viernes, 11 de marzo de 2011

Alma en suplicio (1945)

La verdad es que hay que admirar a Joan Crawford, una mujer de vida fascinante con más vidas que un gato, que comenzó a ser una estrella en los tiempos del mudo, y cuando todo comenzó a venirse abajo un par de décadas después, ella logró resurgir, mientras otras viejas glorias del mudo languidecían o se autoconsumían. Y volvió a caer, y volvió a subir, década tras década, hasta su canto de cisne con esa maravillosa ¿Qué fue de Baby Jane?. Aunque después ya no hubo escapatoria posible, pero aun así la Crawford lo siguió intentando hasta finiquitar su carrera en la gran pantalla con esa esperpéntica y casposa Trog que, desde luego, algún diría merecerá la atención de este pequeño blojjj.

Pero por el momento retrocedamos a esos años 40, con Guerra Mundial de por medio y una mujer que odia a los espejos porque muestran el inexorable paso del tiempo. Evidentemente, Joan Crawford no quería hacerse mayor. ¿Acaso lo quiere alguien? Y aquel no era su único problema: el estudio que la había formado, que la había visto crecer, que había comenzado su constelación de estrellas con ella, la MGM, ya no la quería allí. Ya sabéis, en el diccionario si buscáis "capricho" sale la foto de la Crawford. Y tanto capricho acabó por sacar a todos de quicio, sobretodo, porque la gran estrella encadenaba fracaso tras fracaso, exigiendo papeles, rechazando otros como si tal cosa, y, en resumen, fastidiando como si sus películas siguieran haciendo millones. Así fue como la Crawford salió de la MGM para poner sus ojos en la Warner Bros. Cuando supieron la noticia, los trabajadores y curritos de los estudios Warner se pusieron a temblar. ¡Cuidado, viene la Cranberry!

El primero en volverse loco con la actitud imposible de la Crawford fue Jack Warner. Allí estaba aquella actriz, declarada oficialmente "veneno para la taquilla" (la pesadilla de cualquier actor o actriz, y más si esta actriz ya está cuarentona), echada de la MGM, y con un sueldo reducido en la Warner, que la había acogido casi como favor personal, rechazando un papel tras otro. Evidentemente, ninguna historia parecía suficientemente buena para ella. Y menos aun, aquellas que sabía que le ofrecían después de que Bette Davis, el ojo derecho de Jack, y némesis de Joan, los hubiera rechazado. Llegada al estudio en 1942, la Crawford tardó nada menos que ¡2 años! en encontrar un papel a su gusto. Y ese papel fue, en efecto, el de la atormentada Mildred Pierce de Alma en suplicio.

La novela original ya había sido uno de esos bocados por los que se pelean los estudios, y la Warner había ganado la partida. No se puede negar que Joan sabía lo que se hacía al elegir aquel papel. Por otro lado, el libro trataba un tema espinoso (adulterios y asesinato), y la censura estaba al caer. El guión fue de aquellos que necesitó varias reescrituras y varias plumas (incluidas la de todo un William Faulkner, aunque al parecer sus contribuciones acabarían en la papelera), hasta que finalmente se logró algo lo bastante sustancioso como para seducir a la quisquillosa actriz. Aunque finalmente se comenzaría a rodar sin un guión acabado. Para dirigir la cinta Jack Warner puso tras la cámara a su mejor hombre, Michael Curtiz, el hombre cuyo rostro aparecía en el diccionario junto a la definición de "todoterreno".

Si habían pensado ustedes que Joan Crawford obtuvo un papel jugoso sin luchar, se equivocaron. Tarde o temprano, la actriz tenía que sacar ímpetu y coraje y volver a por lo que era suyo. Insufrible, sí, pero se había ganado su estatus a pulso. Y no había a dejar que otra actriz le quitara aquel papel tan bueno. Lo malo es que aquella otra actriz era toda una Barbara Stanwyck.

La Stanwyck no era una cualquiera, era una gran estrella que además llevaba varios años haciendo sonar las cajas de la Warner. Barbara tenía su peso en el estudio, y más aún, tenía a Curtiz de su parte. El sempiterno cascarrabias húngaro se había horrorizado cuando le habían sugerido a Joan Crawford como su Mildred Pierce. El director ya había hecho saber su negativa a dirigir a aquella "zorra temperamental".

Mientras los leones duermen, allá en la sabana, las leonas siguen atentas, conocedoras de todos los trucos. Y Joan Crawford era una leona que llevaba cazando mucho tiempo. Si ya no hay músculo para cazar a la gacela, hágamonos pasar por una, y que así se acerque ella. Fue así como nació para el mundo la Joan Crawford humilde que, cuando quería, la estrella hacía salir para su propio interés, y para asco de Bette Davis. La Crawford le hizo saber al productor que, dada la competencia, y a pesar de su largo historial de películas, estaba dispuesta a hacer una prueba para el papel. ¿La Crawford rebajándose a rodar una audición? Al pobre Jerry Wald se le debieron salir los ojos de las órbitas. "¡Que me aspen!", como se solía decir por entonces.

Y llegó la prueba, y, de nuevo, la vieja magia de Hollywood. Curtiz comenzó a rodar la prueba de mala gana, para salir maravillado (o eso decía la Crawford) de aquel trance. Maravillado o no, desde luego el húngaro debió ver allí a su Mildred, por lo que le dijo a Wald que aceptaba trabajar con ella, pero que más valía que supiera "quien era el jefe".
Alma en suplicio trataba de una mujer que luchaba contra todo y contra todos por el bienestar de sus hijas. En ciertos aspectos, casi parecía un retrato de los crudos tiempos en que la estrella trataba de salir adelante sirviendo mesas, aunque no por sus hijas, sino por ella misma. Pero la capacidad de salir adelante de Mildred eran tan férrea como la de la propia Joan.

La trama de Alma en suplicio no deja de ser un cuidado melodrama que si no fuera por tener un buen guión, estar protagonizado por Joan Crawford y dirigido por Curtiz, tal vez pudiera haber sido pasto de horario de sobremesa. Pero, como diría Cantinflas, ahí está el detalle. Alma en suplicio es un melodrama bien escrito con unas pizcas de cine negro. La dirección es compacta como suele serlo el cine de Curtiz, y por momentos, en determinadas escenas, se deja sentir, visualmente al menos, la huella de Ciudadano Kane.

En cuanto al reparto, de los actores masculinos, el único que logra mantenerle el pulso a la Crawford es Jack Carson, estupendo como el eterno aspirante de Mildred, aunque en vez de ser el típico "otro" gris y lloroso, es un tipo alegre y desenfadado que aporta los momentos más ligeros de la película. En el lado femenino, aparte claro está de la gran estrella, destaca el controvertido papel de Veda, la arpía hija de Mildred, para el cual se probaron a centenares de jóvenes promesas, hasta que, cuando casi parecía que Shirley Temple sería la elegida, Curtiz la rechazó en su inimitable estilo (e inteligible acento): "¡Genial! ¿Y a quién contratamos para el amante de Mildred? ¿A Mickey Rooney?". Fue así como el papel fue a parar a la joven promesa Ann Blyth, una actriz que provenía de los musicales de Broadway, y que a su poderosa retaguardia pudo añadir una buena interpretación de esfinge maligna que le supuso una nominación al Oscar (aunque la única estatuilla del film sería para la Crawford) y su lanzamiento a una carrera de muchos y buenos papeles.

Con el papel de Mildred en el bolsillo, al comenzar el rodaje la antigua Crawford volvió por sus fueros, y empezó a volver loco al ya de por sí hombre de mecha corta Michael Curtiz. Si en la prueba que hizo para el director la actriz había llevado poco maquillaje y parecía una ecce ama de casa, ahora Joan Crawford se negaba a no aparecer glamurosa en pantalla. Si salía en la cocina haciendo la comida para su maridito, la actriz se negaba a deshacerse de sus míticas hombreras. Si salía vestida de enfermera, se ponía tacones kilométricos de fiesta. Y fue así como Curtiz empezó a desgarrar vestidos y a quitarle el pintalabios a manotadas, provocando la huida hacia sus camerinos de una estrella llorosa. Por lo general, en la MGM había trabajado con directores que se plegaban a sus órdenes, o bien cineastas sensibles (Gable los habría llamado afeminados) que entendía sus necesidades como estrella y actriz. Pero Curtiz no era ni lo uno ni lo otro, y, desde luego, el protocolo y la galantería no eran lo suyo.

Fue el productor Jerry Wald quien tuvo que poner paz entre Crawford y Curtiz, hablando a una de usar hombreras más pequeñas, que nadie iba a notar nada, y al otro, que si las actrices y las mujeres son seres sensibles y que no se les puede tratar como a sacos de patatas o a Errol Flynn. Y todo eso mientras aplacaba a tito Warner, quien cada día clamaba al cielo porque se estaba rodando con un guión sin terminar. Créanme, hubo una época en que los productores se ganaban el pan de veras.

Mientras el papel de Mildred perdía años y ganaba en primeros planos (curioso fenómeno, ¿a quien se deberían tales cambios?), el rodaje continuaba y, si bien Curtiz no parecía demasiado feliz, el resto del equipo quedó encantado con una Joan Crawford que no respondió a los rumores que de ella circulaban. La actriz no sólo se dirigía a ellos con total humildad, sino que además se aprendió los nombres de todos ellos, y les daba regalos por sus respectivos cumpleaños. La joven Ann Blyth también tendría siempre buenas palabras para la buena de Joan. Seguro que Bette habría estado encantada de poder mostrarles lo que de verdad se escondía bajo tanta amabilidad: escamas.

La verdad es que finalmente la sangre no llegó al río y tras sus primeros encontronazos Curtiz y Crawford se dieron cuenta de que querían lo mismo, con lo que el resto del rodaje continuó sin más batallas. Curtiz hasta cedió su casa en la playa para rodar algunas escenas. Tras su estreno Alma en suplicio se convirtió en una de las sensaciones de la temporada, el melodrama definitivo del año, y el gran retorno de Joan Crawford a los primeros puestos, estatuilla de oro incluida. Una vez más, el ave fénix resurgía de sus cenizas.

Alma en suplicio, un buen melodrama, porque sí, es posible hacerlos buenos. Además, el film nos recuerda que proles desagradecidas y "ninis" los ha habido siempre. Ya lo decía aquel tipo de Doce hombres sin piedad: hijos, te desvives por ellos y luego... pero para despejar este luego deberán visionar, obviamente, Alma en suplicio.

3 comentarios:

sylvia dijo...

Me encantó esta peli sobre todo por las interpretaciones! Además tuvo bastante repercusión en pelis posteriores...todo un clásico del melodrama.

marguis dijo...

Ja, ja al final la has visto... me gusta creer que mi reseña tuvo algo que ver... de que alguien en este mundo me hace caso... y que no estoy sola...:P
Saludos!

Möbius el Crononauta dijo...

sylvia: aí, seguro que ha servido de referencia para otras

marguis: ya ves, el esperanto es lo último que se pierde