sábado, 17 de septiembre de 2011

Joan Collins, sophisticated bitch

Para el público lo bastante viejuno Joan Collins siempre será recordada como Alexis Carrington, la gran pécora de la televisión de los 80 que siempre la acaba montando gorda en la exitosa serie culebrera Dinastía. Era, además de ser un punto de referencia para millones de marujas anglosajonas, una estrella de la vieja escuela que cada vez que visitaba los platós de este país aportaba parte de ese glamour perdido de las estrellas de antaño.

La carrera hacia el estrellato de Joan Collins comenzó a mediados de los 50 cuando tras hacerse un nombre en su Gran Bretaña natal llegó a Hollywood siguiendo los pasos de otras británicas como Deborah Kerr para convertirse en la respuesta de la Fox al flamante estrelalto de Elizabeth Taylor en la Metro. Pero la pobre Joan siempre tuvo que vivir a la sombra de la Taylor, cogiendo lo que Liz no quería. Cuando Joan se presentó a los castings de Cleopatra, perdió de nuevo ante su gran rival. Al menos la Collins tenía en el recuerdo su esplendoroso debut hollywoodiense, la suntuosa Tierra de faraones de Howard Hawks.

Con el declive de los estudios comenzó el lento declive de la carrera de Joan, que de todas formas no había explotado de la forma en que se había esperado de ella, y es que, aunque no exenta de belleza y glamour, su talento como actriz decididamente no estaba a la altura de las Taylors y Kerrs de este mundo, aunque tenía ese punto de gran profesionalidad teatral de la escuela británica, algo que de todas formas no era bastante como para aguantarle el pulso a sus otras grandes rivales británicas en Hollywood. Como otras estrellas perdidas en un Hollywood cambiante, durante los 60 Joan comenzó a combinar televisión y cine, para en la siguiente década acabar pasando más tiempo en los platós de la tele que en los del cine. A finales de los 70, convertida en una de las Milf hollywoodiense por excelencia, la Collins se decidió a explotar ese aspecto para remontar su carrera participando en films eróticos con títulos tan bizarros como The Stud y The Bitch (aquí lo suavizaron con un correcto El placer), adaptaciones de dos de los bestsellers escritos por su hermana Jackie, novelas que me da en la nariz no deben tener mucho en común con la obra de John Steinbeck.

Fue en 1981 cuando a Joan, con casi cincuenta años, le llegó el papel de su vida, el de la malvada y sofisticada Alexis, que dio vidilla a la serie Dinastía hasta que le llegó su final en 1989. Desde entonces Joan ha compaginado la escritura de libros y la promoción de dietas, trucos para la eterna juventud y demás (la Collins es de esas actrices que siempre se han resistido a envejecer, cueste lo que cueste) con apariciones esporádicas en series de televisión y papeles de guest star en el cine.

Aunque en el cine su legado se suela reducir a la mención de la ya citada Tierra de faraones, Joan Collins dejó huella en la historia de la televisión gracias a su pérfida Alexis, pero por regla general ha sido de esas estrellas de las que se ha hablado más por su vida privada que por su, por otra parte, bastante regulera carrera cinematográfica. Y es que tras su llegada a Hollywood y el divorcio de su primer marido la Collins se convirtió en la versión femenina de Warren Beatty, con una lista de amantes tan larga como la del gigoló masculino. De hecho a comienzos de su carrera el propio Beatty estuvo saliendo con Joan, protagonizando muchas anécdotas y dando mucho que hablar. Me pregunto como aguantarían en pie las camas que usaran esta pareja, debían ser reforzadas. Además, en cuanto empezó a apuntarse sus años, Joan Collins fue de esas que no tenía inconveniente en hacer lo que hacían siempre los hombres, y era salir con yogurines a la vista de todos. Sus correrías y juergas le valieron el apodo de "The British Open", pero al menos abrió camino a su manera y seguro que Demi Moore le debe mucho a la Collins al respecto. En fin, podría hablarse mucho de las locas anécdotas que ha dejado tras de sí la Joan; una de las más bizarras relata cómo su primer marido, el actor británico Maxwell Reed, trató de venderla a un jeque árabe por 10.000 dólares. No sé si la actriz lo ha confirmado o no, pero desde luego era una buena razón para el divorcio.

En fin, os dejo con unas fotillos de Joan, la gran arpía de los 80.





Se ruega no hacer chistes sobre esta última foto.

7 comentarios:

José Fernández dijo...

El otro día ví Un Marido en Apuros, una comedia de Leo McCarey con algún chiste realmente bueno, y la verdad es que me sorprendio algo verla haciendo de femme fatale destroza hogares. Fisicamente no me acaba de poner, pero evidentemente tiene un punto guarrete bastante gracioso.

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Ahora ya sé porqué Salamanca fue capital cultural europea.

Sin ser mi rollo, estaba ternesca. Una pena que no nos des más mandanga porque la historia del jeque árabe es realmente épica. Menudo marido. Todo el mundo sabe que el dinero no se puede revender, pero los camellos sí.

TSI-NA-PAH dijo...

Mmmmmmmmmm! Siempre me puso esa mirada de "Femme Fatale".
un abrazo

Cecil B. Demente dijo...

Buen post! Aqui te dejo un enlace que si no lo conoces, creo que te va a interesar...

http://www.youtube.com/watch?v=qj44stHz49g

paulamule dijo...

Bella entre las bellas. Siempre me encantó esta mujer de armas tomar. Hace poco leí una entrevista suya en su semanal y volví a pasar un rato estupendo.
Salud.

Fanny Riffel dijo...

No había visto este post!!Altamente recomendable su autobiografía,"Pasado imperfecto".La morocha se ríe de sí misma y entretiene.

Möbius el Crononauta dijo...

José Fernández: esa no la he visto, pero trataré de recordarla.

Aitor FP: no sé mucho más, pero si averiguo algo trataré de hablar de ello

Tsinapah: tiene una mirada muy pícara, sí.

Cecil B. Demente: curioso

paulamule: sus entrevistas siempre eran bastante interesantes, por lo que puedo recordar

Fanny Riffel: siempre ha tenido un gran sentido del humor. Seguro que debe ser un buen libro.