domingo, 18 de septiembre de 2011

Carrera con el diablo (1975)

Ningún plan sobrevive a la batalla, y ninguna escapada vacacional calculada al milímetro saldrá como uno se lo espera. Atascos, líneas de playa a varios kilómetros de la costa, campings mugrientos y mucha salmonela. Desde luego en el periodo estival hispano el terror suele tomar forma de chiringuito con sus sangrías de extraños cuerpos flotantes y mahonesas de curiosos colores, o al menos solían serlo antes de que todo fuera sintético. En Hollywood, donde ningún espectador se tragaría que los turistas de aquí pudieran sobrevivir a los chiringuitos setenteros y ochenteros, necesitan algo más realista. Por ejemplo, una secta satánica.

Carrera con el diablo se trata básicamente de una película de presupuesto ajustado pero con rostros estelares que grandes estudios como la Twentieth Century Fox podían distribuir fácilmente de cara al consumo veraniego de los patilludos adolescentes que querían emociones fuertes justo al mismo tiempo en que cierto tiburón asolaba las pantallas de los cines de América. La pequeña Saber Productions no pudo competir con eso y desaparecería del mapa, a pesar de haber regalado al mundo algo tan desquiciado como The Thing with Two Heads. Sin duda alguna mano negra conspiró para que hoy en día Saber Productions no esté a la altura de la Universal, pero por desgracia en aquella época Woodward y Berstein estaban demasiado ocupados para investigar el caso.

Carrera con el diablo es un buen ejemplo de peli de coches enmarcada en un género mayor, en este caso el de terror, más concretamente ese tipo de terror psicológico setentero que hacía unos años había puesto de moda Roman Polanski con su particular "mira quien es el Anticristo". La trama es simple, como suele pasar en estos casos: dos parejas de enamorados, es decir, un ex-piloto y su novia y un piloto más joven y su novia, tras mucho trabajar en sus coches y sus diseños, deciden tomarse un respiro, coger su lujosa autocaravana y marcharse a Aspen a esquiar un poco. Por el camino las chicas harán barbacoas mientras los chicos se marcan unas carreras de motos. Vive la différence!

Cierta noche, después de cenar, mientras las chicas friegan los platos, o se van a dormir, o cualquier cosa que las mantenga dentro de la caravana, los hombres salen fuera con su mesita y sus sillas a beberse unos güiscachos y fumarse unos puros. En esto la noche se ilumina con un fuego, allá a la otra parte de río, y curiosones ellos, cogen sus prismáticos para ver de qué se trata todo aquello. La cosa se pone interesante cuando aparecen chicas desnudas danzando y tipos con extraños atavíos en lo que parece una lasciva juerga de alguna comuna jipi post-Altamont. Pero lo que parecía una bacanal se transforma en un ritual satánico con sacrificio incluido, y lo que es peor, los satanistas les pillan espiando, cosa que obviamente no les gusta nada. Evidentemente los domingueros no se deciden a quedarse para hablar las cosas, y salen por patas en su autocaravana con los amigos de Belcebú pisándoles los talones. ¡Comienza la persecución!

A diferencia de otros títulos de carsploitation de la época, Carrera con el diablo no basa la mayoría de su metraje en las persecuciones, sino que también dedica tiempo al acoso que sufren las parejas a su paso por un condado perdido en el Cinturón Bíblico donde parece reinar una extraña conspiración de silencio y donde las Biblias deben ser las firmadas por Anton LaVey. Es en estas escenas donde planea la sombra del clásico de Polanski, aunque en vez de fina gente de la alta sociedad tenemos un desfile de los rednecks más extraños e inquietantes del lugar. Será en el tramo final donde los coches cobren protagonismo en una curiosa persecución protagonizada no por ningún deportivo ni GTO, sino por una gran autocaravana.

Uno de los grandes alicientes del film es el dúo protagonista, formado por Peter Fonda, que siempre se metía en estos fregados, y el nunca suficientemente ponderado Warren Oates, un genial y habitual secundario que no siempre tenía papeles protagónicos, pero que tampoco los necesitaba, era de ésos que fácilmente le quitaban la gloria al guapo de turno. También actúa Loretta Swit, conocida por la saga M.A.S.H. y su papel de "Morritos Calientes". Por otro lado, el guión no es para tirar bombas, pero el director, Jack Starrett (¡hey! que este hombre dirigió Cleopatra Jones) no hace mal trabajo con lo poco que tiene. En su parte central, con los intentos de emular los ambientes desasosegadores y oscuridades psicológicas de mejores trabajos con mejores directores y mejores guiones la película decae un poco, aunque por lo general el ritmo está conseguido y cuando menos te lo esperas Starrett te sorprende con algún plano muy conseguido o escenas visualmente poderosas o interesantes, como la hoguera en mitad de la noche, la delirante secuencia en la piscina con extraños rednecks y una inquietante tercera edad, y unas buenas persecuciones automovilísticas, sin olvidar unos magníficos y oscuros títulos de crédito dignos de un videoclip de Black Sabbath. Y del final nada puedo contar, pero tiene mandanga.

Decididamente Carrera con el diablo no es el Diablo sobre ruedas (¡ajá! ¡seguro que no se esperaban esta comparación!), pero es un buen film de serie B, con sus aciertos y sus errores, que seguro que perdería puntos de no estar Warren Oates de por medio, pero por suerte está, y creo que en la balanza las partes buenas superan a las malas. Merece una oportunidad.

Además, seguro que en nuestros queridos chiringuitos patrios os habéis metido cosas peores.

3 comentarios:

Kinski dijo...

Ya me tarda verla!!!!!!
Warren Oates, we love you!!!!!!

Fanny Riffel dijo...

Otra de Fonda y de carreteras polvorientas!!!WIIIIII!!!
El guión parece un día con Steve MQueen contado por Ali McGrow:P

Möbius el Crononauta dijo...

Kinski: ¡Warren Oates es grande!

Fanny Riffel: jeje curiosa forma de definirlo. Igual la versión de Ali sería todavía más retorcida.