domingo, 6 de marzo de 2011

El forajido (1943)

Seguramente El forajido es, junto con Los caballeros la prefieren rubias, el film más emblemático de la carrera de la malograda Jane Russell. Aunque nunca llegó a alcanzar el estatus legendario de una Marilyn (con la que compartió cámara en Los caballeros...), en su época fue una de las estrellas rutilantes de Hollywood. Por supuesto, había actrices mucho mejores que ella, y también las había peores, pero por suerte o por desgracia, su poderosa anatomía podía suplir cualquier otra carencia. Y fue precisamente esa anatomía la que le abrió las puertas de Hollywood cuando el magnate, productor e icono americano, Howard Hughes, se fijó en ella. O quizás debiera decir en ellas, para ser más exacto.

Jane Russell trabajaba de recepcionista para un dentista y ejercía de modelo, pagándose clases de interpretación (su vocación artística estaba alentada por su madre, una antigua actriz de provincias), cuando la fama llamó a su puerta en forma de audición.

Después de que Hollywood se hubiera puesto a buscar a la perfecta Escarlata O'Hara, las audiciones de ámbito nacional estaban, por decirlo así, de moda, al menos entre aquellos productores que podían permitírselo. Y el multimillonario Howard Hughes podía permitírselo todo. Su idea era rodar un western y para ello necesitaba a su Escarlata. Pero la búsqueda por todo el país sería totalmente Hughes' style, y lo que precisaba el gran magnate eran, simplemente, un buen par de pechos. Y por lo que imaginamos, no debió encontrarlos mejores que los de la Russell.

Fue así como con solo 20 añitos Jane Russell hizo su debut en el cine junto a ilustres secundarios como Thomas Mitchell o Walter Huston en lo que sería la particular versión de Hughes de la leyenda de Pat Garrett y Billy el Niño. El forajido desde luego no iba a ser una superproducción al estilo de Los ángeles del infierno (sólo monoplanos, nada de moteros, ojo), sino simplemente un western de serie B con el que regresar a la producción cinematográfica tras unos cuantos años centrado en el diseño de aviones.

Bueno, en realidad El forajido debe ser seguramente la excusa pajera más cara de la historia. Desde luego Howard Hughes no andaba pensando en rodar La diligencia, sino más bien su obsesión era poner unos buenos pechos en la pantalla. Quizás hubiera sido más barato rodar un film porno casero con la Russell, pero no parece que ése fuera el estilo de Hughes. Además, se dice por ahí que, a diferencia de a muchas otras, el verde de Howard respetaba realmente a la actriz y se contentaba con rodar sus rotundas formas, aunque otros, entre ellos la propia Russell, afirman que con el tiempo Hughes trataría de llevársela a la cama, pero para entonces Jane se acababa de casar y no estaba por la labor.

El director asignado a la cinta fue el incauto de Howard Hawks, quien por un momento debió pensar que iba a rodar un film de verdad. Pero cuando vio el percal lo dejó a las dos semanas. Entonces Hughes despidió al director de fotografía y se trajo al prestigioso Gregg Toland, junto con quien, dicen, dirigió la película. Aquella era su película y todo debía salir según sus planes.

Una de las anécdotas más famosas del rodaje concierne a un sujetador especial que Hughes ordenó diseñar a los ingenieros de su empresa aeronáutica. Los ingenieros cumplieron sus órdenes y entregaron un sujetador de última tecnología que realzara los atributos de la actriz. Pero Jane Russell lo encontró sumamente incómodo y se negó a llevarlo. A continuación, de nuevo, más versiones. Según la primera, la Russell lo rechazó y todo siguió su curso. Conforme a la segunda versión, nadie le contó a Hughes lo del sujetador, pero el placebo funcionó y el magnate no notó la diferencia, con lo que pudo babear todas las veces que quiso con el efecto de su supersujetador. También quien dice que, a pesar de que el sujetador nunca se usó, significó un avance importante en la tecnología de los sostenes. Quién sabe. ¿Le deberá la humanidad el wonderbra y los pushups a la lascivia de Howard Hughes?

La película fue acabada en 1941, pero, como cabía esperar, su camino hacia el éxito chocó de lleno contra el férreo control de los censores del Código Hays. Evidentemente pusieron pegas respecto a tanta pechuga, y Hughes aceptó quitar algo del metraje más comprometido. Aun así no fue suficiente para los vigilantes de la moral, pero esta vez Hughes se opuso a recortar más escenas, así que guardó los rollos de película en su caja fuerte y se lanzó a una campaña mediática para hacer presiones sobre los censores. La campaña incluyó abogados, prensa, cintas métricas que medían el escote de la Russell, y cualquier subterfugio que pudiera brindarle apoyos. El público se volvió loco y empezó a reclamar su derecho a ver pechotes en la pantalla. Por fin, en 1943, Hughes logró proyectar su film de forma restringida en algunos cines durante una semana, pero de nuevo los de la Oficina Hays protestaron y El forajido fue retirado. En los siguientes años aquellos que habían podido ver el film extendieron rumores y leyendas, y ya sabéis el boca a boca lo que puede llegar a distorsionar. Mientras la rumorología convertía el contenido de El forajido en algo de proporciones homéricas, la expectación por ver la cinta fue creciendo hasta límites paranoicos. Finalmente la película fue estrenada en 1946 con un éxito apabullante tras un metáforico dolor de huevos nacional. Y aun entonces Hughes tuvo problemas y acabó demandando a los censores, aunque perdió todos los juicios al respecto.

Y bien, ¿qué se puede decir de El forajido hoy en día? Bien, pues definitivamente no se trata de Centauros del desierto. El principio de la cinta no está mal, sobretodo gracias a esos estupendos Walter Huston y Thomas Mitchell, aunque unos epatantes efectos sonoros de chasco en plan "wauwauwauwauuu" ya nos dicen que esta peli no va a ser la piedra angular del cine. Y, efectivamente, en cuanto el personaje de Jane Russell comienza a tener escenas para ella sola, el ritmo, y todo lo demás, decae de forma alarmante, signo evidente de que Hughes estaba para entonces centrado en otras cosas. Eso sí, esas cosas ciertamente no decaen, y siguen siendo, varias décadas después, uno de los principales alicientes para ver la peli.

Más o menos eso es todo lo que hay en El forajido, o el western que fue una excusa para sacar en la pantalla unas valiosas glándulas mamarias. La pobre Jane Russell tal vez se librara de los apetitos sexuales de Howard Hughes, pero no se libró del contrato de siete años que había firmado con él, por lo que se pasó todo ese tiempo rodando más fantasías secretas del magnate entorno a su busto atómico.

6 comentarios:

sylvia dijo...

Me preguntaba si ibas a dedicarle un recuerdo :) Buenísima Jane Russell en 'Los caballeros...', una peli que me encanta.

David dijo...

Mejor en la peli que mencionan arriba, sin duda.
Un saludo.

Dante dijo...

Por lo que veo, Hughes se guiaba por la premisa: "Tiran mas dos tetas que dos carretas". Aunque supongo que mas de un productor se mueve por eso.
Muy interesante la entrada.
Un slaudo

José Fernández dijo...

Pechuugas... (pronunciese a lo Homer, pon favó).

En realidad yo pasaba por aquí para dejarte esto:

http://www.collegehumor.com/video:1948233

paulamule dijo...

Ya conocía lo historia del sujetador. Ja, ja, ja. Qué bueno. Inovlidable la imagen de esta mujer en esta película.
Salud.

Möbius el Crononauta dijo...

sylvia: se merecía un recuerdo, desde luego

David: eso me temo, sips

Dante: gracias. Desde luego Hughes se guiaba por eso y por otras partes del cuerpo

José Fernández: jojojo que chorrada más chorra

paulamule: sí, despampante momento del cine