jueves, 25 de agosto de 2011

El beso mortal (1955)

Chica desnuda cubierta sólo por una gabardina que trata de hacer autostop en la noche es recogida, muy a su pesar, por un tipo corpulento y taciturno. Un poco de conversación, en la que el hombre podría haber dicho a dónde la llevo, qué le ha pasado, quiere que llame a la policía... pero si el tipo dice algo como "no me diga más, él era de esos que creen que no es una palabra de tres letras", a pesar de que con el doblaje pierda parte de su encanto, no cabe duda: el tipo es un detective, y estamos en una auténtica película de cine negro, en la gran era del pulp y las novelas de tipos duros. Y tras la Segunda Guerra Mundial no había nadie más duro que Mike Hammer.

Mike, la muy popular y lucrativa creación de Mickey Spillane, era el Dirty Harry de la posguerra, un tipo con poco respeto por las mujeres, por la ley, y, en realidad, por la humanidad en general, sin distinción de sexos, quien gustaba de vapulear a los malutos y sacar información al precio que fuera. No, ciertamente no parece que Mike Hammer hubiera podido apreciar la complejidad de la obra de Sinead O'Connor, ni se habría ido de copas con Elvis Costello. Pero sus andanzas eran 100% entretenimiento y acción.

En el cine son muchos los rostros que han encarnado al mítico Mike, y por los inicios de este blog ya hablé de la también mítica serie que muchos recordamos con cariño, pero una de las grandes bazas para ver El beso mortal es su director, Robert Aldrich, alguien que seguramente ocuparía los primeros puestos en las listas de los cineastas más infravalorados, de esos con películas bastante populares pero de las que nadie recuerda el nombre de quien la rodó. Además, aparte de ser un tipo bastante talentoso, Aldrich era uno de los directores más combativos y arriesgados de su generación, y cuando le dejaban rompía convenciones y empujaba los límites de lo permitido hasta donde podía, siempre dispuesto a mostrar lo que se escondía bajo la aparentemente impoluta alfombra de América. Por suerte para todos nosotros para El beso mortal Aldrich se aseguró un control artístico total, lo que significó que tras su estreno se convirtiera en la peli del año que todo padre debía prohibir ver a sus hijos. Y es que Aldrich no se privó de mostrar una violencia mucho más real que en las típicas producciones hollywoodienses, y aunque acltualmente distaría mucho de lo que entendemos por violencia gráfica, era seguramente lo más parecido que a ese concepto que se podía ver en las pantallas de 1955. Y aunque las dos muertes más truculentas suceden fuera de plano, es precisamente lo que no se ve, y la atmósfera que acompaña a cada plano, lo que las hace más turbadoras incluso hoy en día.

Además de la dirección de Aldrich y un gran guión con esas imaginativas líneas de diálogo tan propias del género, El beso mortal también destaca por la gran labor de Ralph Meeker, quien se convierte en un excelente Mike Hammer, y es que quizás Meeker no fuera un actor tan refinado como Laurence Olivier, pero era lo bastante sutil como para que junto a su presencia de anchas espaldas pudiera dar a su personaje una gran fuerza parca en palabras y pródiga en tortas con la mano abierta. Por supuesto tampoco faltará el sempiterno cerebro malvado refinado, y sus feos secuaces (uno de ellos el icónico secundario Jack Elam) y la guapa secretaria a la que el detective da el mismo valor que una grapadora (en este caso la altamente sensual debutante Maxine Cooper).

El beso mortal es sin duda una de las mejores obras de cine negro de los 50, oscura, seguramente casi tan violenta como la propia novela, retorcida entre líneas, con un objeto que cruza los límites del género, y con un grandilocuente e inolvidable (inolvidable de veras) final digno de las aventuras del doctor Jones. Algo a lo que seguro Tarantino estuvo atento.

5 comentarios:

TSI-NA-PAH dijo...

Tarantino es el mejor bob esponja del cine.todo lo ve y lo aplica a su rollo!
Por cierto un beso siempre es mortal!
un abrazo

Mario dijo...

No sabía de ésta cinta pero la presentas muy bien, yo tengo un único libro de Spillane y mira que revisando acabo de notar que es de la que se basa la película pero tiene otro título en español. Primero leo el libro y después busco la cinta. Para lo cual agradezco el dato cinéfilo. Y a otra cosa. Me ha sorprendido ver que te gusta Cantinflas, claro que el más safio, sagaz y amoral, como le pasa a muchos, aunque siempre como en todo hay para diversos gustos, los hay para los más sanos y seguramente más dramáticos, como dices para los que gustan de los cieguitos. Pero lo que sí es que tenía su encanto. Un abrazo.

Mario.

Víctor Hugo. dijo...

¡Y cómo molaban los carteles de las películas cuando estaban ilustrados!

anna van anna dijo...

Es muy buena, tuve la misma sensación que tú, me resultó bastante perturbadora. Y violenta, tiendo a ponerme en situación e imaginarme en la época en la que se rodó cuando veo una peli y pienso: "Joder, esto en los cincuenta!!" En fin, mira que tiene Aldrich películas famosas. Y es lo que dices, nadie recuerda su nombre. Pero en fin...

Un saludo.

Möbius el Crononauta dijo...

Tsinapah: sí, tiene un gusto especial para hacerlo. Jeje ¡eso parece!

Mario: no he leído el libro, pero la película está muy bien. Y claro que me gusta Cantinflas, ha pasado mucho tiempo, pero sigo respetándole enormemente.

Víctor Hugo: ¡vaya!

anna van anna: ése es el detalle, imaginarse lo que debió sentir el público viendo una película así en los 50. Imagínate que eres un adolescente y te cuelas a ver "El beso mortal"... ¡la hecatombe! Y sí, Aldrich, como tantos otros, merecería más reconocimiento.