3 de diciembre de 1968. América asistía atónita y de forma hipnótica al formidable regreso del Rey. Todas las dudas que pudiera haber se despejaron. En el especial de televisión emitido aquel día,
Elvis demostró al mundo lo que
realmente sabía hacer.
A principios de año, sin embargo, aquel especial era todavía sólo una posibil

idad. El 15 y 16 de enero
Elvis volvía al estudio para seguir grabando posibles temas para un nuevo disco de estudio y canciones para la banda sonora de su nuevo film. La grabación tendría lugar en Nashville, donde usualmente
Scotty Moore, el viejo compinche de
Elvis, solía encargarse de preparar las sesiones de grabación.
Scotty también había dirigido su propio estudio y había trabajado como ingeniero de sonido, y
Elvis le pidió que pasara unos cuantos discos a cinta. Así, antes de comenzar las sesiones,
Elvis y
Scotty escucharon viejos temas de country y blues, y recordaron viejos tiempos. El arranque nostálgico de
Elvis y los problemas que surgieron en aquellas sesiones definían bien lo que le pasaba por la mente en aquellos momentos. Los temas que le llegaban (léase "Too Much Monkey Business" de
Chuck Berry o "U.S. Male" los finiquitaba sin problemas, pero los temas que le dejaban frío le podían llevar treinta tomas.
Las sesiones no fueron demasiado satisfactorias, y el anuncio que le hizo el
Coronel de que la NBC había aceptado firmar un jugoso contrato para el especial televisivo no le entusiasmó demasiado.
Elvis tenía tantas ganas de grabar y cantar en televisión un disco navideño como de que le sacaran una muela. En febrero llegó por fin lo que estaba esperando: el nacimiento de su hija,
Lisa Marie. A finales de mes el cantante partió hacia Hollywood para rodar su nueva película,
Live a Little, Love a Little.
Durante el rodaje
Priscilla pudo hacer por fin una vida de casada con
Elvis en su nueva mansión, a la que invitaba sólo a unos pocos amigos. La mayoría de los amigotes de la Memphis Mafia se quedaban fuera. Sin embargo, muy pronto
Priscilla se topó con una amarga realidad:
Elvis no se sentía atraído por las mujeres que habían sido madres. Hacían vida de familia con
Lisa Marie, sí, pero por las noches... aquello era otro cantar. Al final ocurrió lo inevitable:
Priscilla tuvo su primera aventura extramatrimonial con su profesor de baile.
En mayo
Elvis conoció a los productores del futuro especial televisivo. Seguía sin tener sentir el más mínimo entusiasmo por todo aquello, pero el intercambiar unas palabras con el productor ejecutivo
Bob Finkel le hizo empezar a pensar que tal vez no estuviera todo perdido. A
Finkel parecía convencerle tan poco la idea de un especial navideño como a
Elvis, y así se lo había hecho saber al mánager de
Elvis. El
Coronel se mostró reticente y duro de convencer, más que el patrocinador del evento (la prestigiosa compañía de máquinas de coser Singer), pero finalmente
Finkel le persuadió de que lo dejara todo en sus manos. Las últimas exigencias de
Parker fueron que todo siguiera girando entorno a su protegido, y que hubiera, al menos, una canción navideña. Partiendo de ese acuerdo de mínimos,
Finkel contactó con un veterano del medio televisivo,
Steve Binder, como director creativo del proyecto. Aunque
Binder llevaba años en televisión, estaba al tanto de la música contemporánea y era fan de grupos como
Beatles o los
Beach Boys, y había dirigido con éxito un especial para
Petula Clarke. Curiosamente, no admiraba especialmente a
Elvis.
Binder y su ingeniero de sonido,
Bones Howe, pasaron a reunirse con el
Coronel en su despacho en la MGM. Durante gran parte de la reunión
Parker les contó anécdotas de sus tiempos de feriante, habló sobre esto y aquello y le faltó hacer juegos de manos. Los confundidos
Binder y
Howe vieron como se escapó el tema de unas exigencias económicas que querían presentarle al mánager, pasmados como gallinas en una feria, pero les afirmó que
Elvis haría lo que fuera "siempre que le gustara", y les advirtió de que cualquier tema que cantara debe pertenecer a los derechos de editor de
Elvis, o negociarse para que así fuese. Con esta concesión, el
Coronel les dio los buenos días.
Aunque
Binder y
Howe seguramente no fueran a cobrar lo que esperaban, veían en aquel

asunto una gran oportunidad. El
Coronel les había dicho que quería "algo grande", y
Binder coincidía en que de todo aquello podía salir efectivamente algo inolvidable. Y así se lo hizo saber a
Elvis cuando se reunió con él más tarde.
Bones, que había trabajado con
Elvis años atrás, en sus días de gloria, durante las sesiones del que fue su segundo álbum para la RCA, le recordó los viejos tiempos, su energía, su entrega, y aquel viejo espíritu, le aseguro a continuación
Binder, sería lo que dominaría el especial televisivo. Mientras
Elvis se iba a pasar las vacaciones a Hawái, él y
Bones realizarían un esbozo para el programa y se lo mostrarían al cantante a su regreso. Acabada la reunión,
Elvis partió con
Priscilla hacia Hawái, donde hicieron turismo, visitaron el monumento al Arizona que
Presley había ayudado a levantar con sus aportaciones, y fueron a un torneo de kárate donde
Priscilla conoció a un apuesto campeón llamado
Mike Stone. Así pues, mientras
Priscilla, por el momento, dejaba volar su mente,
Elvis se dejaba crecer las patillas y se ponía en forma para el especial que iba a ser grabado el mes siguiente. Tenía que perder peso, y lucir la figura imponente de sus mejores tiempos.
La preproducción del especial comenzó el 3 de junio. Con "Guitar Man" (para la que finalmente habían conseguido los derechos) como tema central y la obra teatral
El pájaro azul de
Maurice Maeterlinck como
leifmotiv,
Binder y
Howe le presentaron el proyecto que habían ideado a
Elvis, sin estar seguros ellos mismos de si inspirarse en esa obra de teatro podría funcionar. Pero, para su sorpresa,
Elvis le dio su aprobación a todo, y dio luz verde al proyecto.
Binder y
Howe discutieron con
Elvis lo que estaba dispuesto a hacer y lo que no, pero, sorprendidos de nuevo por la humildad y disponibilidad del cantante, encontraron que era muy receptivo a las ideas que le proponían. Todo lo que quería, les aseguró, era hacer algo que nada tuviera que ver con sus películas. Todo lo que quería
Elvis era volver a rockear duro, y aunque el cantante seguramente no se lo dijo con esas palabras, tando
Binder como
Howe supieron lo hastiado que estaba
Elvis con su carrera cinematográfica. Y desde luego no se les escapaba, como profesionales del medio que eran, que si querían lograr impactar con aquel programa,
Elvis tenía que hacer lo único que sabía hacer: emocionar al público y volverlo loco con temas que realmente pudiera sentir.
Con esa idea en mente el guión para el programa fue evolucionando rá

pidamente. Tenían el hilo hilvanador, el tema central, y añadieron un concierto de grandes éxitos de
Elvis (los viejos temas que todos esperaban oir, y no sus estrambóticas bandas sonoras), y un pasaje informal con
Elvis, y alguno de los chicos en el que contarían anécdotas y responderían a preguntas, El programa finalizaría con el ansiado villancico que quería el
Coronel. También se pensó en quizás no sería tan mala idea poner fragmentos de algunas de las peores canciones que
Elvis había grabado para sus películas, a modo de autoparodia, pero finalmente esa idea se descartó. Todo iba como la seda. Elvis consultaba con el arreglista del coro, aprobaba esto o aquello, y quedó encantado con los bocetos que el diseñador de vestuario
Billy Belew le mostró. Por supuesto, destacaba por encima de los demás aquel majestuoso traje de cuero negro.
El primer gran escollo llegó cuando
Binder y
Howe se preguntaron por los derechos de producción de la posible banda sonora que se publicara del especial. Cuando le preguntaron por ello a
Tom Diskin, la mano derecha del
Coronel, no tardaron en recibir airadas llamadas de la NBC. Seguro que el viejo mánager les había hecho saber lo que pensaba de esas propuestas, y de las consecuencias que podían tener. El pánico cundió en la cadena televisiva. A
Binder, y especialmente, a
Howe, les leyeron la cartilla, y oficialmente
Howe quedó, por el momento, apartado del proyecto, aunque
Binder le mantuvo en plató de incógnito. Aunque llegarían más dispustas y momentos tensos a causa de la música del programa (el papel del arreglista
Billy Goldenberg que parecía chocar con el de uno de los compositores habituales de
Elvis,
Billy Strange, sí debía haber o no orquesta, etcétera), pero finalmente los problemas se solucionaron y al final no se fue todo al garete, como amenazó el
Coronel en más de una ocasión.
La producción siguió su curso, y cuando
Binder vio a
Elvis en su camerino con
Charlie Hodge, bromeando y tocando la guitarra, decidó que aquella sería la forma ideal en que llevar a cabo el "momento informal" del show. En un primer momento quiso grabarlo en los mismos camerinos, pero poco a poco, dado el entorno de
Elvis (léase el vigilante
Coronel), el "momento informal" se trasladó a plató, con
Charlie Hodge,
Scotty Moore y
DJ Fontana, y la espontaneidad sería más dirigida por guión que espontánea. Con todo, sería una parte del programa muy interesante:
Elvis volvía a hacer jams de nuevo con sus viejos compinches. De todas formas, a la postre,
Elvis no tuvo que aprenderse un guión en sí mismo.
Binder simplemente le escribió en un papel los temas que quería que abordara (las viejas polémicas de los 50, su famosa pelvis, la relevancia de la música en su vida, y tal), y le aconsejó que se dejara llevar.
Elvis, padre orgulloso.
La grabación de los temas que debían emitirse pregrabrados comenzó el día 12 en unos estudios de Los Ángeles. La idea era recurrir a las pistas grabadas siempre que fuera necesario, por ejemplo durante las coreografías que
Elvis tenía que realizar durante el programa. Lo primero que tenían que dejar listo era el largo popurrí central del programa, que partía de "Guitar Man", y se dejaba ir por los pasajes y arreglos de
Goldenberg, que quería lograr lo que
Quincy Jones había logrado para el film
A sangre fría.
Goldenberg, de formación clásica, y bastante alejado del rock and roll, temía la reacción de
Elvis al tener que grabar con una orquesta, pero, de nuevo, el cantante aceptó sin mayores trabas.
Lo siguiente a grabar era el tema final.
Binder había propuesto acabar con un monólogo de
Elvis tras el villancico, en el que el cantante diera un mensaje de buena voluntad y esperanza a los espectadores. Por supuesto, el
Coronel lo había rechazado. Quería un villancico al final. Punto. Aun así,
Binder sentía que podían hacer un final mejor, con más significación. Hacía unos años,
Sam Cooke había grabado "A Change Is Gonna Come", y
Binder quería algo parecido, menos radical y político, pero algo con contenido. Por ello encargó al arreglista vocal,
Walter Earl Brown, que se fuera a casa y compusiera un tema en esa línea.
Brown así lo hizo, y, con el reciente asesinato de
Martin Luther King en mente, compuso la magistral "If I Can Dream". Cuando
Brown se la mostró a
Binder, éste supo que ya tenía su memorable final. Pero ahora faltaba lo más difícil. Convencer al
Coronel.
Cuando
Binder le comunicó sus planes al productor
Bob Finkel, éste casi se

lo hace encima. Todos sabían como se las gastaba el Coronel, y éste no había parado de repetir que quería acabar con un villancico.
Binder decidió sortear el obstáculo ganándose primero a
Elvis.
Earl Brown le mostró el tema,
Elvis se lo hizo repetir varias veces, haciendo algunas preguntas sobre esto y aquello.
Presley, visiblemente entusiasmado, afirmó que la tocarían. Cuando se aseguró de que el
Coronel sabía el parecer de
Elvis,
Binder fue a hablar con el mánager, y éste, por fin, cedió. Se hizo el papeleo correspondiente, se arreglaron los derechos, y ultimado todo,
Elvis, con las luces del estudio atenuadas, grabó "If I Can Dream" y dejó a todo el mundo sin habla.
Los ensayos y el rodaje llegaron a finales de mes, y conforme se acercaba el momento de que las cámaras se pusieran a rodar,
Elvis se mostraba cada vez más entusiasmado, y más nervioso. Lo que más temía era el momento en que volvería a ponerse delante de un público, cantando en directo un popurrí de sus viejos clásicos, que mezclaban música en directo con música pregrabada. Encerrado en su camerino, el miedo escénico comenzó a hacer mella en él.
Binder fue a verle, y ante su sorpresa,
Elvis le dijo que quizás todo aquello no era tan buena idea y que no quería salir.
Binder le calmó, y finalmente pudieron convencerle. Cuando las cámaras se pusieron a grabar, si
Elvis se moría por dentro, desde luego no lo parecía. Enfundado en su elegante traje de cuero negro,
Elvis volvía a ser lo que nunca debería haber dejado de ser: puro y visceral rock and roll.
Cuando todo terminó, a
Elvis se le debió hacer más difícil que nunca volver a rodar una película. Pero tenía un contrato por cumplir y
Charro le esperaba. Sin sorprenderle en absoluto, al llegar el plató vio que el guión había degenerado de un ágil
spaghetti western en una peli de vaqueros insulsa. Mientras
Elvis rodaba su película, el
Coronel repasaba el montaje final del especial de la NBC. Enseguida lanzó quejas, escribió memorándums, y le hizo saber a todo el mundo lo que no le gustaba. Sobretodo, le indignó que, tras toda su insistencia, ¡el villancico había sido eliminado del montaje final! Lanzando rayos y centellas por doquier, obligó a que restituyeran "Blue Christmas", con lo que el animado tema "Tiger Man" se quedó fuera.
Tras acabar el rodaje,
Elvis pasó las vacaciones en Palm Springs, y a finales de septiembre regresó a Memphis sólo para toparse con la noticia de la muerte de
Dewey Phillips, el DJ que radió por primera vez a
Elvis y su música, y que significó, a la postre, el comienzo de la bola de nieve que convirtió al cantante en un fenómeno musical. Llevaban tiempo distanciados, la carrera de
Phillips había ido a menos, y en los últimos tiempos su vida había sido un caos, y su actitud hacia
Elvis cada vez más se iba ido pareciendo a la de un Homer al que Moe le hubiera robado un famoso flameado. De todas formas fue un golpe inesperado, y
Elvis fue generoso con la mujer e hijos de
Phillips y se encargó de que no les faltara nada. Tampoco dudó en asistir al sepelio y presentarle sus respetos a la familia de
Dewey.
A la muerte de
Dewey le siguió otra más previsible, la de
Bobby, el primo de
Elvis, hundido en el alcoholismo desde hacía tiempo. También falleció su tío
Johnny, que le había enseñado algunos acordes cuando era pequeño. Fueron varias muertes seguidas, pero quien sabe si
Elvis no sintió más la muerte de
Phillips que la de sus familiares. De todas formas, el cantante tenía que seguir con su vida, y le esperaba un nuevo film que rodar,
Mis problemas con las mujeres. Era otro film insulso, pero las esperanzas que muchos tenían depositadas en el especial televisivo comenzaron a hacerse realidad cuando el 5 de noviembre se publicaba el sencillo de "If I Can Dream". Poco a poco el tema fue escalando posiciones, para finalmente convertirse en su tema más exitoso desde "Crying in the Chapel".
Por fin, llegó el día de la emisión del especial que el tiempo conocería como el
'68 Comeback
Special. Toda América, incluyendo una nueva generación de niños y preadolescentes que quizás se preguntaran por qué sus madres adoraban a
Elvis en vez de a los
Monkees, pudo comprobar por qué a aquel tipo le llamaban el Rey del rock.
El programa fue un éxito, el mayor de la NBC aquella temporada, y las audiencias fueron excelentes. Elvis había vuelto, y adelantándose a los acontecimientos, el Coronel ya había comenzado a negociar con un hotel en Las Vegas que ni siquiera estaba acabado todavía (el International Hotel) para una serie de conciertos a cambio de medio millón de dólares.
Cabe preguntarse hasta dónde habría estirado el
Coronel la cuerda del negocio de las películas si éstas, y sus correspondientes bandas sonoras, se hubieran seguido vendiendo tan bien como al principio. A la postre, no fue el considerable hastío y frustración de
Elvis lo que le llevó a negociar aquel especial televisivo (aunque seguro que podía adivinar en dónde podía terminar todo aquello), sino el hecho inapelable de que cada vez iba menos gente a los cines y que las bandas sonoras sólo se vendían a los fans acérrimos. Sencillamente en plena Era de Acuario las películas de chicas de
Elvis no podían competir con
Easy Rider.
Quizás el
Coronel pudiera ver todo esto, y por eso fuera aceptando cambios y delegando en otros el contenido del especial, aferrándose, finalmente, a su villancico, por razones, obviamente, puramente comerciales. En fin, seguramente sea pudiera especular eternamente sobre si, de haber seguido siendo rentables,
Elvis se habría visto obligado a sentirse como un bufón delante de una cámara por el resto de sus días, o si habría dado un ultimátum.
El hecho es que las circunstancias facilitaron el cambio de rumbo, y cuando el especial que trajo al viejo
Elvis rockero de vuelta fue un éxito, el Coronel se puso en contacto con Las Vegas y a partir de entonces ya nada fue igual.