jueves, 30 de junio de 2011

Azkena 2011 Día III: Sábado y postre

Desde luego el sábado tenía dos grandes nombres: Gregg Allman y Brian Setzer, pero desde luego lo de Gregg era de traca, tanto por mitiquisímo mito como por tenerle al otro lado del Atlántico. Así que con los músculos todavía hechos plastelina fuimos amaneciendo, comiendo muffins y pasando el rato con recopilaciones de Vaya semanita en la ETB. Aunque ya lo siento por gente como Avett Brothers, New Bomb Turks o Band of Horses, el cuerpo nos pedía reposo y recuperación, y ya de paso y por una vez queríamos ver algo de Vitoria, así que nos fuimos a buscar tabernas rockeras (encontramos una estupenda cerca de El Corte Inglés) que nos proporcionaran buenos pintxos, birra y buena música. Después por desgracia hicimos caso a Lucas el maquinista y nos embarcamos en una marcha de la muerte por las calles del centro bajo el sol de la media tarde (evidentemente no podíamos preguntar ni mirar mapas, ¡somos rocosos rockeros malcarados!) para buscar nuestro ElDorado particular, una calle de Vitoria llena de bares de pintxos con amapolas y vírgenes vestales que tiran pétalos de rosa a tu paso. Lo más parecido que encontramos fue una zona peatonal con algunas terrazas de precios importantes, aunque por suerte ya cuando nos ibamos vimos un bar con una buena oferta y una linda y muy simpática camarera colombiana. Así que tras nuestra ronda de pintxos era hora de partir para el Azkena. Nos esperaba el maestro de maestros.

GREGG ALLMAN, no es sólo otro pasajero. Increíble. ¡Gregg Allman en Europa! ¡En España! Tras los milagros de John Fogerty y Little Richard, creo que ya deben quedar sólo Tom Petty y Bob Seger! En fin, todavía se me hace difícil quedarme sólo con un nombre de todos los que pasaron por el Azkena, pero desde luego Gregg está el primero o el segundo, y en cuanto a clase y aura mística no había comparación. Incluso Lino Portela le da su aprobación. Otras crónicas no tienen su humor, como el de cierto tipo del Diario Vasco, que... en fin, mejor que no sepáis más. ¿Banda de circunstancias? ¡Menuda broma! Pero bueno, los que éramos conscientes de a quien teníamos delante no pudimos sino arrojar nuestras pelotas (o su equivalente femenino no sindicado) al suelo ante lo que ofreció tito Gregg sobre el escenario. Clase, maestría, receta cajun de soul, country y blues, con una banda increíble (uno por uno, la mejor banda del festival sin duda), con otro guitarrista de otro mundo (¿de dónde porras los saca?), un teclista arrollador, y... en fin, que una bandaza. Y por encima de todos ellos la mágica voz de Gregg, única e irrepetible. El cerebro se me desconectaba escuchando en vivo, ante mis ojos, esa voz que yo creía encerrada en todas aquellos discos maravillosos. Pero no, Gregg, gracias a Dios, sigue vivo y en forma para todos nosotros, míseros mortales. Antes de que apareciera Gregg enfundado en negro y con sus gafas de sol, comentábamos que si tocaría muchas de los Allman o no, yo apostaba por una, otro por dos, pero al final fueron algunas más, en una buena combinación de canciones de su carrera en solitario. Comenzó con "Don't Keep Me Wondering", siguió con "I'm No Angel" (que buena sin esa producción ochentera del disco) y vaya, nos siguió deleitando con clásicos del blues, más temas de sus propios discos y gemas de la Brothers Band como "Melissa" o la grandiosa "Dreams". En fin tíos, hay que ser Shakespeare para poner en palabras un concierto de alguien como Gregg Allman. Epatante. El claro cabeza de cartel del día, a pesar de la hora. Pero al día siguiente tenía que madrugar (para sus estándares, según confesaba en una entrevista) así que seguro que la hora no le vino mal. Pero habría merecido letras más grandes y más tiempo.

THE KNOCKOUTS, el factor knäckebröd. Para ir haciendo tiempo los suecos The Knockouts parecían una buena opción para descansar en el césped frente al extraño casino que tenían montando en el festi, y creo que no nos equivocamos. The Knockouts sonaron potentes, mezclando punk rock y rockabilly a partes iguales, y rindiendo tributo a Brian Setzer, que venía a continuación. Interesantes.

BRIAN SETZER'S ROCKABILLY RIOT, la sublimación de la fiesta. Imagino que recuperado de su aplopejía tras ver a una estrella de rock como Ian Astbury salir al escenario enfundado en sus pantalones de Taras Bulba, Brian Setzer nos dio lo que todos esperábamos: un fiestón de la ostia. Del repertorio no puedo concretar mucho, sé que cayó la inevitable "Rock This Town" y otros clásicos de su discografía, pero era el último día, el relleno de pintxos y las cervezas se empezaban a notar, me encontraba con viejos amigos a los que no veía y durante un rato estuve pendiente de intentar hacer bailar a una bella damisela que estaba en el grupete. Vamos, ¡que ni me enteré de que Slim Jim Phantom salió al escenario! Lo que sí puedo aseguraros es que mis pies no pararon de moverse en ningún momento, y que me lo pasé pipa. Otro triunfador del Azkena, y qué bien toca el jodío.

PAUL WELLER, el vórtice sorpresivo. Pues cuando ya ibamos un grupo nutridos de amigos, conocidos, foreros y demás, enfilados para ver a los Whybirds, creo que nos entretuvimos pidiendo cervezas y comenzó a sonar Paul Weller, y la verdad es que no sonaba nada mal. De The Jam no había oído mucho, pero les he escuchado buenos temas, y de Paul Weller lo que había oído podía estar bien y también podía ser mortalmente aburrido, pero vamos, que nunca me he interesado por su carrera, pero le escuchamos desde muy lejos y nos gustó. Me gustaría poder comentar más, pero... en fin, qué queréis, era el último día. Resumen: sonó bien, y no me esperaba que sonara tan bien.

THIN LIZZY, la polarización del espectador. ¿Timo o fiesta? ¿Lo peor del Azkena, o un buen concierto? Y si a todo esto le sumamos el viejo debate del nombre, podríamos estar horas. En fin, entre conversaciones etílicas en el césped, mil llamadas de Rated R que le había dado un sirocazo y andaba perdido por Vitoria (no sé por dónde anduvo pero al día siguiente nos contó que pasó por una fiesta abertzale, aunque cuando volví al apartamento estaba en su camita, sano y salvo) y demás, disfruté del concierto a ratos, aunque para la parte final me sumé a unos colegas que lo estaban viendo para corear esos temazos. Evidentemente mi nivel de alcohol en sangre aquella noche no me permite dejaros una crítica reposada, seria y madura, pero a mí no me sonaron mal, me sorprendió el papel secundario (el que siempre tuvo) de Scott Gorham, y aunque no estaba Sykes estaba el gran Brian Downey a la batería. No sé que opinarán los sobrios, pero con semejante repertorio creo que era imposible no pasármelo bien. Eso sí, siempre he dicho que deberían tener el buen gusto de cambiar de nombre, o ponerle un "lives", un "shakes", un "drinks" o algo así. Y como última reflexión: ¿si se hubieran llamado Scott Gorham's Band, habría cosechado tantas malas críticas su actuación? Eso sí, lo pregunto desde el mundo de colores y sabores donde estuve aquella noche a esas horas.

Domingo

La Plaza de la Virgen Blanca era mi gran objetivo la mañana del domingo. Ya que podíamos, ¿cómo perdernos una actuación gratuita de Gregg Allman? Así que ejercí de madre que lleva a los niños al colegio y cuando sonó el despertador a las 11.30 (no, desde luego no habíamos dormido ninguno nuestras ocho horas) empecé a encender luces y a hacer ruido. ¡Como para fiarme de esta peñuza somnolienta!

Teníamos entendido que la cosa sería un acústico, pero no, en el escenario estaba todo preparado para deleitarnos con otro fantástico concierto como el de la tarde anterior. Con todo, salvo algunos temas, el repertorio fue distinto (cayó por ejemplo la estupendosa "Just Another Rider", que juraría que no la tocó el sábado... y sí fue así, pues mejor dos que una) pero el saber hacer fue el mismo. Si ya me cuesta creer que he visto a Gregg Allman, dos veces menos. Aunque creo que casi me cuesta una insolación. El resto de los amiguetes buscaron la sombra, pero yo me quedé pegado a las vallas, y creo que mi cuerpo lo notó en el viaje de vuelta.

Que por cierto, vaya viajecito de vuelta. Cogimos una salida que no era, y cuando quisimos reaccionar ya era tarde, y cruzamos medio Aragón añadiendo kilómetros y kilómetros a la ruta. Lo bueno es que llegamos sanos y salvos, destrozados físicamente, pero contentos de haber disfrutado de semejante cartel. Así que me despido diciendo: ¡odio la N-232!

4 comentarios:

TSI-NA-PAH dijo...

Gregg fue el puto amo! increible for two time!
un abrazo

Möbius el Crononauta dijo...

ya te digo. Indescriptible. Cuanta clase

Dr. Quatermass dijo...

Genial tío las reseñas, gracias por el curro y felicidades por lo vivido, efectivamente estar delante de Gregg Allman es de por si para ofrendarle las pelotas, aunque tocara una mierda.

Saludines

Möbius el Crononauta dijo...

Que no fue el caso, obviamente. Gracias, aunque creo que para la próxima lo haré más corto, al final me agobiaba hasta yo xD ¡no me creo que haya gente que se lo lea todo!