viernes, 15 de abril de 2011

Érase una vez en América (1984)

Las escenas de violación son "amor" a los ojos de Sergio Leone. Titular del Los Angeles Times.

A principios de los 60 una novela titulada The Hoods, mitad autobiografía y mitad ficción, escrita por un antiguo gángster durante gran parte de su estancia en Sing-Sing, llegó a Italia y a manos de un director llamado Sergio Leone. La novela en sí no le fascinó, pero le gustó la idea de que el autor pudiera ser el mismo Noodles que protagonizaba el libro, y el hecho de que la historia no tratara sobre los grandes capos de la Mafia, sino sobre más bien unos maleantes que trataban de sobrevivir en el Nueva York de principios del siglo XX y la era de la Ley Seca. Y seguramente le gustara aun más el hecho de que aquellos maleantes ni siquiera fueran mafiosos o italianos, sino gángsteres judíos. El primer gran interés de Leone fue dar al aspecto del film y su ambientación unos visos de realidad del que carecían los films clásicos de gángsters o las pelis de mafiosos de principios de los 60. Por ello ya en la posproducción de El bueno, el feo y el malo Leone encargó a Sergio Donati un somero estudio sobre aquella época y el Nueva York las primeras tres décadas de siglo.

La gestación de Érase una vez en América estaba destinada a ser algo tan espaciado en el tiempo y tan monumental como la propia historia de la película. Aunque ya en años anteriores Sergio Leone había trabajado en la adaptación de la novela, el ansiado proyecto cobraría vida y moriría varias veces entre el estreno de ¡Agáchate, maldito! en 1971 hasta el comienzo del rodaje del film a principios de los 80. Oficialmente en todo aquel tiempo Leone no se puso tras una cámara, aunque realizó colaboraciones no acreditadas en Mi nombre es ninguno y El genio. Pero retrocedamos un poco, no mucho antes de la época en que Richard Nixon juró su cargo como presidente por primera vez.

En 1968 Sergio Leone se encontraba en los Estados Unidos promocionando Hasta que llegó su hora. Aprovechando su estancia decidió contactar con Harry Grey, el autor del libro, para hacerse con los derechos de The Hoods. El pétreo abogado de Grey se hizo el interesante varios días, diciendo que nadie hablaba con su cliente directamente. Al menos parecía que los derechos podían estar disponibles. Pero Leone necesitaba hablar con el autor del libro, pues era, supuestamente, el verdadero Noodles. Cuando ya había perdido toda esperanza, Grey llamó. En una voz baja, rasposa y seca, Grey aceptó reunirse con Leone. El orondo director y su cuñado se citaron con Grey en un café, donde le explicaron su idea para el film, escenificando ciertas escenas que tenían pensadas. En unos incómodos cincuenta minutos Leone habló y habló ante un anciano impávido y silencioso. Como recordaría el propio director, "conseguimos arrancarle un par de respuestas como si le arrancáramos dos dientes sin anestesia". Sin duda el huraño Grey le hizo sudar tinta. Pero finalmente dijo las palabras mágicas: "de acuerdo". Grey dejó el café inmediatamente después, pero Leone ya sabía dos cosas: que obtendría los derechos para el film, y que su Noodles no sería una especie de James Cagney o un gángster glamuroso, tan sólo un pobre diablo que trató de salir adelante lo mejor que supo.

La primera sorpresa llegaría cuando Leone se enteró de que en realidad los derechos de la novela ya habían sido vendidos unos años antes. Y la persona que por entonces tenía aquellos derechos no tenía ninguna intención de venderlos.

El desilusionado director decidió entonces embarcarse en el proyecto de ¡Agáchate, maldito!, a la par que contactaba con unos productores franceses, que prometieron colaborar con él si se lograban los derechos de la novela. Quizás aquel tal Gérard Depardieu sería un buen Noodles. Sin embargo tras meses de negociaciones, tampoco esta vez se consiguió nada. Parecía que sería más fácil resucitar a Hitler que conseguir aquellos derechos.

En 1976 Leone seguía sin derechos y sin guión, salvo una escena de apertura. Entonces llegó a un nuevo acuerdo con otro productor, Alberto Grimaldi, y, confiando en que Grimaldi triunfaría donde todos habían fracasado, comenzó a preparar un tratamiento para el guión. Sin embargo otro pequeño golpe llegó cuando al parecer el film 99,44 por 100 muerto le robó su escena inicial, ya por casualidad, ya por cualquier otro motivo. De todas formas aquello sólo era un pequeño contratiempo, y por tanto el director siguió adelante, para lo cual se reunió con Fred Caruso, el jefe de producción que había logrado en El padrino que el Nueva York de aquella época retrocediera a la era de los 20. Leone le pidió que calculara un presupuesto y buscara algunas localizaciones. Caruso aceptó. Cuando Leone volvió a ponerse en contacto con él, habían pasado siete años.

No mucho después, Leone recibió en su casa un ejemplar de la novela depositada una bandeja de plata. Como un viejo capo siciliano, el director captó el mensaje: Grimaldi se había hecho, por fin, con los derechos de The Hoods.

Fue entonces cuando Leone se puso a considerar la dirección de la película. Como ya le había ocurrido en ocasiones anteriores, el miedo escénico le empujó a buscar a alguien capaz de dirigir el film, mientras Leone se encargaba del proyecto en la sombra, como productor asociado o algo así. Como había ocurrido también anteriormente, sería el propio Sergio quien acabaría dirigiendo el film, por fortuna para todos nosotros, pero era como si necesitara de aquel ritual para convencerse a sí mismo de que él era el único que podía dirigir la película a su gusto.

La primera opción de Leone fue el joven John Milius, cuya Dillinger le había impresionado verdaderamente. De haberlas llevado, seguramente Milius habría mojado las bragas. Como todos los compañeros de su generación, aquella saga de directores surgidos de la UCLA, el joven director admiraba fervientemente el trabajo de Leone y sus spaghetti western. Y así se lo hizo saber al italiano cuando se reunieron. Pero también le hizo saber que tenía un guión entre manos que acabar (el de Apocalypse Now) y un proyecto propio que dirigir (El viento y el león), por lo que muy probablemente no podría aceptar el encargo.

Mientras Leone hablaba con Milius, Alberto Grimaldi convenció a Norman Mailer para que elaborara un tratamiento del guión. Creía que era esencial que un norteamericano escribiera el guión. Sin embargo, según Leone, el tratamiento de Mailer era "una versión Mickey Mouse", por lo que aquel trabajo se desechó. Leone decidió aferrarse a aquellos que conocía mejor, y encargó un nuevo tratamiento a Enrico Medioli (colaborador de Visconti) y Franco Arcalli (a quien Leone conocía de su trabajo en El conformista). Tras algunos meses de trabajo los dos guionistas y Leone lograron conformar un tratamiento de trescientas páginas. Tras dejar a Arcalli rematando el guión, Leone y Medioli viajaron a Nueva York para buscar localizaciones y reunirse de nuevo con Harry Grey, quien se soltó la melena pronunciando unas pocas frases. Afirmó haber estado asociado con un tal 'Frank' (Leone y Medioli dedujeron que sólo podía ser Frank Costello) y que, al contrario que en la novela, en realidad el personaje de Max seguía vivo.

Mientras el guión seguía avanzando tortuosamente, Leone aprovechaba sus viajes a los Estados Unidos para visitar Nueva York, extraerle con cuentagotas más información a Grey o entrevistarse con viejos veteranos de las calles del Lower East Side. Entre sus varias conclusiones, Leone extrajo una curiosa lección al respecto de los gángsteres judíos: "Muy pronto comencé a comprender que un gángster judío, incluso uno muy malvado, podía volverse muy religioso a medida que se hacía viejo [...] Esto no sería posible con un italiano [...] Los mafiosos ridiculizaban completamente la religión. Sólo la utilizaban como pretexto". Aparte de entrevistas con ex-maleantes y criminales, Leone también uso profusamente ideas que extrajo del voluminoso estudio sobre la mafia Murder Inc., escrito por el ex ayudante del fiscal de distrito Burton Turkus.

Para expandir la parte de la trama situada en 1922, Leone contrató al equipo de guionistas formado por Leonardo Benvenuti y Piero de Bernardi. Para ayudarles a visualizar lo que quería, Leone les relató sus propias historias de la calle cuando era un chaval más en los vericuetos del Trestevere. A otro escritor y crítico (un San Pablo respecto a la obra de Leone), Franco Ferrini, le puso en un apartamento de Roma a leer novelas de criminales de principios de siglo e investigar toda aquella convulsa época en la macedonia étnica de Nueva York. Mientras tanto, Leone se fue a pasear por las calles de Montreal, de las que dijo que se parecían más a la Nueva York de los años 20 que la propia Nueva York.

A finales de 1975 Leone ya tenía una idea para el reparto. Gérard Depardieu sería Noodles, y Richard Dreyfuss su inseparable amigo Max. Jean Gabin sería el Noodles anciano, y James Cagney el Max anciano.También habría cameos de insignes personalidades como George Raft, James Stewart o Henry Fonda. Pero poco a poco llegaron los contratiempos: Cagney afirmó estar halagado, pero se consideraba ya demasiado mayor (aunque unos pocos años después Milos Forman lograría convencerle para despedirse del cine con Ragtime), Dreyfuss no estaba interesado en hacerla y de Depardieu nada más se supo. Leone, sin actores y con un guión todavía endeble, retrasó el comienzo del rodaje hasta 1977. En la edición del Festival de Cannes de 1978 el director todavía estaba hablando de adaptar cierta novela de gángsters. No fue hasta 1981 que Leone aprobó un guión de rodaje de 317 páginas.

Dentro de una ambientación realista y unos matones que no respondían a los clichés del cine (en la película el propio Noodles se desmarcaba de la actitud de los hampones cinematográficos) Leone hizo lo que siempre había hecho: reciclar los géneros norteamericanos, contar una historia americana a su manera y, de paso, homenajear a todos aquellos filmes más o menos relacionados con los gángsters que le habían obsesionado en su niñez y juventud: Ciudadano Kane, La dama de Shangai, Código del hampa, Ángeles con caras sucias, El último refugio, o incluso el Atraco perfecto de Kubrick.

El centro de la trama sería el fumadero de opio, donde el circulo se abría y se cerraba, y desde el cual se exponía la ambigüedad de la historia de Noodles, una posible sombra chinesca sobre la que Leone reconoció la influencia del A quemarropa de John Boorman. ¿Realidad o ficción? ¿Hay un truco dentro del truco? Queden las respuestas para el espectador.

Contando de nuevo con su fiel Morricone, ésta vez Leone le pidió una banda sonora totalmente distinta a las otras, partiendo del tema de la época "Amapola" (el leitmotiv del personaje de Deborah) y de composiciones de Cole Porter y otros autores de los años 20 y 30. Para las escenas en los 60 se escogió como base el "Yesterday" de los Beatles. Para el tema central del film y su distintivo uso de las flautas de Pan Morricone se inspiró en la obra del concertista rumano Gheorghe Zamfir. Como afirma Christopher Frayling en su estupenda obra sobre Leone Algo que ver con la muerte, el caso de la banda sonora de Érase una vez en América debe constituir todo un récord en Hollywood, pues ya se encontraba prácticamente acabada para 1975-76, seis años antes del comienzo del rodaje.

El rodaje todavía había de retrasarse un par de años, durante los cuales Leone y Grimaldi hubieron de solventar sus diferencias, ya que tras los fracasos de Novecento y Casanova, Grimaldi ya no creía en los films extralargos ni en las historias narradas en dos partes. Tras varios tira y afloja, Grinaldi aceptó desprenderse de los derechos de la novela. A Leone sólo le restaba encontrar un productor interesado que financiara la película y pagara el dinero de los derechos. Lo encontró en la figura del millonario israelí Arnon Milchan, lo que sin duda era muy acertado tratándose de gángsteres judíos. Tras producir varias obras de teatro, Milchan se había decidido a poner su dinero en Hollywood convencido por Scorsese, para quien Milchan iba a producir El rey de la comedia. Finalmente en 1981 se dio luz verde a la preproducción. Durante ese tiempo se encargó a Stuart Kaminsky retocar el guión, especialmente los diálogos, para que no parecieran lo que eran en realidad: una traducción del italiano al inglés. El guión final con el que Leone comenzaría a rodar en 1982 sufrió algunos cambios, y se abría ahora con el asesinato de Eve, la novia de Noodles.

Durante 1981 y gran parte de 1982 Leone buscó localizaciones y realizó multitud de entrevistas con actores y actrices y otras tantas audiciones. Sin embargo el proyecto estuvo a punto de peligrar cuando Milchan y Leone chocaron acerca del larguísimo metraje del film, en la típica discusión proverbial en estos casos: el productor que quiere recortar, y el director que considera cada plano totalmente esencial. Y entonces, apareció Robert de Niro.

De Niro ya había conocido a Leone a mediados de los 70, cuando lo único importante que había realizado el actor era Malas calles. Ni Leone había visto la película ni De Niro se había molestado en ver los westerns del italiano vapuleados por la crítica, pero ambos se cayeron bien. Para cuando Milchan contactó con él, Robert de Niro ya era sin duda alguna el rey de su generación, un impresionante actor en su mejor momento que obraba maravillas. Con De Niro en el proyecto Leone estaría dispuesto a aceptar según qué cosas. De hecho le impresionó que De Niro recordara su anterior encuentro. El actor estaba a punto de comenzar a rodar El rey de la comedia, pero Érase una vez en América podría ser su siguiente proyecto. Tras la típica charla con Leone contando su película plano a plano, De Niro se llevó el guión y la novela a casa y prometió pensarlo. El director le dio a escoger entre dos personajes: Noodles o Max. Aunque De Niro pensaba de Leone que "no se tomaba demasiado en serio, ni siquiera en la forma en que elaboraba los créditos", le caía bien, la historia le gustaba, y se veía en el papel de Noodles. De Niro tuvo en vilo a Leone durante dos meses, hasta que finalmente aceptó. En ese preciso momento el director se olvidó de buscar a un Noodles joven y a otro viejo.

Desde el mismo momento en que De Niro firmó el contrato cambiaron las perspectivas del film. También desde entonces muchos predijeron una gran tormenta. Leone era famoso por su personalidad de duce, y su interés superfluo en las interpretaciones; parecía centrarse más en los rostros y las situaciones que en las sutilidades de la actuación. De Niro era todo lo contrario: para él la interpretación lo era todo, y para conseguir sacar de sí mismo lo que él deseaba era capaz de pasar por encima de todo y de todos, incluido el director. Al final, sin embargo, la sangre no llegaría al río. De hecho, De Niro y Leone se llevarían bastante bien. Al fin y al cabo, en sus respectivos apartados, eran los dos igual de obsesivos, así que se entendían bien y ambos estaban más que dispuestos a colaborar y dedicar todas las horas que hicieran falta, algo que Leone no siempre obtenía de sus actores, ni De Niro de sus directores.

Con el coloso de De Niro contratado, se desechó cualquier idea que se pudiera tener para el reparto, que finalmente se construyó entorno a Bob. De hecho el propio De Niro se sentaría junto a Leone y los directores de cásting en la mesa de audiciones. La ventaja de tener a De Niro es que todo Hollywood (salvo quizás Brando, que solo salía de su isla si veía refulgir los lingotes de oro) quería trabajar con él. De Niro ejerció de Nepote y solicitó probar a unos cuantos amigos y conocidos, aunque no por ello perdía la objetividad: si en la audición la cosa no funcionaba, él era el primero en descartar a aquella persona. De todas formas, a través de De Niro llegarían los primeros nombres al reparto: Joe Pesci y Tuesday Weld. Dos aciertos muy majos. Especialmente por la Weld, que estaría estupenda en el film. Para el papel de Max Leone exigió a un rostro desconocido. Recordó entonces a un joven que le había impresionado en los 70, en el teatro, y al que no hacía mucho había visto en la serie Holocausto: James Woods. Aunque a Leone le gustaba, De Niro era reticente, pero el director finalmente le convenció. Woods encontró la oferta novedosa: "me ofrecieron tantos papeles de judío atormentado que, si los hubiera aceptado, me hubiera convertido en miembro honorario del Knesset". A pesar de su reticencia, cuando Woods se mostró capaz de hacerle frente ante las cámaras, ambos comenzaron a alimentarse de su rivalidad para enriquecer la relación de sus personajes. Y desde luego que Woods salió más que airoso del trance.

Poco a poco siguió llegando el resto del reparto: la bella, delicada y por entonces jovencísima Elizabeth McGovern (por la que Leone tuvo que estar más persuasivo que nunca para convencer a De Niro), Danny Aiello, que tendría un papel pequeño entre los que podía escoger, y para hacerlo escogió al que se apellidaba como él, el hombre de mirada misteriosa William Forsythe, y varios niños intérpretes, entre los que cabe destacar, por supuesto, a una todavía prepúber Jennifer Connelly.

Como era de esperar, aunque De Niro y Leone no chocaran demasiado, tuvieron sus diferencias, aunque por lo general uno u otro acababa cediendo. De Niro incluso se permitió incluir un homenaje en su actuación al modo en que entendía el cine de Leone, según lo que había visto (yo apostaría a que tenía en mente la introducción de Hasta que llegó su hora). Su particular homenaje fue incluido en la escena en que Noodles, reunido con sus colegas de la banda, se dispone a tomar un café, antes de lo cual remueve y remueve el café una y otra vez en lo que da la impresión de ser unos minutos interminables.

Estando De Niro en el rodaje estaba también claro que, si no volvía loco a Leone, volvería loco a alguien más. En este caso los damnificados fueron los utilleros. Para cierta escena en la que tenía que despertarse súbitamente, De Niro exigió que en el plató se oyeran ruidos inusuales para ayudarle en su interpretación. Ya saben, eso que suele conocerse como "el capricho Stanislavski". El problema vino cuando ninguno de los ruidos parecía ayudarle, con lo que se hicieron montones de tomas hasta que De Niro se quedó satisfecho con sus ruidos. Parece que un utillero resumió el sentir del gremio en esta frase: "¿Hay alguna escena en este film donde él tenga que gritar? Si la hay, me presento voluntario para ser el que le patee las pelotas".

Completar Érase una vez en América llevó prácticamente dos años y medio, de los cuales casi doce meses correspondieron al rodaje. Al acabar, Leone tenía pilas de latas que acumulaban 10 horas de metraje usables (es decir, habiendo descartado cortes entre toma y toma y demás). Tras muchas horas de trabajo en la sala de edición el primer montaje alcanzaba las seis horas. Leone tuvo que aceptar que el contar historias largas en dos partes ya no era aceptado por ningún productor o estudio, con lo que finalmente obtuvo un montaje final de casi cuatro horas. Para ello se eliminó todo un papel (el de Louis Fletcher como directora del cementerio), se redujo el papel de la novia de Noodles al mínimo, y tanto los personajes de Elizabeth McGovern como el de Tuesday Weld perdieron también escenas por el camino.

Por supuesto, la distribuidora americana, Ladd Company, presentó una queja. El contrato estipulaba un máximo de 165 minutos. Quizás podrían aceptar 180, o incluso si raptaban a las hijas de los mandamases y amenazaban con repartir sus cachos por el Atlántico, 210. Pero nada de un film de cuatro horas. ¿Y qué había de aquella confusa escena inicial, con ese martilleante sonido de teléfono? En este punto merecen ser transcritas unas frases al respecto de Mary Corliss, colaboradora de la revista American Film: "Los timbrazos son muy largos y fuertes, y hay veintidós de ellos, chillando en escenas que ningún miembro del público puede todavía comprender. Resulta fácil imaginar que después de cinco timbrazos, Alan Ladd Jr. intentara determinar lo que pretendía Leone; que después de diez timbrazos, decidiera que aquello era infligir dolor al público; que después de quince timbrazos imaginara a los miembros de ese público gritando: '¡Responde al maldito teléfono!'; que después de veinte timbrazos deseara haberse dedicado a otra cosa; y que al vigésimosegundo timbrazo decidiera cortar la maldita película hasta una longitud que los exhibidores pudieran encontrar aceptable".

Y evidentemente, y por desgracia para el público americano, aquello fue lo que pasó. Entre finales de los 70 y principios de los 80 habían sido muchos los fracasos de films extremadamente largos. En febrero de 1984 un discreto preestreno del film, al que sólo se habían restado dos minutos de violencia, y que dio resultados terribles entre la audiencia, sirvió como excusa para que Ladd girara su pulgar hacia abajo. Así, mientras Leone se las veía y se las deseaba, allá en Italia, para recortar su película de manera que tuviera sentido, en Hollywood se le otorgaron plenos poderes a algún empleado, montador obediente o un sastre, para que recortara la película a dos horas. Por supuesto Sergio Leone no fue informado de ello.

Aquel montaje fue para la historia del cine uno de los grandes crímenes perpetrados en Hollywood. Para cuando Leone se enteró de que el estudio había montado su propia versión, ya era tarde, y aunque intentó apelar a los tribunales, no pudo evitar el estreno en los Estados Unidos de una raquítica versión de 144 minutos. Mientras en Cannes todos aclamaban su versión de cuatro horas, el confuso público americano tuvo que enfrentarse a una deslabazada historia de la que nada entendían. El desastre fue mayúsculo. Aquella versión de Érase una vez en América fracasó en taquilla y fue vapuleada por la crítica. El desastre fue tal que ni siquiera se promovió su candidatura a los Oscar. Aquella edición Amadeus se libró de su competidor más serio.

Por supuesto la crítica sabía lo que había pasado, y la presión fue tal que para el festival cinematográfico de Nueva York se pasó el montaje de Leone. Pero para entonces la taquilla ya estaba perdida. James Woods lo resumió en su particular estilo: "Tres semanas antes de que el film sea estrenado, hacen que el ayudante de montaje de la serie de Loca academía de policía lo corte a jodidas tiras. Quiero decir, ¿creen ustedes que yo tenía instintos suicidas? El film resultante fue jodidamente masacrado por los críticos, como tenía que ser. Espero que quemen el jodido negativo".


Mis primeros recuerdos de Érase una vez en América son prácticamente furtivos. En algún punto de esos años de pantalones cortos me enamoré de aquella bailarina llamada Deborah, y así hasta hoy, pero bien es cierto que dos de los momentos que siempre llevé conmigo fueron el chico hambriento esperando con el pastel a la puerta de la vecina cachonda del barrio, y una pistola jugueteando con un pezón femenino, momento en que no sé como no me mandaron a mi cuarto. Aunque evidentemente a la larga me acabaron mandando allí. O quizás me entró sueño. O a lo mejor lo soñé todo. Lo cual tendría su sentido. Pero cada vez que veo a la Connelly dar sus pasos al ritmo de "Amapola" me vuelvo a sentir cual niño espiando por una ranura, o esperando en las escaleras con un pastel.

Con razón, muchos apuntan a Érase una vez en América como la obra maestra de Sergio Leone. Resulta difícil hablar de un film tan enorme, y conocido más o menos por cualquier cinéfilo con algo de sangre en las venas. De Niro volvía a apabullar, el resto del reparto, con Woods y Tuesday Weld a la cabeza, mantenía el envite, y Leone se desenvolvía tras la cámara con más maestría que nunca. Aquellos dolorosos 13 años de inactividad (¡qué duros debieron ser para los fans de la época!) tenían por fin su recompensa. Si alguna vez nos invaden los alienígenas, Érase una vez en América será una de las obras que se dediquen a expoliar, una de las metopas que se llevarán a sus museos los alter egos marcianos de los conquistadores británicos.

De una forma típicamente Leone, Érase una vez en América reparte por igual escenas de delicada belleza (ineludible es citar todas esas escenas de la joven Deborah) con brutales estallidos de violencia, en especial las dos secuencias de violación que en su día provocaron indignaciones en todas partes, especialmente entre el sector femenino más radical, claro.

La primera, la que atañe a Tuesday Weld, aunque brutal, está inmersa en una secuencia tan delirante que prácticamente parece un gag más. Nunca deja de resultar impagable ver al personaje de la Weld poniéndose cachonda en mitad del atraco, pidiendo guerra a un (si no recuerdo mal) alucinado Max. La segunda, la de Elizabeth McGovern, desde luego entró por derecho propio en una de las más largas e impactantes violaciones de la historia del cine, que seguramente no fue superada hasta la ida de olla de Irreversible. A pesar de su brutalidad, y de que prácticamente se trata de dos violaciones seguidas, destaca el modo tan impersonal en que está rodada, casi como si hubiera sido abordada desde un punto de vista documental; la cámara no se alinea con el violador o con la víctima, sino que permanece prácticamente como un testigo mudo. Pero evidentemente está rodada de una forma tan cruda que lo mínimo esperable era que a Leone le cayeran collejas por todas partes. Incluso en el festival de Cannes una espectadora increpó a De Niro por la escenita. Al final fue la propia McGovern quien tuvo que justificar la misma, poniendo las cosas en su sitio.

Pero en fin, más allá de las anécdotas de violencia o sexo, Érase una vez en América se yergue incólume como una de las mejores películas de las últimas décadas. La gran desgracia fue que cinco años después de su estreno perdíamos a Sergio Leone para siempre. Un director a quien, como Kubrick, aun le quedaban muchos cartuchos que gastar.

22 comentarios:

ATM dijo...

peliculon.

Kinski dijo...

Una de las mejores películas de los 80 a pesar del destrozo en la sala de montaje.
Solo le pongo un pero al reparto y es Elizabeth "Caradepan" McGovern.
Hace poco leí por ahí que se iban a restaurar 40 minutazos para una nueva versión, aún así creo que no alcanza la duración del pase en Cannes.
¿Sabías que supuestamente Richard Dreyduss y Klaus Kinski fueron elegidos como protas en 1977?, Kinski interpretaría a Max. Lo que pudo haber sido.

También fue una pena que Leone no llegara a dirigir su peli sobre Stalingrado con DeNiro.

Saludos.

GINEBRA dijo...

Interesante post sobre una gran película, amigo Moebius.Entre bambalinas nos enteramos de algunas anécdotas (mira que la espectadora emprenderla con De Niro en Cannes, jajajajjajja, qué realista es el cine, eh?).
En fin, que pases unas buenas vacances, cari.
Besos

ÁNGEL dijo...

Peliculón con una megamezcla de los mejores ingredientes del gran cine. Como diría alguno: no puedes morir sin verla (y luego Hasta que llegó su hora).

Sr Nocivo dijo...

Sin duda esta película se merece tan tremenda entrada. Un pequeño apunte de lo más tonto: lo que más le agradezco a Leone es... que eligiera a la Connelly, si no hubiese sido así nos hubiésemos perdido no solo a los ojos más bonitos de hollywood, sino a una de las actrices más talentosas.

Adrian Vogel dijo...

Me la compré en un pack con "Infiltrados" y "Uno de los nuestros"... la de "Infiltrados" ni la había visto y no parece que la vaya a ver. Compré por las otras dos...

Atticus Grey dijo...

Es una de las mejores películas de la historia del cine, y una de mis favoritas también. Me pongo de pie por esta entrada tan bien documentada y amena que hasta me pareció corta. Hay muchisimos más datos que mencionar sobre el rodaje, que merecería una continuación. La escena del desnudo de Jennifer Conelly me impactó por su belleza, aunque luego supe que se había utilizado una doble de cuerpo. Hay tantas escenas que rescatar, y quedan tantos cabos sueltos, que ojalá y algún día se pueda restaurar la versión del Director, porque en serio merece mucho la pena. Saludos!!!

José Fernández dijo...

Estoy con Atticus, que se recupere metraje, pon favó, que tal y como esta parece un esquema de pelicula.

LoRbAdA dijo...

Joder, qué gran post tio!!! Enorme!!!
Esta película me fascinó hace unos años. La verdad es que solo la he visto una vez pero me dejó KO. La ambientación, los actores, la historia en sí... todo es grandioso. Una película fundamental y como bien dice, uno de los grandes crímenes de Hollywood. Me has descubierto muchos detalles que desconocía. Gracias.

Angus dijo...

Grande (y larga :) esta peli. El final me sigue desconcertando y dejando un poco jodido, pero encanta.
Yo también tengo unos recuerdos de infancia, de ese chaval esperando con un pastel para tirarse a la chica. ¡No me podía creer que terminara comiéndose el merengue!

Perem dijo...

Mira master.

Creo que ya sabes que para mí está película es la mejor de la historia del cine.

Tengo que leerme con calma todo lo que has puesto, pero no te extrañe que algún día de estos veas que la pongo en my house.

Deja que la lea con detenimiento, pero así, por encima, me parece que te has salido.

Se le saluda.

Mr. Lombreeze dijo...

Me gusta mucho la primera parte de esta película, pero sigo sin entender el p**o final y creo que la peli pincha en su último tramo. Eso me pone nervioso. ¿Es un sueño o no?, ¿qué narices pasa con el camión de basura?. Pffff, no me gustan esos finales, me hacen sentir idiota. Pero creo que tras La Puerta del Cielo puede que estemos ante el más grande desastre de montaje chapucero de la Historia del Cine. Lo de que un antiguo gángster acabe de Gobernador tampoco me cuadra, pero bueno.
Como siempre, tus informaciones de "cómo se cocinó la peli" son estupendas. Me encantan estos posts tuyos.

Möbius el Crononauta dijo...

ATM: desde luego

Kinski: lo de dreyfuss lo sabía, lo de Kinski no. Pues sí que fue una pena... ahora está en preproducción, a cargo del Tornatore

Ginebra: el buen cine es lo que tiene, te provoca reacciones... ¡lo mismo digo, chata!

Ángel: si es que Leone era la monda, maldita sea

SrNocivo: seguro que somos muchos los que le debemos a Leone nuestro amor por Jennifer...

Adrian Vogel: la de 'Infiltrados' la revisaré, porque la gente siempre parece haberle visto algo que yo no vi, así que por asegurarme. Pero está a años luz de "Erase una vez en América", de eso no hay duda.

Atticus Grey: con películas como ésta se podrían escribir blogs enteros, de eso seguro. No sabía lo de la doble. Pero me extraña que buscaran dobles para una niña, pero bueno... ¡yo creo que deberían sacar la versión de 6 horas!

José Fernández: hombre yo la edición que tengo, tildarla de esquema de película, es demasiao... ¡a ver si no estamos hablando de la misma versión!

Lorbada: muchas gracias. ¡Es bueno saber que el esfuerzo tiene recompensa!

Angus: jajaja pobrecito, imagínate la jambre que debía tener el pobre chaval...

Perem: no hombre, solo recopilo información, yo... pero muchas gracias.

Mr. Lombreeze: desde luego no estoy de acuerdo en eso. Para mí el último tramo es tan bueno como el primero, salvo que quizás no tiene se glamour de la primera parte. Y no te preocupes por el final, no creo que ningun entendido ni crítico pueda afirmar 100% si es sueño o no. Saca tus conclusiones, ¡y serás tan idiota o genio como el resto de nosotros!

cialis dijo...

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José Fernández dijo...

HOmbre, es que yo como muchos aquí, entiendo que la trama está muy mutilada, y hay cosas que no son fáciles de seguir, y por tanto es fácil perderse. Por otra parte, completamente de acuerdo con Cialis xDD

zed dijo...

Plas, plas, plas.

Gran post, me he permitido la licencia de colgarlo en twitter.

Gracias por tantas aportaciones que desconocía.

La volví a ver este fin de semana por séptima vez en 20 años y aquí estoy en internet buceando sobre ella porque no me la quito de la cabeza.

Möbius el Crononauta dijo...

¡Gracias amigo! La verdad es que es una peli fascinante, imposible olvidar tantas escenas maravillosas.

¡Un saludo y gracias por comentar!

Anónimo dijo...

OBRA MAESTRA ABSOLUTA! SU NARRACION ES UNA VERDADERA LECCION DE LO QUE DEBE SER UNA JOYA DEL CINE.
OBLIGATORIA PARA QUIENES AMAMOS EL CINE!
JORGE URIBE ALVAREZ, Especialista en Cine.
juribea@chile.com

Anónimo dijo...

recien la vi por 1ra vez en mi vida. me parecio genial.hay cosas del guion que no entendi y supongo que deben ser porque la pelicula tenia 6 horas y quedo en 4. pero por las dudas pregunto a ver si alguien entendio mas que yo : al principio de la pelicula ¿quien persigue a de niro, quien es que lo quiere matar? ¿max simula su muerte ... ¿y los otros dos?¿mueren realmente? ...

andres

Ibrán dijo...

Gran entrada para una grandísima película. Junto al Padrino (I y II), es Mi Película. Te felicito y agradezco por la documentación. Has ganado un lector :)

Anónimo dijo...

ERASE UNA VEZ EN AMERICA, DE SERGIO LEONE, ES UNA OBRA SOBRE LA AMISTAD, LA INFANCIA,LOS SUEÑOS ROTOS Y SOBRETODO DE COMO SE CONSTRUYE UN PAIS EN BASE A LOS OSCUROS ENTRETEJIDOS DEL CAPITALISMO AL SERVICIO DE, A VECES,INTERESES NO SIEMPRE DEL LADO CORRECTO DE LA LEY.
A LO LARGO DE LOS DISTINTOS MOMENTOS EN LA VIDA DE SUS PROTAGONISTAS,EN UN RELATO QUE JUEGA MAGISTRALMENTE CON EL TIEMPO, ESTA OBRA MAESTRA NOS CONDUCE A AQUELLOS INSTANTES QUE NUNCA OLVIDAMOS,EXPERIENCIAS TEMPRANAS QUE NOS SEGUIRAN POR SIEMPRE PERSIGUIENDONOS COMO FANTASMAS....
CON UNA BANDA SONORA EXTRAORDINARIA(A MI JUICIO LA MEJOR DE LA HISTORIA DEL CINE) DE ENNIO MORRICONE,LAS IMAGENES IMPACTAN POR LA BELLEZA Y POESIA VISUAL POCO COMUNES EN LA PANTALLA.
UNA HISTORIA DE GRAN EXTENCION,ABSOLUTAMENTE NECESARIA PARA COMPRENDER ABSOLUTAMENTE LAS IDAS Y VENIDAS DE QUIENES SON TITERES DEL DESTINO,NOS CONMUEVE PROFUNDAMENTE.
FILM PARA ADULTOS,CUENTA CON UN ROBERT DE NIRO INSUPERABLE EN SU ROL DE NOODLES,JUNTO A UN ELENCO ELEGIDO EFIZCAMENTE PARA LOS PERSONAJES.NOTABLE TUESDAY WELD Y JOE PESCI.
PARA QUIENES AMAN EL CINE COMO YO,ES UNA DELICIA UN FILM COMO ESTE,QUE NOS IMPRESIONA POR SU SOLVENCIA AUDIOVISUAL Y POR LO ESTREMECEDOR DE SU MONTAJE Y PUESTA EN ESCENA.
!EXTRAORDINARIAMENTE OBLIGATORIA!
JORGE URIBE ALVAREZ, ESPECIALISTA EN CINE
juribea59@gmail.com

emmanuel dijo...

Desconozco la edición que he visto de la película en la versión que vi primero son niños y luego adultos y la verdad parecen ser dos películas diferentes, la primera parte es épica ya desde los títulos donde se escucha la acción se respira una atmósfera de grandeza, no olvidemos que la música de Morricone hace la mitad del trabajo, las escenas con la péqueña deborah, su baile, el poema que lee a noodles, este espiando por la puerta, como conocen a max, la mítica escena del muffin y aquella inolvidable frase "me resbalé" hacen que quizá sea la mejor representación de la infancia en el cine. Leone era un experto para filmar nadie, quizá solo David Fincher, se ha acercado a su trabajo con la cámara. Luego noodles sale de prisión y la historia pierde el norte no es solo la moral incorrecta, no son interesantes los sucesos de sus vidas de gangsters consagrados, además la escena de la violación a Deborah es realmente injustificable he pensado en el asunto tratando de otorgarle simbolísmos como pensar que es una acción que realizó para despertarla para sacarla de su seguera pero no le encuentro la vuelta. Finalmente debemos pensar que De Niro es el héroe acabado del film, al que le quitaron todas sus posibilades pero no levanta ninguna estatura de héroe de hecho se vuelve un personaje muy desagradable.