jueves, 29 de abril de 2010

Crosstown Traffic... de nuevo

Hace unos pocos días muchos nos desayunábamos o comíamos con la noticia. Sorprendente, terrorífico, y muy real. Y con todo, casi podría decirse, de una manera bastante fría, que no es si no otra historia de Nueva York.
Sólo he estado una vez en la Gran Manzana, pero me encantó la ciudad, y si por mí fuera creo que la visitaría cada año. Pero la ciudad ya no tenía mucho de aquella Babilonia sucia y perversa de los 60 y 70. Por suerte para todos, tanto habitantes como turistas. Aunque como ya conté aquí, eso no fue óbice para que no pasara unos momentos algo tensos en el Bronx.

La tétrica historia del pobre mendigo creo que no llegó a sorprenderme, tratándose de Nueva York. Pero reconozco que si hubiera ocurrido en mi ciudad tampoco sé si me habría llegado a sorprender. Seguro que una situación similar ya se debió dar en las calles de la Roma imperial, o en el Renacimiento. O tal vez no. Pero me parece que aquellos antepasados que habitaban las cuevas y trabajaban el sílex cuidaban más de los suyos que nosotros.
No sé si es la condición humana, el cerebro reptiliano, o si, una vez más, hemos de constatar que esto se está yendo al garete.

La noticia ciertamente no pertenece a la Metropolis de Supermán, sino al Gotham de Batman, y al Nueva York del videoclip del "Crosstown Traffic" de Hendrix, el para mí mejor (y es tan sencillo) videoclip del genio de Seattle. Así es este mundo, somos capacesde lo mejor y de lo peor. Y al minuto 1:00 me remito. "Crosstown Traffic" ya apareció en este blog, pero por una vez me repito. Y es que no he podido evitar acordarme de esa otra Nueva York.

Pobre indigente, si hay un lugar mejor, espero que esté en él. Y tengo una pregunta terrible. Si hubo una mujer atracada a la que el indigente defendió, ¿dónde se metió luego? ¿Le ayudan y luego no avisa a nadie? Prefiero no pensar en ello.

miércoles, 28 de abril de 2010

Atmósfera cero (1981)

Si uno se imagina cómo debía ser la mina de la que venían los tripulantes de la Nostromo antes de ser masacrados por un alienígena revientacabezas, seguramente le venga a la mente algo parecido a la mina de titanio de Atmósfera cero, y ciertamente las similutades no son casualidad.

Atmósfera cero fue uno de esos films que fueron claramente fruto del éxito de Alien, el octavo pasajero. De hecho Atmósfera cero tuvo detrás a Alan Ladd Jr, que había sido presidente de la Fox durante el rodaje del tétrico film de Ridley Scott, y comenzaba una nueva andadura con su propia productora. Desde los créditos iniciales pasando por la banda sonora de Jerry Goldsmith (seguramente otra elección que tampoco fue casual) hasta la ambientación, Atmósfera cero seguía los pasos de la exitosa película de terror alienígena.

Atmósfera cero fue dirigida por Peter Hyams, uno de esos directores irregulares que tuvo sus aciertos, especialmente en el campo de la ciencia ficción, sin alcanzar niveles estratosféricos. La idea era crear un western espacial y futurista, y los paralelismos de parte de la trama principal enter Atmósfera cero y Solo ante el peligro no pasaron inadvertidos, aunque el film de Hyams no resista comparación alguna con el clásico de Fred Zinnemann.

En realidad Atmósfera cero es un correcto film de ciencia ficción sin pretensión alguna que busca el puro entretenimiento de forma sencilla y más o menos creíble. Desde luego no tiene un guión a prueba de bombas, pero Hyams logra sacarle jugo a los efectos especiales y ofrecer una imaginería planetaria bastante hermosa, aparte de que decorados y demás estén impregnados de esa tecnología de "futuro viejo" de Alien. Y quizás la película no hubiera funcionado tan bien con otro protagonista, pero Sean Connery lleva el peso de la película sin problemas, y a la postre las grandes estrellas están entre otras cosas para eso, para completar con su carisma y buen hacer cualquier grieta que pueda tener el film. Además Peter Boyle (el inolvidable monstruo de El jovencito Frankenstein) se revela como un villano curioso.

Ya os imagináis por dónde va la cosa: si alguna noche no tenéis nada que hacer o ver, preparad palomitas y poneos a ver Atmósfera cero. No cambiará vuestras vidas, pero encontraréis buen y decente entretenimiento espacial.

lunes, 26 de abril de 2010

Niños de la revolución

Si el Buffalo Bill de El silencio de los corderos hubiera jugado frente al espejo al ritmo de "Children of the Revolution" habría sido todavía más impactante.



I drive a Rolls-Royce 'cause it's good for my voice. Una frase que no sólo resume el espíritu del glam rock, sino el modo de vida de las estrellas del rock. Marc Bolan y T.Rex, imprescindibles.

domingo, 25 de abril de 2010

Dibujos desanimados (VII)

El amigo Cayo Coyuntural está de vuelta, tíos.

El rey Arturo: ...y los Caballeros de la Justicia. Obviamente esta serie no fue escrita por Godofredo de Monmouth. La serie era como unos Caballeros del Zodíaco descafeinados, y la verdad, habiendo visto Excalibur, ¿qué crío iba a aguantar la serie ésta? Yo desde luego no. ¡Wagner es el reeey!


Raqueta de oro: Otra serie romántico-deportiva, que seguía la estela de los veisboleros Juana y Sergio y, salvando la distancias, Campeones. Tenía todos los ingredientes para el triunfo: rizos, rivales femeninas pérfidas, un guaperas sosaino, pelotazos tenísticos a mach 5 o 6, trayectorias con rayos y otras subnormalidades propias del género. Sin embargo Raqueta de oro ha caído en el ombligo. Perdón, es que Shakira me ha enviado un sms al móvil y me he despistado. Decía que, 'nuncalomenos', Raqueta de oro ha caído, inexplicablemente, en el olvido. ¿Cómo pudo suceder tal cosa? Seguramente en Geffen temieran que la serie pudiera rivalizar con las ventas de los Guns, así que debieron impedir cualquier promoción de las raquetas y retiraron los videos de las tiendas. O fue eso, o quizás Bobby Durango se fugó con todas las raquetas.

Eriko: Otra serie ñoña de dibujos para niñas, cuya intro seguramente inspiró el Guitar Hero.

Ana de las tejas verdes: Era esa clase de serie que tu madre quería que vieras, aunque uno prefería ver Dragon Ball con sus bolas de fuego, sus Bulmas y su sangre a propulsión por la nariz. Por cierto, ¿dónde porras estaban las tejas verdes? Yo no las vi por ninguna parte.

El capitán Harlock: De izquierda a derecha: un clono desfasado de Darth Vader mezclado con una máquina de café de oficina cubierta por una capa púrpura; un androide de protocolo diseñado para presentar El diario de Patricia; un clono gay de Pumuky; una pelirroja limpia de pecas y altramuz morenote; Julie Christie en Doctor Zhivago; un niñato cabezón que parece fugado de un centro de menores; Orko, el brujo de He-man, disfrazado de Capitán Nemo; un vagabundo con bandolera y finalmente el propio Harlock, todo un bachibazuk marinero de agua dulce que tendría que morir mil veces antes de poder servirle el whisky al Capitán Haddock.

Mandibulín: La Hannah-Barbera tuvo sus cosas grandes, y sus series míticas, pero desde luego Mandibulín no es una de ellas. Podría haberse ido a nadar junto a Delfy y algún otro bicho animado gilipollas. Claro, como Spielberg había puesto de moda los tiburones, venga a sacar partido. Y así encasquetaron al mundo esta serie, donde Mandibulín y sus vertebrados amigos nadaban y hacían el mico, y viajaban a sitios tan hilarantes como Aqualaska, haciéndole desear a uno que nadaran hasta el Mar del Japón, a ver si algún arponero nipón les convertía en sopa de aleta de tiburón. Pero nada, se ve que no hubo suerte.

New Kids On The Block: ¡Ah, mísero de mí! ¡Ah, infelice! ¡Apurar a Nsync pretendo, ya que los tratásteis así! ¿Cómo pudistéis acusar a los New Kids (niukiiiiids, modo fan histérica on) de cantar en playboy? Ah, cuán mala es la envidia. Pero claro, había que allanar el camino para esos tales Nirvana, que no sólo no tocaban ellos, sino que además ni siquiera sabían fingir un playback. Injusto.
Pero bueno, aparte de todas estas conspiraciones, con el éxito hipermegamasivohuracanado que tuvieron los New Kids (niukiiiiids), la serie de dibujos no tardó en llegar. ¿O acaso iban a ser menos que MC Hammer? Y nada, alguna productora decidió perpetrar esta serie dibujando a la banda y poniéndola en situaciones tan idiotas como sus poses. Hannah y Barbera se habrían revuelto en sus tumbas, sino fuera por que los malditos nos endiñaron al jodido Mandibulín.

miércoles, 21 de abril de 2010

El reinado de Elvis: 1960

Volvía a casa. Una de las noticias más esperadas por la juventud de América iba a hacerse realidad muy pronto. Elvis regresaba del servicio militar con el deber cumplido y mucho trabajo por delante. Antes de partir había matenido multitud de entrevistas, y había desvelado sus planes más inmediatos en una conversación telefónica con el presentador Dick Clark. El coronel, una vez más, no había dejado nada al azar, y desde noviembre llevaba trabajando en una campaña promocional preparando el terreno para la llegada de su único cliente. A Elvis le esperaban muchas cosas: una película, un especial televisivo por su vuelta en el programa de Frank Sinatra, y grabaciones para la RCA.
En lo personal Elvis tenía la cabeza llena de planes y miedos. Planes para Priscilla, su gran amor distinto a cualquier otro que hubiera podido conocer antes, a quien dejaba estudiando en Alemania; planes para sus amigos, a los que había pedido que no perdieran el contacto y se reunieran con él en Memphis. Contaba no sólo con los habituales (los primos Red y Sonny West, Lamar Fike, los primos de Elvis y el resto de chicos), sino además sus nuevos amigos de su etapa en el Ejército, gente como Charlie Hodge, Joe Esposito o Rex Mansfield). Y trataba de aceptar la nueva relación de su padre Vernon.

Su llegada a los Estados Unidos debió despejar cualquier duda que pudiera tener Elvis sobre si le seguirían recordando. Su música perduraba, y su recuerdo perduraba, y el coronel había cuidado de que así fuera. La estrella de rock se encontró con ruedas de prensa multitudinarias, y miles de fans en cada parada del tren que le llevaba a Memphis, tras haber recibido del Ejército su finiquito de 109,54 dólares. Bromeando, el coronel le pidió su comisión.

De vuelta en Memphis es como si esos dos años en el Ejército nunca hubieran existido. Se reunió con Anita Wood, su novia de antes de marchar a Europa, al tiempo que se trajo con él a Elisabeth, su novia de Alemania antes de conocer a Priscilla, quien además había tenido un romance con Rex Mansfield. Rodeado de sus tíos y tías, primos, su padre, amigos y sus amigas y novias, todo volvía a ser como antes. La pista de patinaje y el cine Memphian Theatre seguían disponibles para él y su cortejo durante las noches. Sin embargo, la duración de Elvis con Rex y Elisabeth duraría poco. Cuando Elvis le dijo a Elisabeth que ya era libre de ver a quien quisiera, Elisabeth llamó a Rex. Pronto hicieron planes de boda y se lo comunicaron a Elvis. El cantante les dio una fría bendición y los dejó marchar. Cuando tres meses después se casaron, recibieron una foto autografiada del Rey. Nunca más volvieron a saber de él.

El 20 de marzo Elvis acudió a su primera sesión de grabación. Allí estaban Scotty Moore, DJ Fontana, los Jordanaires y prácticamente los mismos músicos de sesión que le habían apoyado en sus grabaciones previas a marcharse. Elvis contó batallitas de la mili, hizo algunas demostraciones de kárate y se lanzó a grabar "Make Me Know It". A lo largo del día se fueron añadiendo más grabaciones como "Soldier Boy", "Stuck On You" o "A Mess of Blues". Los productores respiraron aliviados, Elvis lo seguía teniendo. Y los capos de la RCA, a los que el coronel Parker había mantenido a un espartano régimen de canciones a cuentagotas del repertorio grabado por el cantante antes de su marcha, rechazando cualquier posible nueva sesión, respiraron también por fin, y no tardaron en sacar como sencillo "Stuck On You", que afinales de abril llegaba al número uno en las listas. Ahora ya podía decirse del todo que el Rey había vuelto a por su trono.

Tras acabar sus grabaciones Elvis partió hacia Florida para grabar el especial televisivo junto a Sinatra. Las multitudes se agolparon de nuevo junto a las vías y estaciones de tren para ver a Elvis, y Scotty Moore comparó el viaje con el funeral de Lincoln.
Tras el especial televisivo se encontraban, naturalmente, los hilos del coronel, que había batido un récord al obtener para su pupilo 125.000 dólares por una aparición de apenas diez minutos. Frank Sinatra, el anfitrión, tuvo que tragarse sus ataques contra el rock, y anunció en la rueda de prensa que, a la postre, Elvis se merecía el homenaje, y que al fin y al cabo creía en lo que hacía. El encuentro entre los dos colosos al principio fue algo tenso, pero Sinatra estuvo correcto en todo momento y aunque tal vez ninguno de los dos invitara al otro a una cerveza, ambos sentían respeto el uno por el otro, y con todo lo que iba a venir después (la oleada británica, los hippies y demás), Sinatra fue sintiéndose cada vez más apegado a Elvis, aunque nunca fueran íntimos ni nada parecido. El programa especial, que iba a emitirse en mayo, lograría unas audiencias aplastantes.

Acabada la grabación Elvis regresó a Memphis, donde descansó una semana antes de ir a Nashville para una nueva sesiónde grabación el 3 abril. El coronel le recordo que debía grabar ocho canciones y no más, pues era todo lo que necesitaban para cumplir el cupo de canciones para la RCA. Los músicos serían los mismos, más un saxofonista, y Danny Harman, un batería que doblaba y apoyaba a Fontana.
La primera canción de la sesión a grabar fue "Fever", a la que siguió uno de los temas seleccionados por el editor Freddy Bienstock para Elvis, una versión del clásico napolitano "O Sole Mio", rebautizada como "It's Now or Never". La canción gustó mucho a Elvis, pues era un reto para él, y quería saber si podía emular a algunos de sus tenores favoritos como Caruso o Mario Lanza. Las tomas se sucedieron, mientras Elvis iba tomando contacto con la canción. La canción fue mejorando, pero Elvis no lo dejó hasta hacerla entera, sin cortes, y de forma satisfactoria. Otros temas de los que grabó aquel día fueron la balada "Are You Lonesome Tonight?", para la cual echó a todos los invitados y amigos del estudio y se quedó grabándola a oscuras junto a los músicos, y una canción de Scotty, "Girl Next Door Went A-Walkin". "I Will Be Home Again" la cantó junto a Charlie Hodge, con quien había practicado al piano nuevas técnicas durante su estancia en el ejército. Finalizada la sesión, al día siguiente Elvis se fue de compras y luego volvió a Memphis a descansar. California le esperaba.


Elvis y Anita Wood

La preproducción de la película G.I. Blues comenzó el 21 de abril. Los comienzos no fueron buenos. A Elvis el guión le parecía flojo, las canciones insípidas, y por orden del coronel, tras la negación del duo compositor a firmarle un contrato en blanco tiempo atrás, se habían dejado fuera las composiciones de Leiber y Stoller, lo que molestó al cantante. De todas formas, aunque G.I. Blues no fuera gran cosa, todo tenía su contrapartida, y Hollywood estaba lleno de fiestas y chicas. Entre las últimas Elvis incluyó a Juliet Prowse, la por entonces prometida de Sinatra. Elvis no dejaba a hablarle de los chicos de la pasmosa flexibilidad de Juliet, y ellos no dejaban de aporrear la puerta del camerino de Elvis en el plató diciéndole que llegaba Frank. Hasta que un día Red aporreó la puerta, y al salir Elvis vio que Sinatra había llegado de verdad. La cara de Elvis debió ser antológica, pero no parece que Frank llegara a sospechar algo. De todas formas lo de Elvis y Juliet no duró mucho. Cuando acabó el rodaje Elvis y los chicos se fueron a pasar un fin de semana loco en Las Vegas, durante el cual el cantante se dejó 10.000 dólares a los dados.

Tras descansar en Memphis, donde se agobió rodeado de tíos, una tía, varios primos y otros familiares que pasaban por allí para pedir dinero, y escabullirse cada vez que aparecía Vernon con su ahora mujer Dee (se habían casado en julio), Elvis volvió encantado a Hollywood para un nuevo rodaje. La película era Estrella de fuego, y el papel había sido pensado para Brando. El guión era sólido, en el cual había colaborado todo un Nunnaly Johnson, y el director era más que competente, nada más y nada menos que Don Siegel. Sin embargo Siegel hizo la película a regañadientes, ya que despreciaba enormemente a Elvis. La tensión y mala comunicación entre el director y la estrella fueron una constante, a lo que hubo que añadir varios problemas durante la producción y la interpretación del guión. Elvis no se sintió cómodo durante el rodaje, y no llegó a concentrarse en su actuación, y Siegel desde luego no le ayudó en nada. Así, la oportunidad del cantante para ofrecer una interpretación seria (el número de canciones se había reducido al mínimo) se esfumó. Acabado el rodaje en octubre, los chicos cumplieron con el ritual de irse de fiesta a Las Vegas, para luego ir a descansar a Memphis.

En octubre Elvis participó en una sesión de grabación para un futuro álbum góspel, mientras comenzaban a llegar las noticias de los cines repletos para ver G.I. Blues, y el rotundo éxito de "It's Now or Never", al que no tardaría en sumarse el de "Are You Lonesome Tonight?". Y las buenas ventas del álbum Elvis Is Back! se vieron pronto superadas por la BSO de la película.

Mientras el coronel renegociaba (de cara a la renovación del contrato de Elvis con la RCA al año siguiente) nuevas y ventajosas cláusulas (sobretodo relacionadas con las sesiones de grabación, dando a Elvis la última palabra, minando la autoridad de Steve Sholes, y apropiándose del catálogo fotográfico del cantante, que había pagado en su mayoría la RCA y había reunido su director de publicadad, Anne Fulchino, con lo que a partir de entonces la RCA pagaría al coronel por sus propias fotos.

En noviembre Elvis se fue de nuevo a rodar una nueva película, El indómito, mientras Estrella de fuego volvía a atraer al público en masa. De momento ninguna nube parecía ocultar el brillante y soleado éxito de Elvis Presley.

lunes, 19 de abril de 2010

Firefox, el arma definitiva (1982)

Con su segunda novela, Firefox, Craig Thomas, un maestro de escuela, se había encontrado con un éxito furibundo. Se vendieron millones de copias, y unos pocos años después, en Aspen, mientras Clint Eastwood se encontraba de vacaciones esquiando, un amigo suyo (piloto para más señas) le habló del libro. De regreso a California Clint se hizo con una copia del libro, que leyó hasta el final con una sonrisa en los labios. La historia tenía potencial taquillero, y lo que era aún mejor, era un tipo de película que nunca había hecho. Firefox, el arma definitiva sería el primer contacto de Clint con las superproducciones de alto coste y efectos especiales.

En su particular estilo Clint no dejó nada al azar. Se familiarizó con lo último en efectos especiales de la época, calculó un presupuesto, aprendió un poco de ruso para su personaje y encargó los efectos y las batallas aéreas a John Dykstra, que había trabajado junto a George Lucas en La guerra de las galaxias. De paso se hizo con los servicios del compositor Maurice Jarre y dejó la dirección artística a Bruce Surtees, un colaborador habitual de Eastwood y Don Siegel.

Firefox, el arma definitiva se divide claramente en dos partes. La primera, y la mejor, sigue la moda y el estilo de las películas de espías de los 80, es decir, suspense, algo de acción y recelo/odio entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Eastwood es el protagonista, un piloto veterano de Vietnam, ya retirado, que es reclutado para infiltrarse en el país rojo y de paso robar y pilotar el Firefox, el supercaza definitivo que se han inventado los rusos. Dado que por entonces lo de que los yanquis rodaran en Rusia o Moscú aun estaba prohibidillo Eastwood y su equipo se marcharon a rodar a Viena, donde sus viejas calles y su metro logran dar el pego, a menos que uno se conozca bien el metro de Viena o Moscú.

La segunda parte es más banal, y se centra en el Firefox, batallas aéreas y demás. De todas formas el ritmo no decae e Eastwood mantiene el pulso de la película hasta el final, rodando las escenas más comerciales y belicosas con su buen hacer habitual.
Por lo demás, con Eastwood como absoluto protagonista y un reparto donde cabían yanquis, británicos y europeos continentales, destacan secundarios y actores de carácter como Kenneth Colley (impagable tipo que sobrevivió a las furias de Darth Vader), el gran Freddie Jones (las patillas por excelencia del cine entre el 70 y el 85) y hasta un Nigel Hawthorne (La locura del Rey Jorge) deja ver sus barbas por ahí.

Firefox, el arma definitiva es buen cine palomitero mezclado con el cine de espías de la era Reagan. Es un film que entretiene, no engaña en demasía y tiene una coherencia interna. Vamos, la típica película comercial de Eastwood; unan La Casa Rusia con Top Gun y a lo mejor se hacen una idea.

domingo, 18 de abril de 2010

The Big Bang Theory

No creo que os descubra nada nuevo, llevo oyendo hablar de esta serie desde hace un par de años por lo menos, pero ahora me ha dado por ver unos cuantos puñados de capítulos cuando puedo. Buena comedia, que supongo que estaba destinada al éxito con tanta referencia friki. Hay episodios mejores que otros, pero todos los que he visto consiguen arrancarme unas cuantas carcajadas, cuando no provocan pitorreo general. Aunque a veces con las referencias físicas me siento un poco Penny, pero adoro las locas teorías sobre superhéroes, y además, Green Lantern sabe que adoro a Sheldon Cooper, el mayor acierto de la serie, y uno de los mejores personajes de las comedias que he visto en mucho tiempo. Maldita sea, gracias a Sheldon hasta casi tengo ganas de que llegue el maldito Carnaval y me pueda disfrazar de efecto Doppler. Por otra parte, me pregunto cuánto tardará Stan Lee (con lo que gustan los cameos, sobretodo si le pagan tengo entendido) en aparecer en la serie. ¿O habrá salido ya?



Kaley Cuoco, o, ¿qué friki no querría degustar el pastel de queso de Penny?

Pues eso, que declaro mi empequeñecimiento moral ante Sheldon Cooper y le doy unos pulgares arriba a The Big Bang Theory. Me voy a llamar a la vecina. ¡Penny, Penny, Penny!

Por cierto, creo que ya lo dije, pero, ¿que sería de las series, las pelis y el mundo entero sin "Eye of the Tiger"?

sábado, 17 de abril de 2010

La danza de los esqueletos

Cualquier fan de la saga Monkey Island (en especial de sus atómicas dos primeras entregas) recordará muchos de esos momentos míticos que se daban en los videojuegos, con el mismo cariño con que uno pueda recordar escenas de sus películas favoritas. Porque Monkey Island era más que un juego, y no sé si la generación de las xBox y las Playstations mirarán hacia atrás y contemplarán sus juegos con la misma idolatría y cariño con el que muchos recordamos las aventuras del pirata menos temido del Caribe, Guybrush Threepwood. Da igual, sea así o no, muchos de nosotros nos llevaremos esos dos primeros Monkey Island a la tumba. Y de tanto en tanto, ¡volveremos a jugarlo!
Bien, pues todos aquellos Threepwood-heads que estéis leyendo esto seguro que recordáis el baile de los esqueletos que nuestro pirata favorito soñaba en la segunda parte de la saga, y que contenía importantes pistas. Pues bien, esa escena tenía un precedente.

Y es que esos esqueletos bailadores eran un homenaje-parodia a una de las primeras producciones de Walt Disney. Se trata de 'The Skeleton Dance', un corto que constituyó el debut de las Silly Symphonies de Disney, esa serie de cortos animados que daban cabida a todo aquello que no fuera Mickey Mouse y demás personajes famosos, y en los cuales la música solía ser la protagonista. 'The Skeleton Dance' es uno de los cortos más animados de Disney, y por supuesto es todo un clásico de Halloween. Su homenaje en Monkey Island era pues, además de todo un detalle, de lo más merecido.

jueves, 15 de abril de 2010

Dibujos desanimados (VI)

Siento comunicaros que esta locura sigue.

Voltron: el hermano pobre de los Transformers. Seguramente nunca tenga una adaptación cinematográfica de Michael Bay ni entre en las listas del American Film Institute, pero nueve o diez fans no pueden estar equivocados. Sin Voltron nunca habría habido Gigatrón, ni los puñetazos con forma de puma. Ni se habrían puesto de moda los perritos de porcelana. Y en verdad os digo que habrá rumores de que las cosas van mal, y se producirá una gran confusión entre las gentes, y nadie sabrá dónde está nada.
Sí amigos, si no recordáis a Voltron, ya podéis arrepentiros, porque el fin de los tiempos estará cerca.



Goldorak
: Ésta es la historia de Mazinger Z, que un buen día salió a pelearse con los típicos robots macarras tales como Yubujuru K-42 o 910-JQK_escalera de color, y tal, y Afrodita A que se sentía sola le lanzó sus pechos al Conde Brocken, que a pesar de ser cyborg debía gustar de darle gusto al chucrut, y nada pues pasó lo que tenía que pasar y así el pobre Mazinger se transformó en Goldorak, la versión pija vikinga del anorak. Y así el mundo acabó ignorando a la copia de Mazinger Z con cuernos, y ciertamente el mundo pocas veces obró de manera más sabia.


Noeli
: Una extraña combinación de gnomos, Laponia y Rita Barberá. Una serie que era como una continua postal navideña. No sé, me suena alguna imagen pero no recuerdo demasiado. Y creo que está bien así.


Las mil y una Américas: Por si allá en las Américas no hubieran tenido bastante con los conquistadores, la viruela y demás, se nos ocurrió en la península hacer una serie un poco así en plan Érase una vez... sobre la historia precolombina de aquellas buenas gentes que vivían en paz conviviendo y matándose como cualquier hijo de vecino. Pero aquí el espíritu de enseñar deleitando de la mítica serie francesa reinaba por su ausencia, y Las mil y una Américas era un tostón de cojones. "Lo que pasa es que eras más mayor, diréis". ¡Mis dos centavos! He hecho la prueba científica y Las mil y una Américas es una pesadilla animada que poco tiene que ver con Tintín y el Templo del Sol. Espero que después de la que organizamos por allí encima no tuviéramos los santos cojones de mandar esta serie al otro lado del Atlántico. Si fue así, lo de Chávez creo que empezaría a entenderlo.

Mister Hipo: Serie italiana sobre un señor con hipo crónico que en cada capítulo buscaba un remedio sin éxito. Muy divertido, sobretodo para todos aquellos que hayan tenido un ataque de hipo que no se iba ni a pedrás. Era como si intentara ir en la onda de la serie animada de La pantera rosa, con lo peor de Mr. Bean. En fin, a su manera será un clásico supongo. Yo propongo hacer una revisión, más acorde a estos tiempos de horario protegido infantil, con una serie que se llame "Mr. Ñordo" y que sufra de diarrea crónica. De hecho un personaje con tanta mierda en su vida hasta podría tener su oportunidad en los platós de "cuéntame tus miserias" o "cotilleemos sobre la mierda de los demás". Sí amigos, en cuestión de tele sin prejuicios, Italia siempre nos llevará la delantera. Nunca mejor dicho.

Plastic Man: La verdad es que Plastic Man siempre se me antojó como la versión barata del Señor Fantástico, pero gracias al Espíritu Santo de la wikipedia uno puede saber que en realidad Plastic Man es todo un clásico del cómic que inspiró a todos los señores fantásticos de este mundo. Otra cosa es que la versión animada de Plastic Man le hiciera justicia. Bueno en realidad no sé si le hacía justicia o no. Aunque tengo mis dudas. Aparte de esa típica duda que asalta a mucha gente con este tipo de personajes, sobretodo a las del género femenino. ¿Cuales son las ventajas divertidas de tener de pareja al Hombre de Plástico? No sé si he logrado dar con la respuesta correcta. Por mucho que escuche "Plastic Man" de los Kinks tampoco llego a ninguna conclusión clara. Todo lo que sé es que cuando en una serie de dibujos aparece un personaje llamado Baby Plas uno sabe que ha llegado la hora de apagar la tele y cortarse las venas.

Tao Tao: El panda, ese animal cuya visión podría acabar con un diabético de caso severo, es el animal mimoso y azucaroso por excelencia. Así por supuesto tuvo su versión animada en Tao Tao, que iba sobre las aventurillas del oso protagonista en el bosque, con sus amigos monitos y demás, enseñando a los niños las virtudes de la amistad, el compañerismo, el dar sin recibir, y el aprender a seleccionar el bambú más jugoso. Lo cual está muy bien, sobretodo para el criajo mocoso retaco que era yo. Los niños han de crecer con valores, para luego saber distinguir el buen gore del gore barato, y que en la red no es porno todo lo que reluce. Gracias a Tao Tao aprendí que hay compartir el bambú, la cerveza y las chorradas del día a día, pero que es mejor que tus CDs y tus vinilos nunca salgan de casa, porque es probable que nunca vuelvan.

miércoles, 14 de abril de 2010

Incendiando la casa

Me comentaba Mr J el otro día acerca del video que puse de Little Richard y Tom Jones, y lo alucinante que era que la Reina del rock & roll se comiera a alguien como el Tigre de Gales. Pero claro eso sólo está al alcance de una bestia escénica como Little Richard.
Lo que me llevó a recordar la anécdota que relataba la cantante de los Cardigans, afirmando que Tom Jones se tenía que alejar del micro al grabar "Burning Down The House" porque si no a la pobre se la comía con patatas. Y es que siempre hay un depredador más grande, y Little Richard y Tom Jones son palabras mayores.

En fin, no es que los Cardigans tengan mucha relevancia en mi vida, pero se marcaron junto a Tom Jones una divertida versión del "Burning Down The House" de los Talking Heads, uno de los mejores temas que le he escuchado a la banda del locuelo de David Byrne.

lunes, 12 de abril de 2010

Para ellos y para ellas

Hoy vengo a alegraros la vista a todos y todas, emulando el espíritu de igualdad y paridad que promueve el Ministerio de Igualdad. A ver si Bibiana Aído le da una subvención a este blog o algo. Es broma.


Robert Redford y Paul Newman en plan relax



Mi adorada Sofia... eer he perdido el hilo

domingo, 11 de abril de 2010

Regreso a la Tierra (1955)

No sé si uno debería desconfiar al ver que los créditos iniciales de Regreso a la Tierra apenas se distinguen de tanta estrellita que hay en el fondo, en lo que es sin duda un fondo sobrecargado y un color de letra algo transparente. Pero tras esos comienzos ionizados veremos algo familiar.

La peli comienza con uno de esos pequeños rituales de las pelis de ciencia ficción de la época, una escena de periodistas preguntando en plan coleguis al prota de turno. El prota es un científico que conduce jets a reacción en su tiempo libre, cuando no está investigando cosas electrónicas buscando la era de "pulsar el botón".
En fin, que finalizada la rueda de prensa informal, se va con su avión a hacer piruetas, pero en esto los controles fallan y el prota está a punto de pegársela. Pero una extraña luz verde toma control del avión y le salva. A esto se le llama primera disrupción. Como las luces de Encuentros en la Tercera Fase. Lo de primera disrupción me lo acabo de inventar, pero suena bien, ¿verdad?

Pues nada que el prota una vez salvado se va a continuar los experimentos que se trae entre manos con su ayudante, y al pedir unos recambios le llegan unas válvulas o microconductores o no se qué, pero son la repera y aguantan 35000 voltios, y son más duros que el diamante. El prota intuye que algo raro pasa, y se pone a pedir más recambios y cachibaches en plan Telepizza, y así le llegan un montón de cajas y un libro de instrucciones un tanto oopart.
Vamos, que al prota le han enviado una máquina de alta tecnología en plan Ikea, repartida en dos mil piezas, y él y su ayudante consiguen lo imposible (que para algo esto es ciencia ficción): montar una máquina desarmable sin que les sobre ninguna pieza. La máquina resulta ser una especie de intercomunicador galáctico con el que entran en contacto con una especie de Jay Leno hindi de pelo blanco, que en cierto modo le ofrece trabajo al prota. Éste se hace el interesante un rato, pero al final le confiesa al ayudante que acudirá a la entrevista de trabajo, sobretodo después de que el intercomunicador se haya cargado el libro de instrucciones y se haya autodestruido.

Pues nada, que el prota será conducido a una mansión llena de científicos internacionales donde descubrirá que está trabajando para una potencia muy extranjera, extranjerísima. Y luego aparte de encariñarse con la típica protagonista femenina el chico y la chica acabarán de viaje espacial, conociendo nuevos retos y enfrentándose a razas alienígenas con ese rasgo que sólo la humanidad parece poseer en las pelis de ciencia ficción de los 50: la chulería. Y por supuesto tampoco faltará la típica frase lapidaria, en plan "nuestro tamaño real es el tamaño de nuestro Dios", y otras impertinencias teosóficas.

Regreso a la Tierra tiene sus momentos, y hasta algunos de los efectos especiales siguen aguantando (relativamente, claro) el paso del tiempo, pero le faltan unos horneados de sinsentido para ser más entretenida. Así que la califico como sólo apta para los amantes del género.

sábado, 10 de abril de 2010

Lemmy & Lynott

Uno de esos encuentros sobre el escenario para la leyenda: Phil Lynott marcándose un "Motorhead" junto a, claro está, Lemmy y sus Motörhead. Difícilmente podía el escenario albergar más clase.

viernes, 9 de abril de 2010

Crimen perfecto (1954)

Ahora que está de moda nuevamente las películas en 3D y demás, podrían remozar Crimen perfecto y reestrenarla, estaría bien verla en su formato tridimensional original, aunque sólo fuera por curiosidad. Por supuesto no sucederá, pero bueno, ya se le ocurrirá a George Lucas reestrenar cierta trilogía en 3D.

Le decía Hitchcock a François Truffaut que no había mucho que decir sobre Crimen perfecto, pero yo, al igual que el director francés, difiero de dicha opinión. Era comprensible, sin embargo, el poco apego que el viejo Hitch le tenía a la película. Tras abandonar un proyecto sobre el que había estado trabajando a cerca de un pasaporte e identidades erróneas, el director británico comenzó a buscar algo que poder rodar y finiquitar así su contrato con la Warner Bros. El vehículo lo encontró en Dial M for Murder, una obra que estaba teniendo bastante éxito en Broadway. Después de que el estudio le hubiera soltado un buen fajo de billetes a Alexander Korda, que se había hecho con los derechos de la obra antes que la Warner, Hitchcock se dispuso a rodar la película, aunque su entusiasmó por ella decaía por momentos.
No sólo era que para Hitchcock Crimen perfecto fuera una película de trámite, sino que además Jack Warner, atemorizado igual que el resto de capos de los estudios ante la pujante televisión, insistió en que el film fuera rodado en 3D. Hitchcock, además de considerar ese efecto como algo anticinematográfico y un mero anzuelo pasajero para el público, se frustró aun más al ver las enormes y pesadas cámaras que hacían falta para lograr los efectos tridimensionales. Ante la perspectiva que veía ante sí, el director se dedicó a buscar planos bajos y unas cuantas escenas con objetos entre el espectador y los personajes, y rodar la historia de la manera más rápida y eficiente posible para luego concentrarse en el vestuario de Grace Kelly, actriz que le había maravillado en sus primeras pruebas para el cine y en Mogambo. En Grace Kelly el director encontró todo aquello que andaba buscando: una actriz rubia que fuera a la vez elegante, distante e intocable pero capaz de despertar pasiones carnales, y que además colaborara con Hitchcock en todo. De Grace Kelly el orondo director diría en el futuro que fue la actriz más dispuesta con la que jamás trabajara. Fue su gran musa, pero como todos sabemos, el pobre Hitch se las prometió demasiado felices.

Crimen perfecto no puede ser puesta a la altura de las grandes obras maestras que el director rodó en América, pero a pesar de su desgana y su avidez en desembarazarse pronto de aquello Hitchcock se mostró de nuevo como un director técnicamente imbatible, manejando perfectamente el ritmo en todo momento, esforzándose en realizar una adaptación fiel de la obra teatral y cuidando los diálogos tanto como los cambios de vestuario de Grace Kelly. Una buena prueba es la secuencia en la que Tony Wendice desvela su plan al Capitán Lesgate, cuidada al detalle y que más que una película de cine parece una de esas típicas obras de teatro televisadas. Otro momento álgido del film es, por supuesto, esa brutal, a la manera limpia de Hitchcock, escena con las tijeras, que el director repitió varias veces tratando de buscar un modo en que las tijeras brillaran de forma especial, pues como afirmó después, una escena así sin tijeras brillantes era como unos espárragos sin salsa holandesa: algo insípido.

El reparto es ciertamente sólido, por otra parte, ayudando con sus interpretaciones a llenar los huecos de la falta de entusiasmo del gran Alfred. Ray Milland y su mefistofélica sonrisa conforman un gran villano, Grace Kelly cumple y su belleza es cuidada en todo momento por Hitch, aunque apague el color de sus vestidos poco a poco, y por último John Williams (evidentemente no es el compositor) se lleva todas las escenas en las que aparece su Inspector Hubbard, papel que ya había interpretado en la obra teatral. Quizás sea Robert Cummings quien a la postre no aporte demasiado al film.

Crimen perfecto, un film de transición en la carrera de un genio y, en realidad, una película por la que matarían la mayoría de directores que han pisado este mundo.

jueves, 8 de abril de 2010

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (XXII)

Dust

Como la mayoría de grupos que pasan por esta sección, Dust nacieron, grabaron un par de discos y se perdieron en el olvido. Tanto en su debut, titulado simplemente Dust, como en su segundo álbum, Hard Attack, la banda dejó un puñado de temas guitarreros, con ese sonido eléctrico que sólo los grupos de los 70 podían sacar a sus cacharros de válvulas y cables. En los temas fuertes en donde Dust se muestran como peces en aguas estancadas de guitarras slide y bajos plúmbeos. Por contra, en los temas más progresivos la banda se dispersa demasiado, y aunque en algún momento (sobretodo por la voz) puedan recordar a unos Jethro Tull sin flauta, los medios tiempos y temas lentos se hacen, salvo alguna excepción, monótonos en exceso. Por lo general, Dust es un disco más compacto y rocoso, mientras que Hard Attack combina más los temas melodiosos y atmosféricos con las guitarras crudas y humeantes. De todas formas, como he dicho al principio, en los dos discos se pueden encontrar buenos temas que hagan sacar al vikingo que llevamos dentro.

Dust no os volarán la cabeza, pero son una buena banda y además su segundo disco tiene portada del mítico Frank Frazetta. Si no habéis completado la discografía setentera de pongamos por caso Molly Hatchet, Uriah Heep o Jethro Tull quizás prefiráis dejar que Dust esperan su turno. Pero si ya habéis escuchado hasta la saciedad toda la discografía de los grandes de la época, tal vez queráis dar una oportunidad a Dust. Jugaban en otra división, sí, pero sabían marcarse sus buenos pases.

martes, 6 de abril de 2010

El gran salto (1994)

No importa lo que muchos dijeran en su día, El gran salto es otra maravillosa película de los Coen. Tras Arizona Baby, Muerte entre las flores y Barton Fink lo tenían muy difícil para dar de nuevo en la diana, pero aunque con El gran salto bajaran un poco el nivel, desde luego no lo bajaron tanto como apuntaron muchos fans entonces. No era violento cine negro, ni un 'cartoon' en carne y hueso, pero era una de esas estupendas revisiones que los hermanos hacen de sus géneros favoritos, en este caso, el 'género' Frank Capra y películas como Luna nueva. Seguramente vista con la perspectiva de hoy se la trate con más justicia.

En definitiva, El gran salto no trataba de otra cosa sino de ese Juan Nadie honrado y de provincias que llega a la gran ciudad y en ella se enfrenta a los peligros de la corrupción y el poder económico o estatal. Todo, claro está, pasado por ese particular tamiz que hizo tan grandes a los hermanos.

Por ejemplo, el maldito círculo ese... ya sabéis, para niños. Qué grande. Media película con cara de tonto cada vez que salía lo del círculo, hasta que llega ese desenlace tan tonto y sublime. Qué retorcidos, estos hermanos. Por cierto que en el guión contaron además con su amiguete Sam Raimi.

La verdad es que no me cabría en la cabeza que a algún seguidor de los Coen no le gustará esta película, todo está ahí: los toques de humor ácido o absurdo, el personaje y narrador omniscente cual coro griego, cameos de habituales como John Polito, Steve Buscemi o John Goodman (el narrador del noticiario), secundarios de papeles cortos pero intensos como Charles Durning o el inimitable Bruce Campbell, el personaje silencioso y escrutador, la magia de sus planos y fotografía, los guiños a clásicos de los 30 y 40... y por si fuera poco, tres protagonistas excelentes: Tim Robbins como el bobalicón polainas de provincias, una Jennifer Jason Leigh magnífica en su papel de periodista de vitróleo y cien palabras por segundo (ahí es donde entra el espíritu de Luna nueva), y bueno, ese coloso llamado Paul Newman que hizo de villano también como hizo casi todo en su vida, hasta las salsas.
Por cierto, me pregunto dónde para Jennifer Jason Leigh... ciertamente era una buena actriz, pero no tuvo demasiados papeles buenos (por cierto, ver la película doblada es perder toda la esencia de su personaje). No sé, ojalá Sandra Bullock le dé trabajo o algo. ¡Ah, Hollywood, esa gran ramera!

Pues eso, quizás no sepáis de lo que hablo u o suene raro, pero en su época a cualquiera que le hablara de esta peli me salía con un "sí, no está mal" o algo peor, como si les estuviera hablando de la mierda de camello. Era muy frustrante. Maldita sea, hay un par de cameos de Anna Nicole Smith, ¿qué mas quieren?

lunes, 5 de abril de 2010

Nero's Greatest Hits: peplum, doblajes y sandalias

Ah, el puentecillo se acaba y pronto quedarán atrás las procesiones, las monas de Pascua, las monas del pub del otro día, las vacaciones y, por supuesto, la programación de Semana Santa llena de judíos y romanos.
En estas fechas siempre caerán Espartaco, Los diez mandamientos, alguna del amigo Chús y un quintal de telefilms biblícos a cada cual peor (hacer un concurso de la más mala sería realmente difícil). Y Quo Vadis, otro clásico que nunca falla, y cuyas calidades cinematográficas y sobretodo interpretativas ya comenté en su día. Pero el asunto va más por lo jactancioso.

Hoy la cosa va de doblajes. Y es que aunque siempre es mejor intentar ver las pelis en VO, la verdad es que ver esos viejos peplums con su grandilocuente doblaje es un aliciente extra. Y Quo Vadis en eso es de las mejores.

Aparte de que la primera parte de la peli ya tiene sus momentos cachondos de por sí. El personaje de Robert Taylor es la monda, parece una especie de bakala romano y cada vez que se encuentra con Deborah Kerr se pone a hacerse el gallo posesivo a lo Jackie Treehorn. No hay más que verlo emocionándose con los luchadores mientras trata de ligarse a la pobre Ligia... ¡cuanto romanticismo! Y esos diálogos impagables... Cuando macho-Taylor le pregunta a Tigelino sobre el incendio de Roma por ejemplo. ¡Pedazo de respuesta que da el jefe de la guardia pretoriana! Ni el Plaucio ese tenía tanta labia. Y porque macho-Taylor le deja con la palabra en la boca, que si no, el Tigelino se compone una égloga allí mismo:
- Macho-Taylor: ¿Y el barrio del Trastíber?
- Tigelino: ¡Un infierno que serpentea! ¡Miles de tejados arden como yesca y...!

Y todo con esas voces tan teatrales con que solían doblar las epopeyas hollywoodienses, y que hoy en día siempre constituyen una fuente de entretenimiento extra. Sí, esos viejos doblajes carpetovetónicos son ciertamente entrañables.

Pues nada, os dejo con uno de los momentos álgidos de Quo Vadis, la oda de Nerón al fuego, un temazo que no habría desencajado en cualquiera de los clásicos de Jethro Tull. ¡Ah! Y de paso os dejo con una de las escenitas románticas del amigo Taylor y con el momentazo portera de Tigelino, que corre enseguida a comentar la cagada de Petronio. Es uno de esos pequeños y ocultos momentos hilarantes que nos dejan todos los peplums.

Ooooh llama voraaaz/Oooh terrible deidaaad...


domingo, 4 de abril de 2010

El misterio de Salem's Lot

Si tuviera que elegir uno de los cuatro o cinco momentos que más me aterraron de crío (quién sabe, quizás algún día los clasifique y tal) en los primeros puestos estaría sin duda la escena de Salem's Lot en la que el jodío niño vampiro volador se pone a rascar en la ventana para que su hermanito le deje entrar. Maldita sea, ¡yo tenía una ventana en mi habitación! ¿Cómo porras iba a dormir bien después de eso? Menos mal que luego Bart me exorcizó de la escenita.

Pues eso, que un buen día Stephen King se levantó y se preguntó que pasaría si el Conde Drácula llegara de vacaciones a uno de esos pueblecitos de Maine que tanto le gustan al escritor. Y así nació El misterio de Salem's Lot, la segunda novela del escritor. Y buena prueba del fenómeno en que se iba a convertir King es el hecho de que sus dos primeras obras ya se hubieran filmado. Y desde entonces pues prácticamente le deben haber comprado los derechos de todas sus novelas, ¿no?

Pues eso, El misterio de Salem's Lot (la serie) fue rodada para ser emitida en dos capítulos por la CBS, y para ello eligieron a Tobe Hooper (el artíficede esa famosa matanza... ya saben) como director, lo cual estaba bien porque había demostrado que lo de las atmósferas agobiantes se le daba bien. Como estrellas contrataron al impagable David Soul (todos en pie para saludar a Hutch) y al caballero James Mason, a quien se le daban bien los malos de buenas maneras. También se dejaban ver por allí algún que otro secundario habitual, como Geoffrey Lewis y la futura muer ex-mujer de John McClane Bonnie Bedelia.

La verdad es que si he disfrutado con El misterio de Salem's Lot ha sido más por motivos nostálgicos que otra cosa. La memoria me iba haciendo 'toc toc' de vez en cuando, y he recordado la cruz hecha con palos médicos de esos de "decir aah" (¿tienen algún nombre técnico los palitroques esos?), la jodida escena de los críos rascacristales, y tal y cual. Hombre, la serie tiene sus momentos, y siempre está bien que medio siglo después se siguieran inspirando en Nosferatu para crear a un vampiro terrorífico, pero no sé yo si alguien que no sea ultrafan (que no Ultraman) de Stephen King o de los vampiros siseantes se tragaría hoy en día El misterio de Salem's Lot.

Yo por mi parte he hecho un ejercicio de nostalgia bastante simpático, pero no sé, creo que la próxima vez iré a por Nosferatu directamente. Pero evidentemente El misterio de Salem's Lot siempre tendrá mis simpatías.

sábado, 3 de abril de 2010

Daryl Hannah

Amorfa carrera la de Daryl Hannah. Con el éxito de Splash se las prometía felices, pero no sé si fue su ultraecologismo, su búsqueda de papeles serios o simplemente un gusto para elegir papeles algo extraño (¿alguien recuerda ese horripilante remake de El ataque de la mujer de 50 pies?), pero al final nada de nada, Tarantino la relanzó un tanto pero poco más. De todas formas cuando me da por acordarme de la olvidada Hannah no me viene a la mente la saga Kill Bill (¡ni desde luego Magnolias de acero!), sino su papel de bella y flexible replicante en Blade Runner. Daryl Hannah es una de esas actrices que me parecen sexys o no dependiendo de la película, en unas me parece muy rica y en otras horrible, pero desde luego cada vez que la recuerdo en su papel de replicante con pintas de neocibergótica japonesa me pongo tierno.
Pues eso, que como véis, hoy no tenía muchas ganas de discurrir ni escribir.


viernes, 2 de abril de 2010

El día de los tramposos (1970)

Pues para este acueducto santeril, y para aquellos que no os vayáis de cucamonas a conocer nuevos lugares y placeres, no os propongo un peplum (aunque bien pudiera hacerlo, pero quede para otra ocasión) sino un western satírico, de esos que comienzan con una canción de musical y arreglos jazzísticos (que parece que no pero es pegadiza, cada vez que veo la peli me quedo unos días canturreándola), y que siguen con una historia no muy típica. Os hablo de El día de los tramposos, uno de esos últimos trabajos que rodó Joseph L. Mankiewicz y en los que tenía mucho que decir.

No todos los directores pueden presumir de haberse retirado a conciencia (fuera o no, de todas formas, a su pesar) con films que expresaran tanto y cuya calidad estuviera por encima de la media. Pero sin embargo Mankiewicz lo consiguió. Y desde luego era muy consciente, para entonces, de que su tiempo se acababa.

A finales de los 60 Mankiewicz venía del desastre logístico de Cleopatra (su lapidaria frase antes de su estreno fue "siento que la guillotina está a punto de caer") y del sonoro fracaso en taquilla del último film que había escrito y dirigido, Mujeres en Venecia. Aunque La guerra de las galaxias aún no se había estrenado, la clarividencia de Mankiewicz le permitió ver que los gustos del público estaban cambiando, que los efectos especiales cada vez tenían más peso y que, en definitiva, y como él mismo dijo, cada vez había menos gente en las salas de cine con la "suficiente paciencia para escuchar".
Por otro lado, aunque los gustos y la protección de la era del sistema de estudios comenzaba a ser un recuerdo del pasado, la anulación de la censura y una nueva generación de cineastas, actores y guionistas habían permitido que se escucharan nuevas voces con formas distintas de ver las cosas. Mankiewicz, que nunca había apreciado el western, vio cómo otros directores usaban el género para buscar nuevos itinerarios artísticos, o para reescribir, de una manera más acorde con los tiempos, la historia que el cine había contado del Salvaje Oeste. Su carrera se acababa, pero todavía le quedaban un par de cartuchos que disparar, y ahora tenía un nuevo campo de tiro en el que jugar.

La pistola que usar la halló, ya decidido a no escribir más, en un guión de David Newman y Robert Benton, quienes habían entrado fuerte en Hollywood de la mano de Arthur Penn con la mítica Bonnie y Clyde. En el guión del dúo de escritores de moda Mankiewicz encontró lo que buscaba: un western donde nada era lo que parecía. El director nunca había tragado demasiado con las historias de indios y vaqueros, y menos aún con la degeneración del género, donde los buenos eran muy buenos y los malos muy malos, como los seriales de los años 40 y las series televisivas de los 50 y los 60. Con El día de los tramposos Mankiewicz estaba dispuesto a romper todas las reglas del género.

En esta historia ambientada en el Oeste y particularmente en un penal, Mankiewicz quería presentar la típica historia del sheriff y el forajido, pero borrando toda frontera preconcebida que se pudiera tener de los personajes. En El día de los tramposos el director y productor se decidió a juguetear en el terreno desconocido del nuevo Hollywood: se permitió mostrar unos cuantos desnudos (casi de tapadillo, pero desnudos al fin y al cabo) y ya en la secuencia inicial rompía el mito de la sirvienta negra feliz y sonriente con una genial, en su sencillez de cine mudo, escena situada en el lugar que el blanco no ve, la cocina.

En definitiva, Mankiewicz fue algo más allá de lo que se le había permitido antes. Aparte de ironizar sobre los arquetipos del género, el bueno y el malo y los temas raciales, también disfrutó poniendo en primer plano a una pareja homosexual de estafadores y colocando de personaje central a un pícaro hideputa quien sin embargo tal vez no sea el retorcido al que alude el título original.

Para el reparto de la película Mankiewicz se rodeó de viejos conocidos como Kirk Douglas (que se llevó una roulotte de lujo con jardín propio al rodaje en el desierto), Henry Fonda o Burgess Meredith, más otros excelentes actores como Hume Cronyn, Warren Oates o John Randolph. Huelga decir que están todos estupendos, y el papel del forajido aprovechado le va a Douglas como un guante, y lo mismo se puede decir del de Fonda.

El día de los tramposos, un western irónico y divertido y ciertamente entretenido, dirigida por un director que, al fin y al cabo, estaba ya de vuelta de todo.

jueves, 1 de abril de 2010

¡Dios mío señorita Molly!

¿Rockea Richard Dean Anderson? Si le preguntáis a Patty y Selma seguro que os dirán que sí. El resto no sé que opinará del ínclito Anderson y la D-I-Y -favorita de todos los usuarios de Leroy Merlín- serie McGyver, pero en fin, yo dejo la pregunta en el aire, y aporto este fragmento para que sea tenido en cuenta.

Bueno, os dejo con otro Richard, el inconmensurable Little Richard y uno de sus temas intemporales, "Good Golly Miss Molly", mano a mano con Tom Jones. Bueno hay más mano del amigo Penniman que de Tom Jones, pero en resumidas cuentas, ¿quién porras pondría su mano en el despiporrado fuego de Little Richard?