miércoles, 27 de julio de 2011

Amadeus (1984)

Era una música que yo no había oído. Henchida de anhelo, de un insaciable anhelo. A mi me parecía oir con ella la voz de Dios. Salieri, flipándolo en colores.

Cuando era pequeño la verdad es que le prestaba más atención a la música clásica que ahora, y podía compaginar perfectamente las canciones de Barrio Sésamo con piezas de Beethoven o Verdi, e incluso disfrutar toda una ópera, las italianas normalmente, o La flauta mágica de Mozart. Desde luego con Wagner habría sido distinto, aunque ya me había impactado a través de la grandiosa Excalibur. Así que una película como Amadeus voló fácilmente mi testa infantil. Evidentemente me quedé en la superficie del asunto, en los trajes, la música, y sobretodo con la gran sorpresa de que dos de esos compositores de los que nos hablaban en clase de música en el colegio pudieran haberse envidiado, puesto trabas, o vuelto locos porque uno lo tenía y el otro no. Desde luego Amadeus no era la típica biografía de un compositor clásico, y había razones para ello.

En 1979 la obra Amadeus, escrita por Peter Shaffer, era la última sensación teatral, habiendo obtenido un clamoroso éxito en Londres. Un año después la producción aterrizaba en Broadway con Ian McKellen haciendo de Salieri y Tim Curry interpretando a Mozart (¡me habría gustado ver eso! Sobretodo por Tim, un actor muy minusvalorado). Pero fue en Londres donde acudió a una representación, casi contra su voluntad, el director Milos Forman, declarado persona non grata en Checoslovaquia en el 68, y que odiaba las biografías de compositores clásicos que estaban a la orden del día en la esfera soviética. Sin embargo aquella obra era diferente, inspirada, y con una excelente trama que retrataba al compositor Antonio Salieri, contemporáneo de Mozart, como un ser consumido por la incomprensión y la envidia ante el talento del joven compositor, y angustiado por todo el mal que había causado a Mozart en vida. Aquella misma noche en Broadway Forman conoció al autor de la obra, Shaffer, y le comunicó que estaba dispuesto a llevar la obra al cine.

El primer paso había de ser reescribir el texto original para adaptarlo al formato cinematográfico. Para ello tanto Forman como Shaffer se reunieron durante cuatro meses, de lunes a viernes, en la casa de campo del director, dedicándose ambos a escribir el guión y escuchar obras de Mozart y de otros compositores de la época. Para conseguir el dinero Forman se puso en contacto con Saul Zaentz, quien ya había producido el fabuloso éxito de Forman Alguien voló sobre el nido del cuco. La película iba a ser una producción independiente, lo que significaba tiempo y dinero muy ajustados.

Mientras Forman y Shaffer seguían discutiendo el concepto que querían para la película. Pronto quedó claro que la música no sería un mero acompañamiento, sino que sería, en palabras del propio autor, un tercer personaje, constantemente en primer plano. Por otro lado Forman no quería a rostros populares para los papeles, sino actores desconocidos. La siguiente cuestión a resolver fue la de encontrar a un director musical adecuado. Ése parecía ser Neville Marriner, a quien ficharon en una rápida reunión en un aeropuerto entre vuelo y vuelo. Su única condición fue que no se tocara ni una nota de las obras originales. No quería dirigir las típicas adaptaciones hollywoodienses de las partituras clásicas.

Las audiciones para el reparto prometían ser largas y complicadas. Entre los intérpretes masculinos aquella temporada seguramente no debía haber papeles más apetecibles que los de Mozart y Salieri, y por tanto la lista de estrellas, secundarios con talento y jóvenes promesas que querían presentarse a los castings debió ser larga. Para interpretar a Mozart se presentaron actores que le habían dado vida en Broadway, como el propio Curry o Mark Hamill (¿imagináis a Luke haciendo de Mozart? Eso debía ser chocante. ¡Usa la Fuerza, Wolfgang!), o Simon Callow, que había sido Mozart en Londres, pero que acabaría en el papel de Schikaneder, el productor y autor teatral amigo del compositor. También se presentaron estrellas o futuras estrellas tan dispares como Mel Gibson, Kenneth Branagh o ¡Mick Jagger! Ver al viejo Mick haciendo de Mozart habría sido alucinógeno. Finalmente Forman se decidió por Tom Hulce, un completo desconocido, que es lo que quería el director.

El papel de Constanze, la esposa de Mozart, fue una elección de última hora. Tres días antes de comenzar el rodaje Meg Tilly, la actriz elegida para el papel, se rompió unos ligamentos jugando al fútbol, y tuvo que ser sustituida a toda prisa. Fue así como la joven Elizabeth Berridge consiguió el papel, y estoy de acuerdo con Forman en que seguramente ese accidente permitió aportar un toque más mundano a Constanze.

Aunque si por algo recordamos todos Amadeus es por el electrizante trabajo de un F. Murray Abraham en el papel de su vida. En un principio Abraham se había presentado a un papel más pequeño, el de uno de los músicos de cámara del emperador. Fuera casualidad, o fuera que Milos notó algo en él, le pidió al actor que para ahorrar tiempo leyera unas líneas haciendo de Salieri en unas audiciones para el papel de Mozart. Y si algo no es Murray Abraham es un tonto, y vio que allí estaba su oportunidad, así que evidentemente no se dedicó a leer unas frases, sino que dio todo lo que pudo de sí. El resultado fue que Milos Forman se olvidó de dar a Abraham aquel pequeño papel, considerándole seriamente para interpretar a Salieri.

Cuanto más estudiaba Forman a Abraham, más se convencía no sólo de que era un candidato idóneo para interpretar al compositor italiano, sino que él mismo era Salieri, en el sentido de que F. Murray Abraham, todo orgullo y pasión, llevaba muchos años tratando de hacerse un nombre en la industria, y todo lo que había obtenido eran algunos minutos de gloria en Serpico y unos cuantos anuncios vestido de fruta. Mientras hacía castings el que iba a ser su papel más importante hasta la fecha sería el pequeño papel de Omar en El precio del poder. Sí, Murray era un tipo orgulloso que consideraba que su talento merecía mayor recompensa. Sin duda, él era Salieri. Y fue así como finalmente el actor obtuvo el papel de toda una vida.

Con Jeffrey Jones como el emperador José II y varios secundarios característicos, se cerró el reparto y se barajaron varios opciones para las localizaciones. ¿Qué ciudad sería la idónea para hacerla pasar por Viena? Ciertamente no la capital austríaca, demasiado modernizada, y en la que ocultar todo rastro de tecnología de los últimos doscientos años habría sido muy caro. Pero como checo que era Milos Forman conocía el lugar idóneo para rodar la película: Praga, una ciudad con un centro histórico apenas tocado por la tecnología contemporánea y la electricidad, y que se parecía más a la Viena del XVIII que la propia Viena. Situada al otro lado del Telón de Acero, las negociaciones no fueron fáciles, y las autoridades desde luego tendrían sus ojos puestos en aquel renegado de Forman, pero finalmente se rodaría en Praga, lo cual daría lugar a varias anécdotas jugosas relacionadas con los soviéticos.

Evidentemente el reparto y el equipo estuvieron sometidos a constante vigilancia por parte de la policía secreta durante todo el rodaje, y ello dio pie a situaciones curiosas, como un compañero de habitación de F. Murray Abraham, que en su paranoia por descubrir micrófonos en su suite del hotel desatornilló una plataforma que había bajo la alfombra, sólo para escuchar el estruendoso ruido de la lámpara de araña del piso inferior desplomándose contra el suelo. En otra ocasión una mujer, cuya casa iba a ser utilizada para una escena, le dio las gracias a Milos Forman pues tras dos años de espera, poco antes le habían arreglado la línea telefónica, con lo que el director, como buen oriundo del sistema soviético, supo enseguida que el teléfono había sido intervenido. El equipo también fue estrechamente vigilado en las escenas del hospital para enfermos mentales en que internan a Salieri, un viejo hospital que había sido reconvertido en Museo de Guerra por los soviéticos, quienes custodiaban en sus dos pisos superiores los archivos de la policía secreta.

Forman relata también una anécdota en la que descubrieron a todos los inflitrados de la policía en el rodaje durante un 4 de julio. Iban a rodar en el interior de un teatro, y como homenaje los extras y actores checos prepararon un homenaje a los americanos. Cuando el director dio paso a la acción, en vez de sonar música de Mozart (a lo largo del rodaje Forman solía hacer sonar la música ya pregrabada de la película) sonó el himno norteamericano. Una gigantesca bandera de los Estados Unidos se desplegó desde el techo, y los extras cantaron o tararearon el himno yanqui. Los únicos que no lo hicieron fueron unos treinta extras, que se miraban entre sí paralizados con el horror, quienes eran obviamente agentes de paisano de la policía.

Hay otra anécdota soviética que se esconde también detrás de cierta escena añadida por el propio Forman, aquella en que Salieri relata lo poco que podía durar una obra según los bostezos del emperador. Al parecer el director tomó esa especie de leyenda urbana de Stalin, de quien se decía que según los bostezos que diera al ver el pase previo de un film, el director podía ver reducido el tiempo de su película en cartel, o acabar directamente en Siberia.

En fin, qué puedo decir de semejante maravilla. Desde las notas de Don Giovanni al inicio, mezcladas con los gritos de Salieri, hasta el final donde el pobre compositor olvidado absuelve a los mediocres del mundo, Amadeus es una absoluta delicia, con el típico encanto preciosista de las películas de época y el esplendoroso talento visual del que hace gala Forman, consiguiendo algunas secuencias realmente memorables. Y por supuesto, el excepcional escrito de Peter Shaffer, con algunas de las mejores frases sobre música que se hayan podido ver en el cine. Decía Forman que mucha gente se le acercaba para felicitarle por el hecho de que habían aprendido a ver la música de manera distinta gracias a Amadeus, y bien podría ser cierto. Creo que cualquier melómano podría identificarse con las palabras de Salieri sobre la música de su rival.

Salieri no es sólo música y sonrisas

Evidentemente Amadeus no deja de ser una dramatización sobre la vida de Mozart, aunque el gran hallazgo de distorsionar la realidad para convertir a Salieri en archienemigo del joven compositor es razón de Estado suficiente como para tomarse esas libertades que en realidad nunca dejan de perderle la pista a los hechos históricos o apócrifos que se relatan acerca de los verdaderos Mozart y Salieri. El único detalle que nunca me ha acabado de gustar es la famosa risa del personaje, que acaba resultando cargante y que hace del Mozart de la película más que alguien vulgar y de clase media con gustos banales y pasión por las fiestas un completo idiota. Personalmente podría haber pasado sin la risa, pero evidentemente se ha convertido en un elemento icónico más de la película.

Aunque como ya he dicho quien realmente destaca por encima de todos los demás intérpretes es F. Murray Abraham, la encarnación de un compositor clásico devenido en villano, cuya actuación es fascinante en todos los sentidos, e impresiona verle narrando la historia, ya como anciano, ayudado por uno de los mejores maquillajes que se hayan podido ver en las últimas tres o cuatro décadas. Abraham da vida a unos diálogos de por sí excelentes y los eleva a algo más sublime incluso. Los gestos, las miradas, el timbre de voz... con su Salieri Abraham mostró todo su potencial, bastante extraordinario, pero nunca más volvería a obtener un papel con tanta enjundia, no al menos en el cine. De los ocho Oscar que se llevó la película uno fue para él, y creo que aquel año no había competencia posible (incluido Tom Hulce, rival directo ya que tanto a Salieri como Mozart se les supone personajes principales).

De todas formas Tom Hulce tampoco lo hizo nada mal, a pesar de las risas. Me gusta el entusiasmo que transmite su personaje cuando trata de convencer al emperador para que permita el estreno de Las bodas de Fígaro, o la excitación en la escenas en que dirige a su orquesta. Pero sin duda su mejor aportación llega al final de la cinta, con ese magnífico duelo interpretativo que sostiene con F. Murray Abraham durante el dictado del Requiem.

Al principio de la escena hubo un pequeño problema que quedó en pantalla, cuando Mozart, ya muy enfermo, comienza el dictado y parece tratar de recordar. El contratiempo fue que Hulce tenía un audífono donde le iban poniendo la música que estaba dictando para que coincidiera tanto en el tempo como en el tono. Al parecer alguien no le dio al botón adecuado y provocó que Hulce se perdiera momentáneamente, mientras Abraham, en su papel de Salieri (la escena se rodó simultáneamente con dos cámaras, una para cada actor), le daba el pie para ayudarle a seguir, así que durante un momento se fusionaron realidad y ficción. El resto de la secuencia es realmente genial, de lo mejor de la película, con Hulce, a continuación restando a propósito información aquí y alla para confundir a Abraham, y obtener reacciones más reales. "Contrabajos, segunda parte". ¿Dónde estaba el compás? Así, vemos a Abraham-Salieri preguntando "¿compás? ¿compás?". Esas escenas son un gran ejemplo de comprensión e improvisación entre dos actores.

En fin, creo recordar que leí en alguna parte que el verdadero Salieri no era un mindundi cualquiera, y que si Mozart era como el Hendrix de la Viena del XVIII, Salieri era un Clapton, o alguien así. Aun así, cierto es que el tiempo no hizo justicia con su obra, en cuanto a popularidad se refiere, mientras que la música de Mozart, como la de todas las estrellas y celebridades que mueren jóvenes, no hizo sino revalorizarse. Quizás, en alguna parte, el bueno de Salieri estará contento de que ahora el gran público recuerde su nombre, aunque haya tenido que convertirse en el malo de la época. Ya lo decían en El último gran héroe: cuidado con F. Murray Abraham, ¡el mató a Mozart!

Amadeus, rivalidades, envidias, música como protagonista... y el gran Salieri, maquinando en las sombras. Y es que, ¿quién no se ha sentido como el pobre Salieri alguna vez? Sí, todos hemos odiado al tipo que lo hace parecer todo fácil, y nos hace quedar como pequeños gnomos sin talento. ¡Ah! Eso sí. Los originales de Mozart sí tenían tachones. Que tampoco hay que pasarse.

14 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Inigualable risa de un actor olvidado.

plared dijo...

Salieri en verdad era un grandisimo compositor. Pero bueno esas licencias son las que dan al cine su caracter digamos que especial. Nada preocupante que difiera de la realidad cuando se supone que es una fabrica de sueños.

En cuanto a la pelicula bastante decente, con el añadido de que a pesar del tema, que aunque todos lo nieguen no interesa mas que a cuatro gatos. Atrajo al gran publico y fue todo un exito. Saludos y muy buena reseña

Einer dijo...

Qué gran entrada de una peli que aún no he visto y que tengo ya preparada para las vacaciones. A ver qué tal.

Kinski dijo...

Nunca la he visto entera, pero si algo he aprendido es que uno no se puede fiar de F. Murray Abraham... mató a Mozart!!.

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Maldita sea, qué modo más cojonudo de detectar espías soviéticos infiltrados.

No he visto la película, pero se la grabé a mi señora madre porque estaba deseando verla hace como varios años, en la Era E-Mule. Ah, pobre Clapton. Digo Salieri. Ya sabes lo que dicen, vive rápido, muere joven y deja un bonito pelucón.

Dani dijo...

Esta peli la vimos en la asignatura de música, en la ESO. Cuanto molaba pasar dos clases mirando a una pantalla... La risita del tipo que hace de Mozart es lo que el personal mejor recordaba. Como pá no...
Enormes las anécdotas de la grabación en tierras del soviet, y las del casting. Imagino a Mark Hamill desestimado por el emperador, y a Harrison Ford y Chewbacca entrando a saco en el teatro, o donde fuera.
http://www.youtube.com/watch?v=cVikZ8Oe_XA
Amadeus, Amadeus!!

Möbius el Crononauta dijo...

superlsavajuan: inigualable, eso es cierto

plared: creo que salvo con la risa de Mozart con el resto de dramatizaciones no tengo ningun problema, al contrario.Gracias por comentar y benvenutti

Einer: seguro que la disfrutará usted mucho.

Kinski: ¡evidentemente! F. Murray Abraham, hombre malo

Aitor FP: pues échale un ojo a la peli, el rollo musical no ha cambiado, solo tienes que cambiar a Mozar y Salieri por Dylan y Phil Ochs

Dani: Amadeus nos dio Rock Me Amadeus, y Rock Me Amadeus nos dio dr. zaius dr. zaius. ¡El círculo se completó!

Dr. Quatermass dijo...

Confieso no haber leído tu breve :-) reseña, disculpa por las prisas pero no quiero dejar de aportar que la relación Mozart/Salieri es fascinante desde cualquier punto de vista esta peli que no está nada mal.

Möbius el Crononauta dijo...

vaya, si era la versión Reader's Digest

Felixuco, el mas cuco. dijo...

Que maravilla de película. Ambición, locura, genio, envidia, todo está ahí. Al igual que Dani, yo la ví en clase de música en la ESO. Es decir, la ví por fin entera en clase de música, porque ya había visto pedazos de la peli anteriormente, cuando era muy crio, pero por una u otra razón nunca la había visto entera. A mi si me gusta la risa de Mozart, por que sino se riese así nos perderiamos la mejor escena: el final con Salieri totalmente acabado y desquiciado mientras se oye algo en OFF. Ya sabes de lo que te hablo. Es como si el fantasma de Mozart le dijese: "TU ME MATASTE, PERO EL ULTIMO QUE RIE...". Hay gente que no se conforma con ser muy bueno, ni siquiera con ser genial: tienen que ser los mas grandes, y si no...¡nada!. La locura de Salieri lo convierte en el personaje mas interesante de la película, por encima de Mozart, y ese final lo confirma. Desde luego, en se punto de la peli me empiezo yo a plantear algo que no me había planteado antes: ¿De quién habla la peli realmente de Mozart o de Salieri?. Es obvio que no es una biografía de Salieri, porque para empezar él no era así, como tu indicabas. Así que yo creo que de lo que habla la peli es de EL GENIO INALCANZABLE PARA LA INMENSA MAYORIA DE LOS MORTALES, y de lo dificil que es no tocar ese nivel para los mas ambiciosos. La escena en que Salieri lee las partituras de Mozart...¡Dios! ¡El grado de frustración que alcanza el personaje! Y la siguiente escena cuando rompe relación con su Dios...es genial, podría hablar horas y horas de esa escenas. No sé porque no me he pillado el DVD aún.

Möbius el Crononauta dijo...

En lo de esa escena final con la risa tienes razón, aunque supongo que con algo menos de risa habría funcionado igual. Ciertamente cuando salieri deja caer las partituras de puro éxtasis es una de las grandes escenas de la película.
En fin, enorme película.

Licantropunk dijo...

Estupenda entrada, muy, muy buena.
Y después del estreno de la película hubo un tema, no recuerdo de quién era, llamado "Rock Me Amadeus" que tuvo un éxito tremendo aquel año. 'Rock Me Amadeus' es una frase que se le puede decir al pasado Tom 'Mozart' Hulce: cualquiera se lo dice al serio Abraham 'Salieri' ¿verdad? Esa imagen tan inesperada de la personalidad de Mozart creo que fue uno de los motivos de que la película llegara a ser muy popular por entonces. Ninguno de estos actores ha tenido después una carrera esplendorosa así que para ellos posiblemente "Amadeus" fue la cumbre. De Milos Forman, sin embargo, me gustó mucho una película posterior, "Man on the Moon".
Saludos.

Möbius el Crononauta dijo...

No, a Salieri no lo relaciono mucho con "Rock Me Amadeus", más bien con Black Sabbath o alguien así.

Gracias por comentar

Perem dijo...

Extraordinaria, genial, fantástica, brutal, obra de arte....... y así si quieres sigo hasta mañana. Sin duda la mejor manera de entrar en el universo del mayor genio musical de la historia de la humanidad.

Se le saluda.