sábado, 8 de octubre de 2011

Joss Ackland, un villano para la Guerra Fría

Joss Ackland es uno de esos secundarios que se irán de este mundo trabajando, de esos actores con más de ciento y pico trabajos en películas y televisión, más un considerable número de obras de teatro. Otro secundario más cuyo rostro puede sonarnos pero del que nunca recordaremos el nombre. Gran actor, estupendo secundario y encasillado y maravilloso villano.

Ackland es otro de esos secundarios forjado en los escenarios ingleses, ya sabéis, escuela shakespeariana, quien tras probar suerte en el cine con unos pocos diminutos papeles decidió que quería cambiar de aires y se fue a dirigir alguna remota plantación de té en el corazón de África junto con su esposa. El matrimonio de Ackland fue una de esas raras excepciones en el mundo del espectáculo, y juntos vieron crecer a sus hijos y nietos hasta la muerte de ella en 2002. Tras dos años perdido en el continente negro, el actor regresó a Londres para retomar su carrera en los escenarios, la gran pantalla, y la televisión. Tuvo papeles importantes en series como The Indian Tales of Rudyard Kipling o David Copperfield, y pudo disfrutar durante una temporada como protagonista en The Further Adventures of the Musketeers. Hizo también cameos y apariciones esporádicas en muchas otras series como Sherlock Holmes o Los vengadores, y fue presentador de la serie Los cuentos de Canterbury. Durante los 60 y primeros 70 Ackland se movió principalmente en la televisión y el teatro, aunque se dejó ver en algun largometraje como el Rasputín de la Hammer. En realidad Joss Ackland siempre ha sido básicamente un hombre de televisión y teatro, y la mayor parte de sus films de la época no son demasiado conocidos (exceptuando Los tres mosqueteros y El principito).

Fue en la segunda mitad de los 80 cuando su rostro comenzó a ser reconocible para los no-británicos gracias a su aparición en El siciliano y especialmente su papel de sudafricano malvado en Arma letal 2. Entonces alguien debió notar que Ackland era un excelente villano, por lo que en las postrimerías del comunismo el actor se convirtió en el soviético sin escrúpulos perfecto. Sus aires de sapo en la charca oscura encajaban perfectamente con cómo se imaginaba uno a los malvados rojos del Kremlin. Ya fuera secretario político, embajador, militar, o lo que fuera, no podía haber mejor villano soviético que Ackland, como bien demostró en La caza del octubre rojo. Seguramente la habrían llovido los papeles del estilo hasta el encasillamiento de no ser por el hundimiento de la Unión Soviética, pero aun así de vez en cuando si alguien necesitaba un soviético maluto llamaba al bueno de Joss. Ahí están Ciudadano X o K-19: The Widowmaker.

Por supuesto Ackland ha hecho muchos y distintos papeles, pero siempre que le veo le asocio con esa imagen de maluto venido del frío.