viernes, 18 de febrero de 2011

El nombre de la rosa (1986)

A principios de los 80 cierto erudito, desconocido fuera del ámbito escolástico, cierto profesor de estética en la Universidad de Turín, publicaba una voluminosa novela que rendía homenaje al whodunit clásico de finales del siglo XIX y principios del XX. El libro era, con todo, mucho más que eso, y en él su autor había volcado sus vastos conocimientos sobre la Europa, y especialmente la disgregada Italia, de la Edad Media. En sus páginas una trama de misterio se mezclaba con una subtrama acerca del poder del conocimiento y la palabra. Mientras esa novela comenzaba a despegar en Italia, y en el resto de países europeos todavía se trabajaba en su traducción, cierto director francés dio con las galeradas de la novela, tras leer un artículo en Le Monde, y quedó entusiasmado. Se dijo a sí mismo que él debía dirigir aquella fascinante historia. Al igual que el protagonista del libro, el director no lo tendría fácil para lograr su objetivo. Pero tras superar varios obstáculos, el director francés saldría triunfante.

El nombre de la rosa, la novela, daría para otra entrada, pero baste decir que es magnífica, inconmensurable, que parte de una premisa fascinante (quizás no del todo original, pero poco importa; para la mayoría lo es, y además, ése es otro tema) y se desarrolla de forma magistral. Uno de esos best-seller que realmente merecían figurar en "lo mejor del siglo". Y como premisa fascinante que era, las posibilidades cinematográficas eran tremendas. Y el francés Jean-Jacques Annaud supo verlo.

El nombre de la rosa, la película, es uno de esos films que podría ver mil millones de veces sin cansarme. No lo machaco, lo guardo como un buen vino, pero de vez en cuando lo desempolvo y disfruto como la primera vez. Una peli que me encanta. Y si me permiten aventurarlo, estoy seguro de que es lo mejor que ha hecho Annaud. Desde luego lo mejor que le he visto con diferencia. Un punto álgido que dudo que llegue a superar. Pero volvamos al periodo 82-83.

Tras leer el manuscrito de la novela Annaud llamó inmediatamente a Italia para hacerse con los derechos del film. Malas noticias: la cadena italiana RAI se le había adelantado. ¿Tenían director? No, seguían buscando un nombre. "Soy su hombre", dijo Annaud.

El éxito de la novela, que, mientras tanto, estaba comenzando a venderse como churros, fue un ejemplo perfecto del "boca a boca". Muchos editores que dejaron pasar aquel, para ellos, mamotreto de crímenes en abadías medievales que a nadie interesaría, se debieron dar sus buenos cabezazos cuando un universitario turinés que leyó la novela se la recomendó a su prima, quien tras leerla le habló de ella a su madre, y ésta tras devorar el libro se lo comentó a sus amigas al tomar el té. Con el paso de las semanas El nombre de la rosa copó las listas italianas de los libros de ficción.

Tras llegar a un acuerdo con la RAI, Annaud aparcó El oso para centrarse en aquella novela que le entusiasmaba. En octubre del 82 se marchaba a St. Tropez para trabajar en un primer tratamiento de la novela, que resume a 150 páginas. Al mismo tiempo comenzó a devorar novelas y películas policíacas, mientras asimilaba el libro-entrevista de François Truffaut con Hitchcock. Cuando Annaud contactó con Umberto Eco para saber si estaría dispuesto a colaborar en el guión, el escritor, con un espíritu muy medieval, le dijo que él ya había hecho su obra, y ahí estaba para quien quisiera adaptarla a cualquier otro medio artístico. "Haz tu película", le dijo Eco. Su única condición es que el film se rodara en inglés, "el latín del siglo XX", según decía el autor. Con el beneplácito de Eco en el bolsillo, Annaud se juntó con Alain Godard para escribir un primer tratamiento. Entonces el guión paso a Gérard Brach, quien tras presentar una decena de versiones finalmente logra conformar un guión que encanta a Annaud, aunque resulta demasiado largo. Tras algunos recortes el texto pasa por las manos Howard Franklin, que lo traduce y pule en la lengua de Shakespare, para que finalmente sea Andrew Birkin quien acabe de sacarle brillo tras dos versiones. El propio Annaud se encargará de rematar el guión.

Sin perder de vista el guión, Annaud se dedicó a buscar apoyo financiero y a buscar localizaciones y objetos para el guión gráfico. En un principio Annaud logra atar a Gérard Lebovici como productor, pero éste será asesinado, en una inquietante fusión de ficción y realidad. Entonces el director contacta con el veterano Alexandre Mnouchkine, reticente y a punto de jubilarse. El productor acepta tras el éxito de En busca del fuego en Alemania, donde una distribuidora ofrece aportar capital al proyecto de Annaud.

En todo ese tiempo El nombre de la rosa, la novela, se ha convertido en un éxito mundial, lo que no gusta a Annaud, que esperaba poder adaptar un libro desconocido. Decidido a llevar adelante su película, el director rechaza las multimillonarias ofertas que le llegan desde América por los derechos del film. Durante la preproducción Annaud no deja de seguir buscando inversores, pues queda claro que el presupuesto necesario va a ser muy elevado. El director ha viajado por toda Europa visitando monasterios e iglesias que le sirvan para el rodaje. Finalmente se elige el monasterio de Eberbach para rodar algunas escenas en interiores, pero finalmente el monasterio soñado por Annaud será un gigantesco decorado levantado en los Abruzos, no muy lejos de Roma. Cuando el diseño de la abadía caiga en manos de Dante Ferretti, este abaratará los costes consiguiendo el apoyo de la todopoderosa Cinecittà.

Annaud no se preocupará sólo de las localizaciones, y recorrerá museos buscando los objetos medievales que necesita para ser copiados por el departamento artístico. Dispuesto a no dejar nada al azar, el director volverá locos con sus preguntas durante año y medio a un dream team de especialistas en la Edad Media. Incluso los manuscritos usados en la película serán fabricados a mano, como hacían los monjes, aunque los habrá de tres tipos: los usados en primer plano tendrán todo lujo de detalles, como un libro medieval verdadero; los destinados a planos medios serán menos detallados, mientras que los destinados a rellenar planos generales serán simples hojas encuadernadas. Por supuesto, cada uno de los libros del primer tipo costarán una pequeña fortuna. El único error consciente del atrezo será una una estatua de la Virgen, copiada de una original en Bavaria, que resultará demasiado renacentista para el periodo, pero Annaud necesitaba una estatua bella como la que se menciona en la novela. Aun así ese detalle será una buena munición para los críticos con ganas de destripar la peli.

Mientras Annaud seguía trabajando desde Alemania, base principal de la producción (más dinero italiano y francés, y un, de momento, compromiso con la norteamericana Columbia), comenzó también a pensar en los rostros que adornarían el film. Con una afición particular por los rostros peculiares, Annaud quería un plantel de actores que parecieran sacados de algún cuadro de El Bosco o Bruegel. Para ello comenzó a recorrerse los escenarios europeos buscando faces interesantes con las que poblar su tenebrosa abadía.

Como suele ocurrir, el principal problema para el reparto era el personaje principal, Guillermo de Baskerville, el homenaje medieval de Eco a Sherlock Holmes, a quien el escritor había fusionado con un ficcionado Guillermo de Ockham. Para interpretar al fraile Guillermo Annaud quería a un rostro desconocido, y para ello se recorrió toda la escena teatral anglosajona, pero a la postre se convenció de que necesitaba a una estrella carismática.

Comenzaron a barajarse nombres: Albert Finney, Richard Harris, Ian McKellen, Brando... Robert de Niro acepta el encargo, pero Annaud no conecta con él, sobretodo después de que el actor le dijera que Guillermo debía batirse en duelo con el inquisidor Bernardo Gui (!). O al menos, ésa es la versión de Annaud. Por lo tanto la búsqueda sigue. ¿Qué tal Paul Newman?

En todo ese tiempo, Annaud ha estado recibiendo cada uno o dos meses la llamada del agente de Sean Connery, quien tras leer la novela lleva tiempo postulando para ser fray Guillermo. Annaud rechaza, siempre amablemente, el ofrecimiento del agente. Por entonces Connery todavía lucha por quitarse de encima la imagen de James Bond, protagonizando cualquier papel que se aleje del famoso espía de Su Majestad, llegando a los extremos de la delirante Zardoz. El haber aceptado pocos años antes retomar su papel de Bond en Nunca digas nunca jamás (a cambio de un sustancioso cheque que utilizara, tal vez, para comprarse su casita en Marbella) ha sido un claro paso atrás. No, Annaud no quiere a James Bond en su película. Llamemos a Jack Nicholson, a ver qué dice.

Supongo que llegado el momento en que incluso se considera a Nicholson para hacer de fraile franciscano (!!), aunque fuera por una llamada de cortesía, y tras la enésima llamada del agente (quien sin duda se ganaba su sueldo) de Connery, el cansado Annaud acepta reunirse con la estrella británica en Munich. Cuando el director se encontró por fin con 007, Connery, con su característico acento escocés, le espetó: "¿Puedo leerte unas líneas, muchacho?", tratamiento que ya le hizo gracia a Annaud. Y fue así, cuando el actor comenzó a leer un pasaje del guión, como el director vio aparecer ante sus ojos a su soñado Guillermo de Baskerville. Cuando la noticia del fichaje de Connery llegó a la Columbia, ésta retiró su apoyo inmediatamente.

Cuando Annaud le comentó a Umberto Eco su elección para interpretar a Guillermo de Baskerville, éste quedó horrorizado. También él se imaginó a 007 metido a fraile. Ni siquiera cambió de opinión un año después, cuando visitó el set al principio del rodaje. Eco se encontró con Sean en la caravana de éste para conocerse mejor. Tras pasar unos minutos con él, Umberto salió y le dijo al director: "Es muy competente. En fútbol", para a continuación dejar el rodaje. No sería hasta el estreno del film en que el escritor, como el resto del planeta, le daría la razón a Annaud.

Mientras seguía reclutando a actores de toda Europa con rostros peculiares, para el papel de Salvatore Annaud había elegido al cómico Franco Franchi, una especie de Jim Carrey italiano, pero al negarse éste a raparse la coronilla (todas las tonsuras en el film eran reales), Annaud llamó a su amiguete Ron Perlman, que estaba en las últimas y no le salía trabajo. Su magnífico Salvatore empezó a cambiar las cosas para él.

Uno de los rostros importantes en el film era el del venerable abad español invidente Jorge (el homenaje de Eco a Jorge Luis Borges). Para el papel Annaud pensó en John Huston, pero el afamado director quería agrupar sus escenas por su delicada salud y exigía calefacción en el set. Annaud quería que sus actores se congelaran y despidieran vaho al hablar, así que siguió buscando. Fue entonces cuando reparó en un viejo de 82 años que se presentaba al casting de figurantes. Su nombre era Feodor Chaliapin Jr., el acaudalado hijo de un famoso tenor. Sin tener que trabajar para vivir, el cine era la afición del venerable anciano. Annaud vio en él a un perfecto Jorge, y, como en el resto del reparto, el francés volvió a acertar de lleno.

Adso de Melk, el joven aprendiz de Guillermo, y relator de la historia, necesitaba a un actor muy joven. Christian Slater, hijo de actor y de directora de casting, y con una poca experiencia televisiva, llamó la atención de Annaud, y le adjudicó el papel. Era el prometedor comienzo de una carrera que acabaría en desastre.

Slater, que contaba por entonces con apenas 15 años, puso en aprietos al director cuando cayó enamorado de la única mujer en todo el reparto, la chilena de belleza selvática Valentina Vargas. Ahí estaba un virginal Slater enamorado de una actriz con la que tenía que rodar una escena de sexo. ¡Ah, la magia del cine! Robando primeros besos a los actores adolescentes desde 1898.

Y entonces surgió el problema de los pies de Connery. Veréis, junto a la estatua renacentista de la Virgen, la segunda concesión que había otorgado Annaud eran las sandalias que llevaban los actores, ya que aquellos primeros franciscanos seguidores de San Francisco de Asís iban siempre descalzos. Pero Connery se quejaba de que se le helaban los pies y quería llevar calcetines. Annaud trató de explicarle de mil maneras (me gusta imaginarle en situación como Bart tratando de explicarle a Homer que la tía Selma va a ser asesinada) que un franciscano medieval no podía llevar calcetines, pero Connery estaba emperrado en ello. Finalmente llegaron a un compromiso: el actor podría llevar calcetines en aquellas escenas que no le enfocaran de cuerpo entero. La sorpresa llegó cuando un día, al positivar una escena, en la banda de sonido se coló el característico chirrido del plástico de unas deportivas. Ya que la cámara no le sacaba los pies, ¡Connery se había puesto bambas! Por desgracia para él, habría de conformarse con un calzado menos ruidoso.

Aunque ningún problema, ni los pies de Connery, ni la larga preproducción, pudieron compararse a los dolores de cabeza que le dio al director F. Murray Abraham. Según Annaud, el tenebroso Abraham, que interpretaba al fiero Bernardo Gui, llegó emberbecido por el Oscar que había recibido gracias a su magnífico papel en Amadeus, y dispuesto, tras su largo y penoso ascenso a la cumbre, a hacer gala de todos los caprichos típicos de estrella que se le pasaran por la cabeza. Vamos, que durante el rodaje la relación entre Abraham y Annaud fue tensa, cuanto menos.

Debería haber aprendido del venerable Chaliapin, quien, en cierta climática escena, cayó abatido por una viga de madera que debería haber sido falsa. Por suerte el madero no le dio de lleno y sólo le hizo una brecha en la cabeza. El consternado Annaud se acercó para ver si el actor estaba bien, a lo que el viejo respondió con auténtico savoir faire y amor por el cine: "¡No os preocupéis por mí! ¡Ya soy viejo! ¡Puedo morir! ¡¿La toma es buena? ¿La toma es buena?!". Gran tipo, este Chaliapin.
Connery: no sin mis calcetines

En fin, ¿qué decir de El nombre de la rosa que no se haya dicho ya? Gran film, inolvidable trama, estupenda adaptación (obviamente deja mucho en el camino respecto a la novela, tan compleja, ella), increíble ambientación, fantásticas interpretaciones, rostros fascinantes... la peli es tan buena que sirvió para relanzar por fin la carrera de Connery alejándose cada vez más de James Bond, puso a Slater en el mapa, ayudó a Perlman a llegar donde está, y dio fama a F. Murray Abraham como estrella imposible.

Vaya, que adoro este film. Todo en él es perfecto. El nombre de la rosa; crímenes, Inquisición, pecado, cisma, álgido Annaud, y un libro... ¿un libro que mata, o por el que los hombres matan?

19 comentarios:

John P. Maaaula dijo...

Estupenda película y estupendo post. Tengo que hacerme con el libro, que en breves termino la saga de Conan, jeje.

Un saludo

sylvia dijo...

Muy interesante post. Tengo una cuenta pendiente con esta cinta. Ya que la vi adormilada a horas intempestivas en una clase de religión en mis años de instituto. O sea, que me enteré poco de la peli. Con Blade Runner me pasó algo similar pero saldé ya la cuenta.
Tengo que volver a verla y hacerle justicia...Saludillos.

PEPE CAHIERS dijo...

Buen artículo sin señor y buena anécdota la del intérprete de Jorge. Pues la carrera de Murray Abraham tampoco fue como para que se le subiera a la cabeza. Serán cosas de la fama. Y menuda suerte tuvo Slater, rodar una escena de sexo de la chica de la que estás colgado.

Luis dijo...

Una película imprescindible. El libro no lo he leído. Tengo que poner remedio cuanto antes a eso. Y bueno, el post es cojonudo, tío. Felicidades

Luis Cifer dijo...

la peli está muy bien, pero el libro es una joya. la peli se queda corta, quizás hubiera sido mejor una serie de televisión o una trilogía para adaptarla en toda su compejidad.

Savoy Truffle dijo...

Libro espectacular y no mnos la película. De las mejores en llevar la esencia de un libro a pantalla. Además todo está cuidado. Tengo la versión doble del debedé, dónde en el segundo el director explica que la abadía era toda una maqueta. ¿Increible, no? Eran cosas del presupuesto. Saludos.

Kinski dijo...

Bueno, vaaale, le daré otra oportunidad. Hacé años que pillé el doble dvd de oferta pero nunca me enganchó, vamos a ver si el paso del tiempo cambia las cosas.

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Pedazo de post, gozosorl. Muy buena la anécdota del anciano con la viga y el tema del cásting, recuerdo el personaje de Jorge. Bueno, no mucho. Es que nuestro profesor de Filosofía nos la puso en el instituto, pero como ir a clase para ver una película y encima por la tarde fui un día (A lo tonto ocupó como tres clases) y lo que hice fue leerme el libro, con un par. Y la verdad es que no me arrepentí, aunque ahora supongo que lo entendería mejor y disfrutaría más.

Lillu dijo...

La película me apasionó y la vuelvo a ver cada cierto tiempo porque creo que gana con el tiempo. También leí el libro leí el libro, que me gustó muchísimo. Me parecen ambas obras redondas, de esas que cuesta tanto encontrar. Y tu post me ha encantado, con un montón de anécdotas que desconocía :D

saluditos

José Fernández dijo...

Pepe, rodar una escena de sexo en esas circunstancias, evidentemente sin sexo, no me parece muy envidiable, la verdad. Igual por eso la carrera de Slater nunca ha despegado de verdad xD.

El libro es uno de los pocos que no me acabe, demasiado latín por el medio para un adolescente tan poco centrado como yo. La pelicula yo también diría que la ví en clase, pero ya no me acuerdo si era de Filosofía o de Religión (teníamos un cura rojo con otras cosas en la cabeza antes que la idea de adoctrinarnos).

raúl dijo...

en el nuevo canal TDT eclesiástico, canal 13, hay un encendido debate por la conveniencia o no de emitir esta película... a estas alturas de la película!! (y valga la redundancia)

ROCK´N ROLL OUTLAW dijo...

Gran, gran post. He de decirte que cuando tenía 11 o 12 años me obsesioné con esta peli. Un amigo y yo éramos fans, y frikis perdidos. Nos sabíamos la peli como fans de Rocky horro picture show, incluso yo le llamaba a él Berengario da Varagile y él a mi Ubertino da Casale (tú sabrás quienes son). En fin, ah, también consumí como un loco el juego de Spectrum La abadía del crimen, que reproducía la peli, y el libro, en un juego precioso, en aquellos viejos Spectrums. En fin. Para el mundo EL nombre de la rosa no es una obra maestra, pero yo la vi millones de veces, y creo que tendré que volver a verla ya.

Möbius el Crononauta dijo...

John P. Maaaula: sí, ese libro es una maravilla, ¡no lo dudes!

sylvia: hay cosas que es deber revisar, que nunca se sabe. Espero que a la próxima la disfrutes

Pepe Cahiers: a esa edad no sé yo si fue mucha suerte, lo debió pasar fatal, que el pobre no era Errol Flynn

Luis: pues muchas gracias por haberlo disfrutado

Luis Cifer: se queda corta por motivos obvios, pero como adaptación sigue siendo extraordinaria

Savoy Truffle: sí, parece increíble, pero así era, en efecto. Y yo que albergué esperanzas de visitarla algún día

Kinski: como no te va a enganchar... si es pura heroína

Aitor FP: bueno si la peli te llevó al libro, bien está. Ahora prueba a ver y me cuentas

Lillu: no cabe duda de que es un gran film. Gracias por los piropos

José Fernandez: vaya, igual es eso, se quedó traumatizado y acabó haciendo todas esas pelis horribles.

raúl: vaya, el único canal 13 que conocía yo era no muy eclesiástico. Pues si a estas alturas aun lo debaten... bien vamos

RnR Outlaw: vaya si lo sé. Me alegra ver tanta pasión por esta peli. Tal vez no lo sea para el mundo, pero yo adoro esta peli. En fin, ¡que Guillermo te proteja y te guíe, amigo!

GINEBRA dijo...

Un pedazo de libro y una fantástica película... Besos

Johnny Dibud dijo...

Poco que añadir a tan completo post. Decir tan solo que esta es una de las pelis que en mis años mozos cambiaron mi visión acerca del concepto de cine. Saludos.

Señorita Puri dijo...

yo tnego la edición del libro que regaló el país. me encata porque te jode el libro. como sabrás, todo gira en torno a buscar qué libro tiene el código secreto de nosequé. pues el resumen pone "la búsqueda de un viejo verso escondido en un libro de aristóteles es la culpable de los trsites acontecimientos de la abadía" jajajajaja un día la escaneo y la pongo. igual es un poco frikoide jajajaj

Librería La Pecera dijo...

Uno de mis libros favoritos y una de mis películas emblemáticas... Yo también pasé una temporada obsesionado con esa actriz, y esa escena del polvo entre sacos, en mi tierna cabecita, quedó grabada para siempre....
Estupenda entrada

Möbius el Crononauta dijo...

Gracias. La verdad es que es una escena tremenda para una mente inocente...

Anónimo dijo...

Un excelente post para una soberbia película. Yo sí la considero una obra maestra con todo el derecho del mundo.