lunes, 21 de noviembre de 2011

Duelo al sol (1946)

Puedo escribir temas de amor, también de deseo. ¡Pero orgasmo! ¿Cómo pones música a un orgasmo? Dimitri Tiomkin, rememorando divertido una de las peticiones de Selznick para la banda sonora de Duelo al sol.

Hace muchos años, cuando reinaban las hombreras y el color fucsia, había un programa de cine cuyo nombre por desgracia no recuerdo, cuya cabecera, al son del tema principal de Lo que el viento se llevó (no puede haber mejor música para un programa de cine), consistía en diferentes escenas de varios clásicos del cine. Por razones obvias, la que ofrecía de El retorno del Jedi evidentemente nunca se me olvidó ya que me recordaba al magno acontecimiento que supuso el ir a verla al cine. Pero curiosamente, y no sé muy bien la razón, la otra escena que siempre recordé fue la de un hombre y una mujer dándose un beso apasionado de una forma un tanto curiosa. Evidentemente, aquella pareja eran Gregory Peck y Jennifer Jones en la escena más icónica de Duelo al sol. Aunque no fue hasta mucho después que lo averigüé, y aun más hasta vi por fin el maravilloso clásico de David O. Selznick. Quiero decir, King Vidor.

Hay maridos, novios o amantes que dedican a sus esposas, novias o compañeras de cama unas líneas en una tarjeta acompañada por unas flores, poesías, canciones, y tributos similares. Algunos reyes levantaron palacios y espléndidos mausoleos. David O. Selznick, poderoso productor independiente y gran enamorado, consagró al amor de su vida, por entonces su novia recién divorciada Jennifer Jones, el film más grandilocuente que pudiera imaginarse. Su segundo objetivo (aunque lo de segundo es un suponer) era lograr lo imposible: superar su obra maestra, Lo que el viento se llevó. Era como pedirle al Shah Jahan que superara lo del Taj Mahal. Evidentemente no había nada que hacer. Pero desde luego Selznick no quedó demasiado lejos de su objetivo. Al menos, logró superarse a sí mismo en el presupuesto y en su maniático control de todo el proceso de creación de una película. Como solía ocurrir con todos sus films, el anecdotario del rodaje daría para varios capítulos de un libro.

Como solía ocurrir con los grandes proyectos hollywoodienses de la época, Duelo al sol partió de una exitosa novela, Duel in the Sun, escrita por Niven Busch. La historia llamó la atención del capo de la RKO Charles Koerner, quien no dudó en hacerse con los derechos para que Teresa Wright, la esposa del propio Busch, protagonizara el film. Pero Koerner perdió a su estrella cuando Wright se quedó embarazada, por lo que tuvo que buscar a una sustituta. Se contactó con Hedy Lamarr, pero la oferta no cuajó. Fue entonces cuando Koerner contactó con Selznick para que le cediera a su por entonces amante y protegida, la nueva sensación de Hollywood, la grandiosa Jennifer Jones. La RKO planeaba emparejarla con John Wayne en una producción no demasiado cara en blanco y negro. Aunque la historia interesó al productor, Selznick consideró que Wayne no daba el tipo y que el nivel de la producción no era lo bastante bueno para su Jennifer. Tras la negativa de Selznick, el proyecto fue languideciendo poco a poco en algún cajón de las oficinas de la RKO.

Finalmente decidieron cancelar el proyecto, momento en el que el avispado Selznick se ofreció a comprar a la RKO los derechos de la novela y los dos borradores que hasta entonces se habían escrito. El estudio aceptó, y la noticia sorprendió a muchos. Muchos asociaban a Selznick con los grandes dramas, los clásicos literarios y el suspense de calidad de Alfred Hitchcock, y especialmente todos recordaban el film definitivo del libro definitivo, Lo que el viento se llevó. El western, un género que en los últimos años había crecido tanto en aceptación de algunos críticos ceñudos como, y lo que era más importante, en taquillazos, no parecía ajustarse a las elegantes historias que Selznick solía llevar a la gran pantalla. Lo que era aún más, Duel in the Sun era un libro polémico con un nivel de descripción en las escenas sexuales nunca visto anteriormente, incluyendo la violación de una mestiza adolescente. Pero estaba claro que con su creciente pasión por Jennifer Jones el productor de dramas de alto copete estaba preparado para esa evolución hacia el morbo y las emociones fuertes.

Selznick encargó a Oliver H.P Garrett una nueva adaptación del libro, con un "pequeño western artístico" de un millón de dólares en mente. Pero poco a poco Selznick, aparte de inmiscuirse como era habitual en el trabajo de su guionista, fue imaginando algo mucho más grandioso. Acabó rodeando a Jennifer Jones, su protagonista, de estrellas y caras conocidas incluso para pequeños papeles secundarios. El millón pronto quedó atrás. Llegaba el turno de la película que superaría a Lo que el viento se llevó.

Para dirigir la película Selznick contactó con King Vidor tras recibir una negativa de William Dieterle. Cuando el veterano director aceptó el encargo lo hizo con la idea de dirigir un pequeño western intimista del que Selznick no podía ocuparse. Vidor y Selznick habían trabajado juntos muchos años atrás, pero desde entonces el productor se había convertido en el Galactus de Hollywood y Vidor sabía de buena tinta cómo se las gastaba Selznick con sus directores. Le advirtió de que no interfiriera en su labor de director ni le hiciera escenitas en el plató. El director le concedió tres oportunidades. A la tercera abandonaría el rodaje. Selznick prometió no inmiscuirse. Imaginamos que King Vidor confiaba en que las personas podían cambiar, pero que aceptó sin que la sospecha de lo que iba a ocurrir abandonara su mente. Cuando el productor contrató a todo un Josef von Sternberg como asesor especial para las escenas de Jennifer Jones, el perro viejo de Vidor debió temerse lo peor. Supongo que el director austríaco no es lo que uno asocia con un western "intimista".

El rodaje de la película comenzó en febrero de 1945, en las localizaciones de Arizona. Por delante quedaba un guión de 200 páginas que rodar (contrariamente a lo que era habitual en él, Selznick había realizado multitud de cambios respecto a la novela) y un presupuesto de tres millones de dólares del cual ya se había gastado gran parte en decorados, raíles para un ferrocarril y un ejército de pintores que dieron a los cactus de la zona el color adecuado para ser captado en tecnicolor. Aun habría de gastarse más: al segundo día de rodaje comenzó a nevar, y muy pronto las lluvias, la nieve y el mal tiempo arruinaron gran parte de los decorados. Los jugosos labios de Jennifer Jones, amoratados por el frío, también dieron muchos problemas.

El costoso y lento rodaje en Arizona continuó con dos unidades secundarias rodando estampidas de ganado y persecuciones a caballo, mientras en el set principal no sólo tenían que soportar el repentino cambio de nieves y frío a un calor sofocante, algo insignificante al lado de las aparaciones de Selznick por el plató, quien cada dos por tres se descolgaba con nuevas escenas para rodar. Cuando por fin acabaron de rodar en exteriores, al volver a Hollywood el equipo se encontró con una huelga de diseñadores y decoradores que retrasó el rodaje en dos semanas y le costó a Selznick más de trescientos mil dólares. A todo ello había que añadir otras dos semanas de más que ya habían añadido en Arizona, y la sorpresa final: Selznick se plantó ante Vidor con un guión cuasi nuevo que poco tenía que ver con el anterior.

Armándose de paciencia, Vidor siguió soportando las inmiscusiones de Selznick, quien al final del día ordenaba cambiar este o aquel detalle, o a veces repetir escenas enteras, lo que alargaba el rodaje y mortificaba al director. Obsesionado por cada detalle, Selznick había contratado a una miríada de expertos para que todo fuera históricamente perfecto y todo estuviera en su lugar. Cierto día rodando una escena Vidor se fijó en un completo desconocido que andaba pululando por el plató y mirando por encima del hombro como quien lee un periódico ajeno en el autobús. Cuando le preguntó que hacía allí, el desconocido resultó ser un barman que Selznick había conocido la noche anterior, y a quien había contratado como supervisor de los planos donde se servían bebidas. El director le expulsó del rodaje sin titubear.

Si Selznick volvía locos a todos con su obsesión por los detalles y su perfeccionismo, ponía aun más atención en todo lo que tenía que ver con Jennifer Jones, ya fuera su vestuario, el maquillaje, los planos, sus poses, etcétera. La actriz debía lucir en la pantalla como se aparecía en su mente de enamorado. Y evidentemente ninguna cámara puede recrear eso.

La falta de atención del productor hacia las otras estrellas se reveló cuando resultó que Gregory Peck, uno de los protagonistas del film, apenas sí sabía manejar un arma. Era su primer western, y su agilidad con la pistola dejaba que desear. Ese detalle era un gran problema, ya que llegado el momento tenía que abatir a su compañero de reparto Charles Bickford, un actor veterano que se movía como pez en el agua en los westerns, y tenía mucha más práctica desenfundando. Tanta, que cuando llegó el momento de rodar la escena, Bickford siempre sacaba su revólver primero. Como Peck era incapaz de desenfundar más rápido, Vidor le pidió a Bickford que tratara de sacar su pistola más lentamente. El actor se quejó; se notaría y la escena no quedaría bien. Al fin y al cabo, podía ser un secundario, pero tenía su orgullo. Por lo tanto la escena se postergó para darle tiempo a Gregory Peck para que practicara con su revólver. Cuando se sintió listo, se retomó la escena. A pesar de haber practicado noche y día, a Peck le llevó nueve tomas el lograr sacar su revólver antes de que lo hiciera Bickford.

A mediados de abril una nueva huelga obligó a paralizar de nuevo el rodaje. Selznick despidó a todo el equipo prescindible y mantuvo al resto con jornal reducido. No es de extrañar que Vidor respetara a Selznick, a pesar de de lo irritante que pudiera llegar a ser. A diferencia de muchos otros productores y mandamases, Selznick ponía dinero de su propio bolsillo, luchando contra viento y marea y aguantando producciones que en otros estudios habrían sido canceladas tras tantos problemas. Por otro lado, sin embargo, Selznick no dudaba en gastar más dinero exigiendo más caballos, más ganado, más de todo.

El parón de varias semanas fue aprovechado por Selznick para añadir más escenas (¡nada menos que 75!) al guión y elaborar notas exigiendo que se volvieran a rodar otro buen puñado de escenas. Después de conseguir de Selznick que despidiera a Hal Rosson, director de fotografía, cuando el rodaje se retomó el 24 junio Vidor decidió ignorar todo el trabajo de Selznick y seguir adelante con el guión tal como estaba antes de la huelga.

Desde luego no fue un buen momento para llevar la contraria a Selznick. Hiperactivo como siempre, el productor estaba al borde del colapso, y justo por entonces estaba bajo la presión del divorcio de su esposa. Era fácil colegir que la aparición de Jennifer Jones en la vida de Selznick había acabado con un matrimonio en crisis. Que fue precisamente en lo que se convirtió la relación entre Selznick y Vidor, quienes disputaron desde la reanudación del rodaje acerca del guión y lo que debía rodarse y lo que no. La inevitable ruptura llegó finalmente el 10 de agosto, mientras rodaban el épico final de la película.

Según las versiones afines a Vidor, el productor paró el rodaje exigiendo que se rodase el final tal como él quería y veía en su cabeza, llegando incluso a añadir más de cierto elemento de utillería sobre los actores. Según Selznick, el director había derrochado veinticinco mil dólares preparando una compleja toma que no venía a cuento. Sea como fuere, después de que Selznick apareciera por el plató enésima vez, Vidor le entregó su copia del guión, le dijo que ya tenía su oportunidad dorada de dirigir él mismo la película, y le informó de dónde podía meterse su película. A continuación se metió en su lujoso coche y desapareció para no volver. No sería la última disputa entre ellos. Cuando se terminó la película Selznick trató de eliminar a Vidor de los créditos, pero apoyado por el sindicato de directores King se lo impidió.

Para salir de semejante fregado (con todo Selznick no se atrevió a terminar toda la película él solo) el productor logró liar a Dieterle para que se encargara de la dirección, rodando el final al gusto de Selznick y dirigiendo varias secuencias más, entre ellas un nuevo arranque para el film (aunque al parecer el cuerpo de la cinta parece atribuible a Vidor) para el que Selznick trajó a la reputada bailarina y actriz vienesa Tilly Losch. Sin embargo sus sensuales movimientos indignaron al censor de turno y el comienzo de la película hubo de ser rodado de nuevo con un baile menos lascivo.

Cuando el interminable rodaje llegó por fin a su término, la Segunda Guerra Mundial ya había acabado, el país tenía nuevo presidente, y el presupuesto del film se había disparado hasta los seis millones de dólares, batiendo todos los récords. Sin embargo Selznick no tenía ninguna intención de acabar ahí. El avispado productor se decidió a recuperar su millonaria inversión gastando más dinero. Ya había llevado a cabo una cuidada campaña de publicidad durante el rodaje, saturando las revistas cinematográficas con anuncios y falsas cartas al director (cuando Billy Wilder parodió ese tipo de cartas y comentarios con una reseña de su Perdición a cargo del dueño de un mugriento bar, Selznick amenazó con retirar sus costosos anuncios a quien ofreciera más espacio a bromitas como aquellas), y aun había de invertir más en spots cinematográficos y trailers, además de pasarse los siguientes meses montando la película, remontándola tras un pase previo, y vuelta a empezar. Las opiniones de los pases previos fueron terribles, lo que llevó a Selznick a encerrarse durante meses en la sala de montaje. El preestreno oficial de Duelo al sol no llegaría hasta el 31 de diciembre de 1946.

Había sido un proceso largo, interminable, y durante la postproducción Selznick se había enfrentado a las peores críticas que le habían llegado en sucesivos pases previos. Pero durante todo aquel tiempo el productor no había dejado de invertir en publicidad, en lo que se había convertido en una de las campañas de márketing más grandes que hubiera visto Hollywood. Además, después de la negativa de la United Artists a llevar a cabo un revolucinaro estreno multitudinario en casi todo el país (algo más parecido a lo que se hace ahora que al lento estándar de distribución de la época), Selznick había negociado por su cuenta con la mayor cadena de cines del país, la Fox West Coast Theatres, para llevar a cabo su idea. Tras el glamuroso estreno en el Egyptian Theatre y dos semanas de pases a nivel local, el productor estrenaría la película en toda la Costa Oeste y aledaños. La extensa publicidad y el estreno simultáneo dieron sus frutos, y las taquillas de los cines durante aquellas primeras dos semanas se colapsaron con miles de espectadores deseosos de ver la nueva Lo que el viento se llevó.

Aunque Selznick se las prometía felices con la recaudación aun habría de batallar contra los defensores de la moral y la Legión Nacional de la Defensa. Desde mediados de enero los católicos y el sector de la crítica más puritana se le echó encima, aunque cuando realmente se sintió dolido fue cuando los esgrimidores de Biblias la tomaron con Jennifer Jones, a quien pusieron por lo suelos por haberse rebajado a un papel promiscuo y sensual tras haber protagonizado la pía La canción de Bernadette. Fue entonces cuando Selznick decidió contraatacar con todo lo que tenía a mano. El asunto llegaría a ser tratado en el Congreso, y la larga lucha de Selznick contra la moral merecería un post propio. Baste decir con que finalmente el estreno oficial tuvo lugar el 7 de mayo de 1947 en Nueva York, para al día siguiente ser proyectada en trescientas salas por todo el país. En los primeros cinco días de proyección en todo el país, Duelo al sol recaudó más de 700.000 dólares. La mayor parte de la crítica arrasó el film, pero poco importaba: Selznick había triunfado donde más le importaba. Se estima que la recaudación total ascendió a cerca de ocho millones de dólares.

Desde sus inicios como industria Hollywood tuvo y tiene varios reyes de la épica y la grandilocuencia, cada uno adjudicándose cierto periodo de tiempo para su reinado. Sin duda, entre finales de los 30 y los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, fue David O. Selznick quien ciñó esa inexistente corona levantando espectaculares escenarios y rodando historias más grandes que la vida en un grado tal que no se había visto desde los tiempos del mudo. Finalmente no pudo, en efecto, superar la obra de su vida, y al fallecer en 1965 ocurrió lo que siempre temió, que se le citara como el productor de Lo que el viento se llevó. Pese a ello, Duelo al sol no es por ello desdeñable en modo alguno. La fotografía y la música del film, la conexión de los intérpretes, lo majestuoso de sus actuaciones, la dirección... nada puede en realidad rivalizar con la sensación del 39, pero aún así rayan a gran altura. De hecho, en cuanto a épica se refiere, ningún western (o casi ninguno, por aquello del beneficio de la duda) anterior o posterior pudo alcanzar esas cotas ciclópeas de eternidad que Selznick estableció con la que fue su última gran producción.

Con Duelo al sol Selznick marcó el final de una era y el comienzo de otra a la que él mismo había contribuido de forma importante con sus majestuosas producciones. La película fue su canto del cisne particular. Con ella gastó su último cartucho. Tras tantos esfuerzos a lo largo de los años, Selznick no volvió a embarcarse en más producciones ciclópeas. En los años siguientes produjo un puñado de filmes (la mayoría sin acreditar), casi todos dedicados a la mayor gloria de su esposa (desde 1949) Jennifer Jones, hasta que decidió retirarse mientras el Hollywood que él había conocido y que había ayudado a llevar a su máximo esplendor se derrumbaba a su alrededor.

Duelo al sol ofrece, además de una trama de folletín adaptada a una gran escala, los magníficos parajes, amaneceres y anocheres, horizontes, grupos de reses y caballos, fotografiados magníficamente por Rosson y su sustituto Lee Garmes, arropados por las excelentes composiciones de Tiomkin (y su particular encargo de "tema de orgasmo"), empequeñecidas a su pesar por la alargada sombra de Max Steiner.

Además de marcar un hito en la historia de la épica hollywoodiense, Duelo al sol hizo época al trasladar a la pantalla algunos de los atrevimientos de la novela original, de los cuales el más polémico fue, obviamente, la violación de Perla (Jennifer Jones) a manos del bruto Lewt (¡un Gregory Peck que prácticamente venía de protagonizar Las llaves del reino!). El resultado final quedó muy suavizado respecto al metraje original tras tantos cambios en la sala de montaje debido a los fracasados pases previos, y especialmente a las exigencias de la censura. A la postre la escena entre Jones y Peck más que una violación parece (sobretodo a ojos del espectador contemporáneo) el típico forcejeo entre el machote y la fémina que al final cede porque le pueden las ganas. Con todo, a poco que se fije uno se puede apreciar que desde luego ése no era el caso. Desde luego para los estándares de 1946 la escena tiene una carga de erotismo y violencia nada desdeñable.

Y es que si alguien destaca del reparto de Duelo al sol es una Jennifer Jones espléndida e increíblemente sensual, y es que pocas veces una actriz ha rezumado tanta sexualidad en la pantalla. La obra del enamorado Selznick dio sus frutos y la Perla de Jones quedó fija en el recuerdo de su carrera junto a su virginal papel, paradojas de la vida, en La canción de Bernadette.

Junto a la Jones podemos disfrutar del siempre elegante y profesional Joseph Cotten, a quien sin embargo le quita protagonismo Gregory Peck con su malvado Lewt, otro hito de la película que quedó más salvaguardado de los cortes que la escena de la violación. Pocas veces hasta entonces se había visto un personaje protagonista con una barrera tan difusa entre bien y el mal como el de Peck, especialmente en un género, el western, donde los buenos solían ser muy buenos y los malos muy malos, y no había dudas de quién era quién. El Lewt de Peck, por el contrario, tan pronto se gana al público con su aire pícaro, como se granjea su odio con su violación, sus maltratos y sus tiroteos. Con todo, a Gregory Peck todavía le faltaba madurez para hacerse totalmente creíble como villano. Los tiempos de su magnífico Ahab aun estaban algo lejos, pero desde luego el actor disfrutó de cada minuto en que se puso en la piel de Lewt.

Decidido a no reparar en gastos, Selznick se hizo también con un extraordinario plantel de veteranos y secundarios de lujo, comenzando por un Lionel Barrymore que volvía a bordar el impelido en silla de ruedas con corazón de piedra, y la gran dama del cine Lillian Gish como la abnegada madre del clan McCanles. Entre los secundarios destaca sobremanera Walter Huston, extraordinario en un papel de pocos minutos (pero muy bien remunerado) como un furibundo clérigo pistola en ristre enemigo del pecado, además de otros rostros habituales de la época como Harry Carey o la sempiterna chacha negra Butterfly McQueen (un día le tengo que dedicar un post, porque su encasillamiento y sus papeles tienen tela).

Evidentemente no puedo ni quiero desvelar el grandioso final (ideado por Selznick) de la película, pero baste decir que esos últimos planos se convirtieron en una de las imágenes icónicas del cine de Hollywood, como comentaba al principio. Y ello por razones obvias: Duelo al sol no deja de ser una de las películas más espectaculares de su época. Como resumía acertadamente Juan Tejero, Duelo al sol es un film donde "las partes superan al todo".

17 comentarios:

Fanny Riffel dijo...

Bueno,después de leer esto,definitivamente TENGO que verla!
Pobre Tiomkin;unos años después podría haber elegido entre varios temas de Zeppelin para su musicalización.
Me quedó la terrible duda: de qué forma tan curiosa se besaban en esa escena?
Un abrazo

TSI-NA-PAH dijo...

Buff! Que recuerdos de chaval viedo aquella mujer rebosando sensualidad por todas partes! Que grande la JJ!
un abrazo

Atticus Grey dijo...

Vaya, hasta que encuentro a alguien que no tache como deleznable la gran actuación de Jennifer Jones. Joseph Cotten queda a deber en su papel, ese triangulo amoroso se antojaba para más. Y siempre me quedará la duda si algún día saldrá a la luz el pietaje desechado de las primeras ediciones de la peli, sería interesantísimo ver cómo estaba planeada la escena de la violación originalmente, pues lo que queda en el corte final sigue siendo muy erótico para los estándares de la época.

miquel zueras dijo...

Nunca Jennifer Jones estuvo tan bella. Yo dibujé la portada de la novela y muchas cosas no habrían superado la censura de entonces como la escena en que dos rudos colonos se pelean por llevarse a su aislada cabaña a un jovencito mancebo. Saludos. Borgo.

Cinemagnific dijo...

El final todavía me pone los pelos de punta. Maravillosa historia de pasión delirante.

Guzz dijo...

Gran film y tremendísima entrada que me ha dado unas ganas importantes de recuperarlo. El paseo por el alambre del "que se entienda todo al máximo sin mostrar" es de quitarse el gorro y, ahí estamos, con lo de la Jones en este film que es comparable al jerseyito verde la Novak en la siguiente década... Menos es más y a fomentar el sano salidismo huyendo de la tijera (heroica esta peli en este aspecto). Saludos guzzeros ! (y en Mr. Warner we trust, por supuesto).

Agente Cooper dijo...

No está entre mis westerns predilectos pero efectivamente tiene más de un "momento" icónico que la hace indispensable. Ya no hay productores como Selznick xD

Saludos y, por cierto, no sé por qué será pero los comentarios últimos que dejaste en mi blog llegan al correo pero no se reflejan en los post.

paulamule dijo...

Para una romántica empedernida como yo es la película perfecta. Y tienes razón, Jennifer Jones jamás estuvo tan bella y sensual, ni Gregory Peck tan guapo.
Salud.

Möbius el Crononauta dijo...

Fanny Riffel: sí, seguro que algo de Robert Plant habría solucionado la cosa. Lo del beso no te lo puedo desvelar, ¡tendrás que verlo!

Tsinapah: ¡mucho!

Atticus Grey: ¿deleznable? desde luego que no; no era Bette Davis pero tampoco era un cero a la izquierda. Y además lo que no tenía de una cosa lo compensaba por otor lado.
me pregunto si debe existir ese metraje... supongo que se destruiría.

miquel zueras: pero el final mejoró al menos, ¿no crees?

Cinemagnific: es un final épico más grande que la vida

Guzz: ah, ese jersey verde... mítico también.

Agente Cooper: no, cmo Selznick debe quedar uno o ninguno...
sí, les ha sucedido a otros, y a no sé por qué. No sé si en el apartado comentarios me puedes desmarcar como spam. Es un misterio para mí.

paulamule: sí, Gregory también estaba muy bien, desde luego.

marguis dijo...

Con la de cosas que yo aprendí con ese programa!! Y una de ellas fue el final de esta peli, guau!!

Un regalito:
http://www.youtube.com/watch?v=0kPZlHpy9Qo

Möbius el Crononauta dijo...

¡ostras! de película! si! vaya, ¡me has alegrado la semana! mítico

David dijo...

Vaya. Te iba a poner lo de De película con el enlace de Marguis (cómo se te pudo olvidar el nombre!)...pero como llego tan tarde.
Bueno...Voy a leer la entrada.

David dijo...

De David O.Selznick, sí... Que King se largó porque ya estaba hasta las narices de las intromisiones del otro. Tengo la película por ahí para revisitar (no la veo desde que era crío). Pero King Vidor es uno de mis directores favoritos (igual mi favorito)...
Pues vaya con lo de revólver de Peck... Y unos añitos después, haciendo El pistolero... Y en otros westerns está genial.
No me digas por qué, nunca he terminado de considerarla un Vidor-Vidor (con tanto cambio y remontaje), pero bueno, igual cuando la vea otra vez.
Cuando el dúo repitió en Ruby Gentri, la cosa salió mejor (o tengo buen recuerdo de la peli, vamos; la filmografía de Vidor pide revisión)...
Ja,ja... Me gustaría leer la carta apócrifa de Wilder sobre Perdición.
Jo! Gregory Peck siempre fue para mí el héroe desde que le vi domando un caballo en el western de Wyler... Y ahí encima que va de bueno, paciente, pacífico,.. Vamos..
Un western de Vidor que me encanta y sí he visto varias veces es La pradera sin ley.
Tiene otro con Wallace Beery (o como se escriba) sobre Billy The Kid (pero es bastante-bastante flojo; y más para ser de él; prescindible.).

Möbius el Crononauta dijo...

Ya ves, ¡tengo el cerebro lleno de datos inútiles y chistes de Monty Python!

No estoy tan puesto en el cine de Vidor como tú, pero imagino que tienes razón, a pesar de nunca llegara a dirigir ni un día entero, esta debe ser más de Selznick que de vidor. ¡Cuando hable de Perdición creo que la podrás leer!

"La pradera sin ley", me la apunto pues.

David dijo...

Te estoy mandado un mail, pero me lo devuelven todo el rato, por eso, te pego aquí el mail (en dos partes). Léelo si quieres y luego bórralo, ¿vale?
Un saludo y perdona las molestias.
Hola.

En la entrada de la peli:

Para la posteridad quedarían muchas secuenciaas secuencias.

Y creo que nada más.

Y sobre las entradas de los Stones que has hecho. No las he leído (sorry). A todo no llego. Pero me parece genial que las hayas hecho sobre ellos y no sobre los Beatles (estas puedo leerlas pasados un tiempo; unas sobre los Beatles creo que no las leería ya; no lo sé, eh?).

¿Era Schneiderman un agente encubierto? Ni idea. Pero todo el asunto ese fue cosa de un poli corrupto que luego fue a por los Beatles... No recuerdo el nombre, no me voy a poner a buscarlo.

A mí con los Stones, me pasa un poco como a Wilson&Alroy: You probably think you know plenty about these guys already - and maybe you do, because they are the world's second greatest rock and roll band, after all (you shouldn't have to ask who's on first). En la página de ellos el enlace te lleva a who's on first...

Recuerdo que leí las memorias de Marianne (qué guapa era!, sí... un rainbow, como el pie de tu foto)... y ella decía que en 1969, los Stones habían alcanzado a los de Liverpool con Let it bleed (mi disco favorito de ellos; de los que les he escuchado, vamos)... Pues no sé...Teniendo en cuenta que Abbey Road es mi disco favorito...No de los Beatles... Mi disco favorito...pues no pienso igual.

Keith reconoció que durante los 60, todos miraban hacia los Fab... Incluso ellos. Como lo dijo con la perspectiva del tiempo, añadía que igual fue equivocadamente, y que el "aura" (o lo que fuera) de los de Liverpool como "infalibles" no era para tanto.. En fin...

Cuando Mick se metió con los Beatles, salió John en la famosa entrevista de Playboy (o igual era en Rolling Stone; creo que en Playboy, pero no me hagas mucho caso) diciendo que si los Stones les habían copiado y que bla-bla... Me hace gracia porque John llevaba un tiempo poniéndolos (a ellos mismos) a bajar de un burro, pero ya sabes... yo puedo echar mierda sobre mi familia, pero uno de fuera no.
En concreto decía que We love you era una copia de All you need is love. All you need is love está ya muy sobada, y el "¿listo?" de Ian McDonald la desprecia bastante en su librito, pero a mí me sigue gustando mucho y creo que la voz de John es...b ueno, no soy objetivo... Pero We love you, que no se me parece en nada al tema de los otros, tiene un inicio genial con ese piano, y es una canción más que estupenda.

De todas formas, para cuando los Stones dan sus mejores discos (para mi gusto), como Sticky Fingers y Exile on Main Street, sigo prefiriendo incluso los de unos Beatles por separado (y es que el Plastic Ono Band es otro de mis discos favoritos; al igual que el ATMP; a Macca le costaría un poco más colocar uno de los suyos entre mis favoritos; por muy bien que estuviera Ram)...

David dijo...

Y se acabó... No te doy más la chapa con el tema... No sé hasta dónde llevarás el tema Stones, porque desde mediados de los setenta, y quitando recopilatorios, no tengo ya sus discos (y lo bonito de esto es leer tu entrada y volver a escuchar los discos)... pero como a finales de mes desgraciadamente tendré mucho más tiempo libre...pues igual las leo (aunque de las de Elvis, de quien tengo menos discos, me faltaban como la mitad).

PD: Aún no he visto Tommy... Me pasa como con El muro de Alan Parker. Mira que he machacado esos discos en su día. Pero las pelis las tengo sin ver (a trozos; el otro día me puse un trocito de la de los Pink Floyd)... Tampoco he visto Quadrophenia todavía...Pendientes desde hace años y esperando a que me decida... Pero bueno... tampoco he visto Help (qué pereza), ni Magical Mistery Tour (buuufff; miedito; eso sí, Let it be me la he tragado unas cuantas veces; ellos, en directo, no es una peli; y con malos rollos y haciéndolo mal... demostrando que eran lo más; el concierto de la azotea es mi directo favorito a pesar de lo mal que suena (ja,ja).


Y me voy a dejarte comentario en la de Wyler.

Un saludo.

David

Möbius el Crononauta dijo...

Qué raro. Que yo sepa el mail está bien de salud. Ok corregido. ¿por qué sobre los Beatles no? Pues igual en algún futuro no sé cómo de lejano me animo con ellos. Desde el Abbey Road es un señor disco, ¡incluso con Octopus Garden!

Pues sí, "All you need is love" es un gran tema, su único problema ha sido la sobreexposición, y evidentemente salvo en el 'love' "we love you" no se parece nada, pero ya sabemos como se las gastaban Mick y John. Y sobre los discos de los Stones, yo desde luego no los pondría por debajo de ninguna obra de de los Beatles en solitario.
Yo tampoco lo sé, veremos dónde me lleva el viento. He visto Tommy y Quadrophenia y las dos están muy bien a su manera, aunque lo principal es la música. Con "El muro" me pasa como a tí, solo he visto trozos.
¡Viva el concierto de la azotea!