viernes, 5 de agosto de 2011

1941 (1979)

Fue muy divertido hablar con los representantes y contratar actores. Tenía una técnica muy buena. Ofrecía, digamos, un 10% más al actor de lo que habían conseguido antes, y decía: "Tienes hasta las 4:30 para aceptar el trato. A las 5 lo rebajo 5.000 dólares, a las 6, 5.000 más". Por supuesto nunca quieren volver a llamar. Pero a mí me llamaban al día siguiente. Yo decía: "Bien, veamos, por ahora hemos bajado a esto y esto". Y hacía gritar a los representantes. Me encantaba. John Milius descubriendo como era el día a día de Don King.

Las palabras del amigo Milius refleja bien lo que fue 1941 para todos los que participaron en ella: una diversión continua. El único problema fue que el público no pareció pasárselo tan bien una vez se estrenó el film, y desde entonces en los Estados Unidos 1941 fue el símbolo de que Steven Spielberg, hasta entonces el ojito derecho de la taquilla, era un ser humano como los demás y también podía fallar. De hecho de haber sido otro el director seguro que la cinta no habría sido tan vapuleada, pero desde luego, aunque la película no fuera un completo desastre, desde luego no estaba a la altura de sus dos taquillazos anteriores. Aun así Spielberg aun tenía por delante la saga de Indiana Jones y E.T. el extraterrestre para callar muchas bocas. El Rey Midas no iba a ser derrocado tan fácilmente.

La verdad es que siempre me frustra un poco ver 1941, porque tengo la sensación de que algo falla y no sé muy bien el qué. Siempre pienso que debería estar pasándolo mejor, pero es como si fuera dando tragos a una cerveza fresquita en un día de verano y cuando me quiero dar cuenta la cerveza está caliente y me deja mal sabor de boca. Eso me ocurre con 1941, tengo sensaciones agridulces. Quizás el problema fuera que los creadores del film intentaran hacer demasiadas cosas demasiado alocadas en un metraje demasiado ajustado.

El núcleo de la película vino de la mano de Robert Zemeckis y Bob Gale, quienes a finales de los 70 eran sólo dos guionistas recién licenciados que acababan de rodar su primer film com Zemeckis tras las cámaras. Nada lo bastante importante como para ganarse la confianza de un gran estudio. Por ello decidieron acudir a John Milius, un graduado, al igual que ellos, en la USC. El guión que le presentaron no estaba mal, pero al parecer, no convencido del todo, les preguntó si no tenían otras ideas. Zemeckis y Gale le hablaron entonces de una comedia negra situada en la Segunda Guerra Mundial, en California, durante los días de la paranoia en la Costa Oeste ante un supuestamente inminente ataque japonés. Milius, que ya había dado que hablar y cuya carrera iba en alza, tenía un contrato con la Columbia para producir y dirigir dos películas. Considerando que aquella historia podía estar bien, les pidió a Zemeckis y Gale que trabajaran en un guión definitivo.

El texto resultante fue una comedia alocada, ácida y con trazas de humor negro, que además prometía no ser nada barata. El guión no interesó en la Columbia, y no parecía que fuera a interesar a nadie más. Hasta que Milius lo comentó con su compañero de las prácticas de tiro al plato, Steven Spielberg. Aguijoneado por la curiosidad, el chico prodigio pidió ver aquel guión, aunque por entonces ya estaba en pre-producción de Encuentros en la Tercera Fase. Lo que leyó le gustó mucho, y no vio inconveniente en dirigir aquella historia al acabar sus compromisos. Milius le prometió que así sería.

Si os imagináis con cuatro amigos reunidos en alguna habitación jugando al "más todavía" podréis haceros una idea de lo que fueron las sesiones de reescritura del guión por parte de Spielberg, Milius, Zemeckis y Gale. Mientras Steven rodaba su película, Zemeckis y Gale escribían todo lo que se les pasaba por la cabeza, para durante la noche discutirlo con el productor y el director. Por su parte Spielberg y Milius aportaban también cualquier loca idea que se les pasara por la cabeza, y por ello tal vez el resultado fuera consecuencia de esa búsqueda del más grande todavía, aunque por lo que comentan Zemeckis y Gale, quien normalmente se encargaba de ser la voz de la razón era por supuesto Steven. Si de no haber estado él hubiera tenido el guión más mordiente es algo que nunca sabremos.

Por supuesto con Spielberg a bordo ningún estudio puso pegas al proyecto ni al guión, e incluso la Universal y la Columbia decidieron coproducir el film para eliminar el conflicto de intereses contractuales que suponía tener a Spielberg y Milius trabajando juntos.

Uno de los primeros nombres en ser fichados fue el del gran John Belushi, quien se encargaría de ser el alocado piloto Wild Bill Kelso. En principio era un papel muy pequeño, pero evidentemente con alguien como Belushi a bordo merecía la pena darle más escenas a su personaje. Tras Belushi no tardó en llegar su colega Dan Aykroyd. Otro actor y cómico, John Candy, tuvo con 1941 una de sus primeras grandes oportunidades en el cine. También se fichó a los imponentes Toshiro Mifune y Christopher Lee, a secundarios de lustre como Ned Beatty, Warren Oates o Slim Pickens (gran tipo, todos le recordamos por Teléfono rojo) y un par de rostros conocidos de Tiburón: Murray Hamilton y Lorraine Gary.

Una anécdota interesante respecto al reparto tuvo lugar durante la búsqueda de un actor idóneo para interpretar al general Joseph Stillwell, personaje real de gran valor y estimado por muchos en la época. El Stillwell de la película iba a ser la voz de la razón y el referente de la cordura en una película repleta de sinsentidos. Sin embargo las dos primeras aproximaciones para el papel seguramente no fueron las más acertadas. La primera opción de Spielberg era nada más y nada menos que ¡John Wayne! El director había conocido al legendario Duque en un homenaje a Joan Crawford, y desde entonces mantenían un contacto telefónico más o menos regular. No sé en qué estaría pensando el amigo Steven, pero por alguna razón llego concluyó que a Wayne tal vez le interesara participar en la película, y le envió el guión. Evidentemente no le interesó. Wayne no sólo rechazó el papel indignado, sino que además le hizo saber al director su decepción, pues le había tenido por un buen norteamericano, y por teléfono trató de convencerle para que no dirigiera aquel insulto a la memoria de los sacrificios del país durante la guerra.
La segunda opción no fue mucho mejor. Milius fue a hablar con Charlton Heston, con quien compartía intereses y opiniones comunes como todos sabemos. Pero el amigo Heston desde luego no tenía el sentido del humor de Milius, y los mandó a todos a ese sitio donde se suele mandar a los tocahuevos y demás personajes molestos. Finalmente sería Robert Stack, el inolvidable Rex Kramer de Aterriza como puedas, quien se haría con el papel.

1941 fue un rodaje muy divertido, con complicadas escenas y efectos especiales llevados a cabo con gran pericia por el veterano A.D. Flowers, quien tras una larga carrera iba a despedirse del oficio con este film. Lamentablemente el aparatoso guión y el desenfreno total no acompañan la maestría y artesanía de los efectos y las miniaturas.

Y eso que el inicio del film promete bastante, con esa autoparodia del arranque de Tiburón, usando incluso la misma chica (quien quiera saberlo la sirena escultural se llama Susan Backlinie) y la mítica música inquietante (Steven volvería a autohomenajearse cuando aparece el personaje de Belushi, en esta ocasión referenciando al Diablo sobre ruedas). Pero como ya he dicho, creo que la película poco a poco se dispersa en demasiadas direcciones y cae en el famoso error de abarcar mucho y apretar poco. E incluso cuando es una delicia, como siempre, ver a John Belushi en acción, su personaje de Wild Bill Kelso sabe a poco. Creo que a la postre su papel pedía más momentos como el de la gasolinera o el de la botella y menos metralleta.

Personalmente me quedo, aparte de con Belushi, con las divertidas escenas de Mifune y Lee, y su interacción con Slim Pickens, además del hilarante personaje de Nancy Allen, la fría y dura secretaria que sólo se pone caliente cuando se sube a un avión de guerra. Por cierto, no sé si recuerdan cierto instrumento de tortura que cierto agente nazi de cierta película de aventuras poseía, y que resultaba ser una percha. Pues bien, ese gag, ideado por Spielberg, ya había sido rodado para este film, pero fue eliminado cuando en un pase previo nadie se rió con el chiste. Según comenta Steven, se prometió a sí mismo introducir ese chiste en cada película suya hasta que funcionara. No tendría que esperar mucho, porque el malvado Toht haría reír a las audiencias con su peculiar percha. Pero de no haberlo conseguido, me pregunto cómo Spielberg habría hecho encajar ese chiste en El color púrpura, o si habría tenido valor a meterlo en La lista de Schlinder.

En fin, no sé que pensarán ustedes, lectores, de 1941. A mí, como ya he dicho, me deja frío, salvo algunos momentos. Si hay alguien que adore el film estaría bien ver su punto de vista. A mi me gustaría poder disfrutar más con esta peli. Y bien, antes de acabar, un par de anécdotas finales.

La idea de poner un arma antiaérea en el jardín de Ned Beatty tiene, como gran parte de las subtramas del film, orígenes reales. Durante la Segunda Guerra Mundial a un señor que tenía su casa en la costa de Maine le pusieron un cañón en el césped. Me pregunto si dejarían a sus hijos jugar con él.

Como digno cierre a esta entrada, imaginen a Toshiro Mifune protagonizando El sargento de Hierro. Y ahora trasladen esa imagen al rodaje de 1941. Pues sí, algo así ocurrió en la realidad. Gran parte de los japoneses que aparecían en la película como tripulación del submarino eran simples extras, por lo general hijos de segunda o tercera generación de japoneses, de costumbres relajadas, gorras yanquis y barrigas rellenas de cola y hamburguesas. Mifune quedó horrorizado al ver la indisciplina que cundía entre aquellos que iban a ponerse en el papel de los gloriosos marinos de la Armada japonesa, y por tanto pidió permiso a Spielberg para dirigir a los actores y extras japoneses. El director accedió, y una de las primeras medidas de Mifune, en plan sargento Highway, fue darle un par de bofetadas a la japonesa a uno de los extras más pasotas. Aquello puso las cosas en su sitio y, según comentaría Milius años después, si al acabar el rodaje hubiera estallado una guerra, todos aquellos jovenzuelos habrían muerto sin dudarlo bajo las órdenes del gran Toshiro.

6 comentarios:

Angus dijo...

Pues si, a mi me pasa igual. Guardo buen recuerdo, y tiene gags memorables, pero cuando la pillo por la tele y me pongo a verla... me aburro. Es excesiva, larga, un poco tediosa.

Off-topic, ¿te has enterado de que Lemmy ha perdido su colección de sombreros en nuestro querido país?
http://elhematocritico.blogspot.com/2011/08/lemmy-te-presento-aena-aena-lemmy.html

Kinski dijo...

Peazo artículo que se ha currado Möbius.
1941 nunca la he visto completa, primero por que nunca la pasabana en un horario decenta, y después porque existen varios montajes y no se cual es el refinitivo. Al final la compró my brother en edicion yanqui pero la verdad es que nun encuetramos el momento adecuado para verla.
Ay!, 1941, New York New York, Corazonada, La puerta del cielo, es decir los films que acabaron con la libertad creativa en los grandes estudios.
Un saludo.

ATM dijo...

Gran película, tengo la suerte de haber visto la versión extendida y si, todavía me patea el hígado el bailarín italo-americano.
PS:
Mifune me recuerda al personaje de Clint Eastwood en Gran Torino

TSI-NA-PAH dijo...

NUNCA LLEGO A ATRAPARME!
Un abrazo

Möbius el Crononauta dijo...

Angus: sí, le falta un nexo más fuerte. Juas pobre Lemmy... ¡en España tenía que ser!

Kinski: gracias amigo. Hay un dvd con escenas añadidas, pero tampoco cambian mucho, aunque tienen su interés.
Mmm gente como John Huston seguro que te dirían que nunco hubo tal libertad, pero seguro que sí tenían mejor justo por entonces.

ATM: ¿en qué sentido? Bueno, como comento en la reseña de Yojimbo, la verdad es que el arquetipo duro de Eastwood siempre ha tenido algo de Mifune.

Tsinapah: supongo que con razón

ATM dijo...

en lo gruñon pro fin superior, arquetipo del héroe rudo