martes, 13 de septiembre de 2011

Seis trotamundos (diciembre 1961 - enero 1963)

Suena como una compañía de jodidos acróbatas irlandeses. Ian 'Stu' Stewart sentenciando el bautizo de los Rolling Stones.

El hijo de Apolo caminaba envuelto en luz solar, decidido y orgulloso, sabedor de que su juventud le convertía en el Señor de la Tierra, el Amo de títeres, el Rey de los Ladrones. Se sabía observado por las jovencitas que le veían al pasar, y para las hijas de Venus tenía una tímida sonrisa que ocultaba el recuerdo de un accidente en un viejo coche. Ellas no habrían necesitado nada más. Se podrían haber perdido en sus ojos vivaces, y no les habría importado quemarse con su cabello de fuego. De alguna forma injusta, hasta el momento el mundo le había negado gran parte del botín que merecía. Pero el hijo pródigo había tenido sus momentos. Era del tipo pequeño y fornido con una gran mente. Buenas notas en lo que se le daba bien, la educación más exquisita que sus padres habían podido pagar. Buenos resultados sin demasiado esfuerzo. Predilección casi genética por el pelo largo. Rebeldía atroz en el instituto. Muchas ausencias. Cuatro paredes no bastarían para contener al hijo de Apolo. Una buena educación musical desde los seis años; dominaba el piano, el clarinete y el saxo. La guitarra no tardó en llegar. Con dieciocho años el príncipe mendigo ya había tenido tres bebés con tres chicas diferentes. La primera vez su relación con una colegiala de catorce años había acabado en un monumental escándalo en su Cheltenham natal, y desde entonces el sacerdote de Pan había ido y venido de la casa de sus avergonzados padres, recorriendo Escandinavia con su guitarra, durmiendo en apartamentos de amigos y perdiéndose en los tugurios de Londres. Su nombre era Brian Jones, y aquella noche caminaba por Cheltenham para asistir al concierto de la orquesta de Chris Barber. No estaba mal dejarse llevar por los viejos estándares de Duke Ellington y otros maestros del género, pero el verdadero aliciente de los conciertos de Barber eran sus estrellas invitadas, tipos negros que las habían visto de todos los colores y que empezaban a tener un reconocimiento que seguramente nunca habrían soñado. Aquellos tipos tocaban la música donde verdaderamente vivía el Diablo, el viejo blues del Mississippi y la tierra del algodón. Aquella noche el hijo de Apolo asistió al viejo ritual de la armónica de la mano de Sonny Boy Williamson, exhalando sucias y polvorientas letras a través de su pequeño instrumento de metal. Aquella noche Brian Jones se vio reflejado en aquella imponente figura, y le gustó lo que vio. Quien se hubiera querido fijar, en los siguientes meses habría podido ver una armónica en cualquier bolsillo de los avezados trajes, jeans y suéters que albergaban el sagrado cuerpo del hijo de Pan.

Diciembre de 1961. Cortando el frío a su paso, el hijo de Pan, acompañado por su amigo Dick Hattrell, y por su novia Pat, ya madre de su tercer hijo, callejea por Cheltenham para ver una vez más a la orquesta de Barber y su nueva atracción, un par de nuevas incorporaciones que en los descansos deleitaban a la audiencia más joven con furiosos repasos de los temas blues que iban llegando desde el otro lado del Atlántico. A la guitarra y voz, Alexis Korner, un explorador británico quien gustaba perderse en las negras selvas del blues. A la armónica Cyril Davies, otro apasionado de los sonidos negros que combinaba su pasión por la música con el negocio de la chatarra. Si en algún momento se había sentido solo, ahora todo parecía tener sentido para el joven Brian Jones. Ahí tenía a dos británicos, uno puro y otro de adopción, ejecutando la música que le volvía loco. Las puertas de Babilonia parecían abrirse al fin. Tras acabar la actuación, Jones se presentó ante Korner como otro joven músico que también quería explorar los oscuros senderos del blues. Imposible negarse a un entusiasmo de tal magnitud. El paciente Alexis le citó en un pub cercano a donde acudirían todos tras terminar con los estándares de jazz. En un instante Jones se había acercado a su casa y había trocado novia por guitarra. Envueltos en un denso humo de tabaco, se suceden las pintas, las conversaciones y los acordes. Korner queda complacido por lo que ve y le da al joven Brian su dirección y su teléfono. Dicho en una mala traducción del inglés, "si puede hacerlo" hasta Londres, que no dude en llamarle. Hará lo posible por buscarle un hueco en la escena de la capital.

En menos de un mes Brian y Pat realizaban su primera visita conjunta a Londres para reunirse con Alexis en su apartamento. Brian se esfuerza por seguir la conversación mientras sus ojos codiciosos se van posando en la imponente colección de discos de la nueva sensación británica del blues. La versión eléctrica del "Dust My Broom" de Elmore James le voló la cabeza. ¡Blues eléctrico! Algo que Alexis y Cyril ya habían descubierto tiempo atrás de la mano de Muddy Waters, pero hasta entonces ningún local respetable había aceptado esa mandanga para entretener al público. Tal vez entonces no se diera cuenta, pero la pobre Pat ya era el pasado. Mirando al futuro, Brian Jones sólo podía ver una pastilla eléctrica que aplicar a su sufrida Hofner.

Mientras el hijo de Apolo trasteaba con viejo un magnetófono alemán al que enchufar su guitarra para poder practicar con el bottleneck, un escuálido y bajito batería practicaba con las escobillas mientras en su mente volaba hacia una imaginaria jam con su admirado Charlie Parker. Por suerte aquel joven podía presumir de compartir nombre con su ídolo. Se llamaba Charlie Watts, y había venido al mundo en Londres al ritmo de las bombas en 1941. Watts nunca había sido un rock and roll kid, no le fascinaba Elvis ni estaba demasiado interesado en el blues. Su padre le había enseñado que un hombre de verdad siempre lucía elegante, y aunque no eran ricos precisamente, su padre siempre le había proporcionado buenos trajes y lucidos zapatos. No era de extrañar pues que el jazz fuera lo suyo. Tímido, poco hablador y muy aplicado, Charlie era un orgullo para sus padres y por ello, cuando vieron la pasión de su hijo por los ritmos tocando una caja hecha con el cuerpo de un banjo y piezas de Meccano, le compraron una batería. Corría la Navidad de 1955. Tras dejar la escuela y cursar estudios en el Harrow School of Art, Watts había conseguido un empleo en una agencia de publicidad. Viviendo con sus padres y tras una pequeña aportación, tenía todavía suficiente dinero que gastar en sí mismo: trajes, discos y cualquier cosa que su batería necesitase. Fue en el verano de 1961 cuando Alexis Korner descubrió el impecable, matemático pero a la vez lleno de sentimiento estilo de Watts viéndole tocar en el Troubadour. Tras haber dejado la orquesta de Barber, el joven estandarte del blues británico buscaba piezas para su combo de blues. Watts tenía una plaza en su grupo si estaba interesado. No lo estaba. Tenía por delante una gira en Dinamarca acompañando a un saxofonista bebop. Cuando Korner y Watts volvieron a cruzar sus caminos en Londres, el calendario marcaba enero de 1962. Alexis renovó su oferta. Y esta vez Charlie aceptó.

Los Blues Incorporated de Korner, Davies y Watts eran una amalgama de jazz y blues con dos mulas, Korner y Davies, tirando del mismo carro en direcciones opuestas, mientras Charlie se preguntaba de qué iba todo aquello y qué era aquel ruido que salía de la armónica amplificada de Cyril. Las jams se sucedían tratando de buscar nuevos miembros con los que completar la banda, aunque lo realmente difícil era encontrar salas interesadas en contratarles. El jazz era lo que atraía al público, el blues tradicional se podía aceptar para llenar huecos, pero, ¿blues electrificado? No, amigo, no en mi local. Hasta que cierto día Korner se topó con un tugurio medio oculto en un sótano, en los suburbios del oeste de Londres. Se trataba del Ealing Club, y allí estaban dispuestos a dejar que los Blues Incorporated hicieran lo suyo. Ya sólo faltaba terminar la formación.

Entretanto Brian Jones había hecho migas con un tal Paul Pond (la posteridad le conocería como Paul Jones, cantante en los Manfred Mann). El piso de Paul en Londres le servía de guarida a Brian, y ambos tocaban juntos, discutían sobre música y soñaban con un futuro en el que serían reconocidos como grandes intérpretes de blues. De momento se tenían que conformar con grabar una cinta con la que presentarse al mundo. Entonces Brian vio un anuncio en la revista musical Jazz News, donde se anunciaba el inminente debut del nuevo proyecto de Alexis Korner, los Blues Incorporated. Sin dudarlo el joven músico hizo autoestop hasta la estación de Ealing Broadway. El Club Ealing no estaba lejos de allí. Le acompañaban su guitarra, Paul y otros chicos amantes del blues. Brian le preguntó a Alexis si podría subir a tocar con ellos. Korner le emplazó al sábado siguiente. Fue así como el 24 de marzo de 1962 Brian tuvo su oportunidad de unirse en un tema a los Blues Incorporated. Korner le presentó con el nombre de guerra elegido para la ocasión, Elmo Lewis, homenaje de Jones a su ídolo Elmore James. Subido al escenario la fascinación que provocaba el hijo de Apolo volvió a actuar de nuevo, pero esta vez multiplicada por la fuerza de su slide a la guitarra. Nadie podía creer que un blancucho inglés dominara aquella técnica que parecía un gran secreto que sólo algunos entendidos hijos de la Gran Bretaña podían estudiar en los surcos de los maestros negros. Aquella noche tres jóvenes locos del blues procedentes de Dartford se vieron así mismos incapaces de levantar la vista de los hipnóticos movimientos de aquel tipo de cabellos dorados surgidos de la nada. Respondían a los nombres de Mick, Keith y Dick.

No resulta extraño que los dos futuros hermanos unidos por todo menos por la sangre nacieran en el mismo hospital con una diferencia de unos pocos meses. Michael Philip Jagger había venido al mundo en julio de 1943. Su padre era un atlético profesor de deportes, y el joven Michael pronto desarrolló también esa afición. En la escuela de primera de Wentworth Mick, como le llamaba su hermano pequeño Chris cuando le quería hacer enfadar, había coincidido, como un alumno más, con un tal Ricky. Se llamaba en realidad Keith Richards, y había llegado a este mundo en diciembre de 1943. Cuando Mick pasó el examen de undécimo, las familias de ambos se mudaron a direcciones diferentes, y los dos se perdieron de vista temporalmente sin haber mostrado especial interés el uno el otro más allá del típico que se tiene por un compañero de escuela como cualquier otro. Mientras Keith hacía el gamberrete y corría para librarse de las palizas de los matones de escuela locales, Mick aparecía junto a su padre en la televisión en un programa sobre deportes. En sus ratos libres escuchaba la radio y como muchos otros jóvenes que adoraban la música americana trataba de sintonizar las cadenas que radiaban música para las bases yanquis. A los catorce años, tras un viaje por España, Mick se trajo a casa una guitarra. Por entonces Keith no tenía ni un tocadiscos. Tampoco lo tenía Mick, pero al menos él tenía una guitarra. El joven Richards aún habría de esperar un año para tener tocadiscos en casa y una guitarra propia. Sus aptitudes musicales ya las había demostrado desde los ocho años como miembro destacado del coro escolar. Así que era cuestión de tiempo.

Como muchos otros después que él, lo primero que aprendió a tocar Mick fue el clásico riff de "La Bamba". Junto a su amigo Dick Taylor cantaba (todavía tocaba a escondidas porque obviamente aún no era muy bueno), discutía las apariciones de las grandes estrellas norteamericanas del rock en la tele, y descubría el legado de grandes del blues como Howlin' Wolf gracias a la respetable colección de discos de Dick. En 1958 los dos decidieron que ya podían morir tras haber visto en directo a todo un Buddy Holly. Después decidieron que ellos también querían subirse a un escenario y ahogarse entre el griterío del público. Fue así como Mick y Dick hicieron sus primeros pinitos como músicos montando grupos con otros chicos de Dartford. Mientras tanto Keith entraba en el rock por la puerta grande de la mano de Elvis y su "Heartbreak Hotel" gracias a un pequeño transistor que ocultaba cuando se iba a dormir para sintonizar Radio Luxemburgo. Ambos proseguían su aprendizaje musical en sus respectivos hogares y casas de amigos, mientras que en sus estudios Mick pasaba la reválida con nota para entrar en el instituto de Dartford, mientras Keith, con una reválida mucho más discreta, había de conformarse con la escuela técnica, lo que el guitarrista definió como el lugar para los que no habían podido entrar en el instituto pero todavía podían servir para algo. Un día de verano Mick y Keith volvieron a encontrarse. Jagger trabajaba en un puesto de helados para ganarse un dinero. Keith le compró un helado, y hablaron un poco de sus vidas. Luego cada uno a lo suyo.

Los dioses del rock parecían prever el futuro y tejer el camino con sabias puntadas cuando llevaron a Mick Jagger con una beca a la escuela de economía, mientras que provocaban la expulsión de Keith de la escuela técnica para ir a parar a la Sidcup Art College, el paraíso de cualquier rockero, beatnick o inadaptados en general. Allí había pocas clases de arte pero sí muchos cigarrillos en los baños y muchos compañeros con quienes intercambiar impresiones y discos. Allí Keith conoció a Dick Taylor, amigo y miembro del grupo de Mick. Keith y Dick pronto vieron que congeniaban y se pusieron a tocar juntos.

El curso de la historia del rock británico cambió cierto día de octubre de 1960 en la estación de Dartford, donde dos jóvenes lugareños esperaban el tren hacia Londres. Uno era Mick Jagger, quien con sus trabajos en verano, su pulcra atención a sus estudios y sus consecuentes pagas por ser bueno, había ido amasando una impactante colección de discos de los cuales solía llevar una pequeña selección a la escuela de economía para intercambiarlos, hacerlos sonar en reproductores portátiles, o simplemente presumir. El otro era Keith Richards, con una colección de discos menos espectacular, pero cuya cabeza había sido rematada por Chuck Berry y tenía un hambre de conocimientos musicales superior a la de cualquier tipo del barrio. Keith reparó en el tipo de los discos. Era Mike, aquel que había ido a su escuela cuando eran niños y que tiempo después le había vendido un helado. Se fijó en los discos que llevaba el chaval. Muddy Waters, Little Walter, ¡Berry! ¿De dónde sacaba un chaval así esos caros discos de importación? Keith se acercó a Mike y le preguntó si le gustaba Berry. Ya sabéis, la típica conversación entre melómanos. ¿Vaya, te gusta Chuck? Yo sé tocar esa mierda. ¿Te vienes a mi casa luego a tomar el té? Podemos pinchar esos discos. Y déjame ése de Muddy, tío. A cambio podrás repetir pastitas.

Mick y Keith tomaron el té, Mick le dejó The Best of Muddy Waters, y ambos vieron que se llevaban bien. Y ambos conocían a Dick Taylor. Así que Mick invitó a Keith a formar parte de su grupo. Unos meses después los tres se encontraban alucinando con el chico rubio del slide. Para entonces Keith había cambiado una pila de sus discos por una vieja guitarra eléctrica y una vieja radio que hacía las veces de amplificador.

El 7 de abril los tres chicos de Dartford volvieron al Club Ealing para ver a los Blue Incorporated y a la joven sensación rubia, que volvería a tocar otro tema con los chicos de Korner. Esta vez Mick y los otros tuvieron la oportunidad de cruzar unas palabras con Brian. Como chicos de ciudad las suaves maneras de Brian y su acento de provincias podían resultar divertidos, pero ese tipo realmente sabía tocar, y cuando supieron de sus correrías el tupé de Mick y las travesuras de Keith parecían un juego de niños a su lado.

Decididos a perseverar, Mick, Keith y Dick decidieron seguir el camino de Jones. Grabaron una cinta con unas pocas versiones y se la enviaron a Korner. A éste le gustó lo que escuchó e invitó a los chicos a su casa. Charlaron, escucharon discos y se conocieron. En su siguiente actuación en el Ealing Alexis invitó a Mick a subir y cantar un tema, con poco éxito. A la semana siguiente Mick volvió, esta vez con Keith. El guitarra se desmarcó con el "Around and Around" de Berry, algo que no gustó a los selectos puristas de blues que asistían al Ealing. El momento de Keith habría de esperar, pero Mick acabó logrando un puesto en las rotaciones de cantantes que Alexis efectuaba en su grupo. Los otros vocalistas que se iban rotando eran Long John Baldry, Paul Pond, Eric Burdon y Manfred Mann. Realmente Alexis Korner estaba agitando la escena con toda una pléyade de jóvenes músicos amantes del blues. Incluído un tal "Zapatillas" que gustaba de tocar temas de Chuck Berry mirándose los pies incapaz de afrontar las miradas del público. En unos cuantos años aquel joven guitarrista sería elevado a la categoría de dios.

Conforme avanzaba 1962 las cosas empezaron a aclararse en la naciente nueva era musical de Londres. El Club Ealing, con escaso aforo de doscientas personas, cada vez se abarrotaba con más facilidad. La Blues Incorporated era algo que había que ver, y cada vez más Mick Jagger se estaba mostrando como una gran sensación. Además, era muy popular entre las chicas. Eran tiempos de aprendizaje, Mick iba buscando su estilo, mientras sus famosos labios obraban milagros entre la audiencia femenina. Algo que no escapó a Alexis Korner, quien se lo llevaba a fiestas privadas y actuaciones improvisadas entre la gente más chic de Londres. Keith mientras tanto aprovechaba las oportunidades que tenía de subir al escenario junto a Mick para tocar sucio rock and roll y volver un poco más loco a Cyril Davies. De manera poco sorprendente, Keith no tragaba a los Incorporated.

Por su parte durante aquel tiempo Brian Jones había seguido acudiendo al Ealing, mientras Pat había regresado con un niño en brazo para irse a vivir con él. Durante un tiempo Jones jugó a ser un padre correcto. Consiguió un trabajo en unos grandes almacenes y se fue a vivir a un piso con su novia y el niño. El trabajo no le duró mucho. Le pillaron robando y le despidieron. No tardaron en deshauciarles. Bueno, lo había intentado. Era hora de formar su propio combo de blues.

El 2 de mayo de 1962 en la revista Jazz News, sección de anuncios, se podía leer el siguiente:

RHYTHM AND BLUES
Guitarist and Vocalist forming R. & B. Band, require Harmonica and/or Tenor Sax, Piano, Bass, and Drums. Must be keen to rehearse. Plenty of interesting work available. BOX No. 1277.

Se trataba del anuncio que Brian había colocado para reclutar chicos para su banda de blues. Uno de los primeros en acudir a la llamada fue un escocés algunos años mayor que él, fornido y con una anodina pinta de oficinista llamado Ian Stewart, a quien todos conocían por Stu. El escocés era un avezado teclista que sentía pasión por el boogie-woogie, el swing y el rhythm and blues americano. La idea de Brian de formar un combo de blues eléctrico no entusiasmó a Stu, pero consideró que el chico rubio tenía potencial así que aceptó su oferta. El núcleo de la futura banda de blues comenzó los ensayos en un pub de Leicester Square, hasta que les echaron por pillar a Brian robando cigarrillos.

Ian 'Stu' Stewart

Con ayuda de Alexis Korner el hijo de Pan logró atraer a otro guitarra a la banda, Geoff Bradford, aunque un purista del blues tradicional como él no estaba destinado a durar. Korner también puso en contacto a Jones con el cantante y armonicista Brian Knight, con quien también tocó un tiempo. Pero la cosa tampoco acababa de cuajar. Además Jones se las veía y las deseaba para fichar a Charlie Watts para su banda, pero Charlie ya había rechazado ofertas de Korner para dedicarse a la música a tiempo completo. Poco a poco varios baterías de la escena de Londres (entre ellos el pelirrojo Ginger Baker) fueron pasando por los ensayos de Brian y Stu.

Finalmente Brian dio el paso e invitó a Mick Jagger a que se uniera a su banda como vocalista. Era a quien quería tener a las voces, a la sensación del Club Ealing. Si además Keith iba en el paquete, bueno, merecía la pena igualmente. Aunque Mick era el objeto de deseo. Tras la entrada de Jagger y Richards, el tercero en discordia, Dick Taylor, desembarcó como bajista. La batería sería para quien estuviera disponible.

Keith Richards notó la electricidad de la banda cuando ni siquiera acaba de subir las escaleras que llevaban al local de ensayo en el pub Bricklayers. De hecho la banda ni siquiera estaba allí todavía, salvo Ian Stewart, que aporreaba su teclado extrayéndole sonidos electrizantes. Quien quiera que fuera aquel tipo, se dijo Richards, decididamente quería tocar con él. Finalmente vio que se trataba de Stu, el tipo con pintas de oficinista que había hecho vibrar el Ealing Club con sus teclados tocando de vez en cuando junto a Korner. "Y tú debes ser el artista a lo Chuck Berry", dijo Ian cuando vio a Keith. No, ciertamente Stu no era un hombre del rock. Los otros fueron llegando y finalmente se pusieron todos a tocar. Había muchas cosas que definir, pero ciertamente tenían algo. Brian era el elemento que cohesionaba a todos. Su aparente clarividencia y su evidente talento tendía un puente entre los puristas Stu y Knight y los atolondrados Jagger, Richards y Taylor. De todas formas al final Brian Knight no pudo aguantar tanto rock ruidoso y dejó el grupo.

La banda nació oficialmente con la primera oportunidad que consiguió el grupo de darse a conocer gracias a la mediación de los Blues Incorporated, quienes habían sido invitados por la BBC para tocar en su programa de radio de jazz. Para entonces Korner y sus chicos eran unos regulares del Marquee, el templo de jazz y skiffle de Londres. El dueño, Harold Pendleton, necesitaba un sustituto para el jueves que Korner se iba a grabar a la BBC. Optó por la banda de Long John Baldry, pero Brian le convenció para que su grupo tocara en los descansos. Dice la leyenda, o sea, Keith, que hablando por teléfono Harold le pidió un nombre que publicitar. Sin haber contado con ello, Brian buscó un nombre. ¿Silla? ¿Teléfono? ¿Reloj de cuco? Finalmente reparó en el vinilo The Best of Muddy Waters y la canción "Rollin Stone". Bien, ahí lo tenía. Serían The Rollin' Stones.

Así fue como un 12 de julio de 1962 la banda se encaminó al 165 de Oxford Street, en otras palabras, al Marquee, para debutar en directo con el batería Tony Chapman (o quizás Mick Avory) a las baquetas. Con equipo alquilado y paupérrimos instrumentos, The Rollin' Stones repasaron varios estándares de blues, rhythm y rock, empezando con el "Kansas City" de Leiber y Stoller para seguir con varios temas de gente como Jimmy Reed, Eddie Taylor, Billy Boy Arnold y Chuck Berry, para terminar con el "Happy Home" de Elmore James. Hubieron fallos y el público habitual del Marquee se quedó cuanto menos indiferente, pero la banda había sudado un electrizante sonido a blues que interesó a los más abiertos. Y ciertamente la actuación dio que pensar a un tipo del público llamado Charlie Watts. Aunque de momento estaba más cerca de los indiferentes del Marquee que de los alocados y jóvenes fans del blues. Aquella noche la banda ganó veinte libras, que todos se repartieron a partes iguales.

El grupo siguió ensayando, y el 28 fueron a tocar al Club Ealing. En agosto se acercaron a Watford, y en septiembre les cayeron unas cuantas fechas más en el Ealing, más un par de sustituciones en el Marquee. Para entonces Mick había encontrado un cuchitril en el barrio de Chelsea, a donde pronto se mudaron Keith y Brian, quien dejaba a Pat y su hija en otro piso. El cuarto compañero de piso era Jimmy Phelge, un impresor y futuro fotógrafo con un humor retorcido y una escasa higiene personal. El 4 de octubre la banda regresaba al Marquee, por última vez en bastante tiempo. Harold se rió de las pintas del grupo, y Keith trató de golpearle con su guitarra. Los Stones habían quedado vetados en el lugar.

Aparte de las esporádicas actuaciones en el Ealing se hacía difícil encontrar salas donde tocar. Se enfrentaban al mismo problema que Alexis Korner había tenido un año antes. Para empeorar las cosas, a finales de octubre Dick Taylor abandonaba el grupo. Estudiaba en el Royal College of Art y se acercaban los exámenes. Tiempo después acabaría tocando en The Pretty Things. En las siguientes semanas la banda se las tendría que apañar sin una sección rítmica permanente, mientras Mick empezaba a perderse entre sus esporádicas actuaciones junto a Korner en suntuosas fiestas y su beca de estudios, única fuente de ingresos que tenía. Poco a poco Brian empezó a pasar más tiempo con Keith, componiendo, maldiciendo a Mick, y hablando de crear un dúo de éxito. Mientras, Mick inauguraba lo que sería una larga tradición en el seno de la banda, y fue a consolar a la solitaria Pat, la novia de Brian.

Fue por entonces cuando escuchando la radio les cayó como una bomba "Love Me Do", el contagioso y portentoso sencillo de cuatro chicos de Liverpool que ciertamente no habían perdido el tiempo. Como recordaría Keith: "Era un ataque del norte. Creíamos que éramos únicos en el mundo". El sencillo coincidió con una época de renovado interés de Brian por la armónica. "Love Me Do" no hizo sino acentuar ese interés. Desde entonces Jones se pasaba las horas practicando con ella.

El 27 de octubre los Stones entraban en un estudio alquilado para grabar una maqueta con tres temas y tener algo que enviar a los estudios. Brian quería probar suerte y ver si eran tan bien recibidos en EMI como los Beatles. No fue así, por lo que de momento se conformaron con seguir consiguiendo fechas para noviembre.

De todas formas la grabación no fue en balde. Tony Chapman, por entonces batería habitual de la banda, le puso la cinta a Bill Perks, con quien había tocado para su grupo de rockabilly The Cliftons. La cinta y Chapman lograron persuadir a quien el mundo conocería como Bill Wyman para que acudiera a la siguiente actuación del grupo en el Red Lyon. Allí le presentaron a Stu e intercambió unas palabras con Mick. Le propusieron hacer una prueba en el pub Wetherby Arms, donde ensayaban por entonces.

Cuando de niño el pequeño Bill acompañaba a su tía y su novio (un soldadito norteamericano) a los bailes de jitterbug en Purley o Croydon no prestaba demasiado atención a las parejas que danzaban. Se dejaba embelesar por la música de los conjuntos. Su pasión por la música continuó cuando en 1955 fue destinado a Alemania durante su servicio en la RAF. Por entonces Wyman había aprendido a hacer el amor antes que a tocar. En 1962 Bill era el mayor de todos los que se habían reunido en el Wetherby Arms. Estaba casado y tenía un hijo. También tenía un buen trabajo, había ganado dinero y había tocado en un grupo popular. Nada de eso impresionó demasiado al resto cuando vieron entrar por la puerta a un señor mayor. Pero cuando Bill desplegó su flamante VOX AC30 y su bajo casero la cosa cambió. Los jóvenes seguramente le aceptaron de inmediato por su equipo y sus cigarrillos, pero como puntualizaría Stu, aquel bajista realmente sabía tocar.

Con los Cliftons prácticamente finiquitados, y una voz interior que le decía que aquellos desarrapados podían tener un futuro, Wyman decidió embarcarse en el proyecto. Y es que habiendo aceptado tras el primer ensayo el dejar su equipo en el cuchitril de Edith Grove en Chelsea no podía haber confiado más en aquellos tipos. A mediados de diciembre Bill debutaba con The Rollin' Stones. Mientras, en otro lado de la ciudad, Charlie Watts dejaba definitivamente a los Blues Incorporated. No hacía mucho que Brian le había pedido por segunda vez que se uniera a su banda. Una vez más, Charlie había dicho "no".

Sin tiempo para lamentarse, Brian, líder espiritual y mánager de facto del grupo, trabajaba intensamente en promocionar a la banda, pedir a la radio que emitieran su maqueta, buscaba batería, y tocaba la armónica. Oficialmente iba a cobrar cinco libras más que el resto por su labor de representante, pero cada vez inflaba más los gastos de la banda para quedarse con el dinero que podía. Según Wyman, el resto toleraba la pequeña estafa.

En una de las actuaciones de diciembre apareció entre el público Charlie Watts. Desesperados, Brian, Mick y Keith le suplicaron una vez más que entrara en la banda. Charlie respondió que tenía su trabajo y actuaciones seguras con otra banda. Pero realmente la entrada del tal Wyman había mejorado el sonido de la banda. El confundido batería buscó consejo en Bobbie, la esposa de Alexis Korner. La mujer le dijo que les diese una oportunidad. Los Stones no dudaron en seguir presionando. Finalmente Charlie dio su brazo a torcer. El grupo no tardó en deshacerse de Tony Chapman, quien, enfadado, trató de llevarse a Wyman consigo. Pero Bill decidió quedarse.

A mediados de enero (entre el 12 y el 15, según fuentes) Charlie Watts se unía a la banda en el escenario en el Club Ealing. Aunque por entonces los carteles todavía conservaran el apóstrofe, aquella noche habían nacido The Rolling Stones al completo.


7 comentarios:

Kinski dijo...

Peazo bio que t'as marcao de los Geniales H de P. que eran/son y serán los Stones. 50 años pateando traseros!!.

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Que San Cucufate te bendiga por iniciar esta saga sesentera. Tony Chapman terminó con un puesto ambulante de helados, o perritos calientes o algo así. Charlie Watts es mucho Charlie Watts.

paulamule dijo...

Esa "You can't judge a book by the cover2 es una de mis frases favoritas en según qué situaciones. Je, je, je.
Salud.

Bounty Hunter dijo...

Magnífica reconstrucción del origen de los Stones. Una gran historia que tras 50 años, sigue vigente.
Me gustaría pensar que esta entrada es el primer capítulo de la saga y no un post aislado.
De todas formas es un placer leer semejante texto.
Felicidades gran M :).

Möbius el Crononauta dijo...

Kinski: ¡que se dice pronto!

Aitor FP: Watts es grande, no cabe duda. En fin, tardó, pero Cucufate mediante, ya está aquí

paulamule: mmm imagino que sí jeje

Bounty Hunter: gracias. Habrá más, no lo dudes.

Anónimo dijo...

Espectacular

Möbius el Crononauta dijo...

Gracias.