miércoles, 6 de julio de 2011

A.D. Anno Domini

Con la abundancia de series televisivas de calidad que tenemos en estos momentos desde luego cuesta encontrar el tiempo para retomar o recuperar viejas series catódicas (no pun intended), pero a pesar de que seguramente habría sido más apropiado esperar a la Semana Santa, estas últimas semanas me he estado empapando de Anno Domini, una vieja miniserie ochentera que si mal no recuerdo vi en algún viejo verano infantil.

Basada en una novela de Anthony Burgess, y con un guión co-escrito por éste, Anno Domini relata lo que solemos conocer como los Hechos de los Apóstoles, es decir, principalmente, las aventuras y desventuras de Pedro y el converso Pablo de Tarso. La serie comienza tras la muerte de Jesús, en el famoso tercer día, y concluirá con el famoso incendio de Roma por parte de Nerón y la crucifixión invertida de Pedro.
Anno Domini se divide en dos tramas principales: la ya citada que relata la historia de la primitiva Iglesia cristiana, y otra trama romana en la que asistimos a los tejemanejes de la cúpula imperial, desde Tiberio hasta el amigo Nerón. En un plano inferior tenemos distintas subtramas de personajes comunes e inventados, esa clase de personajes que aportan el romanticismo, las peleas callejeras, y representan el estado de cosas de el "pueblo" o el Estado. En Anno Domini, y para mí gusto, estas subtramas son en su mayor parte lo más aburrido de la serie, y los amores entre judíos y romanos o romanas y judíos llega a ser bastante cargante.

Así que si pueden imaginar una especie de cruce imposible entre Yo, Claudio, el típico biopic sobre el Nazareno y el toque ochentero de series como Falcon Crest, podrán hacerse una idea de lo que ofrece Anno Domini. De todas formas no se confundan; el que Anthony Burgess esté detrás del guión no significa que esto sea La naranja mecánica a la romana, ni mucho menos. Quien desee emociones fuertes más vale que las busque en otro lado (en Yo, Claudio sin ir más lejos, una miniserie con mucha más mala leche). Aunque obviamente hay asesinatos y algo de sangre, el resto de maldades (violación, incesto) se apuntan más que muestran, y en general creo que ése es el principal hándicap de la serie. No sólo con respecto a la violencia o el vicio romano, sino básicamente en temas que podrían haberse explotado más, como los inicios como una secta más entre las muchas que había en Judea, las confrontaciones con el poder establecido, los debates ideológicos, la actitud de Roma, etcétera. Por otro lado la trama romana también se queda demasiado en la superficie, y se echan en falta más escenas explicativas. Habría sido mejor eliminar romances de cara a la galería y demás subtramas superfluas, y aun así en doce horas seguramente no habría bastado para albergar tanta historia.

Aunque por comparación con ciertos títulos actuales televisivos Anno Domini quizás salga malparada, no por ello carece de interés, y cuenta con uno de esos repartos estelares tan típicos de los peplum de toda la vida: James Mason, Ava Gardner, nuestro amiguete Fernando Rey, Susan Sarandon (en un papel muy breve), y secundarios de lujo como Jack Warden, Richard Roundtree o un jovencito Ian McShane (¡los fans de Deadwood ya sabéis quien es!) haciendo de Sejano. Evidentemente dos papeles que a la fuerza habían de ser jugosos son los de Calígula y Nerón. John McEnery (de esa raza de purasangres del drama británico) es un interesante Calígula, con un cierto y curioso aire a lo Monty Python, y Anthony Andrews (otro producto de los escenarios ingleses) es un muy buen Nerón, pero ambos tienen la dificultad de tener que combatir las alargadas sombras de John Hurt y Peter Ustinov. Y eso, amigos, es demasiada sombra.

Junto a Andrews lo mejor interpretativamente hablando son dos estupendos Pedro y Pablo, de hecho los mejores que haya visto en la gran o pequeña pantalla. Denis Quilley está excelente como un Pedro muy del populacho, muy diferente de los secos Apóstoles de las películas; es la clase de tipo que te habría hecho cristiano contando chistes o tomando unas cañas en la barra del bar. Philip Sayer es, por contra, un Pablo de gran dignidad, casi aristocrática, en definitiva, un líder, aunque como todos los conversos, el Pablo de Tarso que uno se imagina seguro que fue mucho más duro y despiadado. Quilley y Sayer, dos estupendos actores, de esos que luego uno habría deseado que se prodigaran más.

Anno Domini, una miniserie con sus aciertos y sus errores, pero si obviamos las comparaciones con la situación presente, no es un mal producto. Eso sí, los que no disfrutaran en su día con aquellos típicos dramas de los 80, o no sean de los que cada Semana Santa disfrutan por igual de las torrijas que de los sempiternos títulos cristianos que todos tenemos en mente, quizás sería mejor que se abstuvieran.

2 comentarios:

miquel zueras dijo...

Recuerdo esta magnífica serie. Sarandon estaba irreconocible. Con el mismo título de Anno Domini hay una curiosísima película interpretada por Keith Carradine en el papel de un enviado de Roma que acude a investigar la muerte de Cristo como si se tratara de una trama detectivesca. Borgo.

Möbius el Crononauta dijo...

esa de Carradine tiene buena pinta, creo que miraré de dar con ella.

Salud!