lunes, 8 de agosto de 2011

Yojimbo, el mercenario (1961)

"Arlecchino, servidore di due padrone". Ése fue el escudo que, en una manera muy italiana, usaron los productores de Por un puñado de dólares cuando les cayó encima la inevitable demanda judicial de la Toho y Kurosawa Productions por el remake encubierto que había rodado Sergio Leone. Por supuesto, ellos se consideraban libres de culpa pues argüían que Yojimbo estaba claramente inspirada en aquella olvidada obra de teatro italiana. Raro fue que no se remontaran a la Biblia o algo semejante. Finalmente dado lo indefendible del caso Akira Kurosawa acabaría recibiendo un 15% de la recaudación mundial del film de Leone con una garantía de cien mil dólares. A Sergio no pareció importarle, y enseñó a todo el mundo una carta del mismísimo Kurosawa en la que éste le decía que su film era muy bueno. Parecía obviar que a continuación le acusaba directamente de plagio. Pero, ¿quién puede culparle de caer en la tentación de montarse su propio Yojimbo? Era y es una película fascinante, y a pesar de que tomara prestado casi todo, Por un puñado de dólares no era una copia barata turca. Y así hoy en día, agradecidos, tenemos en nuestras manos dos películas fascinantes.

Si pocos años después hubo un día en que Stanley Kubrick se levantó, se hizo un café y unas tostadas y decidió que iba a hacer la "proverbial película de ciencia ficción", Akira Kurosawa hizo lo propio con el chambara, el subgénero específico de los samurái enmarcado en el drama de época, es decir, películas con espadas y mucha acción, que por entonces eran muy populares (y aun lo serían más durante el resto de la década) y que estudios menores como Toei o Nikkatsu lanzaban como churros para obtener rápidas recaudaciones y buenos beneficios reduciendo costes en la producción. Kurosawa pretendía darle la vuelta al género, inyectarle dosis de comedia y humor negro, y de paso rodar su propio western a la japonesa.
Kurosawa hizo de su samurái protagonista al arquetípico solitario de las pelis del Oeste de Ford y demás clásicos, lo que encajaba perfectamente con la fórmula del ronin, el samurái sin amo. Cuando vemos a, por supuesto, Toshiro Mifune andando por el paraje semidesértico entre arbustos y polvo, podemos imaginarnos perfectamente al héroe pistolero cabalgando y acercándose a un solitario pueblo, una forma de introducir al personaje que sería emulada no sólo por otras chambara sino también por muchos western post-Leone. Cuando Sanjuro, el ronin, llega al pueblo, vemos de nuevo la típica disposición de la aldea del Viejo Oeste, una larga calle polvorienta con hileras de casas a ambos lados de la misma. El héroe es observado a través de ventanas que se cierran a su paso. Otro recurso que, si no totalmente original, sí fue popularizado por el film.

En la escena en que Sanjuro entra en el pueblo Kurosawa buscaba algún elemento que indicara peligro, algo nuevo e impactante que no hubiera sido utilizado antes. Sus ayudantes no lograron dar con la solución, y finalmente fue el mismo director quien tuvo la idea de poner a un perro cruzando la calle con una mano humana en sus fauces. Ese bizarro momento ya es una buena señal de que Yojimbo va a ser diferente a otras películas de época de Kurosawa o de los western clásicos.

De hecho Akira Kurosawa venía de firmar su mejor década y a sus cincuenta años se encontraba en plena madurez artística y con el empuje de alguien treinta años más joven, como iba a demostrar con este film. En esta ocasión el director tan sólo se sirvió de su habitual escudero Ryuzo Kikushima para elaborar el guión, cuya inspiración sigue siendo objeto de debate: algunos creen ver en Yojimbo una versión sin acreditar del Cosecha roja de Dashiell Hammett, mientras que otros niegan esta intención. Al parecer la única concesión que dio Kurosawa a Hammett fue la secuencia de la paliza, inspirada por la adaptación del 42 de The Glass Key.

Recurriera o no Kurosawa a la novela negra norteamericana (hija, en definitiva, y en mayor o menor grado, del propio western), lo cierto es que el hallazgo de la trama consistía en tener a un ser libre e interesado (aunque no amoral) jugando sus cartas en medio del enfrentamiento entre dos bandas de yakuza que luchan por dominar el pueblo y las ganancias de las apuestas que llegan a él. Nada más llegar y tras observar al perro un policía corrupto le informa de la situación. Por el momento Sanjuro decide estudiar la situación, y para ello se instala en la taberna de un viejo indignado por la situación, pero impotente para hacer nada contra ella.

Yojimbo es uno de los films más vigorosos, modernos y entretenidos de la filmografía de Kurosawa, que bebía de los planos generales del pistolero solitario de Ford, los duelos de Sturges, la ambigüedad moral de Walsh, para tranformar esas fuentes en una parodia de un subgénero japonés cuyo espíritu innovador e iconoclasta iba a adelantarse en muchos años a las obras de directores más jóvenes, y a marcar un precedente tanto en Occidente como en Japón, donde Yojimbo fue imitada hasta la saciedad. Los años no pasan por ella, y si nos dijeran que el film era un contemporáneo de la era de Reservoir Dogs no nos extrañaría demasiado.

Dentro del cine japonés Yojimbo marcó un antes y un después en muchos aspectos. Por ejemplo su banda sonora acabó de consagrar a Masaru Sato, compositor habitual en las cintas de Kurosawa desde el fallecimiento del que fuera el maestro de Sato, el reputado Fumio Hayasaka. Por suerte Sato iba a poder disfrutar de una vida más larga que la de su maestro y de una carrera más prolífica, que harían de Sato un maestro de maestros. El tema principal de Yojimbo se alejaba de las típicas partituras del cine japonés, especialmente del chambara, ya que Kurosawa le había pedido algo que sonara radicalmente distinto. La distintiva música de Sato le haría al director el mismo favor que haría poco después Morricone con las películas de Leone. Decidido a inspirarse en la obra de uno de sus ídolos, Henry Mancini, para Yojimbo Sato se sacó de la manga unas excelentes composiciones que sonaban tan modernas como lo parecía la propia película.

Yojimbo también significó una revolución en cuanto al uso de una violencia gráfica que difícilmente se había visto en la gran pantalla desde los días del mudo. Kurosawa no sólo decidió mostrar de una forma más realista la muerte por espada con salpicaduras de sangre en la pared, un brazo cercenado o grandes charcos de sangre, sino que además ordenó a su técnico de sonido que investigara formas de obtener cuñas sonoras que sonaran a carne desgajándose y huesos rotos. Junto con Hitchcock, la Hammer y unos pocos visionarios en la serie B Kurosawa estaba llevando la violencia en el cine a un nuevo nivel, aunque sin duda en Japón él fue el gran pionero al respecto.

Yojimbo también se benefició del regreso el director de fotografía Kazuo Miyagawa, cuya colaboración con Kurosawa ya había dado excelentes resultados en Rashomon. Sus magníficas composiciones en un vívido blanco y negro que le sacan todo el partido al formato panorámico son uno de los puntos fuertes de la película, aunque el propio Miyagawa no dudó en conceder gran parte del mérito (casi todo, de hecho, en una honorable sinceridad muy japonesa) al ayudante de cámara Takao Saito, quien se confesó autor del 70 por ciento de las tomas de la película, aunque como finalmente resumió Kurosawa, Saito era el joven talento que aportaba frescura al equipo de béisbol, pero Miyagawa era el experimentado capitán.

Y si Yojimbo marcó un punto de inflexión en muchos aspectos, no fue diferente para un colosal Toshiro Mifune quien tras muchas interpretaciones electrizantes comenzaba ya a demostrar que había alcanzado un grado de madurez y perfección con el que sus rivales apenas podían soñar. Poco a poco el arrojado y visceral modo de interpretar de Mifune se fue taimando, y fue el Sanjuro de Yojimbo el que marcaría el camino que habría de seguir en los siguientes años, aportando muchos más matices y detalles a sus actuaciones, conservando su mirada capaz de transmitir las mil emociones internas, pero enriqueciéndola con pausados gestos y acertados "tics", en un modo de hacer más silencioso al que sin duda poco tiempo después no fue inmune un joven Clint Eastwood.

El Sanjuro de Yojimbo iba a convertirse, no sin razón, en uno de los papeles más icónicos de Mifune, un samurái diferente, alejado del clasicismo del jidaigeki, un ronin revolucionario, el hombre silencioso del particular western nipón, irónico, aparentemente egoísta y pendenciero, pero quien no deja de ser un enigma tanto en su nombre como en la motivación de sus actos. Si uno piensa en Mifune es fácil recordarle rascándose la barba de tres días, o encajándose los hombros de una forma muy particular, como un perro que se deshace de sus pulgas, enfundado en su viejo kimono, tan pronto arrogante y desafiante como cómicamente sorprendido de ver el tamaño de uno de los matones a sueldo. Será precisamente ese gigante quien le dé la paliza de su vida, emulando la obra de Hammett, y dando la oportunidad a Mifune para quitarnos el aliento en una angustiosa secuencia en la que el malherido Sanjuro trata de escapar de sus captores reptando dolorosamente por el suelo.
Aunque sin duda la obra de Ford vive en Yojimbo, y en general, tarde o temprano sobrevuela la obra de Kurosawa, Yojimbo vivió desde 1961 no sólo en el chambara japonés, sino en el western italiano y europeo, y por ende en el Oeste hollywoodiense, y vive en el cine acción asiático, y casi podría decirse que Tarantino exhala Yojimbo cada vez que respira. Yojimbo fue un film adelantado a su tiempo, un gran éxito tanto en Japón como en el extranjero, siendo a día de hoy la película más popular de Kurosawa en muchas partes. En Estados Unidos fue el único film del director que logró salir de las salas de arte y ensayo y alcanzar la distribución comercial. El fan de Kurosawa y Tarantino no siempre se fusiona en la misma persona, pero si hay un film de Akira que los adoradores de Kill Bill pueda apreciar es sin duda éste.

8 comentarios:

Alex Noiser dijo...

Grande Yojimbo, ver una película de hostias, reconforta siempre. Menudo crack era Kurosawa. Qué perviva siempre entre nosotros. Saludos Mr Crononauta.

supersalvajuan dijo...

Apuntada

El Mar no Cesa dijo...

Jo, hay veces que leo post como estos tan currados, tan perfectos tan de un tema que no tengo ni paj.. idea... y me siento como una tarada. En serio Mö, que bien los escribes.
Un besin (de ignorante que viene a aprender) jijiji
Mar.

miquel zueras dijo...

Me encanta "Yojimbo". Este género japonés de samurais tiene muchos puntos de contacto con el western por lo que no es extraño lo del plagio como ya se vio con los "Siete Samurais" y los "Siete magníficos".
Muy guapa Yvette Mimieux asediada por un lascivo Morlock. Saludos. Borgo.

Kinski dijo...

Mira si será buena que me gusta hasta a mi que el cine oriental se me atraganta.

Mr. Lombreeze dijo...

Lo que viene a demostrar eso que yo me canso de repetir en blogs y cia: los remakes no tienen por qué ser nada malo. Estoy hasta las narices de la coletilla de "innecesario remake...". Pues hala, toma Yojimbo a la italiana.
Joder, es que la primera vez que ves Yojimbo y aparece el perro.., te quedas alucinado, desde luego que sí. Este momento también tuvo su cutrehomenaje en una reciente peli de adolescentes descerebrados yankis llamada Eurotrip. Cuando esta gente llega a Bratislava, es lo primero que ven. Sigue siendo amenazante.., jajajja. http://www.glitterrock.org/2010/eu-2010-01/eu-2010-01-038-291-160.jpg
Bueno, pues que feliz 50 cumpleaños para esta gran película que, a mi parecer, es de las súper grandes de Kurosawa.

Anónimo dijo...

Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com/

No podría haberlo dicho mejor. Te plagio: "Yojimbo es uno de los films más vigorosos, modernos y entretenidos de la filmografía de Kurosawa"

Me encantan YOJIMBO (y SANJURO).


;)

Möbius el Crononauta dijo...

Alex Noiser: y muy bien dás

supersalvajuan: disfrútela usted

El Mar no Cesa: todos somos ignorantes, salvo Pumares y alguno asín, ¡pero gracias!

miquel zueras: nada como un morlok para alegrarle a uno el día.

Kinski: vaya que sí, seguramente le pase a muchos

Mr.Lombreeze: en principio estoy de acuerdo con la máxima de John Huston, lo que funcionó en su día mejor no tocarlo. Por supuesto, hay excepciones, lo cual no quita de que haya porrones de remakes innecesarios. Curioso lo del Eurotrip

Alberto Q: Sanjuro también está bien, aunque no alcance el nivel de Yojimbo.

Gracias por los comentarios gente