El 1 de mayo 1967 un mismo grito incrédulo se oyó por todo el orbe. Aquel día a millones de fervientes fans femeninas se les rompió el corazón. En una breve ceremonia celebrada en el Aladdin Hotel de Las Vegas,
Elvis Presley contraía matrimonio con
Priscilla Beaulieu.
El año había comenzado como tantos otros, con
Elvis descansando

en Memphis y un nuevo acuerdo entre él y su mánager, el
Coronel Parker. Se introducían algunas novedades (por ejemplo, se explicitaba lo que ya era un hecho de facto: la exclusividad de representación de
Parker hacia
Elvis, como su único cliente) aunque la tarifa del
Coronel del 25% seguía igual, aunque ésto solo se aplicaba a las ganancias de los contratos. Los beneficios netos de, por ejemplo, las películas del cantante, se repartían mitad y mitad. La principal novedad fue la formalización de una sociedad entre
Elvis y el
Coronel, como si montaran entre los dos una empresa de promoción cuyo producto era el propio
Elvis, claro. En resumen, todo seguía igual.
Parker se ocupaba de los negocios y
Elvis de grabar y actuar.
Con plena confianza en su mánager,
Elvis seguía perdido en su nueva pasión: los caballos. Había montado una pequeña cuadra en Graceland, pero eso empezaba a no ser suficiente. Encontró su solución en un rancho de 65 héctareas a unas diez millas de Graceland, que descubrió volviendo de una excursión. Envió a
Alan Fortas a preguntar por el precio, pero la impaciencia le pudo y apareció por la puerta, doblando, triplicando o quién sabe cuánto más el precio por el rancho. Como era habitual en el,
Elvis ni siquiera se planteó regatear, y le dijo a sus chicos que pagaran lo que le pidieran por él. El precio final casi llegó al medio millón de dólares, al que siguieron otros cientos de miles más en gastos de remodelación, maquinaria agrícola y demás.
En aquellos meses
Elvis se sumergió en uno de sus
buying sprees en que nada importaba ni menos aún el coste. La modesta casa del rancho pronto no fue bastante, se hizo una mayor. Luego llegaron las autocaravanas para todos, a los que siguieron camionetas para todos.
Elvis compró 25, y al final incluso sobraba una. El cantante le dijo a
Alan Fortas que se la diera a alguien, por ejemplo, a aquel señor de allí. Era el vendedor de las camionetas. Por supuesto, vendedores de todas las clases ofreciendo toda clase de cosas se agolpaban cada día a la puerta del rancho. Dinero aparte, los primeros meses en el rancho fueron un breve período de felicidad para
Elvis y la Memphis Mafia, donde solían haber facciones que competían unos con otros, envidias, y demás. Todos los chicos, junto con sus mujeres o novias, se fueron a vivir al rancho. Vestían al modo vaquero, cabalgaban, hacían barbacoas y vivían la vida del ranchero. Los jipis tenían comunas, y
Elvis tenía una comuna ranchera.
A mediados de febrero las cosas empezaron a ir mal.
Vernon (y quién sabe si el
Coronel, pero desde lue

go nunca lo aparentaba) comenzaba a preocuparse por la economía familiar. Un rancho era un lujo caro incluso para un millonario, pero lo peor eran los despilfarros de
Elvis, más cuantiosos que nunca. Justo en una época en que las ventas de sus discos y las recaudaciones de sus películas comenzaban a flojear. Y no había que ser un genio para sumar dos y dos. El padre del cantante tan sólo soñaba con que, como le había vaticinado el
Coronel,
Elvis se aburriera pronto de su capricho ranchero.
Por otro lado, el día 21
Elvis había llegado al estudio para grabar la banda sonora de su nuevo film,
Cambalache. La preselección de temas había corrido prácticamente a cargo de
Red West. El cantante decidió ignorar las siguientes sesiones, y quedarse en el rancho junto a
Priscilla. El rodaje comenzaba a principios de marzo. El preocupado
Coronel le envió una carta a
Marty Lacker, el hombre para todo y capataz de
Elvis, acusándole de no hacer su trabajo y no preocuparse de sus funciones. En resumen, le relevaba de su puesto. La noticia de que
Elvis tenía sobrepeso le puso furioso. Al igual que Tony Montana, el
Coronel sólo tenía sus cojones y su palabra. Si
Elvis no acababa la grabación a tiempo y se retrasaba a la hora de presentarse en el rodaje,
Parker perdía fuerza a la hora de negociar. Y lo que es peor, podía afectar a su inquebrantable reputación del mánager que siempre cumplía.
Los peores temores del
Coronel se hicieron realidad cuando
Elvis le pidió qu

e pospusiera el rodaje. Decía no encontrarse bien. Pero
Parker no pasó por el aro. Si quería una baja, le dijo, necesitaría un certificado médico. Fue entonces cuando
Elvis conoció a
George Nichopoulos, a quien la posteridad conocería como el
Doctor Nick. El cantante recurrió a
Nichopoulos por medio de la novia de uno de los chicos,
George Klein, cuando no pudo localizar a su médico habitual.
Nichopoulos cayó bien a
Elvis (quizás porque gracias a él se logró retrasar el rodaje tres días), y desde luego no sería la última vez que atendería al cantante. Finalmente el rodaje comenzó el 6 de marzo. El vestuario se modificó. El sobrepeso de
Elvis era evidente.
Sin embargo a los pocos días el rodaje se pospuso de nuevo. Una noche
Elvis había ido al baño y se había desmayado, golpéandose la cabeza contra la bañera. Aunque salió bien parado con algunas contusiones, era el primer síntoma físico de que los años de abusos con las pastillas comenzaban a hacer efecto.
El
Coronel estaba fuera de sus casillas, y dos días después del incidente reunió a todos los

chicos, incluido
Elvis, como un sargento haría con su pelotón. Exilió a
Marty Lacker a encargarse sólo de organizar eventos especiales, ordenó, cual familia del Quijote, que desaparecieran todos los libros que el peluquero gurú
Larry Geller había llevado a
Elvis, y le prohibió que le llevara ninguno más. Al resto les leyó la cartilla, en general, acusándoles de festejar demasiado y no preocuparse de lo esencial. Mientras todos los chicos odiaban a
Parker aguantando el chaparrón,
Elvis permaneció en silencio, con la cabeza baja, como el niño al que se pilla haciendo algo prohibido. La bomba la dejó para el final: el
Coronel anunció que había que recortar gastos, y que al volver a Memphis tal vez hubiera que hacer algunos "despidos". En medio de todas aquellas tensiones, el rodaje de
Cambalache se reanudó dos semanas más tarde.
Los preparativos de la boda no tardaron en llegar. A parte de sus familiares y su padre, el
Coronel, y el núcleo californiano de los fiesteros de la Memphis Mafia (lo que dejaba fuera al bufón
Lamar y a
Alan Fortas, excluido temporalmente del grupo además por su fuerte dependencia de las drogas),
Elvis invitó también a su joyero, aunque su comitiva no era en realidad demasiado grande. El padrino sería
Marty, lo que enfureció a
Priscilla, porque
Marty nunca la había tragado. Para compensar,
Elvis puso a
Joe Esposito de co-padrino. El último día de mayo la feliz pareja voló a Las Vegas en el avión privado de
Frank Sinatra.
La ceremonia iba a tener lugar por la mañana, en una casa de un amigo del
Coronel, y sería muy íntima, por la falta de espacio: sólo familiares y los padrinos. Los chicos se

quedaban fuera.
Red West se enteró de la noticia poco antes de la ceremonia.
Red no lo podía creer. Habían pasado mucho juntos,
Red había estado siempre allí, desde los días del instituto, y
Elvis prefería tener a su lado a
Joe Esposito, un chico que no era de "casa" (es decir, sureño;
Esposito era de Chicago, y dentro de la Memphis Mafia ser sureño era algo que contaba). En definitiva,
Red West soltó por la boca todo lo que pensaba de
Elvis y del
Coronel, y se marchó junto a su esposa, para no volver. Al menos, estaba convencido de haber acabado con
Elvis para siempre. Los demás tampoco parecieron considerar un bonito gesto el que no se les invitara a la ceremonia, pero lo achacaron todo al
Coronel y decidieron aceptar el estado de las cosas. Mientras
Elvis se casaba, y los chicos los festejaban,
Red permanecía encerrado en su habitación del hotel, esperando para coger un vuelo a Los Ángeles. Para comprar el billete tuvo que pedir dinero prestado al joyero de
Elvis. Horas después, a muchos kilómetros de allí, el caído en desgracia
Larry Geller se enteraba de la boda por la prensa.
Tras pasar unos días en Palm Springs, los recién casados se fueron al rancho, para al final de mes dar una recepción de boda a los conocidos y amigos de Memphis. En junio
Elvis, Priscilla, los chicos y sus parejas se montaron en el remozado bus Greyhound y se fueron a recorrer el país, visitando sitios emblemáticos como el Gran Cañón. Tras esas vacaciones de la gran familia a
Elvis le esperaba un nuevo rodaje, la película
Pista de carreras, junto a
Nancy Sinatra. El cantante sabía que el horno no estaba para bollos después de la bronca del
Coronel, por lo que esta vez las grabaciones de la banda sonora fueron como la seda. Además
Presley sabía que había que echar un poco el freno, tanto por su accidente en el baño como por su nueva vida de casado. Mientras,
Priscilla trataba de sobrellevar como podía el hecho de que la boda no hubiera significado mucha más privacidad de la que tenían antes. Y además, por entonces supo que estaba embarazada.
La noticia no le sentó nada bien. No había tomado anticonceptivos porque
Elvis, el hombre de las mil pastillas, se había negado a ello, aduciendo que no se había demostrado que fueran del todo inocuas.
Priscilla tenía planes: ir a Europa, ver mundo, disfrutar algo más de la juventud. Pero aquel embarazo lo estropeaba todo. Llegó a pensar en abortar, y
Elvis prometió apoyarla decidiera lo que decidiera. Pero finalmente
Priscilla no se sintió capaz. Con todo, trató de aparentar que nada le ocurría. Comenzó un plan de adelgazamiento y trató de ocultarlo todo hasta que finalmente tuvo que aceptar la realidad. La vida continuaba, y los días de sensación familiar del viaje en autocar se alargaban, con el
Coronel incluido, que comenzó a asistir a las barbacoas de los domingos junto con su mujer, a bañarse en la piscina y a, quién sabe, tal vez vigilar a
Elvis de cerca.
Jerry Reed,
redneck malcaradoRespecto a los negocios, la cosa seguía flojeando. Aquel año el único motivo de alegría fueron las buenas ventas del álbum de góspel
How Great Thou Art. Las bandas sonoras se vendían en unas cuantas decenas de miles de copias, las películas no iban mucho mejor, y
Hal Wallis, productor de los films de
Elvis durante todos aquellos años, se cansó de las presiones y peticiones continuas del
Coronel, y decidió invertir su tiempo y el dinero de la Paramount en otra parte. Para finales de aquel verano a
Elvis le quedaba un contrato de tres películas con la MGM. Al menos, por entonces el cantante ya se había cansado, como había predicho
Parker, de jugar a ser un vaquero, y para entonces el rancho estaba ya prácticamente desmantelado.
Ya fuera por comodidad, o porque se buscaban quizás nuevos retos y sonidos, se abandonó definitivamente el estudio B de Nashville. A partir de entonces
Elvis y su nuevo productor,
Felton Jarvis, grabarían en Los Ángeles con músicos de sesión de la ciudad. Durante lo que quedaba de año las grabaciones de
Elvis parecían estar destinadas a ser las últimas en Nashville. En septiembre entró en el estudio de nuevo. Jugueteó con temas como "The Wonder of You" o un viejo tema de
Eddy Arnold, "After Loving You". Encantado de un tema que había oído en la radio,
Elvis pidió que se consiguieran los derechos de la canción. El tema era "Guitar Man", y casualmente su compositor,
Jerry Reed, estaba en la plantilla de la RCA. También optó por un viejo blues de
Jimmy Reed, "Baby What Do You Want Me to Do". Era como si el subconsciente de
Elvis le pidiera volver a los temas potentes, a los clásicos que siempre le habían gustado. El entusiasmo de
Presley llevó que a llamaran al propio
Jerry Reed para que grabara las guitarras de "Guitar Man", ya que los músicos no parecían lograr sacar el sonido del tema original.
Jerry era lo más parecido a un punk que podía haber en el Nashville de los 60, y su aparición estelar, con barba de una semana y desarrapado, como si se hubiera dejado caer desde una cabaña perdida en mitad del bayou, no dejó a nadie indiferente. De todas formas con sus peculiares afinaciones y su sonido característico, el resultado final de "Guitar Man" fue espléndido. A
Elvis le encantó como quedó.
El problema surgió cuando, una vez grabado el tema, se descubrió que
Freddy Bienstock,

el encargado de las partes técnicas de derechos de canciones y demás, no había negociado con
Jerry acerca del asunto. En mitad del estudio se trató el tema, y ante la sorprendente mirada del resto de músicos,
Jerry se negó a ceder los derechos. Quizás no se tratara sólo de dinero, tal vez
Jerry Reed, perro viejo, sabía lo que valía un sencillo de
Elvis, y sabía que a él le había encantado su canción. No parecía dispuesto a ceder por menos de lo que creía justo. Por tanto
Jerry Reed dejó la sesión enfurecido, y se siguió maquinalmente con la sesión sin lograr ya resultado alguno.
Elvis estaba desilusionado. A la noche siguiente, sin embargo, se lograron algunos avances, y
Elvis completó "You'll Never Walk Alone", un viejo tema interpretado por
Roy Hamilton que hoy es mundialmente conocido por ser el himno del Liverpool FC. Acabadas las sesiones,
Elvis regresó a Memphis a descansar, y a celebrar el 29 de septiembre, declarado por el gobernador Día de Elvis Presley. El 1 de octubre el cantante volvía al estudio para grabar la banda sonora de su nueva película, en la que interpretaba a un indio que trabajaba en los rodeos. Un avergonzado
Elvis, tan apesadumbrado como el Mesías en el jardín de los olivos, grababa "Dominick", un tema pensado para que le fuera cantado a un toro. Incluso el
Coronel tuvo que darle un toque de atención a
Bienstock por lo que parecía cada vez más una total desidia en seleccionar los temas que
Elvis tenía que grabar para las películas.
A pesar de "Dominick",
Elvis se animó un poco en el rodaje, al estar rodeado de grandes profesionales como
Burgess Meredith o
Katy Jurado. Las bromas de
Elvis y los chicos volvieron a un rodaje, mientras en Memphis se subastaban todas las compras que el cantante había realizado para el rancho: tractores, camionetas, equipo agrícola, etcétera. Mientras el
Coronel comproba media hora en más de dos mil emisorias de radio por todo el país para poder emitir en Navidad un especial con canciones góspel y temas navideños de
Elvis.
Acabado el rodaje,
Elvis volvió a Memphis para descansar, y también se fue con
Priscilla a Los Ángeles a comprar allí una casa.
Priscilla quería un sitio íntimo para ella,
Elvis y el futuro bebé. En las próximas semanas
Priscilla iba a disfrutar de lo lindo redecorando la casa. Para despedirse del rancho
Elvis y los chicos fueron allí a montar una pelea de bolas de nieve, un recuerdo que sería, junto con unos cuantos caballos, lo único que le quedaría a
Elvis de su aventura vaquera. El Fin de Año se celebró con una nueva fiesta, en la que
Elvis se puso ciego a bloody marys junto con
Vernon, mientras se despachaba a gusto con su bufón preferido, el orondo
Lamar, tan borracho como ellos. Como colofón
Elvis le metió la cabeza entre hielos.
Cuando finalmente llegó Año Nuevo, el
Coronel Parker llevaba tiempo negociando con la NBC un especial navideño, con vistas de ser emitido las navidades del 68.