domingo, 27 de marzo de 2011

Punto límite: cero (1971)

No es que sea un gran entusiasta de los coches, sí por mi fuera y pudiera, tendría a un chófer que condujera por mí, pero sé apreciar la potencia que esconde el rojo de un Ferrari, o lo hipnótico de los faros de un Porsche; y recuerdo con aprecio el coche de Fénix, el guaperas de El equipo A (¿qué era, un Maserati?). Pero en cuanto a utilitarios deportivos se refiere, seguramente con los coches pase como con el rock: seguro que Homer estaría de acuerdo conmigo en que la perfección del diseño de coches se alcanzó en algún punto de América allá por el 74. Los coches de los 50 eran elegantes, como zapatos de gamuza azul; los coches de los 60 y 70 eran salvajes, como las patillas de Joe Namath. No sé que tienen aquellos deportivos GT de los 70 que me subyugan: los Camaro, los Mustang, los Charger, y demás. Chupaban gasofa como unos hideputas, pero, ¡qué diseño! ¡qué estructura! ¡qué motores tan fascinantes! ¡Cuanta contaminación! ¿En qué momento la gente decidió que no quería oir sus motores? ¿Fue cuando murió John Bonham? En fin, no creáis que soy un experto, sin hacer averiguaciones seguramente no podría distinguir un Camaro de un Dodge Hemi Challenger (el protagonista de nuestra siguiente historia), pero cada vez que veo Bullit o una road movie de la época como nos ocupa, me entran ganas de saltar a uno de esos coches y quemar asfalto. Pero no sólo no tengo ningún GT ni nada que se le parezca, sino que además aquí no hay carreteras rectas y solitarias, y además si paso de 120 ya me da miedo seguir pisando el acelerador. Así que tengo que obtener mi adrenalina automovilística de las pelis.

Punto límite: cero (en el original, Vanishing Point) es una peli de culto de manual, que seguro figura en una neurona destacada en las mentes de los amantes de los coches americanos y las carreteras interminables. Lo de road movie aquí encaja perfectamente, desde luego no se andan por las ramas, no es que hayas muchas subtramas paralelas ni historias profundas más allá del asfalto, aunque seguro que algunos sociólogos podrían hacer una tesis sobre el desengaño americano de la Era de Acuario tras el punto álgido de Woodstock, o algo así. Desde luego en la película se dejan ver algunos jipis perdidos y sin rumbo después de que sus hermanos mayores se lo cargaran todo en Altamont: a unos les da por la religión, otros se dedican a meterse toda clase de drogas. Pero no hay que andarse por las ramas: esta peli va de persecuciones en coche a alta velocidad.

¿Es un equivalente de esa serie de pelis donde se dejó ver hace unos años el amigo Vin Diesel? No lo sé porque no las he visto, ni creo que me moleste, pero dudo que esa saga de cuyo nombre no quiero acordarme tenga la clase que rezuma esta peli. ¿Volkswagens Jetta? ¡Venga hombre! Es como comparar a un tío montado en un There Is Nothing Left to Lose con uno cabalgando un Machine Head. No hay color.

Barry Newman es uno de esos actores atado a un personaje. No sé si le molestará el asunto, pero desde luego toda su carrera posterior podría haber sido innecesaria. Si se hubiera retirado en el 72, el amigo Newman seguiría teniendo su puesto de honor como el inefable y enigmático Kowalski, un ex-malvadillo azul que se dedica a entregar coches de una punta a otra del país, y que decide que puede salir de Denver y llegar a California en un tiempo récord, atiborrándose de unos cuantos uppers por el camino. Pero por supuesto al brazo fuerte de la ley no le convencerá su velocidad media, así que, ¡ya hay lío asegurado!

La verdad es que con unos GTs tan estupendos se podría decir que las escenas casi se hacen solas, pero hay que reconocerle al director (quien quiera que sea) que logró sacarse de la manga unas cuantas persecuciones bastante potentes, con algunos momentos determinados cercanos a la gloria. A ello hay que sumarle una banda sonora de rock y soul nada despreciable (Bobby Doyle, Jimmy Walker, Delaney & Bonnie -tienen un camuflado cameo en la peli- o el momento viagro definitivo, cuando suena el "Mississippi Queen" de Mountain) y, bueno, a una rubia jipi angelical cabalgando desnuda una motocicleta, que nunca viene mal. ¡Ah! Tampoco falta la proverbial música de persecución de banjos.

Así que ya sabéis, si os gusta el estilo de las road movies de aquella época, y no habéis visto Punto límite: cero, ahí tenéis un título que chequear. Y si no os dicen nada, pues vaya, no sé, probad con un extraño remake protagonizado por Viggo Mortensen, donde de repente Kowalski tiene mujercita (WTF?), y vamos, no sé, me da en la nariz que no será lo mismo. Aunque si la chica de la moto es Peta Wilson, bueno, quién sabe, igual le hecho un vistazo.

Pero seamos serios, y vayamos a por the real shit. Ya lo dijo aquel sabio... When I'm cruisin' in overdrive, don't have to listen to no run of the mill talk jive.

10 comentarios:

Angus dijo...

La peli volví a verla hace poco, después de que pusiera de moda con Death Proof, y la verdad, me aburrió un poco. Pero los carracos esos, madre mía! Un amigo mío tiene un Camaro supersport de 68 que que se te caen los cojones al suelo sólo con el sonido que hace al arrancar.

Tío Marvin dijo...

Ey, a mí tampoco me gustó mucho esta peli, pero es verdad que el coche mola una barbaridad. Un dato más que la convierte en una cult movie: en el guión colaboró Guillermo Cabrera Infante. Además los Primal Scream también le dedicaron una canción (Kowalski) y un disco, Vanishing Point. Saludos!

Anónimo dijo...

El coche de Fénix es un Chevrolet Corvette (C4) del 84.
Por cierto, gran post, como de costumbre.

José Fernández dijo...

A mi esta me parecio bastante tediosa, más aún que Death Proof, que ya es decir, pero para gustos etc.
Me quedo con mucho con la primera versión de La Carrera de la Muerte del Año 2000, o como se llame, que ahora no me voy a poner a buscar el nombre.

Bounty Hunter dijo...

Yo también la ví "recomendada" por Tarantino. Y es que a parte de director, es un maestro del cine. Siempre dispuesto a darte una lección de história cinéfila.
A mi, me gusto. Porqué sin dejar de ser una road movie o película de coches, tiene algo más. O almenos eso me transmitió.
Porqué ese final a parte de sorprender te invita a reflexionar.
Quizás exagero y no hay nada filosófico en ella. Y es el guiño de Quentin el que me ciega, y perturba mi criterio.
En todo caso sigue siendo un film de culto, estatus que no se consigue sin razón alguna.

Möbius el Crononauta dijo...

Angus: yo como aburrirme no llegué a aburrirme, pero está claro que esto no es Guerra y Paz

Tío Marvin: quién habría relacionado al amigo Cabrera con esta peli!! La verdad es que Kowalski se merecía algo mejor que los Primal

Anónimo: ¡Corvette, cierto! Pues gracias, amiguete

José Fernández: pero las persecuciones no son tediosas, cóncedeme eso, al menos! ¿Te quedas con esa, sí? Bueno, aun no la he visto... la de Carradine dices, no

Bounty Hunter: el final es sorprendente desde luego, casi cortabolas. Curioso en definitiva. Y si el amigo Quentin te puso en la pista, bueno algo tendrá

José Fernández dijo...

Si que hablaba de la de Carradine (y Syl, ahivalahotiapues plas). A mi es que las persecuciones de coches no me dicen gran cosa por si solas, y el personaje de Kowalski ¿tiene algún rasgo por el que puedas llegar a interesarte por su destino?

Y con los Primal Scream no te pases, malandrín!! (aunque en directo son de evitar a toda costa).

Möbius el Crononauta dijo...

Kowalski tiene unas patillas dignas de admirar. Y Primal Scream... sinceramente, ¡me parecen un chiste!

Anónimo dijo...

Guillermo CAbrera INfante ya firmaba como "Caín" en sus críticas de cine para Carteles... lo cual era (también) una referencia oblicua a "Kane".

Siempre he oído decir que la participación de Cabrera en la película es bastante más amplia que la de simple "coguionista", pero me encantaría saber más sobre el tema.

Cleavon Little, el DJ, interpretó fantásticamente al sheriff negro de "Blazing Saddles".

A Caín casi le habría gustado la creativa y espantosa traducción del título en castellano, que en inglés significa "punto de fuga", es decir, un elemento del dibujo en perspectiva.

Un consejo: hay que dedicar más tiempo a pulir el texto. No está mal, pero más trabajado quedaría mejor.

Möbius el Crononauta dijo...

Gracias por el comentario y el consejo, aunque creo que no soy tan perfeccionista como Cabrera Infante. Pero se hará lo que se pueda.