martes, 4 de octubre de 2011

Chinatown (1974)

Tenía que saber por qué se comportaba como lo hacía. Pero ese pequeño mierda no me hablaba sobre el papel; no me explicaba nada ni me daba ninguna pista. ¿Qué se suponía que tenía que hacer?, ¿leerle la mente? Faye Dunaway, quien todavía debe estar buscando por su casa las motivaciones para su personaje en Chinatown.

Chinatown nació de un nuevo acuerdo de Robert Evans, el hombre que había llevado a la Paramount de la quiebra a estudio líder a principios de los 70, con Gulf+Western, la petrolera que había comprado aquellos estudios al borde de la quiebra y que probablemente habrían desmantelado de no haber sido por Evans y el flamante éxito de Love Story. El productor y ex-actor era la nueva sensación de Hollywood, y la Gulf+Western le ofreció un trato que no podía rechazar: seguir al frente de las producciones de la Paramount y al mismo tiempo lanzar una película al año durante los siguientes cinco años con su propia productora, dividiéndose los dividendos al 50% entre Evans y la petrolera. Si sus películas tenían éxito como hasta entonces, con cinco éxitos en cinco años el eternamente bronceado Evans podría retirarse a un exilio dorado y dormir sobre un colchón de dólares.

Lo que Robert Evans necesitaba a continuación era una historia, y para ello nadie mejor que su amiguete Robert Towne, un guionista forjado en el seno de Roger Corman y en la televisión. Towne había dado mucho que hablar con su guión de El último deber, había pergeñado otro muy deseado por las productoras de Hollywood (Yakuza), además de tener fama como gran revisor de guiones, el típico escritor que podía hacer funcionar un guión que no acababa de arrancar. Cuando Evans contactó con él Towne le habló de una historia que estaba escribiendo, una trama de novela negra con la evolución y crecimiento de Los Ángeles en los años 30 y toda la corrupción que se escondía tras ella.

A Evans le gustó el argumento, aunque le gustó más el hecho de que gran parte de la trama girara alrededor de una mujer misteriosa, papel que ciertamente podría interpretar su joven y reciente esposa Ali MacGraw. Por su parte Towne anhelaba poder dirigir el film, pero al parecer Evans tenía otros planes. Al menos ambos estuvieron de acuerdo en que el papel protagonista, el del detective J. J. Gittes, era ideal para Jack Nicholson, quien no dudó en aceptar la jugosa propuesta económica del productor.

Por el momento Towne recibió 25.000 dólares y un plazo para entregar un guión completo. Para su historia negra el guionista se documentó con libros fotográficos sobre la época, leyó a maestros del género como Dashiell Hammett o Raymond Chandler, y fue formando su historia tomando anécdotas o hechos reales aquí y allá, como el escándalo de Owen River Valley de principios de siglo surgido de la disputa sobre los derechos del agua en el área de Los Angeles. La trama básica sería protagonizada por un detective del montón, alejado del estereotipo del tipo duro de las obras clásicas de tipos como Hammett, un simple detective común especializado en casos de divorcio que inicialmente se pone a investigar lo que parece otro aparente caso de adulterio, para acabar enmarañado en una oscura conspiración acerca de los derechos del agua que parecen apuntar a un gran magnate y pionero del abastecimiento del agua en Los Angeles, un tal Noah Cross. Aquello no sería todo, y como dijo el propio Towne, estaba decidido también a meter una subtrama oculta que en la película sería como "una bomba de relojería".

Tras dieciocho meses de trabajo y una primera versión de más de 300 páginas Towne entregó su complejo guión a Evans. Cuando el productor le llevó el mamotreto al presidente de la Paramount, Frank Yablans, éste se horrorizó con aquella trama oscura de un género que ya no interesaba (bastante se estaban jugando ya con El padrino, debió pensar, película que aún no había llegado a las salas de cine) y con un protagonista que no gustaba al consejo (a Nicholson todavía se le relacionaba con Easy Rider). El capo de la Paramount auguró un gran fracaso, pero Evans se empeñó en seguir adelante con su proyecto. No había nada que Yablans pudiera hacer al respecto, así que simplemente negó con la cabeza y se volvió a su trono a esperar a que Evans se estampara por sus propios medios.

Con un guión en las manos el paso obvio a dar era hacerse con un director. Fue Nicholson quien sugirió a Roman Polanski, con quien había hecho migas el invierno anterior esquiando en las montañas. Tras su espectacular entrada en Hollywood con La semilla del diablo, Polanski había cosechado dos sonoros fracasos, el segundo todavía muy reciente. Quizás Evans no habría confiado en él de no ser porque precisamente el productor ya había trabajado con Polanski en la famosa película diabólica. Roman no mostró demasiado entusiasmo al principio cuando Nicholson le llamó para volara hacia Estados Unidos, y aun cuando Evans le llamó y le convención, el director no tenía demasiadas ganas de volver a Los Ángeles. Comprensiblemente, ya que los recuerdos del terrible asesinato de su esposa Sharon Tate seguían frescos. Aun así, hizo de tripas corazón y se embarcó en el proyecto.

Tras leer el guión Roman consideró que era demasiado complejo y voluminoso, y exigió que se reescribiera para convertirlo en algo que se pudiera rodar. Como a cualquier autor que hubiera pasado tantos meses trabajando en su obra, a Towne no le hizo demasiada gracia que llegara un director y decidiera recortar lo que para el guionista era su mejor obra hasta el momento, aunque ésa es la razón por la que muchos escribanos del cine se hacen directores. Aun así, Towne aceptó reescribir su guión mientras Polanski regresaba a Roma para esperar la nueva versión. Cuando le enviaron al director la nueva versión, le siguió pareciendo demasiado material para rodar. Polanski estaba acostumbrado a rodar sus propios guiones o a colaborar en el proceso de creación, por lo que estaba claro que aquel proceso podía eternizarse. Finalmente se decidió que Roman viajara a Los Ángeles y trabajara codo con codo con Towne en la reescritura del guión. Evidentemente el guionista no estaba muy feliz con la idea, así que no estaba decidido a ponerle las cosas fáciles a Polanski. Durante las semanas que pasaron juntos el pulcro y metódico Polanski tuvo que vérselas con el desorganizado Towne y su enorme perro, en lo que se convirtió en una especie de reedición de La extraña pareja. Finalmente Roman impuso una rutina de trabajo de ocho horas diarias y tras muchos choques y desacuerdos Towne y Polanski lograron acabar el guión a tiempo, aunque con matices. En algunos temas clave había grandes desacuerdos entre los dos. Por ejemplo, Polanski insistía en que Gittes y la protagonista femenina, Evelyn, se acostaran juntos, idea que Towne rechazaba de pleno. El director también decidió, en contra de la opinión del guionista, eliminar la típica voz en off de las historias policíacas. Aunque la diversidad de opiniones era todavía mayor respecto al final: Towne quería un final feliz, y Polanski un final más oscuro. Finalmente decidieron que la conclusión ya sería cerrada más adelante.

Si la revisión del guión ya había provocado discusiones, la elección del reparto iba a levantar todavía más polémicas. La idea de utilizar a Ali MacGraw se había desvanecido cuando tras tantos meses su matrimonio con Evans se había ido desgastando para hundirse completamente durante el rodaje de La huida, donde Ali había iniciado un tórrido romance con Steve McQueen. En un principio se pensó que Evelyn fuera Jane Fonda, pero ésta declinó la oferta. Polanski sugirió entonces a Faye Dunaway, a quien había conocido en Roma, considerando que tenía el aspecto ideal para un papel de esas características. Ciertamente tenía razón, aunque a Evans le costó dar su brazo a torcer. Tras la Dunaway el director también forzó la entrada del mítico John Huston para interpretar al poderoso Noah Cross. Ciertamente Polanski debía ser un negociador terrible. El núcleo del reparto se completó con Diane Ladd, mientras que Roman se adjudicó un pequeño cameo en una de las escenas más inolvidables del film.

Cuando se inició finalmente el rodaje tras arduas tareas de preproducción con trajes, decorados y caracterizaciones, por parte de algunos de los mejores profesionales del ramo, pocos debieron haber imaginado que tal vez habrían preferido perderse en las selvas de Vietnam que verse envueltos en las batallas campales diarias en las que se convirtió el complicado proceso de creación del film. La verdad es que la presión en todos ya el primer día de rodaje era tremenda: Evans necesitaba un éxito para mantener su acuerdo, Polanski lo necesitaba aun más tras sus fracasados experimentos fílmicos, Nicholson quería demostrar al mundo su versatilidad y Faye Dunaway quería encauzar su carrera prometedora que no había sido lo que debía ser tras su éxito con Bonnie y Clyde. En resumen, aquel plató era una olla a presión a punto de estallar.

Como gran parte de los directores de cine, Roman Polanski era en cierta forma bastante dictatorial, aunque su principal defecto parecía ser una falta total de tacto, y una forma particular de hacer las cosas. No sé si sería muy consciente de a quién estaba invitando a su reino cuando pidió a Faye Dunaway, pero ciertamente no era una de esas actrices que se doblegan fácilmente. De hecho Faye tenía fama, y esa fama siempre le acompañó, de intérprete difícil y estrella con un gran ego. Ella y Roman estaban destinados a chocar, y convirtieron el rodaje en su pequeño Kursk particular.

Una dama del cine como la Dunaway no estaba acostumbrada a las costumbres hoscas, y desde el primer día Roman no demostró ser un perfecto gentleman. Aún peor, la actriz estaba acostumbrada a recibir mucho apoyo del director, discutir las motivaciones de sus personajes, etcétera. Polanski tan sólo le daba órdenes sin darle explicación alguna. Luego llegó a los oídos de Faye que el director solía ponerle las cosas difíciles a sus actrices para lograr interpretaciones más vívidas, algo que la actriz consideraba indigno de un profesional. Tras varios días de choques, órdenes y quejas, y preguntas sobre las motivaciones por parte de la actriz, Polanski explotó. Dicen que le espetó a la actriz: "¿Motivaciones? Yo te daré motivaciones. Tu sueldo. Ésa es tu motivación". La Dunaway entonces se indignó del todo y juró no volver al rodaje. Su representante exigió una disculpa del director. Polanski pidió perdón de mala gana para que la película no se fuera al garete, pero decidió añadir una posdata a oídos del apoderado: "Está loca de todas formas".

Evidentemente las espadas aún seguían en alto. Roman comenzó a exasperarse a su vez porque según él Faye Dunaway estaba obsesionada con su maquillaje, y paraba a cada momento para que le retocaran con cremas y pinturas. El director también decía que se volvía loco con las continuas inseguridades de la actriz pidiéndole que reescribiera sus frases para finalmente volver a las líneas de diálogo originales. Con Polanski resuelto a continuar con su método de trabajo, la actriz finalmente se acabó refugiando en los consejos de Towne para encontrar sus motivaciones. Por supuesto, al poco tiempo acabó estallando la Tercera Guerra Mundial en el rodaje. Y todo, al parecer, por un simple mechón de pelo.

En cierta escena Evelyn y Gittes se reunían en un restaurante. Era una escena importante, y tras analizar una primera toma Polanski la desechó porque un rebelde mechón de pelo de la actriz se salía de su sitio, provocando unos brillos indeseados. Se llamó a maquillaje y peluquería y recompusieron el peinado. Pero durante la segunda toma el rebelde mechón volvió a entrometerse provocando más brillos. Enfurecido, Polanski fue a hablar con la actriz, y en un momento de distracción, le arrancó el mechón. Una Dunaway que no se creía lo que acababa de pasar salió espitada del rodaje dedicándole todos los insultos posibles al director y prometiendo no volver más. Con el rodaje a punto de jorobarse, Evans se vio obligado a intervenir. Reunió a las partes, trató de calmar los ánimos, y para olvidar lo sucedido prometió al director y a la actriz sendas nominaciones al Oscar o un lujoso coche para cada uno si no salían nominados. Finalmente se fraguó la tregua, y tal como fueron las cosas después, el bueno de Robert pudo ahorrarse el dinero de los coches. Eso sí, le dio unas inesperadas vacaciones a Faye Dunaway mientras Polanski rodaba otras escenas que no requerían su presencia.

El rodaje continuó con la misma volatibilidad que la Guerra Fría, y Nicholson, por su parte, tampoco estuvo exento de sus querellas con el director. Pero ambos se conocían ya de antes y se tenían tomada la medida, así que sus peleas se acababan reconduciendo a algo más positivo. Así es como lo puso Nicholson más tarde: Le encanta discutir, no sabría qué hacer si no tuviera discusiones. Pero él nunca pierde ninguna, así que no se trata de auténticas discusiones. Al menos así fue cuando, rodando cierta escena, exasperado porque entre toma y toma Jack se iba contínuamente a su camerino (estaban echando un partido de sus adorados Lakers), Roman decidió entrar en el trailer del actor y destrozar el televisor. Quizás por eso desde entonces Nicholson nunca rueda cuando hay partido del equipo en casa.

No parece que hubiera grandes fricciones entre Polanski y Huston, aunque el mítico director pasó muchas menos horas en el plató ya que su papel no era muy extenso. Aun así, ¿iba a atreverse el director polaco con una leyenda como él? Quien pasó peores momentos con John fue Jack Nicholson, quien por entonces había comenzado a verse con la hija de aquél, Anjelica. ¿Qué pensaría cuando Noah le preguntaba a su personaje si se estaba acostando con su hija?

Un buen día el complicado rodaje terminó, aunque la película aún habría de pasar algunos cambios en posproducción (por ejemplo, tras un terrible pase previo, Evans decidió cambiar la banda sonora y encargársela a Jerry Goldsmith, quien la compuso y grabó en diez días). Finalmente no fue el fiasco que habían augurado en la Paramount, pero tampoco fue un gran éxito, obteniendo una recaudación modesta. Sin embargo, la película ya se convirtió en un absoluto clásico desde el día de su estreno.

Chinatown, era, en cierta manera, al igual que su contemporánea El padrino, un homenaje al cine negro clásico, al subgénero detectivesco, pero siendo al mismo tiempo una revisión del mismo desde la perspectiva de los años 70. Polanski recuperó los toques lúgubres semiescondidos en los grandes clásicos del género en blanco y negro, deshaciéndose de los arquetipos hollywoodienses que no encajaban con su particular visión del cine, más realista, por tanto, más tétrico. Su detective no era un tipo duro e invencible, y la corrupción del sistema no desaperecía por la magia de sus puños. Y estaba, además, la "bomba" de Towne.

Como prueba del realismo que se buscaba quedó la que quizás sea la escena más famosa del film, aquella en la que el propio Polanski, haciendo un cameo como un pequeño matón trajeado, le raja la nariz a Nicholson en lo que fue, como es de suponer, un plano no muy fácil de rodar. Para desmarcarse de la regla hollywoodiense de que las heridas de los héroes nunca duelen o curan enseguida, el director tuvo a Nicholson con un vistoso vendaje en la cara durante gran parte de la cinta. Durante mucho tiempo a Roman y Jack les acosaron a preguntas sobre cómo se había rodado una escena tan impactante. Cuando se cansaron de responder lo mismo, acordaron contestar que no hubo truco alguno: al actor le rajaron la nariz de verdad.

Chinatown es uno de los grandes clásicos del cine negro y detectivesco de las últimas décadas, construido firmemente sobre un gran guión, con excelentes intérpretes y una dirección ágil y compacta. La recreación de los años 30 está muy conseguida, y el espectador enseguida se pierde en aquel mundo corrupto, siguiendo las andanzas del detective Gittes y descubriendo paso a paso los cabos de un complejo entramado de corrupción y silencio. Tanto Nicholson como Dunaway logran dar lo mejor de sí mismos, mientras que a John Huston, cuyo papel le va como anillo al dedo, le basta su mera presencia para desprender la arcana autoridad que se le presupone a Noah Cross.

Gran, gran film.

10 comentarios:

Cinemagnific dijo...

Maravilla negra. Y muy currado análisis.

Einer dijo...

Un post estupendo. Me encanta descubrir lo que hay detrás de las pelis y lo has mostrado de manera genial.
Chinatown es un peliculón mítico.

Agente Cooper dijo...

Gran, gran film y gran, gran entrada.
A recuperarla tocan que hace años que no la veo!
Saludos

Alex Noiser dijo...

Me parece una de las mejores películas de Jack Nicholson, y sobre lo de Polanski y Dunaway, qué gente más rara, cojones!.

Cuídese Mr. Crononauta

Mansion On The Hill. dijo...

Sin duda, una de las mejores peliculas de cine negro de todos los tiempos. La habré visto decenas de veces.

Espectacular entrada. A mi el personaje de John Huston siempre me deja una sensacion de odio como pocos. Está memorable. Lo mismo que Nicholson y Faye Dunaway.

Y la banda sonora de Jerry Goldsmith....Maravillosa.

Bounty Hunter dijo...

Hace unos días que ví el film, así que tu post ha sido perfecto para indagar dentro del mísmo.
Viendo los resultados, nunca hubiera pensado que el rodaje fuera tan complejo y accidentado. Aunqué la mayoría de los interesados, se jugaban el desarrollo de sus carreras.
Para mí el resultado final es inmejorable. Con un grandioso Jack Nicholson en un papel que le va como un guante. Y Polansky se salió con la suya(en todos los aspectos)creando un clásico del género.
PD:Tengo pendiente de leer el de los Rolling. A no ser que te descuelgues con otra entrada como esta y tenga que posponerlo jejejejje.
Saludos gran M!!!

kar dijo...

No viene a cuento, pero hoy he re-leído "Obélix y Compañía" y me he acordado de este blog, porque la viñeta que incluyes pertenece a ese álbum...

saludos

RTHB dijo...

Obra maestra de principio a fin. Y ya está, y que no me entere yo de que alguien dice lo contrario.

Se le saluda.

Perem

paulamule dijo...

Excelente, excelente film.
Salud.

Möbius el Crononauta dijo...

Cinemagnific: gracias mil

Einer: sip, todos los participantes estuvieron muy bien

Agente Cooper: agradecido. Sí, hay que desempolvarla

Alex Noiser: jaja son estrellas de cine, qué quieres

Mansion On The Hill: gracias mansion, y bienvenido. El papel le iba a Huston estupendamente. Dejaba exhalar su carisma tenebroso en cada escena. Y Goldsmith hizo maravillas en tan poco tiempo.

Bounty Hunter: jeje bueno de momento no, supongo que la podrás recuperar. Y sí, todos se jugaban mucho, seguro que por eso había tanta tensión

kar: sip. Uno de los grandes números de Astérix. ¡y no hace mucho descubrí que sale Chirac!

RTHB: No seré yo quien le contradiga, maese.

paulamule: sip