por ver la Gran Muralla y al próximo vigilante del mundo, por contemplar la grandiosa Ciudad Prohibida, un lugar que ya me fascinó desde que vi las primeras imágenes de El último emperador. Obviamente en aquella ocasión no vi el film entero, dudo que hubiera aguantado, o quizás me enviaron a la habitación en cuanto el emperador se puso a jugar con sus concubinas. Pero por alguna razón se me quedó grabada la celebrada escena del infante Puyi jugando entre varios cortinajes de seda. ¡Por desgracia a los turistas no les dejaran jugar con nada de lo que haya allí!

Buena prueba de ello es que a pesar de la plena cooperación que el gobierno chino otorgó a la compañía de rodaje la producción del film no fue nada sencilla, no sólo por lo megalómano del proyecto sino por las estrictas medidas de seguridad (un día que el bueno de Peter O'Toole se dejó su pase le dejaron fuera del set) y la prohibición de usar cualquier tipo de vehículo privado (de nuevo, O'Toole y los demás actores tenían que ir al rodaje en bici como todo quisque). Aunque paradójicamente el productor Jeremy Thomas afirmó que era mucho más fácil trabajar con el gobierno chino y su censura que con los grandes estudios. Por otra parte, aun no había tenido lugar ese incidente en aquella plaza...

El último emperador, cine histórico con la épica de los viejos tiempos y las multitudes de extras, como antaño. Fue de los últimos de otros tiempos, como le pasó a Puyi.

6 comentarios:

Félix S. Trabanco dijo...

Es una gran película. Tal vez Bertollucci ya no era ese autor polémico de antes y aquí seguía la estela de David Lean, pero como a mí me encanta David Lean tanto como Antonioni, pues no hay problema. Lo que quiero decir es que por aquel entonces lo llamaban (o tal vez a partir de esta película, no me se su filmografía de memoria)"director de encargo", lo cual no tiene que ser malo, depende de cual sea el encargo, digo yo. En fin, me gusta que hables de la fotografía preciosista, porque yo adoro ese tipo de imagen. Hay gente que la detesta, que la encuentra amanerada, vacia, como si no se pudiese tratar con pulcritud lo que estas filmando. La belleza de una imagen en una película de Fellini, Visconti o el mismo Bertollucci es de todo menos vacía, si quieren preciosismo vacuo que vean una de Ridley Scott (posterior a Blade runner). En fín, snobillos indies que a falta de talento ponen escusas para poder rodar como el culo.
Un saludo.

Alí Reyes H. dijo...

Dos horas y cuarenta munutos es algo que quiebra la voluntad...Pero si tú dices que vale la pena, la voy a buscar

Guzz dijo...

Muy buen film que nadie debiera evitar por esnobismos de pandereta como ya se comentó anteriormente. Y vale, superproducción del copón, planos abiertísimos con un trillón de extras... Pero cuidado, que no es poca la chicha argumental precisamente. Gran y justo recordatorio (antes que se ponga de moda again por el 25 aniversario, además), si señor. Saludos guzzeros.

Möbius el Crononauta dijo...

Félix S. Trabanco: desde luego la estela de David Lean siempre es bienvenida. Desde luego una excelente y cuidada fotografía no es criticable. Obviamente no puede serlo todo en una película, pero, ¿quien puede decir algo en contra de bellas imágenes como las que sse ven aquí?

Alí Reyes H: no es una película para ver deprisa y corriendo, pero a pesar de su duración la trama resulta lo bastante interesante como para que no se haga pesada.

Guzz: desde luego hay argumento, cómo no. ¡Era imposible que no lo hubiera! Con esa historia se podría rodar una serie de varias temporadas perfectamente. Y sí, le queda poco ya para que saquen remasterizaciones y demás.

kar dijo...

a los turistas no les dejan jugar con nada de lo que hay allí... porque no hay nada... durante la guerra civil, el bando "perdedor" se llevó todo lo que había dentro de esos edificios de la ciudad prohibida para Taiwan, y allí están, en un museo. Lo que queda en Pekín son las fachadas, los edificios en sí, que no es poco. Te aseguro que impresiona, y sí, yo me acordaba de la peli de Bertolucci mientras andaba por La Ciudad Prohibida

Möbius el Crononauta dijo...

Vaya, no sabía que los cachibaches estuvieran en Taiwan. Pero en fin aun así como bien dices debe ser una experiencia alucinante. ¡Ya veremos si llego a verlo!