jueves, 11 de agosto de 2011

El príncipe y el mendigo (1977)


Para algunos de nosotros el entretenimiento cinematográfico y televisivo tenía nombre y apellidos, como por ejemplo el de Ilya Salkind y sus ancestros, artífices de la saga de Los tres mosqueteros y de un Superman todavía no superado. Son de esas películas que proporcionaban pura diversión sin concesiones, que le volaban a uno la cabeza y que siguen manteniendo el nivel con los años (la adaptación del hombre de la capa roja especialmente, pero personalmente defendería con los puños esa trilogía de mosqueteros tan especial). Así que si sois de los que habéis disfrutado de estos títulos seguro que os podréis hacer una idea del particular bouquet que puede saborearse en El príncipe y el mendigo, la adaptación de la historia de Mark Twain que está más cerca al espíritu burlón de Los tres mosqueteros que a la epopeya más-grande-que-la-vida de Supermán.

En esta ocasión tras la cámara no se sentaría el habitual Richard Lester sino su tocayo Richard Fleischer, ese director que tan pronto te freía un huevo como te cocía un pan, saliendo en la mayoría de los casos airoso del trance y con aires triunfales. Esto quiere decir que como suele ser lo normal en él Fleischer le da a la película lo que requiere, haciendo del guión un tren sin fisuras y con las suficientes paletadas de carbón para llegar a cada estación a tiempo.

A la buena labor de Fleischer hay que sumar un guión que no es para tirar cohetes pero que cumple su función y que no deja de tener sus momentos álgidos, y sobretodo un reparto espectacular y muy acertado, que solía ser en realidad lo mejor de las producciones de la familia Salkind. Curiosamente quien menos destaque sea su protagonista, un Mark Lester bastante crecidito (vamos, todos recordáis sus dorados rizos en Oliver), seguramente demasiado para el papel, pero eso tampoco viene al caso. Y la verdad es que no es de extrañar que se le coma el resto de intérpretes, porque la lista de nombres es importante: un Ernest Borgnine más duro de lo habitual, George C. Scott (impepinable rey de los ladrones), Rex Harrison aportando su elegancia habitual al Duque de Norfolk, el carismático Harry Andrews, el por entonces muy popular actor británico David Hemmings, la siempre despampanante Raquel Welch y un magnífico Charlton Heston que como ya demostrara con su papel de Richelieu parecía salir de los cuadros de los personajes históricos a los que interpretaba, y es que su Enrique VIII está muy conseguido. Y la corona es, sin embargo, para el inefable Oliver Reed, haciendo de mercenario pendenciero pero de buen corazón que se convertirá en la mano derecha del desvalido príncipe. Impagables las escenas en que el príncipe saca al pobre Reed de sus cabales.

Y eso es todo lo que ofrece El príncipe y el mendigo, que no es poco: humor y entretenimiento sin muchas pretensiones, una dirección eficaz y un reparto aplastante, además de un extraño final feliz donde la moraleja del cuento tiene más mala leche de lo habitual.

Por cierto, cuando durante el rodaje Mark Lester cumplió dieciocho años, el regalo de Oliver Reed estuvo a la altura de su leyenda: el salvaje actor le obsequió con los servicios de una prostituta. Me pregunto si Lester aceptaría el particular "regalo" del diabólico Reed.

7 comentarios:

Agente Cooper dijo...

Jo!! casi ni recordaba esa maravillosa trilogía de Los 3 mosqueteros...ésta no la he visto y es del tipo de películas que me siguen emocionando como cuando era un crío.

Un saludo...y viva Fleischer y "Los Vikingos"!!!!

El Mar no Cesa dijo...

A veces me da la impresión de que el resto de la gente vio y supo cosas y que yo no estaba por alli (a saber) el caso es que me he perdido un monto de cosas que si estan en el "cociente colectivo". ¿donde andaria yo cuando esto, por ejemplo?

Ahora me acordaba de ti Mö, porque veia Cita en las Vegas. Al menos de esa si sabia!!

Un abrazo,
Mar.

paulamule dijo...

Antaño este tipo de "regalos" eran muy habituales, pero es que además no había que irse muy allá. Conozco yo un par de casos, y son de mi edad, en los que su padre, cuando cumplieron los 18 años, les llevó a un burdel, por decirlo fino, vamos.
Definitivamente, son otros tiempos. Afortunadamente.
Salud.

Cinemagnific dijo...

Precisamente hoy estoy con Eroll también. Peliculón.

Möbius el Crononauta dijo...

Agente Cooper: ah, "Los vikingos"... que grande

El Mar no Cesa: eso, donde andarías. ¿Te acuerdas de mí cuando ves cosas de Las Vegas? uuh sin city!

paulamule: ¡sapristi!

Cinemagnific: grande Errol

David dijo...

Esta creo que la vi de crío, pero la tengo muy olvidada (y también creo que vi la de Errol)
Lo que no he leído es la novela de Twain (uno de sus clásicos que me falta por leer)...pero seguro que está genial.
Un saludo.

Möbius el Crononauta dijo...

Entre tu y yo, yo tampoco la he leído