domingo, 13 de marzo de 2011

El reinado de Elvis: 1973

Las ruedas del avión chirriaron de forma diferente aquel 9 de enero en la pista de Hawái. El Rey estaba de vuelta para epatar al mundo via satélite, y dejar claro a todos que ningún patilludo británico podía quitarle el puesto. Elvis iba a llegar en vivo a millones de hogares en todo el mundo, y para ello había perdido 11 kilos. Era hora de volver a mostrar al mejor Elvis posible.

Habría dos shows, el 12 y el 14, que comenzarían con el consabido"Also Sprach Zarathustra" para dar paso a la veloz "See See Rider", seguida del "Something" de los Beatles (al que daba un excéntrico toque country bastante jugón), "You Gave Me A Mountain" y "Steamroller Blues". Venían más versiones, viejos clásicos como "Blue Suede Shoes", y alguno de sus éxitos recientes. Los conciertos se cerraban con la patriótica "An American Trilogy" (un tema arreglado por Mickey Newbury que reunía Norte, Sur y América Negra en una sola canción, mezclando partes del himno sureño "Dixie", el espiritual "All My Trials" y el tema de batalla "The Battle Hymn of the Republic"), "A Big Hunk O'Love" y "Can't Help Falling in Love". La respuesta del público fue histérica, y en sus hogares millones de televidentes vieron con sus propios ojos que Elvis todavía tenía mucho que decir, mientras desprendía glamour y brillos de lentejuelas desde sus gigantescas solapas.

Un par de semanas después Elvis comenzaba su habitual ronda de conciertos en el Hilton de Las Vegas. Durante aquellos días de descanso el cantante había vuelto a engordar en un tiempo récord. De hecho cuando le vio su amigo y fan Muhammad Ali, el supercampeón de los pasados, parecía que hubieran pasado 10 años en vez de seis meses desde la última vez que se vieran.

Seguramente no sorprendió a nadie que tras la marcha de Priscilla la ingesta de medicamentos y pastillas se hubiera incrementado de forma alarmante. La preparación para el Alloha from Hawaii había sido un oasis en medio del desierto farmacológico. Un mero espejismo. Y la necesidad del bálsamo de la farmacopea se acentuó tras el 18 de febrero.

Aquel día, durante su concierto de medianoche, finalmente las amenazas que habían puesto en guardia a Elvis y los suyos tiempo atrás se hicieron realidad, y cuatro tipos intentaron subir al escenario con aviesas intenciones. Red West se deshizo de uno mientras el bajista Jerry Scheff y Jerry Schilling trataban de despachar a los otros. Elvis puso su kárate en marcha y envió a uno de los asaltantes fuera del escenario. El padre de Elvis y otros trataron de agarrarle, pero Presley estaba fuera de sí. Tom Diskin, la mano derecha del coronel, le dijo que se calmara y pensara en su público. El concierto prosiguió, pero Elvis le hizo saber a su público que lamentaba "no haberle roto el maldito cuello a ese tipo, eso es lo que siento".

Aunque el informe policial finalmente reveló que todo se había tratado de unos fans exaltados que no habían tomado las sustancias adecuadas, en la mente de Elvis la conspiración era evidente, y seguramente se trataba de un asunto de drogas. Iban a por él por ser un agente especial. O mejor aún, eran matones enviados por Mike Stone. Sí, aquello tenía sentido. Sonny West se quedó de piedra cuando Elvis le dijo lo que debía hacer: deshacerse de Mike Stone. Aquel bastardo debía morir.

Sonny, como buen yesmen que era, se preguntó como librarse de aquel encargo. No podía. Tan sólo podía rezar porque finalmente al gran E se le pasara el enfado. Tras unos días y unas llamadas dio con un tipo que lo haría por diez mil dólares. Cuando Sonny le habló del asunto a Elvis, por suerte para todos, éste ya se hallaba más calmado, gracias a los sedantes recetados por los diligentes médicos. El asunto de matar a Mike Stone quedó allí. Por ahora. Pero no sería mala idea llevar una de esas pistolas que se esconden en la bota, en todo momento. Eso pensó Elvis, y eso hizo hasta sus últimos días. Aquello significaba que habría más pastillas, y más armas a su alrededor. Y más dinero: el coronel llegó a un acuerdo con la RCA y el catálogo de su cliente pasó a manos de la compañía (que hasta entonces solo tenía derechos de los másters).

El 4 de abril se rentransmitía el especial de Hawái en todo el país, copando un 57% de pantalla. Poco después Elvis se iba a San Francisco para participar en un torneo de karate, pero el coronel se opuso. Nada de apariciones públicas sin que el mánager supervisara el evento. Su instructor coreano Khang Ree le animó, y tras decirle que no tomara drogas (Elvis le enseñó su placa de antivicio -¡nadie más limpio que él!) y le subió a cinturón negro de séptimo grado. Como todos los que le rodeaban, Ree tampoco parecía esforzarse realmente en intentar alejar a Elvis de sus vicios. Y es que, además, ese primer paso de reconocer el problema no parece que acabara de llegar.

El 22 Elvis comenzaba una pequeña gira por la costa Oeste, que cerró en Denver. Poco después le programaron 17 días en Tahoe, dos semanas de trabajo por 300 mil machacantes. Las críticas de los reporteros no fueron buenas. Decían que al gran Presley se le veía gordo y aturdido. El cantante ni siquiera pudo completar las dos semanas, y canceló las últimas fechas, lo que le costó al coronel cien mil dólares de prima. El bolsillo le dijo al viejo bribón que algo había que hacer respecto al cada vez más errático protegido. El abogado de Elvis se puso en contacto con su particular hombre de la ropa sucia, un ex-detective de Narcóticos de la policía de Los Angeles, para que averiguara de donde salía tanta pastilla.

De la investigación salieron unos cuantos nombres: un médico de acupuntura, un dentista, y un par de galenos de Las Vegas. El famoso doctor Nick quedó fuera de la investigación porque Vernon Presley intercedió por él. Mientras los informes iban y venían, Elvis casi tuvo una sobredosis estando de gira en St. Louis, para pocos días después desmayarse ante su abogado, otros picapleitos y un periodista. Pensaron entonces en presionar a los médicos, en conseguir ayuda de agentes estatales, en presionar al entorno de Elvis, y decirle al gran hombre que le vigilaban. Pero evidentemente fue todo agua de borrajas. ¿Cómo obligar a afrontar la verdad al hombre que te paga las facturas?

En julio Elvis tenía programadas nuevas sesiones de grabación (la RCA estaba falta de material y habían logrado arrancarle al coronel aquellas grabaciones), pero la primera noche Elvis ni se presentó, y el resto de noches no fueron mejor. De 30 temas iniciales sólo se habían grabado ocho. La RCA no quedó contenta, el coronel tampoco, y el pobre Felton Jarvis, supervisor y productor, pagó el pato. Su trabajo junto a Elvis pendía de un hilo.

Cuando el 6 de agosto Elvis volvió a Las Vegas, las críticas fueron más devastadoras que nunca. Seguramente el 99.9% de los fans que le vieron salieron tan entusiasmados como siempre, pero la prensa especializada, siempre dispuesta a arrugar la nariz, se cebaron con el peso de Elvis y su aparente incapacidad para sacar el show adelante como en los viejos tiempos. Todo era "trágico, descorazonador y absolutamente deprimente". El coronel tampoco debía andar muy contento, sobretodo cuando se enteró de una de las improvisaciones de letra en "Love Me Tender" que Elvis había metido cierta noche: "a la mierda el Hotel Hilton, y que se joda la sala también". Y otra noche tras el concierto Elvis decidió hacer una demostración de karate y una mujer acabó con un tobillo roto. Denuncia y dinero para acallar el asunto. Algunas noches después, más referencias al Hilton. Los gritos del coronel en el camerino se pudieron oir en el desierto del Mojave.

Más tarde aquella noche, tras una fiesta, Elvis se lanzó a una de sus diatribas sobre el coronel, abriendo con la típica "¿Quién se cree que es ése [siguen insultos varios]?". Sacó a colación su vieja frustración de actuar en Europa, algo que siempre le había prohibido el coronel, tal vez porque no era estadounidense y no tenía sus papeles en regla para poder viajar allí, decían los rumores. ¿Y las deudas del coronel que se acumulaban en los casinos? El cantante hizo que le trajeran a su representante. Ante los alucinados ojos de los que se hallaban presentes, vieron, por primera vez, despellajarse al tándem mánager-estrella de rock. El coronel y Elvis se lanzaron toda su mierda acumulada. La carroña voló alto aquella noche. La escalada armamentística tocó techo cuando Elvis pronunció la frase mágica: "Estás despedido". El coronel respondió que no podía despedirle. Y si lo hacía, había un montón de dinero que todavía le debía. Cuando la reunión acabó, Parker se fue a su despacho y preparó un memorándum pormenorizado de todo lo que creía que se le debía. Durante los días siguientes Jerry Schilling y Sonny West actuaron de intermediarios entre el coronel por un lado y Elvis y Vernon por el otro, quienes estudiaron atentamente el documento de Parker.

The two greatest: Elvis y Ali

Vernon estaba preocupado. Parker pedía mucho dinero, y no sabía como él y su hijo iban a pagarle, o quién les podría asesorar. Mientras, Elvis se gastaba 100.000 dólares en contratar a un grupo vocal que le gustaba, The Voice. El pulso duró prácticamente hasta principios de septiembre, cuando la temporada en el Hilton tocaba a su fin. Fue Elvis quien decidió dar el paso decisivo: "Tenemos que llamar a ese hijo de puta. Él no nos va a llamar". Aquella llamada pareció enterrar el hacha de guerra. A finales de septiembre se concertaron nuevas sesiones de grabación, pero Elvis parecía más interesado en hacer que el tenor de los Voice Sherril Nielsen se hiciera un transplante de pelo. El coronel clamó al cielo nuevamente. Todo parecía volver a su cauce.

La sentencia del divorcio de Elvis y Priscilla se dictó finalmente el 9 de octubre. Tras el acuerdo al que habían llegado unos meses atrás, finalmente Priscilla había pensado que 100.00 dólares y una modesta pensión (para los estándares de los divorcios millonarios) no eran suficientes, y por tanto había pedido más. No era algo que le quitara al sueño a Elvis, aunque sí seguramente a Vernon. De todas formas tanto Elvis como Priscilla salieron sonrientes del juzgado y cogidos de la mano. Aunque a Priscilla le había impactado el deterioro físico de su ex-marido.

Tras el juicio Elvis se fue a pasar un tiempo en California. El día 15 comenzó a tener problemas respiratorios, y cogió urgentemente un vuelo hacia Memphis. Cuando llegó al hospital Baptist Memorial el cantante se encontraba en estado semicomatoso. Un horrorizado doctor Nichopoulus acudió al rescate. Presley estaba más hinchado que nunca.

Tras estabilizarle Elvis pudo mascullar algo de una acupuntura, esteroides, y unos pinchazos diarios que no sabía que eran, y que le inyectaba su médico de las agujas. El doctor Nick averiguó que se trataba de Demerol, un potente analgésico. Decidieron entonces tratar a Elvis con Fenobarbital y metadona, además de notar que, como consecuencia de la cortisona, el glaucoma leve del cantante seguía ahí. Poco a poco Elvis fue mejorando, pero en cuanto pudo se saltó la dieta e hizo que le llevaran hamburguesas al hospital. Mientras, el doctor Nick y Joe Esposito fueron a Graceland y llevaron a cabo el cervantino plan de deshacerse de todas las pastillas que encontraron por allí.

Tras salir del hospital, durante las primeras tres semanas Elvis fue supervisado de cerca por el doctor Nick, con quien solía desayunar casi todas las semanas. La estricta dieta del cantante pronto se fue a la porra, e incluso Nichopoulus tuvo que recetarle unas moderadas cantidades de somníferos para que pudiera dormir un poco. Cuando se enteró de que algunos de los chicos no podían evitar cumplir los recados de Elvis, el propio Nick se encargó de preparar pequeños paquetes de medicamentos para, al menos, controlar lo que se metía en el cuerpo el Rey. La bella Linda Thompson estuvo en todo momento al lado de Elvis, tratando de ayudar en lo que podía al doctor Nick.

Tras haber descansado un par de meses, en diciembre Elvis volvió a los estudios de la Stax (sede de las últimas y poco productivas sesiones), con Felton de supervisor, aunque se le impuso a un ingeniero desde Nueva York. El coronel seguía pensando que Felton ahogaba la voz de su protegido con tanta producción. Elvis llegó más animado a estas sesiones, y se finiquitaron temas como el "Promised Land" de Chuck Berry. Al acabar las sesiones llegaron las Navidades, que Elvis pasó relajándose junto a Linda o jugando al frontón con el doctor Nick. Pero el insomnio del Rey seguía siendo un problema.

Con las últimas campanadas de 1973, Elvis cerraba otro año de éxitos, aunque si de algo podía sentirse satisfecho era de seguir entre los vivos.

12 comentarios:

Alex Noiser dijo...

Interesantísimo tu post acerca del rey del rock :)

Tengo un blog de rock n roll con un colega, por si te apetece pasarte, gracias!

http://www.apettite-for-prostitution.blogspot.com/

ÁNGEL dijo...

Un post magnífico. Para que luego digan que la cultura solo está en los libros.

Un saludo.

Cinemagnific dijo...

Te lo has currado tela, colega :)

Perem dijo...

Me se de uno al que le va a entusiasmar la entrada.

He de reconocer que nunca he conseguido entrar de lleno en el universo Elvis.

Un saludo

José Fernández dijo...

Buff, esa foto con Priscilla... telita. ¿Todas la fotos son del mismo año?

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Maldita sea, siempre calentando... si quieres un sicario para matar a alguien, hazlo. Pero no te quedes a medias, Elvis. Claro que la presencia de un tal Doctor Nick compensa cualquier cosa. Porque un Doctor Nick especia todo. Pobre Doctor Nick. Gracias por seguir con la saga, Crononauta.

Johnny Dibud dijo...

Como siempre, otro post cojonudo en este repaso de Elvis. Por cierto, el tema del video suena de escándalo. Saludos.

ROCKLAND dijo...

Perem, ¿Ese soy yo? Ja,ja,ja,ja.

Mañana me pongo el DVD del Aloha a vuestra salud!

Saludos.

paulamule dijo...

De uno no Perme. Ya somos dos y yo lo vi primero.
Salud.

Dante dijo...

Elvis vive.
Magnifico post.
Un saludo.

Víctor Hugo. dijo...

Sólo hay un Rey del Rock, guste o no guste. Y es él.
Por cierto, viendo las fotos siempre me viene a la cabeza una pregunta: ¿por qué los que se disfrazan de Elvis lo hacen justamente de este período en el que estaba pasadete de kilos?
Vale que sea porque sus trajes eran ma´s estéticos, ¿pero no puede ser tal vez porque los que lo hagan sean "anchos de hueso" como dicen las madres y así ya matan dos pájaros de un tiro?XD

¡Saludos!

Möbius el Crononauta dijo...

Alex Noiser: gracias. Ok le echaré un vistacillo!

ÁNGEL: indirectamente, así es xD. Pero gracias!!

Cinemagnific: gracias. Su ratillo lleva, sips

Perem: pues es una pena, ¡Elvis es muy grande!

José Fernández: hasta donde yo sé, sí, lo son

Aitor FP: pobre doctor sí, con sus recetas locas, aunque sólo quería ayudar. Es un calientasicarios, vaya.

Johnny Dibud: temazo, vaya que sí

Rockland: ¡seguro que lo eras!

paulamule: ahi ahi, reivindicando

Dante: 'gracias!

Victor Hugo: porque es más glamuroso, no sé... una ley no escrita anglosajona