viernes, 22 de abril de 2011

Barrabás (1961)

En estos días de recogimiento, legumbres y espiritualidad, nada como una tarde de viejos peplums, torrijas y unas cervecitas, que no llevan carne, para sobrellevar tanta tensión de si llueve o no llueve. Yo creo que la solución para no aguarse las procesiones es la misma que para los recipientes en los botellones: pasos de plástico. Pero se ve que no es lo mismo. En fin, que como decía, salvo aquellos que se puedan ir a perderse en la ruralidad o a tostarse en las Bahamas o así, la Semana Santa es una buena excusa para rescatar todos aquellos clásicos religiosos producidos por judíos que deseaban que el mundo se olvidara de que lo eran. Aunque en este caso la producción corrió a cargo de un italiano, el mítico Dino de Laurentiis, que nos entretuvo a varias generaciones y nos regaló desde clásicos imperecederos hasta films totalmente infumables. Pero vayamos al meollo.

Cuando vi Barrabás por primera vez, allá cuando yo era un imberbe que poco sabía del mundo, lo que me llamó la atención fue la historia en sí, ya que uno sabía lo que todo el mundo: que en Pascua el amigo Pilatos había dado a elegir al pueblo para ser liberado entre uno que decía ser hijo de Dios y otro que era un criminal convicto con manos manchadas de sangre. El resultado podría haber sido bien propio de este país que nosotros llamamos España, pero esto ocurrió en Tierra Santa. En fin, que soltaron al tal Barrabás. Fin de la historia. Lo que no me imaginaba yo es que se pudiera coger algo de la Biblia y a partir de ahí inventarse el resto, que es lo que hizo a principios de los 50 un escritor sueco, ganador del Nobel y todo. Vamos, que Barrabás contaba la historia del malvado zelote a partir de que le dejaran en libertad. Y me pareció curioso todo aquello.

La trama no dejaba de tener su aquel: ¿como se sentiría uno si lo dejaran en libertad a costa de otro reo, que después resulta que hacía milagros y era el cordero de Dios, etcétera? A mínimo que uno tenga su coranzocito, desde luego algo le reconcomería el asunto. Y bueno, de esas cuitas y de sus peripecias trata Barrabás, una superproducción europea con apoyo de la Columbia Pictures y mucha sandalia.

Entre decorados gigantes (algunos más conseguidos que otros, pero todos destacan por su gran tamaño) y extras, el film aporta una de las características más habituales del género revitalizado allá por los 50: un reparto coral de estrellas y nombres más o menos importantes. Barrabás estaba protagonizada por el actor que podía interpretar a cualquier raza que no estuviera compuesta por arios rubios y de ojos azules: Anthony Quinn, un actor de resultados cualitativos variables pero que siempre imprimía una recia personalidad a sus personajes. Se deja ver también la bella Silvana Mangano (que sufre una de las lapidaciones más light y maquilladas de la historia), la racial Katy Jurado, un joven Vittorio Gassman haciendo de preso cristiano, un irreconocible Harry Andrews como Pedro, Ernest Borgnine que ni quita ni pone, y un estupendo y divertido Jack Palance haciendo de gladiador psicópata, quien es probablemente lo mejor del film. Su careto de enajenado cuando sale a la arena montado en su carro no tiene precio.

De la dirección se encargó el por lo general bastante competente Richard Fleischer, un director que se movía bien en todos los géneros y que cuando tenía los vientos a favor podía desmarcarse con films bastante potentes. En Barrabás el trabajo de Fleischer es por lo general sobrio y al grano, un gran trabajo de artesano a sueldo, aunque en los momentos en que el guión lo permite Fleischer se destapa con algunas escenas memorables, especialmente en la primera parte de la película. Aunque por encima de todas destaca la secuencia de la cruficixión de Cristo, para la cual Fleischer aprovechó un eclipse solar real y total. Los resultados son impresionantes, y sólo por esa secuencia esta película ya merece ser vista.

Barrabás es una buena película, que desde luego no está al nivel de una Ben-Hur, una Quo Vadis o alguna otra de las importantes del género, pero se deja ver, no se hace larga (cosa importante en este tipo de films), y tiene unos cuantos buenos momentos. Y ese eclipse solar impepinable.

Como dato anecdótico y vulgar, no sé por qué pero mientras veía la peli se me ocurría que si hicieran un remake nuestro Bardem podría ser un buen Barrabás. Resumiendo: que ahí lo dejo. Yo me lavo las manos.

4 comentarios:

TSI-NA-PAH dijo...

Es verdad que le va que ni pintado el papel a Bardem! Aunque nunca se acercara a Quinn, ni en sueños!
un abrazo

José Fernández dijo...

Esta la ví hace poquito y la verdad es que me parecio bastante aburrida; el cine biblico y analogos no me motiva mucho. Insisto en destacar Che! de la filmografía de Fleischer (joder, que pesado soy xD)

David dijo...

Jo! Esta la vi de chaval (y me gustó).
También me pareció curioso lo de tomar a un personaje del que nunca más se supo y montar la historia a partir de ahí.
Vaya... no recordaba que fuera de Fleischer.
Un saludo.

Möbius el Crononauta dijo...

Tsinapah: obviamente que no

José Fernandez: jajaja ok ok habrá que verla

David: y además, en la película al menos, no cargan demasiado con la moralina cristiana