domingo, 24 de julio de 2011

Los canallas duermen en paz (1960)

Escribí un guión y selo di a mi tío para que lo leyera. Por supuesto, él recibía guiones de todas partes. Escribí mi nombre en el guión y cada vez que iba a verle, veía el guión bajo un gran montón, y yo cada vez lo colocaba encima. Mike Inoue, sobrino de Kurosawa.

Fue la insistencia de Inoue para que su tío leyera su tratamiento lo que finalmente llevó a Akira Kurosawa a elegir una historia sobre corrupción política y financiera como su siguiente proyecto tras la exitosa La fortaleza escondida, proyecto que iba a suponer además el debut de su propia productora, la Kurosawa Production Co., que iba a coproducir junto a la Toho gran parte de los siguientes films del director.

En una época en la que al parecer no era raro que los escándalos financieros o políticos salpicaran los titulares de los periódicos y noticiarios (en ese aspecto Japón ya no tenía que envidiar al resto de potencias occidentales) Kurosawa se interesó por la trama de corruptos y escándalo de su sobrino. Especialmente su objetivo era expandirla para explorar una situación que no parecía darse en su Japón contemporáneo. Kurosawa había observado que las investigacioens sobre corrupciones políticas o financieras se cerraban cuando el imputado se suicidaba para lavar su honor en la vieja tradición de honor japonesa. El director quería jugar con la idea de alguien que llevara una investigación de esas características hasta el final, y para ello partió de nuevo a un balneario, acompañado esta vez de Eijiro Hisaita, para reescribir el guión de Inoue, aunque más adelante se unirían al grupo los habituales Hideo Oguni, Ryuzo Kikushima y Shinobu Hashimoto.

El arranque de Los canallas duermen en paz arranca con una suntuosa celebración de una boda en la que el protagonista, Nishi, acaba de casarse con Yoshiko, la lisiada hija del vicepresidente de una importante empresa pública. Nishi, antiguo vendedor de coches, es amigo del vividor hijo del vicepresidente Iwabuchi. En esta boda tanto los medios como muchos miembros de la compañía han creído ver una simple jugada de Nishi para ascender en la escala social. Sin embargo la aparente felicidad y el equilibro de paz dentro de la empresa se romperá cuando en la misma celebración de boda comienzen a llegar ecos de un importante escándalo sucedido cinco años atrás.

Tanto la estupenda secuencia de la celebración (en cierta manera es como si se tratara de un precedente asiático para El padrino) como el electrizante montaje que la sigue en la que vemos como el aparantemente sepultado escándalo estalla y se hace de dominio público hace de Los canallas duermen en paz uno de los mejores arranques de la filmografía de Kurosawa hasta la fecha, aunque por desgracia el resto de la película no logra mantener ese nivel de agilidad que atrapa tan bien al espectador. Si hablando de La fortaleza escondida hablaba de ella como una buena manera para entrar en el mundo de Kurosawa, por el contrario Los canallas duermen en paz es una cinta compleja, densa y con un ritmo que se va apagando por momentos mientras crece en importancia la labor de Nishi y su hamletiano dilema. En la segunda parte del metraje el film cobra verdadera fuerza en las escenas que atañen al vicepresidente Iwabuchi, uno de los canallas al que se refiere el título, y que ha sido señalado por muchos como una de las primeras versiones del hombre de familia atento y cariñoso que compagina sin problemas esa feliz vida hogareña con labores corruptas y criminales (de nuevo es fácil pensar en la obra de un fan de Kurosawa como era Coppola). Sin embargo esa subtrama de los tejemanejes de los poderosos que se defienden de los ataques exteriores queda en su mayor parte entre bastidores en favor de la trama shakesperiana de Nishi.

Nishi era, por supuesto, un Toshiro Mifune que venía de interpretar al almirante Tamon Yamaguchi en la espectacular cinta sobre Pearl Harbor Taheiyo no arashi, primero de lo que sería una larga lista de almirantes, capitanes y generales en su carrera. Muy cambiado respecto a sus habituales papeles de samurai y tipo duro, vestido de oficinista con lentes, Mifune, más taimado y menos espectacular que en otras ocasiones, resta algo de brillantez a la segunda parte del film con las tribulaciones de su personaje a las que no acaba de dar buena salida. Su interpretativamente hablando apagado conflicto interior no estará a la altura, por ejemplo, del que pocos años después desarrollará con gran maestría en otra cinta de Kurosawa, El infierno del odio. Ello no quita para que por aquella época Mifune, que ejerció de cicerone para Charlton Heston, quien presentaba en Japón Ben-Hur, impresionara al norteamericano, quien diría del japonés: "Dios mío, qué presencia. Si pudiera actuar en inglés, conquistaría el mundo".

Más logrados en la película están otros personajes como el joven Iwabuchi (Tatsuya Mihashi) o el eternamente asustado Moriyama, interpretado por el habitual y siempre eficiente Takashi Shimura. Aunque seguramente quien más destaque en la película sea un inspirado Masayuki Mori (que ya había sido protagonista para Kurosawa en El idiota) como el corrupto Iwabuchi, cuyo estupendo papel le hace desear a uno que el guión le hubiera dado más oportunidades de mostrarse en pantalla.

Rodada con tintes de cine negro, Los canallas duermen en paz carece del perfecto acabado de otros films más grandes de Kurosawa, quien reconoció que les habría sido más fácil levantar la historia de haberse basado en un hecho real (cosa que el estudio nunca habría permitido) y que la película habría ganado si hubiera sido más valiente en alzar su dedo contra los centros de corrupción en el Japón de su época. Aun así, Los canallas duermen en paz no debe ser despreciada como una obra menor. No está, en mi opinión, a la altura de las grandes del director, pero sólo la primera media hora de película, con la flor en la tarta y demás, y el por lo general excelente arranque del film son peso suficiente como para que los completistas de la obra de Kurosawa no dejen de lado esta cinta.

2 comentarios:

José Fernández dijo...

Otra que ya ví hace demasiado tiempo (creo que cuando la echaron en el programa del Garci) como para acordarme bien de ella. Ni siquiera me acuerdo de si me gusto o no, lo que ya me hace dudar de si la ví o no, aunque la escena de la tarta si la tengo presente, así que supongo que si la llegue a ver. Supongo que algún día le echare un nuevo visionado.

Pero a lo que iba. ¿Sabes si es verdad que una vez Mifune fue a rodar una penícula a Mexico y llego sabiéndose de memoria sus dialogos, aúnque no tenía ni pajolera de castellano?

Möbius el Crononauta dijo...

Sí, eso parece. En "Ánimas Trujano" supuestamente le iban a doblar, pero el tío llego con los diálogos aprendidos fonéticamente. Increíble.