viernes, 1 de abril de 2011

Impulso criminal (1959)

La novela Compulsion estaba basada en un crimen real que conmocionó a América allá por los años 20 (para los morbosos, hablé de él no hace mucho). Hitchcock ya había llevado al cine una obra de teatro inspirada en aquellos hechos, y a finales de los 50 le llegó el turno a Richard Zanuck, el hijo del todopoderoso jefazo de la 20th Century Fox, Darryl F. Zanuck, y el director Richard Fleischer.

Impulso criminal era la primera prueba para Richard Zanuck como productor, mientras que Fleischer estaba consolidando su recién ganado estatus de director talentoso y fiable. Claramente dividida en dos mitades, en la primera parte, con toques de cine negro de corte psicológico, asistimos al crimen que conciben y llevan a cabo dos jóvenes de familia bien con una mente algo retorcida y una equívoca relación que parece ir más allá de la simple amistad. Aunque a lo largo de su extensa carrera Fleischer daría tantas de cal como de arena, aquí demostraba estar en buena forma, mostrando un buen pulso narrativo y una buena imaginación para los planos, demostrando de nuevo que era un director idóneo (como habían notado ya muchos productores) para fusionar comercialidad y calidad artística.

Aunque el verdadero motor de esta primera parte del film son las fascinantes interpretaciones de Bradford Dillman, un por entonces intérprete apenas debutante que ya había dado que hablar en cine y teatro, y un jovencito Dean Stockwell, un antiguo "niño-actor" que con esta cinta demostró que no caería en el saco de los niños prodigio del cine que nunca lograron sobrevivir en su carrera de adultos. Es díficil situar a uno por encima de otro, aunque puede ser que Stockwell llegue a sacar un cuerpo de ventaja.

La segunda parte del film se ubica en el típico subgénero de abogados y salas de juicio, y evidentemente en esta segunda mitad quien se lleva todos los aplausos es Orson Welles, como no podía ser de otro modo. El fornido intérprete pudo explayarse con uno de esos monólogos judiciales que permiten a los actores tirar de recursos y lucirse ante las cámaras. Huelga decir que Welles volvió a dar lecciones a sus compañeros de profesión haciendo del alter ego del abogado Clarence Darrow.

Impulso criminal cosechó buenas recaudaciones, críticas y premios, y sus estrellas arrasaron en Cannes por motivos obvios. Las interpretaciones de esta película son sin duda su mejor baza. Impulso criminal, un pequeño caramelo para los recalcitrantes de las grandes actuaciones.

3 comentarios:

GINEBRA dijo...

Bueno, parece interesante, quizá la busque en la filmoteca. Orson Welles, qué buen actor era, ¿verdad? y director también, me encantaba.
Esta tarde me propongo ver de nuevo Barton Fink de los Coen y esta noche tengo El Beso del Asesino de Kubrick (que espero que no sea mi pareja, jejejejejejeje, al hilo de tus historias de crímenes)... Un viernes cinéfilo ya que mañana no hay que madrugar.
Un día quedaré contigo para ver una peli y comer palomitas...
Besos de fin de semana, que seas feliz!

José Fernández dijo...

Yo no pienso besarte, ni en fin ni por el medio de la semana. Que te conste.

Anyway, me la anoto, aunque de Fleischer no se puede uno fiar mucho, que como bien dices es más irregular que una carretera diseñada por el Dioni (¿es esto un chiste?). Aunque a veces se lleva uno sorpresas agradables con este hombre, como por ejemplo "Che!".

Möbius el Crononauta dijo...

Ginebra: Orson dominaba todo lo que tocaba, cuando se ponía a ello. Un grande.
No está mal ese doble cartel. Pues sí, ¡a ver si un día compartimos palomitas! Lo mismo digo, Ginney.

José Fernández: ¡qué poco cariñoso! Bueno, aceptaría unas cervezas en vez de ósculos.

Fleischer es irregular, pero ésta es de las buenas.