sábado, 8 de enero de 2011

El reinado de Elvis: 1970

El 8 de enero de 1970 Elvis Presley cumplía 35 años, de los cuales llevaba prácticamente quince reinando en la cima de los dioses del rock. Muchas cosas habían pasado desde entonces, habían habido cambios, y parte de la inocencia original había quedado sobre el camino. Pero al que muchos llamaban el Rey seguía teniendo aquel mágico don de conmover con su voz, y continuaba siendo imbatible sobre un escenario, como había demostrado algunos meses atrás en Las Vegas. Dos días después de celebrar su onomástica, Elvis se reunía con su banda y sus coristas para comenzar a ensayar su próximo espectáculo en la Ciudad del Vicio. Los nombres y los rostros serían prácticamente los mismos, salvo por el batería Ronnie Tutt, que tras desavenencias económicas había sido sustituido por Bob Lanning, y por el teclista Larry Muhoberac, que había preferido en esta ocasión centrarse en sus trabajos en el estudio. Fue sustituido por Glen D. Hardin, con quien contactaran el año anterior para entrar en la banda.

Tras nueve días de ensayos Elvis y los demás se trasladaron a Las Vegas para seguir practicando junto a los grupos coristas y la orquesta. La nueva idea del Coronel Parker era grabar un álbum en vivo recogiendo algunas fechas de sus actuaciones en Las Vegas, para llevar la experiencia del retorno a los escenarios a todo el mundo. En esta ocasión el repertorio no se centraría tanto en los viejos clásicos y se ocuparía más de temas recientes como "In the Ghetto" o la versión de Neil Diamond "Sweet Caroline". De hecho Elvis había decidido incluir en el repertorio versiones de éxitos de la época como "Proud Mary" o "Polk Salad Annie".

Aquella segunda ronda de shows en Las Vegas no hizo sino confirmar el excelente momento por el que estaba pasando Elvis, recuperando la garra del pasado pero con mucha mayor versatilidad, como hicieron notar muchas crónicas de la época. Elvis se comía el escenario, su voz parecía amoldarse a todos los temas, se ridiculizaba con sus comentarios entre canción y canción, lanzaba besitos a las damas del público y dejaba caer sus pañuelos entre una jauría de fans enloquecidas. No es difícil imaginarse un concierto de aquellos que realizaría durante febrero de aquel año, y que dio lugar al álbum en directo On Stage. Elvis vestido de blanco, con sus solapas gigantes y su cinturón ancho, poniendo al público a tono desde el comienzo con la electrizante "See See Rider", con la banda compacta como la piedra dirigida por James Burton, los arreglos de viento y las coristas negras arropando al gran hombre. Se mostraba simpático, alegre, distendido, despierto, y no dudaba en improvisar un "Everybody Loves Somebody" si veía a Dean Martin entre el público. Y parte de esa magia quedaría reflejada en el álbum en directo que aparecería en junio de aquel año.

Elvis no tardó en abrir su círculo a los miembros del grupo y las coristas. Muchas veces, tras el concierto, se reunían todos en el camerino de Elvis, y allí hacían el ganso y hablaban; por ejemplo Estelle, una de las coristas de las Sweet Inspirations, una chica muy religiosa, gustaba de hablar sobre religión con Elvis, y de vez en cuando le leía pasajes de La vida impersonal. Muchas noches la fiesta continuaba en la suite del cantante, pero allí el ambiente era mucho menos sano y distendido. Es decir, si alguna chica entraba allí... bueno, podía darse por... ya sabéis. Si no por Elvis, sí por cualquier de sus súbditos de la Memphis Mafia, quienes volaban en círculos como buitres alrededor de las chicas hasta que Elvis elegía la suya, y entonces se avalanzaban sobre las demás. El desenfreno sexual aumentó entre los chicos, o quizás fuera más bien el sentido de impunidad. En California, en Los Angeles, todos habían engañado a sus esposas o novias, pero por la noche tenían que regresar a sus hogares familiares. En Las Vegas, en cambio, nadie les esperaba... y, por tanto, la fiesta no tenía por qué acabar.

Acabados los conciertos en Las Vegas, Elvis se marchó a Houston donde actuaría tres días (con doble sesión) durante la fiesta ganadera de la ciudad. Las entradas volaron en segundos. Tras unos conciertos que fueron de menos a más, con problemas de sonido y mala acústica, Presley regresó a Los Angeles a descansar. Mientras, como siempre, el coronel no descansaba. Le comunicó al International Hotel que quizás su protegido no volviera en agosto para otra ronda de conciertos en Las Vegas. Tenía en mente una gira extensa, e incluso una película, pero no una película de Hollywood, aquello estaba acabado. Sería un film sobre la gira, al estilo de los documentales musicales que tanto éxito estaban teniendo por entonces. También le rondaba otra idea por la cabeza, otra manera de generar ingresos: los derechos por la emisión en circuito cerrado de un único concierto de Elvis. Así que mientras el cantante descansaba, su mánager trataba de dar forma a todas sus ideas de ganar pasta.

El concierto televisado quedó más cerca de ser viable cuando dos promotores contactaron con el coronel para una minigira de quince fechas en la Costa Oeste. En realidad habían contactado con él tiempo atrás, pero Parker rechazó la propuesta, y les hizo saber que Elvis no iba a salir de gira. En posteriores reuniones se discutieron otras opciones, pero el coronel las rechazó todas. Fue tras la actuación en Houston cuando los promotores le hablaron de un único concierto en un estadio de Los Angeles. Como ya los tenía donde quería, el coronel se puso paternalista, les dio consejos sobre el negocio, y cómo hacer negocios con él, y soltó la noticia sorpresa: lo que él quería era un concierto retransmitido por televisión. No era algo que se hubiera intentado nunca antes, pero seguro que en muchas partes alguien le estaba dando vueltas al asunto. Sin darles tiempo a procesar todo lo que estaba pasando, el coronel desgranó su propuesta, e hizo su oferta: un millón de dólares y otros cien mil en concepto de gastos. El 75 por ciento de los beneficios iría para Elvis después de que los promotores hubieran recaudado el primer medio millón. Los promotores aceptaron. El coronel les había realizado una oferta que no podían rechazar.

En junio Elvis volvía al estudio B de la RCA en Nashville, abandonado los estudios American de Memphis en favor de los deseos de Felton Jarvis, quien quiera alejarse del área de influencia que "Chips" Moman había tenido en las anteriores sesiones de grabación. Además, Elvis le había pedido que se dedicara en exclusiva a producir su música, con lo que la RCA le extendió un nuevo contrato para poder olvidarse de cualquier otra que no fuera la música de Elvis. Otra novedad era la nueva mesa de dieciséis pistas del estudio, todo un reto para Felton, quien no era un gran técnico ni ingeniero. Para compensarlo esta vez Jarvis trajo a sus propios músicos para acompañar a Elvis y a James Burton, el guitarrista de la banda de directo del cantante.

Tras finiquitar el nuevo grupo de canciones, Elvis regresó a Memphis, donde descansó hasta mediados de julio, cuando debían comenzar los ensayos para la próxima gira. La banda (con Ronnie Tutt de vuelta a las baquetas) se reunió en Los Angeles, donde conformaron una base antes de partir a Las Vegas, ya que finalmente el coronel había llegado a un acuerdo con el International Hotel para otra ronda de conciertos de Presley. Formarían parte de una gira más extensa que finalmente sería filmada por las cámaras de la MGM, el estudio que haría posible la película que el coronel tenía en mente.

El 14 de agosto llegaba a la prensa una noticia desagradable: una camarera había interpuesto una demanda de paternidad contra Elvis. Era algo que seguramente tarde o temprano debía ocurrir, y aunque el propio Elvis acabó bromeando sobre ello en sus conciertos, su preocupación por el tema fue muy seria. Era algo contra lo que siempre la había advertido el coronel. Un desliz como aquél bien podía hundir su carrera. Y si algo aterrorizaba a Elvis era perder a su público.

Pero aquello casi quedó en nada cuando empezaron a llegar, a finales de aquel mes, amenazas de secuestro, llamadas telefónicas oscuras a miembros del entorno de Elvis, y un aviso sobre un complot para acabar con él durante una de sus actuaciones. Un asustado Elvis llamó a los miembros de más confianza de la Memfis Mafia, incluido Red West, con quien había tenido una relación tirante y lejana desde la boda del cantante. Elvis les dijo que les necesitaba, y que confiaba en ellos, para después ponerse a llorar delante de ellos y su padre, pidiendo que si alguien acababa con él, "le arrancaran los ojos".

La seguridad se extremó y se tomaron todo tipo de precauciones. Los guardaespaldas de la Memfis Mafia se repartieron por delante del escenario, mientras policías de paisano se mezclaban entre el público. Entre bastidores se colocó a un médico con unidades de sangre y un equipo de reanimación. Los nervios estaban a flor de piel, y cuando un tipo gritó "¡Elvis!" todos creyeron que el momento había llegado, pero era tan sólo un fan queriendo pedir una canción. Finalmente no ocurrió nada aquella noche, pero la tensión emocional había sido enorme. Para relajarse Elvis tuvo la oportunidad de empezar a conocer mejor a su nueva corista, Kathy Westmoreland, una excelente voz con quien comenzó a charlar de música, aunque la relación podía alcanzar un nuevo nivel en cualquier momento. Aunque como Kathy era virgen, Elvis decidió no forzar las cosas.

Tras acabar en Las Vegas a principio de septiembre, el coronel había acordado seis fechas para la gira en diferentes ciudades. Hubo problemas técnicos, y una amenaza de bomba, aunque no se lo dijeron a Elvis hasta después de haber actuado en el recinto, lo que le enfureció, sobretodo porque no podía entender por qué alguien habría de querer hacerle daño. De todas formas en general la experiencia fue buena, sobretodo porque Elvis había comenzado a aburrirse de Las Vegas, y se sentía mejor en la carretera (aunque ahora viajaba en avión), junto a los que creía eran sus verdaderos fans. Tal vez por eso no se sintiera muy animado de tener que volver a Nashville a finales de septiembre para grabar dos o tres temas más con los que completar el nuevo álbum de enfoque country que habían comenzado en junio.

A Elvis le hizo mucho más ilusión volver a Memphis, donde en una ceremonia privada le otorgaron una insignia oficial de ayudante de sheriff. Ya tenía un título honorífico, pero ahora esa insignia le daba derecho a llevar pistola. Como a un buen sureño a Elvis siempre le habían interesado la ley y las armas, y evidentemente por motivos de seguridad el cantante vivía rodeado de pistolas, ya que miembros de la Memfis Mafia como Red y Sonny West, encargados de la seguridad, siempre llevaban algún revólver con ellos. Pero el acontecimiento de la insignia oficial iba a iniciar una nueva fiebre en el mundo de Elvis: las insignias y las armas.

Mientras tanto en noviembre llegaba la esperada película documental de Elvis, que finalmente recogía la experiencia de ver en vivo al Rey en Las Vegas. Elvis: That's the Way It Is recogía fragmentos de los ensayos del cantante con su banda, momentos de Elvis en privado antes y después del concierto, y lo más importante, mostraba al mundo toda la parafernalia que rodeaba a un concierto de Elvis en Las Vegas. Tras pasar por la supervisión del coronel (quien por supuesto mandó hacer muchos cambios para que nada empañara la imagen de su protegido), el film se estrenó con un buen recibimiento, como era de esperar. ¡Todo el mundo quería ver a Elvis en acción!

En privado, Elvis seguía acechando a Kathy Westmoreland con su lado tierno y sus inquietudes espirituales, aunque en público seguía haciéndose el macho dominante. Con todos los chicos delante denunció anunciar, para consternación de Kathy, su virginidad. La cantante salió disparada para hacer las maletas, pero Elvis fue tras ella y en su habitación puso su cara de perrito abandonado y la hizo cambiar de idea. Y, cosas de la vida, aquella misma noche finalmente Kathy dejó de ser virgen.

El 10 de noviembre Elvis comenzaba una nueva gira en Oakland. A su paso por Los Angeles rompía récords de taquilla desbancando a Beatles y Stones, y en un momento de alegría decidió comprarles una casa a Joe Esposito y a su mujer. No contento con eso comenzó a comprar casas y coches al resto de los chicos y sus mujeres. Cuando su padre protestó, Elvis le compró un Mercedes. Pero eso no le aplacó, así que Vernon recurrió a Priscilla. Los dos fueron a ver a Elvis y decidieron hablarle seriamente. No podía seguir así. Si seguía malgastando el dinero acabaría en la ruina. Un incrédulo Elvis les dijo que era su dinero y se lo gastaba como quería, para luego anunciar que se largaba. Al principio Vernon creía que era un farol, pero varias horas después la cosa cambio, porque nadie sabía nada de él. La alarma saltó en el universo del Rey, y el pánico pronto hizo aparición. Al fin y al cabo, todos dependían de él para vivir. Finalmente Jerry Schilling recibió una llamada del gran hombre, informándole de que estaba en Dallas, tras volver de Washington D.C., y de que debía ir a recogerle al aeropuerto. Así fue como Elvis finiquitó el asunto de los gastos a lo loco.

En el vuelo de vuelta Elvis coincidió con un senador republicano, y el cantante se puso a charlar con él. Fue entonces cuando se le ocurrió que sería una buena idea ver al presidente. Así que al llegar a casa escribió una carta para Richard Nixon en la que le hacía saber su preocupación por el estado de América, la cultura de las drogas, los hippies, los radicales, los Panteras Negras y demás. Según creía él, como cantante popular no era un enemigo de todas esas hordas de comunistas, sino que formaba parte de ese sistema bañado en ácido y rock. Así que desde dentro podía serle muy útil al presidente y a la DEA (el departamento antidrogas). En un viaje relámpago Elvis y algunos de los chicos viajaron a Washington y el cantante le hizo llegar la carta al presidente, haciéndole saber dónde y cómo podía contactar con él. Y se sentó a esperar.

Evidentemente la carta de Elvis causó cierta conmoción (puede que incluso algo de hilaridad) en el entorno del presidente. Aquel cantante que se creía Dick Tracy quería ver al presidente y eso descolocaba por completo a los intermediarios de Nixon y a su departamento de seguridad. Pero, por otra parte, el que el presidente se hiciera unas fotos con el cantante más popular de la Tierra podría ser una buena publicidad de cara a aquellos jóvenes que no veían en el viejo Dick a un "colega" de la Era de Acuario precisamente.

Así fue como Elvis obtuvo el visto bueno para ver al presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, en lo que sin duda fue uno de los encuentros más extraños del siglo XX. El día señalado sería el 21 de diciembre. Acompañado por Jerry y Sonny, Elvis se dirigió a la Casa Blanca, donde fue recibido por el abogado del presidente. Éste condujo a Elvis hasta el despacho oval, mientras los chicos esperaban afuera. Tras las presentaciones y algunos segundos incómodos (debió ser impagable ver a Nixon en su habitual expresión de agobio sin saber muy bien qué hacer), Elvis desplegó ante el presidente su colección de insignias policiales de tal ciudad o condado, dejó al lado sus gafas de sol con diamantes incrustados y le enseñó al presidente sus brillantes gemelos y su cinturón de oro y diamantes. El descolocado Nixon le dijo a Elvis que sabía el bien que podía hacer por su país desde su posición de estrella de rock, y el cantante le contestó con una diatriba sobre los Beatles y su antiamericanismo. Nuevamente Elvis le repitió al presidente lo que le había dicho por carta: si era necesario, Elvis podía inflitrarse en cualquier agrupación juvenil o de hippies y ayudar así a la lucha contra las drogas.

Y en ese momento Elvis hizo saber al presidente su verdadero objetivo: una placa oficial que le permitiera ayudar al gobierno en su lucha contra las drogas. Una insignia de la Oficina de Narcóticos, por ejemplo. Elvis se había pasado antes por la Oficina pero no parecía que le quisieran dar ninguna chapa. El descolocado Nixon preguntó a su abogado si era posible conseguirle una insignia, y éste contestó que tal vez pudiera hacerse. Nixon le dijo que la consiguiera, y un emocionado Elvis abrazó al presidente. Entonces Elvis le dio el regalo que traía para él (un Colt cromado de la Segunda Guerra Mundial) y preguntó si podían pasar sus chicos para saludar al presidente. Así, los alucinados Sonny y Jerry entraron para estrecharle la mano a Nixon. Tras ofrecerles un pequeño tour por la Casa Blanca, se fueron todos a comer, y tras firmar algunos autógrafos a las secretarias, Elvis y sus chicos salieron pitando de allí. Elvis estaba satisfecho: tendría su chapa gubernamental.

En Nochebuena Elvis regaló tres Mercedes (uno a Sonny, otro al doctor Nick y otro a Bill Morris) y se fue con los chicos al Memphis Theatre para ver una peli de Robert Redford. Tres días después hubo fiesta por la boda de Sonny, y el 30 Elvis y ocho de sus chicos fueron a Washington, visitaron la Asociación Nacional de Sheriffs (donde Elvis les había inscrito a todos) y luego fueron a ver la sede del FBI. Allí un agente tuvo la oportunidad de realizar un informe sobre la gran estrella, donde se hizo eco de sus ganas de ayudar a combatir el crimen y de lo malutos que eran los Beatles.

8 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Y en Navidad, toca escuchar sus villancicos. ÚNicos.

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Es imposible no identificarse con Elvis. ¿Quién no ha recibido una demanda de paternidad de una camarera? ¿A quién no le han amenazado de muerte? ¿Quién no ha desvirgado a una corista? ¡¿Quién no ha votado a Nixon o ha hablado con él para dejarle claro que estás dispuesto a ser un topo?!

Gran saga, Crononauta. Un gustirrinín leerla.

José Fernández dijo...

Empieza la carroña!
Los Beatles eran muy riquiños, hombre. Deberías saber ya que la culpa de todo la tuvo Yoko Ono, que ya se sabe como son estas cosas.

ROCK´N ROLL OUTLAW dijo...

Fantástico, as usual!
Es cierto, aquí empieza la carroña, pero también una época fascinante con mucha música.

¡Un saludo!

ROCKLAND dijo...

A nivel musical, es mi año favorito del Rey. ¡Espectacular!


Saludos.

paulamule dijo...

Esa época de El Rey es inmejorable y terriblemente desconocida para la gran mayoría de los rockers que veneran a bandas del tres al cuarto. Imperdonable.
Salud.

jaytowerr dijo...

Es mi etapa favorita.El 68'Comeback Special y lo que vino después.Grande? No joder,eso es infimo!Biggfer than life que dicen los yankis

Un placer volver por aquí y encontrar otro fabuloso post marca de la casa moebius.

Un saludo

Möbius el Crononauta dijo...

supersalvajuan: no hay mejores villancicos, eso seguro

aitor FP: yo ya he hablado con ZP para que me nombre topo y pueda cantar el blues del dandy

José Fernández: yo lo sé, ¿lo sabría Elvis?

RnR Outlaw: sí, hubo mucha buena música, independientemente de otras cosas

Rockland: una añada apoteósica, oiga

paulamule: es difícil ser rocker y no vibrar con la etapa 70s de Elvis

jaytowerr: un placer para mí que usted lo disfrute. Agradecido