lunes, 21 de marzo de 2011

El reinado de Elvis: 1974

Aquel 11 de mayo de 1974 Dread Zeppelin y Tortelvis todavía eran un sueño pesadillesco por engendrar, pero aquella ya noche ya colisionaron los mundos del dirigible y del Rey del rock. Tras el concierto de Su Majestad en el Fórum de Los Ángeles, Jimmy Page, Robert Plant y John Bonham tuvieron la oportunidad de conocer a uno de sus ídolos. El encuentro no fue difícil, ya que el promotor musical de ambas partes era el mismo, Jerry Weintraub. Ya durante el concierto, aquella noche, Elvis le había hecho un guiño a la banda más grande sobre la Tierra, parando una canción a mitad para volver a empezar, no sin añadir antes que los chicos de Led Zeppelin estaban viendo el show, y que más valía que pareciera que sabían lo que hacían. Bien sabía Elvis que Led Zeppelin eran el rival a batir, especialmente en el apartado de ventas. Y seguro que respetaba su reputación en directo. Aunque también era más que posible que a un guiño del presidente, hubiera puesto a los cuatro chicos británicos en bandeja del FBI. Con todo, como cualquier otro rockero sobre la Tierra, Elvis tenía curiosidad por aquella banda y su reputación.

¿Eran ciertas todas aquellas historias locas de Led Zep en las giras? "Claro que no", se apresuró a contestar Robert Plant. Ellos eran hombres de familia. Como Elvis o cualquier otra estrella de rock. Hombres de familia. Plant no podría evitar enseñarle al gran hombre su famosa imitación de Elvis, entonando "Love Me". Presley se partió de risa, e invitó a la banda a su suite. Durante un par de horas cantaron, hablaron y Elvis confesó que le encantaba la única canción que había oído de ellos, "Stairway To Heaven". Todavía hoy Robert Plant recuerda emocionado cuando se despidieron de Elvis, y éste asomó su cabeza por la puerta de la suite para despedirse con la estrofa de "Love Me", y volver a partirse.

En proceso de recuperación desde su hospitalización el año anterior, la nueva temporada comenzaría de nuevo en Las Vegas, el 26 de enero, aunque por consejo del médico personal de Elvis, el doctor Nick, se había reducido el tiempo a un par de semanas. Con el susto todavía reciente y un estricto control médico, Elvis subió al escenarios con un aspecto estupendo, y un nuevo vestuario que no incluía sus míticas capas. La salud anímica del cantante era, nunca mejor dicho, otro cantar, y en alguno de sus cada vez más bruscos cambios de humor, le espetó un "mala puta" a una fan que le arrancó un collar del cuello. Por lo demás, Elvis estaba encantado con su nuevo grupo vocal masculino, los Voice.

De todas formas aquellos que le conocían bien sabían que el buen aspecto de Elvis era un espejismo. No sólo porque en el pasado ya hubiera engordado para luego adelgazar y de nuevo ponerse kilos encima, sino que sus rabietas de estrella egomaníaca se habían convertido en incontrolados (y cada vez más absurdos e impredecibles) ataques de ira, y, lo que era peor, a todo ello había que añadirle la cada vez más voraz e irresponsable pasión de Elvis por las armas. Ya el año anterior, en Las Vegas, había estado a punto de llevarse por delante a su novia, Linda Thompson, tratando de apagar un interruptor de un balazo. Era la nueva costumbre de Elvis: disparar a interruptores para apagar luces, derribar lámparas, destrozar televisores a balazos. Evidentemente sus disparos incontrolados solían tener lugar cuando estaba atiborrado de drogas. Uno de sus pasatiempos favoritos era destrozar el televisor a balazos cuando aparecía alguno de sus cantantes más odiados (gente como Mel Tormé o el relamido crooner Robert Goulet), o, especialmente, cuando aparecía Karl Malden en Las calles de San Francisco. No era que odiara a Malden o la serie, sino que el protagonista era un tipo llamado Mike Stone, igual que el karateka que se había llevado a su chica, Priscilla.

En marzo Presley volvió a salir de gira, empezando por Tulsa, para después recorrer algunas localidades no demasiado grandes en estados como Texas, Virginia o Tennessee. El doctor Nichopoulos se fue de gira para monitorizar las ingestas de pastillas de Elvis (aunque inevitablemente, el coronel Parker, e incluso Vernon Presley, se quejaron por el coste que aquello suponía. ¡Ah, el color verde!). Elvis demostró estar en buena forma al enlazar una novia y una groupie con otra. Cuando una volvía a su pueblo, Presley ya tenía lista la siguiente. Quizás quería probarse que, respecto a las mujeres, él era tan bueno o mejor que aquellos melenudos británicos de Led Zeppelin. La gira cerró en Memphis, donde la RCA, por consejo del coronel, grabó el concierto para editar un disco en directo, ya que cada vez era más difícil arrastrar al cantante a un estudio de grabación. El disco se publicaría como
Elvis: As Recorded Live on Stage in Memphis, con una bonita foto del porche de Graceland en la portada.

Tras casi dos meses de descanso, que no le sentaron demasiado bien (Elvis ya se resistía cada vez más al estricto régimen pastillero del doctor Nick), el cantante realizó una minigira en California. Durante su estancia en Los Ángeles conoció a los chicos de Led Zeppelin, y saboreó un poco de las dosis de adrenalina a lo Frank Sinatra cuando sus guardaespaldas dieron una paliza a un promotor borracho que se presentó en la suite de Presley. Por supuesto Elvis no perdió detalle, como habría hecho el viejo Ojos Azules.

Tras otra serie de conciertos en el Sahara Tahoe Hotel, a Elvis se le metió en la cabeza protagonizar una película de kárate. En el último par de años su pasión por el deporte se había
disparado, como lo había hecho la de medio mundo, gracias a las pelis del entonces recién fallecido Bruce Lee (que por supuesto le encantaban al gran E) y la serie Kung Fu. Presley se veía a sí mismo como un cruce entre Shaft (la blaxploitation también estaba en su punto álgido en el gusto cinéfilo del Elvis) y un experto karateca. Para ello el cantante pidió la ayuda de un guionista y productor amigo de Jerry Schilling, que fue a visitar a Elvis para detallar las ideas generales del guión. Cuando llegó a Graceland, Presley estaba con el maestro karateca Ed Parker y el resto de la Memphis Mafia. Pero la reunión fue un fracaso, ya que Elvis estaba totalmente colocado. Ed Parker tampoco colaboró demasiado. Él quería hacer un documental realista sobre la disciplina, y finalmente logró encauzar el interés de Elvis en esa dirección. Bajo la dirección de Ed, y con el dinero de Elvis, se organizarían varios torneos que serían grabados para el film. El coronel aconsejó a Presley que no pusiera el dinero hasta no haber estudiado todos los detalles, pero su pupilo no le hizo caso y le dio el dinero a Parker a fondo perdido.

En junio, mientras Elvis estaba de nuevo girando, llegó una nueva separación a la familia Presley: la de Vernon y Dee. La relación entre Vernon y la madrastra de Elvis se había torcido con los años, y el hecho de que Vernon hubiera conocido a una joven enfermera selló el finiquito para aquel matrimonio. A Elvis no pudo importarle menos.

Tras unas semanas de descanso Presley volvió a Las Vegas en agosto, con un nuevo traje (estampado con adornos de pavo real) y un nuevo repertorio. Elvis decidió abandonar la intro de Strauss y recuperar temas más bluesies como "Big Boss Man" o "My Baby Left Me". Seguía habiendo versiones rockeras, destacando nuevamente la Creedence y su "Proud Mary", el "Promised Land" de Berry o la electrizante "Polk Salad Annie" de Tony Joe White. En el apartado más kitsch destacaba una versión de nada más y nada menos que Olivia Newton John: "Let Me Be There". Aquella primera noche el saludo especial de Elvis fue para el hombre del momento, Telly Savalas, que estaba causando furor gracias a la serie Kojak. De todas formas parece que el empuje de Elvis por renovar se fue diluyendo, y volvió a sonar Strauss y las baladas, menos arriesgadas que el blues negro.

Tras acabar la sesión en Las Vegas el 2 de septiembre con unas cuantas peroratas sobre su familia, Priscilla, y una negación pública sobre los rumores sobre drogas que dejó pasmados a muchos, Elvis partió para ir a descansar a Memphis. Allí se dejó ver ante las cámaras practicando kárate en la nueva escuela de artes marciales que había financiado, para luego irse de compras y regalar a los chicos unos cuantos coches.

Como cualquier artista, Elvis tenía noches mejores y peores, aunque era inevitable que los tiempos del aplastante especial del 68 comenzaran a quedar lejos, debido sobretodo a las drogas. De todas formas el sentir general de público y crítica seguía siendo positivo. El signo cada vez más preocupante de que algo iba mal eran los monólogos de Elvis, en otro tiempo graciosas, y ahora cada vez más largos e inconexos. En la temporada veraniega de Las Vegas Elvis había vuelto a arremeter contra el Hilton, quejándose ante su público de que no le gustaba aquella sala. De hecho aquellos monólogos parecían comenzar a dominar tanto las actuaciones de Elvis que el coronel decidió sacarse unos dólares editando bajo su recién estrenado sello propio el bizarro disco Having Fun with Elvis on Stage, que no eran sino descartes de la RCA de varios directos de Presley, que no eran sino justamente monólogos improvisados en escena. Quizás era la venganza del coronel por el hecho de que la segunda noche en Las Vegas Elvis se hubiera pasado quince minutos en escena realizando prácticas de kárate junto a Ed Parker, para sorpresa de los presentes e indignación del coronel.

Entre septiembre y octubre Elvis se fue de gira por unos cuantos estados de la Unión, mientras trabajaba junto a Linda en un guión para su peli de kárate. Cerró la temporada con otra rápida ronda de conciertos en Tahoe. Cierto día, en los camerinos, Red West detectó cierta cantidad de coca que, al parecer, era de Elvis. Él y Red ya la habían probado alguna vez en el pasado, pero parecía que Presley había decidido retomarla a ver qué tal. Aunque desde luego el plato principal seguían siendo las pastillas, de todos los tamaños y colores. En Tahoe las críticas fueron devastadoras. El estado físico del Rey volvía a ser preocupante.

Tras acabar en Tahoe Elvis y su otra novia importante de aquel año, Sheila Ryan, se fueron a Las Vegas para ponerse en manos del equipo del doctor Elias Ghanem. Las pruebas que le realizó no dieron resultados muy alentadores. El método del médico consistía en una dieta líquida y mucho reposo a base de sedantes. Evidentemente aquello no parecía ir a ningún lado. De todas formas durante su estancia en Las Vegas le visitó Jerry Schilling, productor oficial del proyecto karateka. La reunión fue fructífera, y Presley decidió regalarle a su hombre una casa para que iniciara con buen pie su nueva relación junto a Myrna Smith, una de las coristas del cantante.

Tras Las Vegas Elvis mandó a Sheila a casa y cayó en brazos de Linda Thompson, con quien
pasó el Día de Acción de Gracias. Unos días después el coronel accedía, de mala gana, a elaborar un plan empresarial para el documental de artes marciales. El 19 de noviembre el vomitivo National Enquirer sacaba en primera plana una foto bastante reveladora de Elvis, preguntándose en su particular estilo sensacionalista qué pasaba con el Rey del rock. El golpe debió ser lo bastante importante como para que el cantante se fuera con Linda a Las Vegas para ver de nuevo al doctor Ghanem. Durante su estancia Jerry volvió para comentar detalles del futuro film. Una noche Elvis se derrumbó en su habitación, solo. Logró llamar a Jerry, quien acudió corriendo, encontrando que Linda ya estaba allí. Ghanem estaba ilocalizable. Cuando apareció, Jerry se enfrentó con él. Creía que nada de aquello tenía sentido. ¿No era mejor acudir al doctor Nick? Finalmente todos volvieron a Memphis a pasar una de las Navidades más tristes que se recordaran en Graceland. El 24 un desilusionado Elvis cancelaba el proyecto de la película de kárate. El cantante estaba en caída libre, tanto física como anímicamente. El coronel hubo de reconocer que, según los informes de Ghanem, Elvis no podría actuar en Las Vegas el enero siguiente.




10 comentarios:

Dante dijo...

Hay que ver, tenerlo todo para acabar así.
Bueno, me quedo con su música.

Buen trabajo. Un saludo.

Pedro J. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
supersalvajuan dijo...

Suspicious mind forever!!!

ROCKLAND dijo...

Hoy compartimos mimso protagonista.

Por ciert, Plant hablando de su encuentro con Elvis.

http://www.youtube.com/watch?v=gXoHuEaPMG8

saludos!

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Esto ya se pone chungo de verdad. Acojonante pasión la de Elvis por el kárate. La verdad es que... bueno... es parte del encanto tener ese punto surrealista. Sobre el mítico encuentro con Led Zeppelin, ¿no fue en Graceland donde le visitaron? ¿Me estoy liando? Cuando Peter Grant se sienta encima de Vernon y casi lo ahoga.

✙Eurice✙ dijo...

Por encima de todo sigue siendo el Rey, único, genial, indiscutible.
Besos My Lord

José Fernández dijo...

Vaya, no sabía yo lo de la cocaína... bueno, ni muchos otros detalles que cuentas, pero lo de la farla pensaba que era un rumor. De hecho deje de comprar un libro de anecdotas del rock porque una de las que me dio tiempo a leer, antes de dejarlo en la estantería, era que Elvis tras meterse unos tiritos decidio que era tiempo de cargarse a Mike Stone de una vez por todas.

Bounty Hunter dijo...

Se me ha acumulado el trabajo y acabo de leer de golpe los dos últimos post de Elvis. Gran trabajo, como siempre.
Sobre los encuentros con Zeppelin. Hubo dos. El que comentas con el grupo al completo despues del concierto del Rey.
Y otro en Graceland donde acudieron Richard Cole y John Paul Jones.
Cole entró en la mansión del Rey lanzando palabras malsonantes por doquier, cosa que hizo que Elvis perdiera los papeles y s'enfrentara al malhablado con sus artes karatecas. Cole también se puso en guardia y su reloj cayó al suelo. Esta situación provocó un intercambio de relojes de lo mas delirante. El tour manager de Zeppelin recibio no sin antes despreciar el suyo propio, uno de oro con diamantes de manos del anfitrión. El bajista comedido como de costumbre se quedo al margen en todo momento. Hasta que el Rey se fijó en el y volvió hacer un cambio. Lo graciosos del asunto es que era un reloj de Mickey Mouse por otro de oro.
Pero la cosa no terminó aquí. El rey quería mas y esta vez fueron anillos los que se intercambiaron entre Cole y el gran E. Me gusta como adjetivo jejejeje.

Möbius el Crononauta dijo...

Dante: habría que ver también si es tan fácil tenerlo todo...

supersalvajuan: indeed!

Rockland: vi la entrevista, sip. Le siguen brillando los ojillos cuando se acuerda

Aitor FP: esa visita ocurrió en 1975, que los envidiosos de Cole y Jones también querían su raciónd e Elvis...

Eurice: pos claro

José Fernández: bueno no puedo afirmar que no sea un rumor, pero no me extrañaría que al menos la hubiera probado. Pero lo que todos sabemos es que lo suyo eran las pastillas. Pero los hermanos West mencionan la cocaína en su "Elvis, What Happened?"

Bounty Hunter: jeje ahora ya no hará falta que lo cuente yo. Lo de gran E juraría que salía en el libro de los West.

Dante dijo...

Pues sí, hay le has dao.