lunes, 5 de septiembre de 2011

Thunder Road (1958)


Si algo distingue a Thunder Road de gran parte de las películas de coches que se rodaron en los 50, aparte de estar protagonizada por una gran estrella de la época, es que muy pronto se convirtió en un título de culto de los fans del carsploitation, reestrenándose cada cierto tiempo en pequeños cines y drive-ins, especialmente en el sur de los Estados Unidos, cosa que no es de sorprender dada la trama de la película. Al parecer los esporádicos regresos de la cinta duraron lo bastante en el tiempo como para inspirar a un joven Bruce Springsteen, a quien llamó la atención el título en algún cartel. O eso dice la leyenda.
Thunder Road se centra en los transportistas de moonshine, el whiskey ilegal cuyo destilado data de los tiempos de los colonos, cuyos descendientes en los 50 se resistían todavía a abandonar un negociete de generaciones. Los encargados de llevar el licor desde las destilerías ocultas en los bosques de Kentucky y Tennessee al punto de venta lo ocultaban en rápidos coches para eludir a los agentes del Fisco. Thunder Road es la historia de uno de ellos, el mejor del territorio, Lucas Doolin.
Thunder Road fue un proyecto personal de Robert Mitchum, quien ejerció de protagonista, productor, proporcionó la historia de base (basada al parecer en un hecho real), y hasta figuraba como coautor del alegre tema hillbilly que sonaba en los créditos. También se especula con que metió mano en la dirección, y quizás hasta sirviera los cafés. De lo que no cabe duda es de que Mitchum estaba muy implicado en la cinta.

Deudora de su época, Thunder Road todavía no hacía gala del abierto desafío a la autoridad y la búsqueda total de libertad de la era hippie, y aquí los polis todavía no eran los malos. Vietnam y Nixon todavía quedaban algo lejos, así que los agentes de la ley seguían siendo retratados respetuosamente. Tampoco se hace sangre de los destiladores ilegales de alcohol, representados como sencillos rednecks mascadores de tabaco que fabrican whisky como un medio para dar de comer a sus familias ya que el algodón no da para vivir. Al fin y al cabo hacen lo que hicieron sus ancestros desde tiempos inmemoriales. El verdadero villano de la película es Carl Kogan, un gángster que trata de hacerse con el monopolio del alcohol ilegal, y para ello no dudará en derramar sangre, a diferencia de los pacíficos sureños del moonshine.

El guión de Thunder Road, sin ser maravilloso, está bastante bien considerando que el film no deja de ser una herramienta al servicio de Mitchum, quien al fin y al cabo es el gran aliciente de la película. Destaca alguna línea de diálogo, aunque por lo general el tono general de los personajes y sus frases resultan bastante arquetípicos. La presentación del villano Kogan es bastante interesante, ofrece una imagen del típico y estupendo malvado refinado, pero el personaje pronto pierde ese aura interesante para convertirse en un antagonista de la época demasiado prototípico.

En cuanto a los coches, salvo una gran explosión y unos pocos planos de maniobras y giros al aire libre, las persecuciones, aunque bien construidas para los estándares de entonces, adolecen del tradicional uso del croma de aquellos años, lo que de cara a un espectador moderno le resta mucha espectacularidad al asunto. Al menos uno puede contemplar al gran Mitchum haciendo como que conduce mientras fuma en su chulesca forma.

Junto a Mitchum debería haber aparecido haciendo de su hermano pequeño nada menos que Elvis Presley, a quien el actor le envió un guión para ver si se podía hacer con sus servicios. Elvis estuvo realmente interesado en implicarse, pero para variar el Coronel Parker llevó el asunto a su manera, pidiendo un sueldo exorbitado que superaba a todo el presupuesto del film. Tras romperse las negociaciones Mitchum decidió darle una oportunidad a su hijo mayor James, quien era, y supongo que debe seguir siendo, como una versión más joven del propio Robert. El parecido es innegable, y con su cara de gamberrete no es difícil imaginarse a James con su padre corriéndose una juerga. El papel de Robin Doolin significó el debut (al menos en la etapa adulta y de forma acreditada) de James en la gran pantalla, y aunque no era el mejor de los actores, tener las hechuras de su padre ciertamente ayudaba mucho.

Thunder Road, con sus defectos y sus virtudes, no deja de ser uno de los mejores ejemplos de las películas de coches de su época, e imagino que no resultará sorprendente que entre sus fans haya un famoso director cuya identidad no creo que sea difícil de adivinar. Para algo trabajó en un videoclub.

5 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Pues a pilotar coches.

Sr Nocivo dijo...

Me han entrado ganas de verla.

Madame de Chevreuse dijo...

¿Robert Mitchum chuleando? No creo yo, hombre... Leche, pues una fan de Springsteen como yo tiene que apuntarla en tareas pendientes.
Baci e abbracci

GINEBRA dijo...

Un gran actor para una cinta recomendable, Möbius, como la tuya:)
Besos

Möbius el Crononauta dijo...

supersalvajuan: eso es más que pilotar

Sr.Nocivo: véala usted pues

Madame de Chevreuse: es raro eh, Mitchum chuleando... pues digo yo que sí

Ginebra: ¡muchas gracias guapa!