martes, 17 de mayo de 2011

El reinado de Elvis: 1976

Elvis Presley comenzó el año en la nieve, pasando unas vacaciones con los chicos y sus novias, aunque difícilmente podían seguirle el ritmo a un Elvis que iba abarrotado de estimulantes. Aquello ensombreció un poco las cosas, y el día de su cumpleaños fue Linda Thompson, la novia de Elvis, quien tuvo que llamar a algunos de los chicos para que fueran a celebrarlo a la habitación del Rey. Finalmente la cosa se animó y Elvis pudo disfrutar, de estricto incógnito y por las noches, de las pistas de esquí, por las que se deslizaba con su moto de nieve. Las protestas de Susan Ford, la hija del presidente, por aquel privilegio, le significaron que quedara vedada para siempre en la presencia de Elvis. Para algo él era el Rey, y el padre de Susan un simple presidente. Como buen monarca, Elvis agradeció al atención y compañía de un grupo de policías que le asignaron abriendo un concesionario por la noche y dejándose allí 70.000 dólares en coches para todos sus amigos con placa. Sin embargo, Jerry Schilling, que había trabajado sin descanso ocupándose de los alojamientos de todos, acabó harto de las órdenes contradictorias de Elvis, y de la poca paciencia que mostraba hacia los que sentían necesidad de dormir, por lo que le envió a la porra.

El regreso a Memphis fue triste, pero era hora de ponerse en acción. Tanto el Coronel Parker como los capos de la RCA estaban desesperados por volver a meter a Elvis en un estudio, lo cual ya se había demostrado que era algo más difícil que hacer pasar a un rico por la Puerta de los Cielos. Decidieron proponerle a Elvis colocar un estudio portátil en Graceland, para que así no tuviera que desplazarse lejos de casa para grabar nuevos temas. En dos años Elvis tan sólo había completado una sesión de trabajo. Incluso cuando estuvo en el ejército había grabado más temas que en los últimos meses. Cuando por fin todo pareció estar listo, la primera sesión en Graceland se pospuso para que Elvis acudiera al entierro de un policía que se había suicidado.

El 7 de febrero se llevó a cabo la primera sesión de grabación, durante la cual Elvis grabó tres temas. En la segunda noche sólo fue capaz de completar uno, "Solitaire", de Neil Diamond. El cantante parecía más interesado en contarles a Red y Sonny West su ambicioso plan para acabar con todos los camellos de Memphis. Tras otra tercera noche decepcionante, Elvis pareció animarse con "For the Heart", un tema del autor de "Burning Love", para proseguir con el "Hurt" de Roy Hamilton. A sugerencia de Vernon, Presley decidió probar la melodía irlandesa "Danny Boy". Aquella noche lograron rescatar parte de la garra perdida de Elvis, con lo que fue una noche bastante productiva. Sin embargo, a la quinta noche Elvis volvió a su apatía habitual. Sin duda prefería regresar a Denver, para volver a ver a sus amigos policías. Y es lo que hizo. Pero cuando los policías decidieron preguntarle si tenía problemas con las drogas, Elvis regresó a Memphis, donde el Coronel le hizo una seria advertencia: había que cuidar del negocio, las siglas TCB debían ponerse en marcha de nuevo. Se estaban quedando sin dinero.

Para entonces, varios músicos de la TCB Band habían desertado, y no parecían dispuestos a volver. Felton Jarvis, el productor musical de Elvis, reclutó a tres músicos de sesión para suplir las bajas y la maquinaria volvió a ponerse en marcha en Tennesee. Las seis fechas de aquella gira no fueron mal, pero un mes después, a mediados de abril, una nueva gira, esta vez por el Oeste, mostró al peor Elvis que recordaban sus músicos y coristas, olvidando letras continuamente, apático y con visibles problemas respiratorios. Tras apenas tres días de descanso, Elvis volvió a la carretera, esta vez en Tahoe, donde le esperaban 11 fechas. La falta de dinero era acuciante, tanto para él como para Parker, con quien había firmado en enero un nuevo contrato que le asignaba el 50% de las ganancias de los conciertos, con lo que ya prácticamente él y Elvis iban en todo a medias. Aun así, en las primeras semanas de gira el Coronel aceptó recibir el porcentaje antiguo para ayudar a la maltrecha economía del Rey.

Parecía increíble tratándose de alguien de la talla de Elvis, pero efectivamente las cancelaciones del año anterior, su reticiencia a grabar nuevos temas, y un bajón de ventas discográficas, habían expuesto lo escaso que andaba Elvis de dinero. A sus continuos gastos sin control había que añadir, además, gastos comunes de todos aquellos que dependían de él, y elevados costes en juicios o en pagos para evitar denuncias, muchas de las cuales se producían por el modo tan expeditivo en que se conducían Sonny y Red.

Aquella era la triste realidad del hombre que lo había tenido todo: se veía obligado a hacer giras para poder seguir disfrutando de su estatus de estrella, mientras se iba consumiendo por dentro, enfermo, y ya sin energías ni fuerzas, y lo que era peor, sin ilusión alguna. Como apuntó un periodista en la crónica de un periódico local, cuando Elvis atacaba las primeras estrofas del "My Way" de Sinatra "era como ser testigo de una profecía escalofriante". Con todo, los fans no le habían abandonado, y seguían reventando las taquillas. Otros, más osados, seguían tratando de entrar en Graceland, como un joven Bruce Springsteen que, en plena gira del Born To Run, aprovechó su estancia en Memphis para tratar de conocer a Elvis. Logró llegar a la puerta de entrada de la casa, donde fue interceptado. Como le informaron, de todas formas, el señor Presley estaba de gira.

El 9 de mayo Elvis terminaba con sus compromisos en Tahoe. El 27 volvía a la carretera, esta vez a Bloomington, Indiana. El esquema se repetía, y la montaña rusa subía y bajaba. De vez en cuando, alguna noche, por la razón que fuera, Elvis parecía recuperar su antigua energía, y entonces casi parecía que nada hubiera cambiado desde aquel día en que un tímido joven entrara en los estudios Sun. Otras noches, en cambio, Elvis buscaba con su mirada a su banda, y éstos sabían que debían tocar y cantar más alto, para cubrirle las espaldas. Sin embargo, el público seguía respondiendo, algo que parecía torturar al gran hombre. Cierta noche el cantante llegó a comentar amargamente a sus músicos que a la audiencia nada parecía importarle, "cualquier cosa que haga les encantará igualmente".

A principios de junio Elvis volvía a casa para disfrutar de dos semanas de descanso en las que apenas salió de su habitación. Lisa Marie le visitó unos días, aunque fue con Linda Thompson con quien Presley pasó la mayor parte del tiempo. De no ser por ella, en aquellos momentos seguramente Elvis no habría tenido a nadie. Muchos de los chicos de la Memphis Mafia habían abandonado el nido para vivir sus vidas; Jerry Schilling seguía sin dar señales de vida, Charlie Hodge parecía tan deprimido como Elvis, y el antiguo bufón Lamar sólo aparecía cuando regalaban algo. Ni siquiera la relación con Red y Sonny era la misma. En ocasiones parecían realmente dos guardaespaldas más, en vez de dos amigos. Joe Esposito y el doctor Nick estaban temporalmente exiliados ya que Elvis no quería verles tras el fracasado negocio de los frontones en los que el Rey había puesto mucho dinero, del que nada más se había sabido.

Elvis y Ginger Alden

Tras empezar otra gira el día 25 de junio, Elvis tuvo una alegría cuando se reencontró con Schilling en Maryland. Aunque Schilling trabajaba ahora para Billy Joel, ello no fue óbice para la reconciliación. Pero la alegría no duro muchó. El 3 de julio Sonny West fue a hablar con Elvis al respecto de unos billetes de avión para su mujer y su hija que Vernon Presley se había negado a pagar. La conversación pronto degeneró en una discusión, y era sabido por todos que a aquellas alturas no hacía falta mucho para sacar al cantante de sus casillas. Aunque finalmente Elvis le dijo a Sonny que trajera a su familia y que él ya hablaría con Vernon, el desencuentro era más que evidente. Cuando a oídos de Sonny llegaron rumores de lo que Elvis había dicho supuestamente a sus espaldas tras la pelea, la cosa no hizo sino empeorar.

El 5 de julio la gira llegaba a su fin en Memphis. Elvis continuaba enfadado, y no había asistido a la tradicional fiesta de fuegos artificiales por el Día de la Independencia. Al día siguiente cogió a Linda y se marchó a Palm Springs.

El día 13 Sonny estaba en el dentista cuando su mujer le llamó. Debía ponerse en contacto inmediatamente con Vernon. El padre de la estrella le dijo que había problemas económicos en la familia, y que debían reducir gastos. Así que algunos de los chicos debían ser despedidos. Sonny era uno de ellos. Su primo Red West era otro, así como Dave Hebler, uno de los últimos en incorporarse al núcleo duro de la Memphis Mafia. Oficialmente todos habían sido despedidos por motivos económicos. Oficialmente, todos estaban enfadados no por el despido, sino por la forma en que habían sido informados de ello, por teléfono. Elvis ni siquiera se había atrevido a hablar con ellos cara a cara.

Red ya había roto con Elvis en el pasado, aunque esta vez era mucho peor. En realidad la relación entre Elvis y los West se había desgastado lo indecible. Sonny y Red estaban hartos de los cambios de humor, de los arranques de furia, de los caprichos, del nunca recibir una palabra de agradecimiento, de ser, en definitiva, los hombres de confianza del Rey, que iban limpiando tras él todos sus rastros de drogas o violencia. Entretanto, en Las Vegas, Elvis trataba de consolarse diciendo que su padre tenían razón, y que Red y Sonny le estaban costando demasiado dinero a la organización con sus golpes y palizas. Pero también era cierto que los dos habían estado junto a él desde el principio de su carrera, cuando Elvis era sólo otro aspirante más al estrellato del rock. Por su parte Hebler trató de ver a Presley en Las Vegas, pero no fue recibido por el gran E, encerrado en su suite.

El 23 de julio Elvis iniciaba su sexta gira, que llevaría al cantante a poblaciones de tamaño medio donde nunca había estado antes. No era una mala estrategia para asegurarse los llenos absolutos cada noche, y unas buenas ganancias. El éxito artístico ya era más discutible. Los periódicos locales hablaban cada vez más abiertamente del triste estado de Elvis, y una noche incluso el Coronel le increpó por no esforzarse lo suficiente. Pero lo cierto es que el físico de la estrella era lamentable, tenía problemas respiratorios, y había noche en que se veía obligado a tirar mano de sus coristas porque ya no le quedaban fuerzas para cantar. Pero la magia seguía estando allí, y alguna noche Elvis lograba volver a emocionar a su público como antaño. La voz del Rey seguía intacta, tan sólo necesitaba de la emoción que se ocultaba tras ella, y que de vez en cuando parecía resurgir de entre los dormidos sentidos de Presley.

5 de agosto, final de gira. Tras las dos semanas de vacaciones estipuladas, Elvis volvía a la carretera, supervisado por su médico de Las Vegas, el doctor Ghanem. Había despedido al doctor Nick por haberse aprovechado de él en el tema del negocio de frontones. Unos se iban, otros volvían. En aquella gira Larry Geller, el antiguo gurú de Elvis, volvió al grupo para apoyar al cantante en la carretera. En Houston muchos policías, que habían sido agregados a la seguridad de Elvis, se escandalizaron por el estado en que estaba el hombre al que debían proteger. Sin duda los veteranos sabían reconocer a un adicto cuando lo veían. De no haberse tratado de quien se trataba seguro que les habría encantado ponerle las esposas. Al final de la gira las cosas empezaron a ponerse tan mal que Parker llamó al doctor Nick para que fuera a ayudar a Elvis. El propio cantante habría de llamarle para confirmarle que le necesitaba. De lo contrario, el doctor se negaba a volver.

Tras cerrar la gira en Arkansas (en una pequeña ciudad llamada Pine Bluff, el tipo de pequeña localidad que ahora representaba gran parte del volumen de las giras) Elvis hubo de reflexionar sobre el cada vez más insistente (y lo que era peor, la posibilidad cada vez mayor de que se hiciera realidad) rumor que giraba entorno a un libro que estaban preparando Sonny, Red y Dave Hebler, un libro sobre Elvis en el que estaban dispuestos a contar al mundo el lado oscuro de la leyenda, revelando todos sus trapos sucios. Tras varias ofertas, al parecer ya habían encontrado una editorial interesada. Con todo, seguía repitiéndose a sí mismo que finalmente todo quedaría en nada. Por muy enfadados que estuviera, sus chicos no podían traicionarle así.

Sus abogados y detectives le aconsejaron le comprara el silencio de los muchachos, pero al parecer las tentativas realizadas a tal fin no llegaron a buen puerto. Elvis buscó consejo en Jerry Schilling, y le agradeció el haber rechazado participar en el negocio. Finalmente el 12 de octubre Elvis habló por teléfono con Red. Trató de explicarle lo sucedido, la presión a la que se hallaba sometido, que había sido una decisión de Vernon. Por su parte Red se lamentó de la forma en que habían sido despedidos, y de quejó de la errática actitud de Elvis y de sus problemas con las drogas. Presley se defendió arguyendo que muchas veces se sentía como si fuera un símbolo del dólar, en vez de su amigo. En resumen, ambos siguieron trazando círculos entorno a las mismas quejas que tenían el uno del otro desde hacía años. Elvis le dijo que pasara lo que pasara seguían siendo amigos, y que le ayudaría en todo lo que necesitara. Red se lo agradeció. Seguramente Elvis pensara entonces que realmente el libro nunca vería la luz. Pero Red y los otros no tenían intención de echarse atrás. Dos días después un artículo (sin firmar, pero escrito por Steve Dunleavy, futuro autor del libro sobre Elvis) filtraba gran parte de la conversación entre Red y Elvis, que seguramente había sido grabada por el primero.

Tras otra nueva gira, a finales de octubre Elvis volvió a entrar en el estudio durante algunas noches, aunque el resultado fue de nuevo escaso, y extraído prácticamente a la fuerza. Cuando quedó claro que ya no había más que rascar, Elvis volvió a su monotonía.

Fue George Klein una vez más quien presentó a Elvis nuevas chicas que le sacaran de rutina. De nuevo una Miss Tennesee, aunque la hermana pequeña de la Miss, Ginger Alden, quien llamó la atención del cantante. En realidad ambos ya se habían conocido años atrás, cuando Ginger era sólo una niña. Su padre había sido instructor de Elvis en el ejército, y en los 60 habían tenido ya un encuentro. Pero ahora obviamente la cosa era distinta.

Al día siguiente Elvis se llevó a una reticente Ginger a Las Vegas, pero como ocurría a menudo si la chica se mostraba recelosa, Elvis no intentó nada. Al día siguiente regresaron para que la familia de la chica no se inquietara. Pero ya estaba claro que seguirían viéndose. Y que Ginger no sería una más. Linda Thompson, la novia oficial de Elvis hasta entonces, lo comprendió así, y salió de escena. Ya llevaba tiempo pensando en dejarle, pero aquella nueva relación le hizo decidirse.

El 22 de noviembre, temprano por la mañana, Graceland tuvo una inesperada visita: la del "Killer" Jerry Lee Lewis, que se presentó en las puertas de la mansión junto con su esposa para ver a Elvis. Los guardas le dijeron que Elvis dormía y no podía ser molestado. Jerry Lee Lewis se excusó y se fue con su coche. Evidentemente aquello no podía acabar así tratándose del autor de "Great Balls of Fire". Aquella noche, de madruga, Jerry Lee Lewis apareció en su coche, con una pistola en el cinto, totalmente colgado y exigiendo ver al gran hombre. Evidentemente Elvis se negó a verle, y los guardas de Graceland llamaron a la policía, lo que acabó con uno de los múltiples arrestos del bueno de Jerry. Cuando Elvis dejó este mundo, muchos tuvieron buenas palabras para él. Pero no Jerry Lee Lewis, quien se quedó a gusto poniendo por los suelos al Rey del rock.

Jerry tras su "travesura" en Graceland

El 2 de diciembre Elvis volvía a Las Vegas para cerrar el año con una nueva ronda de actuaciones en el Hotel Hilton. Las críticas de aquellas fechas fueron peores que nunca, e incluso en muchos fanzines gente que había asistido a los conciertos hablaban del lastimoso estado en que estaba el cantante. Parecía como si cada vez hablara más y cantara menos. Muchos de los que le rodeaban le veían perdido, como si ya nada le importara. Una de las noches el propio Elvis pareció resumirlo todo en una frase que el público vitoreó, aunque seguramente ya no fuera una broma: "Odio Las Vegas". El 15 de diciembre en el Memphis Press-Scimitar un periodista se preguntaba: "¿por qué seguir?". De haberle dicho que la razón era el dinero, aquel viejo fan de Elvis seguramente no podría haberlo creído. Pero tras las fiestas de Navidad, a Elvis aun le progamaron cuatro fechas para cerrar el año. El show debía continuar.

7 comentarios:

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Quitando las idas de olla de Bruce y su buenrrollismo y de Jerry Lee Lewis... qué mal rollo y qué decadente. Pero decadente chungo, no decadente versaillesco, decadente deprimente.

Y qué protochoni era también la Ginger. Dios, qué hortera. Le faltan el chándal y los tacones. Jarl.

Denis dijo...

Hola,
he llegado aquí de casualidad, ya tienes un seguidor más!
espero verte también a ti por mi blog jeje

http://ztags.blogspot.com

un abrazo y nos leemos!

supersalvajuan dijo...

Forever Elvis!!!

ROCKLAND dijo...

Ya se intuía un poco su final pero aún así su voz era sobrenatural.

Ya sólo te queda un capítulo, je,je.

saludos!

ROCK´N ROLL OUTLAW dijo...

Bufff. Es terrible notar como poco a poco se acercaba el final. Adicto, enfermo, desmotivado, depresivo. Supongo que a Elvis se le hacía un mundo levantarse y salir a escena. He leído el libro de lso dos guardaespaldas, no está nada mal. Un pequeño clásico de bolsillo.

¡Saludos!

paulamule dijo...

Esa foto del Killer es impagable.
Por cierto, a las puertas de esa mítica sala del Hilton estuvimos nosotros dos como dos panolis, mirándola e imaginando cómo debió ser aquello, como de costumbre.
salud.

Möbius el Crononauta dijo...

Aitor FP: en estilo seguramente ganaba Priscilla. Y sí, fueron años duros para el Rey...

Denis: bienvenido

supersalvajuan: and ever!

Rockland: ¡la cosa se acaba! y la magia de su voz no se perdió, cierto

RnR outlaw: por desgracia así era, y con todo se veía obligado a seguir. El libro de los West es efectivamente un pequeño clásico.

paulamule: ¡lástima no poder ver el interior y el mítico salón de fiestas!