viernes, 30 de septiembre de 2011

Los locos del Cannonball (1981)

En 1979 se celebraba la última de las carreras ilegales Cannonball creada por Brock Yates, editor de la revista Car and Driver, para conmemorar las hazañas automovilísticas del legendario piloto Erwin "Cannon Ball" Baker. En esta última edición Yates había participado con su colega Hal Needham, especialista y director cinematográfico, quienes condujeron una ambulancia con su doctor y una paciente falsa para servir como tapadera. No era la primera vez que las carreras Cannonball inspiraban una película, pero esta vez fueron el propio Yates y Needham quienes se encargaron del proyecto.

Los locos del Cannonball parecía destinada para ser protagonizada por Steve McQueen (me temo que esto se dice de cualquier película con coches de los 70), pero la enfermedad y muerte del actor llevó al proyecto a convertirse en una comedia cuando fue Burt Reynolds el elegido para protagonizar la cinta, dandole un toque más parecido a Los caraduras, su exitosa cinta de pocos años antes. Y desde luego el público respondió al planteamiento.

Nos os voy a engañar, Los locos del Cannonball es una de las películas más chorras de todos los tiempos, en algunos aspectos no ha envejecido demasiado bien, y el guión es muy facilón, pero el reparto es potente y en definitiva se trata de un film muy entrañable. Aunque claro, Los locos del Cannonball fue una de las primeras películas de coches que vi, siendo un criajo, y no soy muy objetivo, pero quienes simplemente disfruten viendo al reparto estelar o se vean cualquier película con coches seguro que apreciarán esta cinta.

El planteamiento retomaba de nuevo la trama de las carreras ilegales, con un reparto coral que se ponía al mando de diferentes vehículos para cruzar el país de costa a costa y ganar la carrera, esquivando, como siempre, a la sempiterna policía del condado, la Guardia Civil yanqui por así decirlo. El eje central gira entorno a la rivalidad entre la ambulancia de J.J. McClure (macho Reynolds) y los conductores de un potente Ferrari. A Reynolds le acompaña el orondo Victor (el cómico Dom DeLuis), un tipo cuya personalidad se desdobla de vez en cuando para convertirse en el justiciero Capitán Chaos. Sí, es un poco alucinógeno, pero seguro que a William Faulkner no se le habría ocurrido. Para completar su tapadera McClure y Victor reclutan a un proctólogo borrachuzo y bastante tétrico (un estupendo Jack Elam), y a una fotógrafo algo naïve y amante de la naturaleza (la mítica Farrah Fawcett). El Ferrari es conducido por dos pillos vestidos de curas, muy bien elegidos por cierto, nada más y nada menos que Sammy Davis Jr. y un Dean Martin de vuelta de todo y que ya afrontaba su declive físico, pero que seguía teniendo su estilo inconfundible, aunque seguramente no podía importarle menos todo el asunto. De hecho en algunas escenas parece que se hubiera pimplado unos whiskys en su caravana antes de salir a rodar.

Otro de los participantes es Roger Moore, que interpreta a un hijo de millonarios que curiosamente se parece a Roger, y que al parecer se cree Roger Moore, y conduce, por supuesto un Aston Martin lleno de curiosos gadgets. Evidentemente era un personaje autoparódico que el Moore actor interpretó con su aristocrático estilo habitual. Otro coche con gadgets y regido por un ordenador es propiedad de un piloto japonés y su mecánico. El piloto no es otro que Jackie Chan, en uno de sus primeros trabajos en Hollywood, cosa que no es de extrañar ya que el ínclito Raymond Chow era el productor del film. Al parecer el bueno de Jackie no sabía que estaba haciendo de japonés (de hecho con su conductor habla en chino, hongkonés, mandarín, o lo que sea, pero ciertamente no parece japonés), y cuando se enteró tras el rodaje el asunto no le hizo demasiada gracia.

Entre los papeles menores están el del ex-jugador de la NFL Terry Bradshaw y el cantante country Mel Tillis, que hacen de dos rednecks cerveceros hilarantes a los que habría estado bien dar más cancha. Uno de los coches más potentes de la carrera, un Lamborghini, es conducido por un par de chicas embutidas en Spandex cuya principal táctica es librarse de las multas y los policías usando su sex appeal. Así que ahí tenemos a la pistonuda Adrianne Barbeau atontando al brazo de la ley a golpe de escote, y resulta, claro, porque, ¡vaya escote! No, no creo que Chejov hubiera hecho uno de sus dramas con semejante giro argumental, pero me temo que en el guión de Los locos del Cannonball no había mucho espacio para las subtramas intelectuales. Además de otros secundarios y rostros conocidos, estará bien citar los breves cameos de Bianca Jagger, los mismos Yates y Needham, y, claro que sí, ¡Peter Fonda! Nuestro amigo Peter no podía faltar en uno de los últimos títulos importantes de los carsploitation setenteros, aunque su estrella ya no relucía tanto, y en este film se limita a retomar sus papeles de motero de los tiempos de Roger Corman y la mítica Easy Rider.

Así que en realidad Los locos del Cannonball se reduce a la velocidad, los coches, comedia fácil, y el lustre que dan las estrellas a la película, con Moore riéndose de sí mismo, Jackie Chan con su tecnología y por supuesto una pequeña pelea para hacer gala de sus dotes, la Fawcett marcando más largas que cualquiera de los coches del film, y Burt Reynolds y Dean Martin enfrascándose en una breve pelea dialéctica en la que es una de las escenas más tontas y también una de las más entrañables de la película, secundados por sus compinches, lanzándose frases "él lo puede decir" y "él lo puede hacer", su particular juego de la cuchara-cuchillo. Supongo que no estaréis entendiendo nada, pero bueno yo sé lo que me digo, y esto se remonta a muchos años atrás en el tiempo. Y, bueno, para salir de este jardín, echaré mano de una maniobra evasiva a lo almirante Ackbar.

La próxima vez lo intento con Dean Martin, chicas.

No, creo que Los locos del Cannonball nunca ocupará un lugar en la historia del cine junto a Casablanca, pero se capta de distinta manera un sábado por la noche con amigotes y cervezas, o al domingo siguiente, pasando la resaca con el encefalograma plano. Todo tiene su momento y su lugar. Los locos del Cannonball, un film modesto y entrañable que a pesar de su éxito comercial significó el fin de una era para los coches en las películas de Hollywood.

4 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Eso es un mostrador, y, lo demás, tonterías.

Cinemagnific dijo...

Que bizarrada XD

David dijo...

Me pasa como a ti. Esta la vi en el cine de crío (tendría 10 años, supongo). No la he vuelto a ver, pero no tengo mal recuerdo de ella.

Möbius el Crononauta dijo...

supersalvajuan: aah tu tener buena vista

Cinemagnific: jeje

David: bueno, no es "Candilejas", pero es entrañable