lunes, 17 de octubre de 2011

El síndrome de China (1979)

Décadas antes de que el fenómeno conocido como el "síndrome de China" fuera asociado al impacto económico del gigante asiático en los Estados Unidos y Europa, esa especie de metáfora científica servía para situar al ciudadano común en la peor de las situaciones que podían darse con un accidente nuclear. Tras la bomba y la felicidad material de los 50, la luna de miel con la energía nuclear comenzó a llegar a su fin, los accidentes, sin llegar a una extrema gravedad, comenzaron a sucederse en el mundo occidental, y muchos comenzaron a ver a esa supuesta limpia e ilimitada fuente de energía como algo que no era necesariamente bueno. Después de que los lodos de Vietnam y Nixon comenzaran a inundar Hollywood era cuestión de tiempo que alguien decidiera señalar el problema de las plantas nucleares con una película.

Previsiblemente ese alguien fue Michael Douglas, quien tras convertirse en un tipo popular gracias a Las calles de San Francisco había dado realmente que hablar con su debut como productor con Alguien voló sobre el nido del cuco. Tras el enorme éxito del film Douglas se decidió a llevar El síndrome de China a las pantallas, y por supuesto no tardó en convencer a la amazona revolucionara Jane Fonda para que participara en el film. También obtuvo la participación de Jack Lemmon, quien hizo honor a su palabra y su lealtad rechazando otros proyectos durante el retraso que sufrió la película durante la preproducción.
El síndrome de China, como film denuncia, no deja de ser algo curioso, en una manera muy 70s, donde entretenimiento y crítica política y social se entremezclaban con bastante arte. La película aún arrastra ecos del cine de catástrofes de la época, aunque de forma muy leve, y la denuncia social se arropa de un formato de típico thriller setentero con elementos conspiranoicos y una empresa privada con sujetos bastante malvados y oscuros y métodos mafiosillos. De todas formas el equilibrio entre la denuncia social más seria y la imaginación del cine de acción está bastante bien llevado, y aunque en los accidentes similares de la vida real seguramente no haya oscuros matones eliminando incómodos testigos, desde luego todos los incidentes con plantas nucleares han demostrado que la reacción de políticos, empresarios y contratistas será minimizar los hechos y ocultar información siempre que puedan.

El síndrome de China no deja de ser un entretenido thriller que trata de llamar la atención del público de la época sobre el peligro potencial que representan las plantas de energía nuclear y la importancia de una total transparencia y rigor en los controles de calidad y supervisión de las mismas. Curiosamente la realidad, que suele jugar malas pasadas en el momento más inesperado, superó a la ficción cuando apenas 13 días después de su estreno una central nuclear en Three Miles Island, Pensilvania, tuvo un serio accidente que ayudó a inmortalizar en cierta manera a la película y al "síndrome" que le dio título.

Con una sobria y eficaz dirección (y una curiosamente inexistente banda sonora) El síndrome de China resulta una entrenida película que además ayuda a reflexionar sobre el asunto de las nucleares, aunque las nuevas generaciones, Chernobyl mediante, creo que le tenemos más respeto al asunto y tenemos más información que el público medio de los 70. Aun así lo verdaderamente destacable de la película son sus actores, con la Fonda metida de nuevo en un papel de mujer moderna e inquisitiva a la par que bella y elegante, y un Michael Douglas que se decidió a aparecer a última hora después de que le fallara Richard Dreyfuss. Lo cierto es que el hijo de Kirk queda muy bien como un operador de cámara independiente y combativo siempre al servicio de la verdad y el dedo en el ojo de los políticos y mandamases. Aunque por supuesto las jóvenes estrellas bastante hacen con tratar de no quedar eclipsados por un Lemmon tan colosal como siempre metido de nuevo en uno de esos papeles dramáticos de tipo que apenas puede lidiar con la que le cae encima. Evidentemente sólo el poder disfrutar una vez más con el talento del viejo Jack ya merece la pena el ver la peli.

El síndrome de China, digno y reflexivo entretenimiento y un revulsivo para quien piense que el cine denuncia ha de ser sólo intimismo y ritmos pausados.

7 comentarios:

Lillu dijo...

La he intentado ver varias veces y siempre he tenido problemas! O la pillaba empezada, o tenía que dejarla a medias por imprevistos... A ver si un día me pongo con ella en condiciones, que me apetece mucho. Me parece que aborda un tema de gran interés y, por lo que dices, lo hace de una manera también correcta.

saluditos

Il Cavaliere dijo...

A mi me pasa lo mismo. Por una razón u otra nunca la he visto. Me gusta muchísimo lo que dices que para nada cine coñazo

Gracias por la reco y por el post. Es una pasada


Saludos Gran Crononauta

Möbius el Crononauta dijo...

Lillu: eso me pasaba a mí también con esta y alguna otra. Cuando por fin puedas seguro que la disfrutarás.

Il Cavaliere: no, no deja de ser un thriller bastante entretenido, pero con "mensaje".

Anónimo dijo...

Eso del cine de denuncia me parece trasnochado, yo, la mayoría de las veces, cuando veo una película, procuro pasar un rato entretenido sin más. Si quiero profundizar en un tema, leo algún libro y me informo por otros cauces, no creo que el cinematográfico sea el género más apropiado para ello, más bien, a veces, está demasiado influenciado por la tendencia del momento, que en aquélla época era el catastrofismo y el cine de denuncia política, no pretendiendo en la mayoría de los casos otra cosa que lograr un éxito en taquilla, conectando con los gustos del público y recurriendo a fórmulas que ya habían funcionado antes (¡qué novedad!). Además, no debemos olvidar que en este caso se trata de una historia de ficción, que luego viene alguno y se la cree...

Möbius el Crononauta dijo...

Una cosa es profundizar, y otra cosa divulgar, y para eso el cine es un buen vehículo. Y no tiene porque ser un hecho real.
De todas formas cada uno busca en el cine lo que quiere, obviamente.

El Bueno de Cuttlas dijo...

Muy buena película a reivindicar con un estupendo Jack Lemmon. Ver a Michael Dougglas de joven y con barba también tiene su punto. No obstante la cinta es realmente inquietante.

Un saludo

Möbius el Crononauta dijo...

Jack Lemmon era inmenso.

¡gracias por el comentario!