miércoles, 31 de marzo de 2010

La gran pelea (1980)

Señor, ¿por qué yo? Haces a los hombres del barro, y a los míos los haces de la mierda. Cholla, jefe de los Viudas Negras, el gang más peligroso al Oeste del Pecos tras la Asociación de Mimos y la Hermandad de Exploradoras vende-galletas, expresando un abatimiento moral más que comprensible.

Se suele decir, muchas veces con razón, que segundas partes nunca fueron buenas. En el cine hay excepciones, algunas con bastantes defensores, como El imperio contraataca o El padrino II. Bien podría decirse que La gran pelea se podría incluir en el grupo de la segundas partes que superaron a la primera. En este caso la secuela de la "comedia con mono" Duro de pelar era todavía más chorra que la primera, lo cual sin duda agradecemos muchos fans del Eastwood más simiesco y desenfadado que se haya podido ver.

Parecerá increíble, o no, pero lo cierto es que Duro de pelar sigue siendo hoy en día uno de los films más taquilleros de la filmografía de Clint Eastwood. Fue uno de los films que más recaudaron en el país de las hamburguesas en su año de estreno, y si a eso añadimos que el reparto se lo pasó pipa en el rodaje, no es raro pues que en la Malpaso se decidieran a aprovechar el filón.

Se juntó el mismo reparto estelar que en la primera parte, esto es, Eastwood, su por entonces inseparable Sondra Locke, Geoffrey Lewis y la maravillosa Ruth Gordon, más la entrañable banda motera de los Viudas Negras (John Quade, Bill McKinney y algún otro secundario del grupete de amigos de la Malpaso) más una larga retahíla de secundarios que quizás algunos, los más viejos o frikis del lugar, recuerden. Se dejan ver Barry Corbin (el general entrado en carnes de Juegos de guerra), el forzudo William Smith, en un papel estelar no muy frecuente (aunque, ¿recuerdan su Falconetti?) o Al Ruscio, que interpretó a capos mafiosos en centenares de series y pelis de serie B. El único que faltó fue el orangután Clyde original, ya que al parecer había crecido demasiado, aunque se apuntó en el afamado libro Hollywood Monkeylon que en realidad había sucumbido al estrellato y estaba demasiado gordo y en plan Brando como para hacer la segunda. Tal vez su agente pidió demasiados plátanos, no sé, pero el caso es que le buscaron un sustituto que, de todas formas, era tan carismático como su predecesor.

Los créditos iniciales ya evidencian que Clint se tomaba esto como un divertimento personal, pegándose el gusto de cantar (bueno, a su manera) junto a Ray Charles. Aparte del omnipresente country en cualquier película de paletos camorristas, Eastwood dejó fluir sus pasiones y aparte de colar a Charles también le dio un cameo a otro adorado amiguete, Fats Domino. Y todos sabemos que cualquier película con Fats gana puntos. El gran error de Cameron fue no llamar a Fats para que saliera en Avatar, si no, seguro que le habrían dado el Oscar a la mejor peli.

En fin, La gran pelea no esconde nada tras su título: hay muchos puñetazos, country, cerveza por doquier, plátanos, chicas rubias y humor simplón. Clint, con medio siglo a cuestas, seguía en una forma envidiable, y se permitía el lujo de hacer lo que quería, ya fueran serios proyectos personales o comedias intrascendentes como ésta. En resumen, lo que siempre había hecho. Y había tantas maravillas por venir...

Pues eso, que no hay manera mejor de acabar esta reseña que con un "¡A la derecha, Clyde!".

martes, 30 de marzo de 2010

El cuervo: Homer meets Poe

Con el permiso de Roger Corman, o quizás algunos otros, no se ha hecho mejor adaptación de un relato de Edgar Allan Poe como El cuervo del primer Especial de Halloween de Los Simpson. No sé si mejor es la palabra, pero yo me entiendo. Y como siempre ocurre en esos episodios míticos de la serie, siempre hay detalles y momentos preferidos cambiantes. La última vez que lo vi me quedé con esa "¿Sabes que habría dado más miedo que nada? ¡Cualquier cosa!" de Bart. Y por supuesto, con el "¡nunca más!".

video

lunes, 29 de marzo de 2010

Boxoffice: Las 25 pelis que más recaudaron

De vez en cuando el hombre necesita alejarse del mundal ruido, y descansar las neuronas y hacer esas cosas a las que se agrupa en el verbo "desconectar". Yo, por mi parte, me gusta, no sólo por urbanita sino porque es infinitamente más barato, pasarme por la página BoxOfficeMojo, la Biblia de las recaudaciones cinematográficas y esas cosas, y repasarme la lista de los films más taquilleros de la historia. En realidad hay dos. Pero a mí la que me hace sonreir beatíficamente es la verdadera, la que ajusta las recaudaciones a la inflación del dinero y el precio de las entradas. Por supuesto la cosa no es fácil y a la hora de ver qué peli recaudó más o cual vio más gente hay que tener en cuenta muchas cosas, pero no hay que olvidar que a los estudios les encanta manejar las listas sin ajustar la inflación, pues en dichas listas sus últimos estrenos son los que copan los primeros puestos, y esa publicidad les interesa.
Pero no, yo soy más feliz contemplando esa lista en la que sigue reinando Lo que el viento se llevó y no Avatar, y donde no copan los primeros puestos el tercer episodio de Star Wars o pelis como Spider-Man o Transformers, sino esas pelis rodadas por aficionados como David Lean, Cecil B. DeMille o un Spielberg en plena forma. Sí, Lucas y James Cameron siempre estarán ahí, pero merecen mucho más respeto y han hecho cosas más grandes de las que nunca hará el jodido Michael Bay. Y si quisiera ser realmente justo tendría que matizar muchas cosas en cuanto a las carreras de Lucas, Cameron, Bay y demás, pero ése no es el tema. Este post es puramente nostálgico.

Así que os dejo con la lista de films taquilleros, que ofrece además las recaudaciones totales, ajustadas y sin ajustar. Y en realidad no deja de ser la taquilla doméstica de los USA, pero bueno aunque puedan variar los títulos, me temo que ninguna de Kurosawa o Almodóvar entraría en los primeros puestos aunque contáramos al resto del mundo. Y qué diablos, es mi Scatergories y me lo llevo.

1 Gone with the Wind (MGM) $1,507,252,900 $198,676,459
2 Star Wars ( Fox) $1,328,772,200 $460,998,007
3 The Sound of Music (Fox) $1,062,418,700 $158,671,368
4 E.T.: The Extra-Terrestrial (Universal) $1,058,233,300 $435,110,554
5 The Ten Commandments (Paramount) $977,260,000 $65,500,000 (1956)
6 Titanic (Paramount) $957,460,300 $600,788,188
7 Jaws (Universal) $955,468,000 $260,000,000
8 Doctor Zhivago (MGM) $926,050,500 $111,721,910
9 The Exorcist (WB) $824,842,300 $232,671,011
10 Snow White and the Seven Dwarfs (Disney) $813,140,000 $184,925,486
11 101 Dalmatians (Disney) $745,382,700 $144,880,014
12 The Empire Strikes Back (Fox) $732,427,600 $290,475,067
13 Ben-Hur (MGM) $731,080,000 $74,000,000
14 Return of the Jedi (Fox) $701,683,200 $309,306,177
15 Avatar (Fox) $730,270,400 $730,270,443
16 The Sting (Universal) $665,005,700 $156,000,000
17 Raiders of the Lost Ark (Paramount) $657,538,200 $242,374,454
18 Jurassic Park (Universal) $643,095,600 $357,067,947
19 The Graduate (AVCO) $638,362,600 $104,901,839
20 Star Wars: Episode I - The Phantom Menace (Fox) $632,800,500 $431,088,301
21 Fantasia (Disney) $619,504,300 $76,408,097
22 The Godfather (Paramount) $588,762,300 $134,966,411
23 Forrest Gump (Paramount) $585,950,300 $329,694,499
24 Mary Poppins (Disney) $583,236,400 $102,272,727
25 The Lion King (BV) $576,149,200 $328,541,776

sábado, 27 de marzo de 2010

Los Dropa: Sun Gods in Exile

Es una lástima que con la de historias extrañas y fascinantes que hay por ahí fuera, en Hollywood se dediquen a hacer remakes sin ton ni son y a repetir fórmulas gastadas inflándolas con efectos especiales. Todos sabemos que ahora los escritores están en la televisión, y que el cine juega a otra cosa, y supongo que si no cambian es porque les debe ir bien así. Ni siquiera sé si adaptando una buena historia sobreviviría al campo de batalla del marketing y las salas de reuniones con gráficos y cifras. Pero bueno, decidme vosotros si de la historia que vais a leer a continuación no podría salir una buena película en plan Distrito 9 o algo así. Preparáos amigos: la nave del misterio ha llegado a La Cinta de Moebius.
...

Este curioso relato, basado, por supuesto, en hechos reales, se dio a conocer en Occidente allá por los 70, pero el comienzo de todo databa de varias décadas atrás. En 1938 una expedición arqueológica china se encontraba buscando yacimientos en la región de Bayan Kara Ula, un lugar perdido entre China y Tibet. Allí encontraron unas tumbas en cuevas de una arquitectura claramente artificial. Las tumbas contenían restos y esqueletos de unos extraños seres macrocefálicos de 1'20 metros de estatura. Junto a esos cuerpos se hallaron además 700 discos grises con un orificio en el centro y runas desconocidas grabadas en ellos. Por el momento, nada más se supo de aquello.
No fue hasta 1962 cuando tras una expedición de la Universidad de Beijing el profesor Tsum Um Nui anuncia que ha descifrado el contenido de aquellos extraños discos. La historia que describían era increíble. Según aquellas runas, hacía unos 12000 años unos extraños seres del espacio exterior habían llegado a la Tierra tras un aterrizaje forzoso. Eran los Dropa. Aquellos pequeños extraterrestres se toparon con la tribu de los Han o Ham, quienes obviamente les tomaron por dioses. Los Han y los Dropa convivieron durante un cierto tiempo, quién sabe si en un statu quo de siervo-Dios o simplemente de una tribu maravillada por la tecnología de aquellos seres desconocidos. Pero los Dropa no tardaron en comprender que les era imposible reparar su astronave, y que se encontraban encerrados en aquel planeta que nosotros conocemos como la Tierra. Fue así como los Dropa se convirtieron en una raza endogámica hasta ir desapareciendo, dejando sus conocimientos encerrados en las piedras circulares que la expedición china halló en aquellas antinaturales cuevas. Tras intentar dar a conocer sus descubrimientos, Tsum Um Nui fue objeto de burla por sus colegas chinos, y acabó exiliado en Japón.

Hasta entonces, el mundo nada sabía de los Dropa. Todo descubrimiento parecía haber caído tras el impenetrable muro de la China comunista, cuyo gobierno se caracterizaba por la negación y el oscurantismo. Sin embargo, en 1965 la agencia Asociated Press publicaba una noticia acerca del descubrimiento de unos restos de seres diminutos con malformaciones genéticas en un lugar perdido de China. ¿Había abierto el gobierno chino un poco al mundo la puerta del misterio de los Dropa?

Aparentemente fue el escritor de ciencia ficción e investigador ruso Alexander Kazantsev quien se hizo eco de la noticia en uno de sus libros. Occidente descubriría la historia gracias al Sergei Bubka del misterio y la leyenda urbana, el escritor ilusionista Erich Von Däniken, quien a finales de los 60 sorprendió al mundo con su libro Chariots of the Gods?, obra que fijó para siempre la hipótesis de que nuestras viejas civilizaciones pudieron tener contacto con seres de otro mundo.
Con un mundo, aquel de los 60 y 70, dispuesto a creer cual Mulder cualquiera, la historia de los Dropa se tornó fascinante. Y pronto llegarían más datos. En 1974 un ingeniero austríaco llamado Ernst Wegener daba a conocer unas fotos Polaroid de un par de los supuestos discos que al parecer estuvieron expuestos por poco tiempo en un Museo de Xiang. En 1979 la historia de los Dropa recibió un espaldarazo definitivo gracias al libro Sungods in Exile de un tal David Agamon, que al parecer reproducía los diarios de un arqueólogo británico, Karyl Robin-Evans, que había investigado el caso.

Durante los siguientes años todo fueron murmuraciones, teorías, desmentidos y elucubraciones. ¿Tenía el gobierno chino en algún sótano esqueletos de seres pequeñitos y discos extraterrestres? ¿Habían sido enviadas muestras a la Unión Soviética para su análisis? ¿Dónde estaba la tumba del arqueólogo chino exiliado en Japón? ¿Quién era el tal Robin-Evans?

Como suele suceder en estos casos, la pervivencia del misterio avivaba las fantasías y la leyenda urbana. Y es que nada hay más excitante que la posibilidad de que haya un atisbo de verdad. Y de todas formas, nada se podía corroborar ni a favor ni en contra. El hermetismo del mundo comunista era de todos bien conocido.

Hasta que a principios de los 90 la Unión Soviética se hundió y China comenzó a abrirse al mundo. Fue entonces cuando científicos, estudiosos y curiosos de lo paranormal se pusieron a hacer preguntas. El gobierno chino no sabía nada. En el mundo universatario nunca hubo un tal Tsum Um Nui, de quien además nunca se supo nada en Japón. Kazantsev parecía que para entonces se había cansado de decir que había sido Däniken quien le había contado la historia de los Dropa, y no al revés. Ni siquiera parecía existir esa expedición de 1938. Y finalmente hasta el hombre que se escondía tras el seudónimo de David Agamon confesó que se lo había inventado todo. Sï, tal vez en 1965 o en algún otro momento se hubieran hallado los esqueletos de unos seres pequeños anormales, pero de ser algo no eran más que una suerte de raza de pigmeos, como el Hombre de Flores que se halló hace no mucho. Desde luego nada que ver con extraterrestres. Y, por supuesto, de las piedras extraterrestres nada se halló ni se supo.
...

Sí, nunca hubieron unos Dropa ni LPs metálicos extraterrestres que no fueran de Hawkwind, pero decidme si no es una historia estupenda. Daría para un Indiana Jones "profundo" (aunque sí, lo de la cuarta parte del aventurero no debería haber ido tan lejos), una 'danbrownada' o mejor aún, algún thriller de suspense a lo 70s. Antes que cagarse en una peli como Ultimátum a la Tierra sería preferible que en Hollywood alguien se dedicara a rebuscar en las locas historias de lo paranormal y lo extraño. ¿No?

jueves, 25 de marzo de 2010

Dibujos desanimados (V)

Los Wuzzles: Otro delirante producto sin pasar por el tamiz del doblepensamiento (no el de Orwell, sino el de pensarse dos veces las cosas antes de hacerlas) creado para los niños y niñas, que total, como son chiquitajos, les podemos colar lo que sea y jugar con sus mentes. Pues nada que la serie era como una isla del Doctor Moreau del Orgullo Gay Animal, donde vivían una suerte de bichejos cruzados entre sí (que si una foca con cuernos de reno, y otros cruces así, cruces de cable de los guionistas me refiero) la mar de felices luchando contra el malvado Crocosaurio. Que ésa es otra, los nombres de los bichejos. Parecían un diccionario confeccionado por Don Camilo José Cela en pleno viaje de gachas con LSD: Abeleon, Hiponeja, Osaposa, Monorrino, y el mejor de todos, Cagufante. Parece el nombre de un ñordo gigante depositado por el recórman mundial de engullir ciruelas.

Los Bobobobs: no sé si Cataluña es España o deja de serlo o si el Pisuerga pasa por Valladolid, pero lo que sí sé es que en la tierra de Kuato hacían dibujos tan malos como los del resto del país, o los del resto del extranjero, según se mire. Pero olvidemos la política, que por suerte no tiene cabida en las series animadas de chichinabo, y centrémonos en Los Bobobobs, una serie compuesta por unos personajes diminutos de otra era con poderes psíquicos (los personajes, no la era), que no deben ser confundidos con los baobabs, pobres de ellos, ni con los bobos... bueno, sobre esto ya no estoy tan seguro. En fin, que los tales Bobobobs (también conocidos como los... ¡exacto! ¡Bobs! Desde que Obi-Wan Kenobi se cambió el nombre por Ben Kenobi para no ser encontrado no se vio un truco tan sagaz) viajan en una nave especial para no sé muy bien qué, todo ello al mando del Capitán Pescanova y de un mago que en realidad es Valle-Inclán. Vamos, una insulsez como cualquier otra, pero que incluía una escena erótica en una bañera que aun no sé a que venía. Ay el pernil, cómo nos pierde.

Los Bobobobs en pleno ataque Jane Mansfield

La Magia de Emi: Seguro que si alguien de mi entorno cercano lee el nombre de esta serie se descojonará vivo. Ciertamente el Emi que conozco no parece muy mágico, pero bueno, quede esto como una broma privada.

La verdad es que no sé de qué porras iba La magia de Emi, pero analizando la imagen, deduzco que Emi debía ser una especie de Bulma de casino de carretera que hacía magia con las cartas para luego sacarse un sobresueldo tragando sables, y que tenía a su cargo a una niñita que eso de la magia se la traía al pairo, y por eso tira el fajo de cartas. Quizás estuviera más interesada en entrar en Gran Hermano cuando fuera mayor y vivir a posteriori de las rentas de la industria nabal (no, no es una errata. Y sí, pun intended). Y ambas tenían un amigo que se entrenaba sin parar, quizás para participar en Grand Prix, ese gran programa.
O tal vez la serie fuera de la pobre maga Emi, que una noche en que se pasó con los chupitos de licor manzana, se lió con un tipo que corría sin parar por el mundo a lo Forrest, y que cuando se cruzaba con una maga entonada, le daba por meter el reflexivo a su afición. Y en éstas que años después el andoba se encontraba de nuevo con la maga, resultando en que tras aquella mágica noche, de la chistera salió la niña, de la que nada sabía el 'maratón man' pijales, echando, lógicamente, a correr de nuevo.
Seguramente la respuesta a todas estas elucubraciones, amigos de la nave de misterio, nunca la sabremos.

BananaMan: No sé si era muy acertado hacer una serie con un personaje cuyo nombre parece el de una peli porno, pero bueno, ahí teníamos al superhéroe marcando bíceps y haciendo el gañán. En fin, no hay mucho que añadir. Recordad y llorad.


Kissyfur: ¿Qué era Kissyfur? ¿Acaso un encuentro entre Paul Stanley y Richard Butler? Pues más bien era una serie sobre un padre oso y su hijo oso. No sé que más pasaba, ni que clase de aventuras serían. Igual eran un contínuo gag de osos de Muchachada Nui. Lo único que me suena era la tronco-caravana en la que iban de un lado para otro, acompañados de sus amiguitos antropomórficos. La verdad es que no sé si al final el osezno se hizo a la coneja. Espero que fuera así. Sólo sé que desde luego aquí el carisma de Yogui no aparecía por ninguna parte.


Nuevos hermanos: ¿Recordáis las míticas palabras del coronel Kurtz?

miércoles, 24 de marzo de 2010

La rebelión de los simios (1972)

A principios de los 70 el mundo debía seguir teniendo sed de simios, y el productor Arthur P. Jacobs (junto a Frank Capra Jr. en calidad de asociado... en el mundo del cine siempre hay conexiones de lo más extrañas) desde luego tenía hambre de dólares, y ya en la tercera entrega, en la que la historia se volvía del revés y eran dos simios parlantes quienes volvían a la Tierra humana, el final dejaba una puerta abierta a una cuarta parte, que, obviamente, no tardó en llegar.

Para esta cuarta entrega se rescató muy de lejos algo del argumento de la novela original de Pierre Boulle, adentrándose en la precuela de la saga, es decir, la extraña enfermedad que mata a perros y gatos y convierte a los simios en nuestras mascotas preferidas. El caso es que lo hacen tan bien que pronto de mascotas se convierten en esclavos, y al poco de años (¿cuánto tarde en convertirse un simio bebé en simio adulto?) ya tenemos a simios de las tres clases del mundo planetosimiesco (chimpancés, gorilas y orangutanes) ejerciendo todas las labores manuales que se nos ocurran. Hay desde camareros simios hasta barrenderos simios pasando por simios que te llevan la compra y simios becarios que, como cualquier becario humano, hacen de todo un poco. Todo esto en una extraña América mezcla de la Alemania nazi y el viejo Sur esclavista.

Vaya, en resumidas cuentas, que tenemos de esclavos a un montón de simios por todo el mundo, y para variar los tratamos a patadas. Todo esto ante la silenciosa indignación de Armando, el dueño de un circo, y su mono César (Caesar en inglés), a quien el empresario circense salvó de la matanza de sus padres habladores en plan ángel anunciador, y ahora, con el chimpancé ya crecidito, se lo lleva a la ciudad de paseo. Pero claro, aquí los humanos ya somos en su mayoría los malos, y le toca a César mentar a la madre de los humanos, en plan Heston, pero con un pecho más peludo aún. Y claro, aunque el tal Armando intenta disimular, a partir de aquí, como diría un simio anglosajón, all hell breaks loose.

Es en esta parte intermedia del film, cuando César se oculta entre los simios tontuelos, en que nos topamos con las partes más cachondas de la peli, aparte de la cómica frase que suelta una rubia en una terraza de un bar, afirmando que desde que se sabe que el tabaco no es perjudicial ya no le gusta tanto. Sí amigos, la sombra de El dormilón de Woody Allen es alargada.
Pues nada, que en la siguiente media hora los humanos quedamos a la altura del betún, todo eso en mitad de una crueldad sin ton ni son bastante chistosa. En el futuro de mascotas simias no sólo los llevamos a empujones de un lado para otro, sino que además los adiestramos a base de porrazos, palos, descargas eléctricas e incluso lanzallamas (?). Me pregunto si hoy en día domamos a los caballos con lanzallamas y descargas o algo así. Obviamente hacemos el bestia con muchos pobres animales, pero vamos esos adiestramientos no parecen muy precisos. Pero tampoco le busquemos la cola al gorila, que esto es La rebelión de los simios, no una rebelión en 3D. Si hay que lanzallamear a los malditos orangutanes para que aprendan a servirnos agua, se les lanzallamea y listos.

Párrafo aparte para una de mis escenas preferidas de la película: ésa en la que tratan de enseñar a un gorila a hacer la cama, y éste se vuelve loco y empieza a romper el colchón. Como bien sabían los ZAZ, lo del gorila loco nunca falla. ¿Quién sabe si no estamos ante un tataratataratataratataratataratatarabuelo del general Ursus? ¡Un respeto para los gorilas!

Y bueno, cuando al tal Caesar se le hinchan los pelos de las rodillas, llega la parte más polémica de film, con el personaje afroamericano de la peli solidarizándose con los esclavos simios, en lo que supuso un curioso paralelismo entre los simios y el Movimiento por los Derechos Civiles que pasmó a más de un hermano negro. ¿Era Caesar una especie de Malcom X peludo, o de qué iba todo aquello? ¿Se trataba de acercar al espectador a la causa simia, o chotearse en la Revolución Negra? No se sabe, pero el discursito del amigo negro en calidad de descendiente de esclavos al amigo Caesar tiene guasa. A pesar de esta presunta ida de olla, en realidad la parte final es la más potente, cuando Caesar se monta su particular rebelión de Espartaco. Sin embargo el final previsto no pareció gustar al público y lo cambiaron por una jipiada ñoña metida con calzador que además rechina aun más si se ve el final original, una conclusión aplastante, más oscura y apocalíptica, que habría resultado un magnífico broche final a la película y a la saga. El final original lo podéis localizar en Youtube o en la crítica que de esta peli hizo el DrQuatermass, quien también recomienda el film, aunque desde una perspectiva distinta a la mía.

Pero no sólo quitaron el final demoledor, sino que el amigo Jacobs se sacó de la manga una quinta parte que es para darle, valga la rebuznancia, de comer aparte. Así que en otra ocasión os contaré lo que pienso de la traca final para la saga simia definitiva.

lunes, 22 de marzo de 2010

Small Faces: Auge y caída

In actual fact, when the Small Faces calmed down a bit, we heard ourselves...and that's why Steve Marriott left the band. Ronnie Lane

1967. Steve Marriott, Ronnie Lane, Ian McLagan y Kenney Jones dejan atrás al sello Decca y a Don Arden, hartos de su actitud y el poco dinero que les llegaba. Habían visto cómo una lucrativa gira en los States se había ido al garete por que la policía había cazado a McLagan con cannabis, y una segunda gira tampoco había prosperado. Los músicos creían que Arden no había hecho lo suficiente. Lanzar "My Mind's Eye" como sencillo sin consultar a la banda tampoco ayudó a mejorar la relación. Por éstas y otras razones los Small Faces habían decidido cambiar de aires. No tardaron mucho en encontrar un nuevo sello.

Immediate Records era un sello propiedad de Andrew Oldham, ex-mánager (y pronto ex-productor) de los Stones, quien no dudó en fichar a una banda que se encontraba en la cresta de la ola. El primer paso era entrar en el estudio y grabar un buen puñado de temas para un nuevo disco. El 2 de junio aparecía en el mercado "Here Come The Nice", el primer sencillo de la era Immediate. La canción confirmaba el nuevo rumbo que la banda había tomado con "My Mind's Eye" y "I Can't Make It"; era un rumbo que se alejaba de los sonidos negros y el blues para adentrarse en la nueva psicodelia que ya comenzaba a hacer estragos a ambos lados del Atlántico.

El renacer de la banda quedó simbolizado con Small Faces, un nuevo álbum homónimo donde las nuevas texturas y sonidos y una libertad creativa de la banda se confundían con la base R&B del grupo. "(Tell) Me Have You Ever Seen Me", "Something I Want to Tell You" o "Become Like You" evidenciaban nuevas melodías que no se alejaban demasiado de los primeros Byrds o la psicodelia beatliana, aunque el alma de la banda seguía allí, por supuesto. El álbum fue publicado en los Estados Unidos con un título (There are But Four Small Faces) y un listado de canciones distinto. Por encima de todas destacaba "Itchycoo Park", una guinda con 'flanger' que reposaba sobre la nata de la fresa psicodélica que comenzaba a enriquecer al grupo, destinada a ser un gran clásico de la banda.

It's all too beautiful rezaba la canción, y esa estrofa reflejaba el sentimiento del grupo respecto a su nuevo interés por la psicodelia, especialmente de Ronnie Lane, quien tras probar por primera vez el LSD en una fiesta salió a la calle flotando para acabar llorando, angustiado por los adustos rostros de la gente que pasaba. Ronnie no pudo entender que la gente no pudiera ver la belleza del mundo que él veía en aquel momento.

Con la banda girando y subiendo puestos poco a poco en los Estados Unidos ("Itchycoo Park" había llegado al puesto 16) la banda cerraba el año con otro poderoso single, "Tin Soldier", una composición que Steve en principio había compuesto para la cantante PP Arnold, y que comenzaba con un crescendo poco a poco mediante los teclados y la batería, que iban siendo arropados por unos crudos pero melódicos punteos de guitarra y el poderoso bajo de Ronnie, para dar paso a la melodiosa voz de Marriott que lo envolvía todo.

El siguiente álbum de la banda, Ogdens' Nut Gone Flake, vino precedido por el enorme éxito de "Lazy Sunday", sencillo publicado en abril de 1968. Sin embargo la banda se había mostrado contraria a que se publicara esa canción como sencillo, ya que consideraban que no ofrecía una imagen real de la música que estaban haciendo. Pero la alegría y el positivismo que desprendía "Lazy Sunday" (una canción que hablaba de forma bastante irónica de la tormentosa relación que Marriott mantenía con sus vecinos) era contagiosa, el tema era prodigioso, y muy pronto el disco comenzó a escalar en las listas. No pasó desapabercida la original manera de presentar el LP, metido en una caja redonda de latón que imitaba una caja de tabaco (el título del disco era un juego de palabras con un tipo de tabaco que vendía la marca Ogdens).
La primera cara del LP contenía, aparte de la citada "Lazy Sunday", otros grandes temas como "(Afterglow) Of Your Love", que destacaba por el aplastante ritmo de batería y bajo y unas líneas vocales de Marriott asombrosas, "Rene" o "Song Of A Baker", conducida por el bajo vribante de Ronnie Lane. La segunda cara se abría con "Happiness Stan", y conformaba una cara B conceptual que relataba, entre música y narraciones habladas en 'unwinese', una divertida deformación del inglés, un cuento de hadas acerca del tal Stan. La banda presentó en directo la historia de Stan por primera y única vez en un programa televisivo de la BBC.


Con PP Arnold

En medio de críticas positivas y unas ventas que iban muy bien, la banda se encontró con que gran parte del álbum era casi imposible de trasladar al directo. Tras girar por Australia y Nueva Zelanda junto a los Who, la banda regresó a Londres deprimida y llena de disensiones. El ansiado tour por América parecía que nunca iba llegar, y la banda se encontraba de nuevo encallada en los mismos problemas que tuvieron con Arden: publicación de sencillos sin permiso o consentimiento de la banda, ausencia de regalías y una obsesión con los sencillos y las giras por la Commonwealth y Europa, pero nunca los Estados Unidos. Cuando poco tiempo después Immediate Records se fue al garete, las deudas que Oldham tenía con la banda nunca fueron satisfechas. No fue hasta una resolución judicial en la primera década del siglo XXI en que se solucionó el problema, cuando ya ni Marriott ni Lane estaban aquí para disfrutar ese dinero.

Un interminable parón en las giras, fricciones en el estudio, una atmósfera enrarecida, y un álbum exitoso pero que sentían que era insuperable, acabaron con los Small Faces. Si era cierto o no que al desaparecer los gritos de las fans la banda se percató de que estaban sonando de forma horrible, es algo que seguramente sólo ellos supieran de verdad. Pero estaba claro que un ciclo llegaba a su fin, y Steve Marriott fue el primero en abandonar el barco. No creía que pudiera ofrecer nada más a la banda, y harto de esperar a salir de nuevo a la carretera, decidió ofrecerse a Peter Frampton para formar un grupo. Cuando en el concierto de Año Nuevo que la banda ofreció en 1969 Marriott abandonó el escenario sin previo aviso, fue la última vez que tocarían en mucho tiempo. Tras la marcha de Marriott el resto de la banda decidió seguir adelante. Sería el comienzo de otro nuevo proyecto, el de los Faces junto a Ronnie Wood y Rod Stewart.

En 1975 se reeditaban, con una acogida bastante buena, los sencillos de "Itchycoo Park" y "Lazy Sunday". Con los Faces y Humble Pie fuera de escena, la banda se reunió para grabar unos videoclips promocionales. Decidieron darse otra oportunidad y probarse en el estudio. Lane apenas duró dos ensayos. Tras una discusión el bajista abandonó el grupo. El resto decidió seguir adelante junto a otro bajista. Con esta formación los Small Faces grabaron dos álbumes, Playmates y 78 In The Shade. El sonido estaba más cercano a los proyectos hijos de la ruptura (Faces y Humble Pie) que al sonido clásico que había caracterizado a la banda en los 60. Con todo, había buenos temas, y la voz de Marriott seguía convirtiendo en oro todo lo que tocaba.

Pero ninguno de los dos trabajos pudo igualar ni la calidad ni las ventas de los trabajos clásicos del grupo. En medio de la fiebre disco y una Inglaterra rendida al punk, los Small Faces decidieron separarse definitivamente. La tragedia se cebó con Ronnie Lane y Steve Marriott, pero su música perdura para hacer felices a nuevas generaciones de rockeros.

sábado, 20 de marzo de 2010

Esplendor en la hierba (1961)

Esplendor en la hierba se podría ver como ese típico chiste del guapo o la guapa al que si le quitas tal y cual cosa, ¿qué te queda? Pues bien, si a esta película le quitamos su plantel de estrellas, su equipo técnico de serie A, su magnífico guión y su director, ¿qué nos queda? Bueno, pues sí, la historia no es una locura de David Lynch, y si le quitamos todo eso igual nos quedaba un drama baratuno de sobremesa de sábado. Pero por suerte Esplendor en la hierba era y es, como diría mi santa madre, un dramón de los buenos.

Con el nuevo comienzo de década Elia Kazan dejaba atrás una increíble racha de títulos cinematográficos y obras teatrales, y una división de opiniones respecto a su famosa delación ante el Comité de Actividades AntiAmericanas. Para la mitad de Hollywood Kazan era un vendido despreciable, mientras para la otra, entre la que se encontraban prácticamente todos los que daban trabajo, era el buen traidor al que se le podía dejar seguir trabajando sin mayores problemas. Yo, por mi parte, y apelando al reloj de cuco de Harry Lime, si he de agradecer a su traición maravillas como La ley del silencio o Al Este del Edén, pues supongo que lo haría.

El guión de Esplendor en la hierba surgió de la colaboración y posterior amistad entre Elia Kazan y William Inge, éste último considerado el otro gran dramaturgo de la época junto a Tennessee Williams. Kazan le propuso que escribiera un guión para él, a lo que Inge accedió. De su interés por el psicoanálisis y sus propias sesiones y sus reflexiones sobre sus propios padres surgió la historia para la película.

Y de la pasión de Inge por Warren Beatty surgió el dúo protagonista. Inge se enamoró de Beatty a primera vista, y desde entonces trató de ayudarle en su carrera., hasta tal punto que las malas lenguas hablaban de Inge como el "hada padrina" de Warren. El actor ya era popular gracias al teatro y la televisión, y a una relación con Joan Collins, pero todavía no había logrado debutar en la gran pantalla. Esplendor en la hierba sería su vehículo para hacerlo.

Beatty era por entonces una suerte de "gran esperanza blanca", tanto para los estudios, que buscaban sin cesar a un nuevo James Dean, como para toda la comunidad sexualmente activa de Hollywood. El amigo Warren no sólo había destacado por sus trabajos sino por su físico, que le había servido comenzar a coleccionar amantes desde que comenzara a ascender como actor. Se decía por ejemplo que su encendida prueba para la película Parrish junto a Jane Fonda había hundido la relación de ésta, como se diría después que por su causa su compañera Natalie Wood se separaría de Robert Wagner. Por lo general estaba claro que Beatty desataba pasiones y comentarios allá por donde iba.

Esplendor en la hierba pasaría a la historia no sólo por mostrar el primer beso con lengua en la historia de Hollywood, sino por uno de los rodajes más encendidos que se recuerdan. Para empezar Elia Kazan, que centró el rodaje en NuevaYork, usaba los descansos para comer para trajinarse a su amante Barbara Loden (una actriz a la que incluyó en el reparto por motivos obvios) en el camerino, y pasra así el día con ella antes de volver a casa cada noche a hacer de padre de familia. Por otro lado sobre Warren y Natalie hay quien dice que mantuvieron un tórrido romance desde el principio, aunque parece que durante gran parte del rodaje más bien no se podían ver, hasta que hacia el final de la película pasaron del odio a la pasión, deviniendo en la, de todas formas, ya inevitable ruptura del matrimonio de Natalie. De todas formas Joan Collins no dejó de pasarse por el rodaje siempre que podía para controlar su valiosa posesión, una posesión que le acababa de valer un aborto, a insistencia de Beatty. En resumen: el rodaje de la película fue un putiferio, o así lo afirman los rumores hollywoodienses.

Respecto a lo puramente cinematográfico, Esplendor en la hierba es un estupendo drama construido sobre un guión de granito. Sin duda Inge sabía lo que se hacía, y no es de extrañar que Hollywood hubiera adaptado ya obras suyas como Bus Stop o Picnic. Además el guión fue adaptado de forma precisa, como era de esperar, por Elia Kazan, hombre de teatro, que junto a su funcional, y a veces poética, dirección, disponía además de su arma más eficaz: la dirección de actores. Como cofundador del Actor's Studio, gurú del Método y director de teatro, Kazan dio para el cine una abultada lista de actores y actrices nominados al Oscar, y un buen número de premiados. Y más allá de las estatuillas, en sus películas simplemente nos brindó algunas de las mejores actuaciones de la historia del cine. No cabe duda de que uno de sus mayores talentos era sacar lo mejor de cada intérprete. Y en ese aspecto Esplendor en la hierba no fue diferente. Con esta película Warren Beatty se convirtió en una estrella en su debut, y Natalie Wood vio relanzada su carrera. Y un a la postre eterno (aunque magnífico) secundario Pat Hingle lograba también una de sus mejores actuaciones, y el honor de figurar segundo en los créditos tras la señorita Wood.

En definitiva, lo que hace sólida a Esplendor en la hierba es su guión, sin sorpresas pero esculpido a cincel, y las estupendas actuaciones de sus protagonistas. Warren Beatty desde luego no era James Dean, pero es de esos actores que se crecen con un buen director. Natalie estaba también estupenda, y de hecho para mí es la número uno de la película. Y la protegida de Kazan, Barbara Loden, también ofrece una cuidada actuación en un papel oscuro y roto, aunque tenga sus momentos de glamour, siendo retratada como sólo un amante podría hacerlo.

La verdad es que hay momentos realmente mágicos a lo largo de la película, con una atmósfera que el propio Elia Kazan afirmaba no comprender del todo. Personalmente para mí hay ciertas escenas que rezuman poderosos efluvios dramáticos, simplemente con la interactuación de los actores y la cámara rodando, y casi todos esos momentos provienen de Natalie Wood. Por ello me permito afirmar que realmente es Natalie el eje central de la historia, ante un buen Beatty carismático pero al que no le abandonan del todo sus dejes inexpresivos.

Esplendor en la hierba, un estupendo drama que en su día fue polémico, y que hoy en día queda simplemente en otro gran título de Elia Kazan, tan talentoso como marcado por algo que nunca debió suceder. Lo mejor en estos casos es olvidarse del drama real y sumergirse en la ficción.

jueves, 18 de marzo de 2010

El reinado de Elvis: 1959

Las maniobras y el entrenamiento habían terminado. A principios de 1959 Elvis comenzaba el servicio propiamente dicho en Alemania. Se hacía duro estar alejado de la música, de los negocios, ser el blanco constante de las observaciones y ocasionales burlas de sus compañeros. Elvis tenía que demostrar constantemente que era uno más para ser aceptado. Y para colmo su padre Vernon, que había viajado a Alemania junto con la abuela Presley, había comenzado a ver con buenos ojos a una tal Dee Stanley, mujer de un sargento y madre de tres hijos. Todo eso cuando el recuerdo de su madre era todavía muy reciente. Huelga decir que Elvis no reaccionó bien ante esa relación. Se distanció de Vernon y tardaría en aceptar a Dee.
Pero no todo era negativo. Elvis recibía las visitas ocasionales de sus viejos camaradas de Memphis, y las travesuras constantes que organizaba junto con Red y el rollizo Lamar acabaron con la paciencia de los dueños del hotel donde se alejoban todos, con lo que el cantante y su corte se trasladaron a una vivienda alquilada de tres pisos. Nada cambió para sus fans germanas y las hijas de los militares yanquis. Cada día a las siete y media Elvis salía a firmar autógrafos y charlar con sus admiradores. Su colega Charlie Hodge del reclutamiento de Memphis le llevaba discos de espirituales, y juntos practicaban nuevas técnicas que iban ampliando el registro de la estrella. Y, por supuesto, había chicas. Elvis tuvo una querencia especial con una tal Elizabeth, con quien medio salió, pero por supuesto, eso no impedía que la estrella se viera con otras. Siempre había chicas. Para charlar, para estar abrazados. Y si se terciaba, para más cosas. Y también había una nueva y oscura afición: las pastillas, herencia de las maniobras en Grafenwöhr. Un sargento le había introducido al milagro de las amfetaminas, unas pastillas "inocuas" que eran mucho mejor que el café para mantenerse despierto y rendir muchas horas. Fue así como el chico que no bebía y apenas sí fumaba de vez en cuando algún purito comenzó a llevar a todas horas frascos de amfetaminas para mantener las energías.

Así pasó Elvis los primeros meses de su servicio en la RFA: haciendo el tonto con sus colegas, o teniendo celos de ellos (como por ejemplo de Red West y su brillante carrera en el ejército. ¡Le ascendieron antes que a Elvis! ¡Imperdonable); ganándose a sus compañeros de batallón y de compañía, mediante su simpatía, sus anécdotas de Hollywood y su disposición a cambiar guardias o prestar dinero; cuidando de sus fans, y "cuidando" de alguna de sus fans. Aprovechó un par de permisos para visitar Munich y ya en junio, París, donde se hizo un recorrido por el Moulin Rouge y varios otros locales de estriptis y prostíbulos.

En agosto llegaba a Biesbaden un nuevo capitán, Joseph Beaulieu, junto con su familia. Su preciosa hija de belleza sureña conocería a un tal Currie Grant en el club para militares. Fue Currie quien presentaría a Priscilla Beaulieu a Elvis Presley. Tras obtener el permiso de su padre, Priscilla fue con Currie a un guateque en casa de Elvis. La adolescente impresionó a todos, incluido Elvis. Fue amor a primera vista. A la manera de una estrella de rock, claro. Por supuesto Priscilla sabía quien era él, y estaba superada por las circunstancias. Elvis la trató con amabilidad, y tocó el piano y cantó para ella. Cuando Priscilla se tuvo que ir para no traspasar el límite de horario paterno, Elvis ya sabía que quería volver a verla a toda costa, y así se lo hizo saber a Currie.
Tras unas pocas citas Elvis conoció a los padres de Priscilla. El capitán Beaulieu trató a la estrella de rock como trataría a cualquier joven que se acercara a su hijita: le llevó aparte y le hizo una larga entrevista a base de preguntas, preguntándole por sus intenciones para con Priscilla, sus perspectivas de futuro y todo lo demás. Con su encanto sureño, sus modales y su sorprendente humildad, Elvis convenció al capitán de sus buenas intenciones. No tendría que preocuparse por la honradez de la familia. Aunque por supuesto seguirían viéndose bajo sus reglas, no las de Elvis. No había de qué preocuparse. Ciertamente Elvis no era Dickey Betts.


Elvis y Priscilla

Mientras Elvis proseguía con su servicio y con su cortejo de Priscilla, decidió contactar con una especie de médico sudafricano que ofrecía un tratamiento increíble para limpiar el cutis de las marcas del acné y demás zarandajas adolescentes. En noviembre el cantante comenzó el tratamiento con el misterioso doctor. Todo parecía ir bien hasta que un día de diciembre Elvis salió de la consulta del doctor a toda prisa. Como pareció expresar el cantante, "el hijo de puta era maricón". Todos quedaron horrorizados, especialmente Vernon, que vio en aquel tipo un peligro para la carrera de su hijo. Seguramente ya veía los titulares del médico hablando de sus "encuentros" con la estrella. Vernon contactó con el Coronel, quien de forma imposible pidió consejo a las autoridades militares. Éstas contactaron con el FBI, que a su vez contactó con el supuesto médico. A cambio de una pequeña cantidad, el curandero sudafricano desapareció de la faz de la Tierra. A partir de entonces sería mejor que Elvis se olvidara de su cutis y se centrara en el kárate, una disciplina a la que se acababa de aficionar tras asistir a una demostración por parte de un experto alemán.

Una vez más, el Coronel Parker se había mostrado como imprescindible. Era el hombre para todo, el hombre que lo resolvía todo, y por encima de todo, el hombre que cuidaba del negocio. No sólo había sido clave en el lanzamiento de Elvis a nivel nacional e internacional, sino que había demostrado ser capaz de hacer algo que parecía increíble. Era un tema que había aterrorizado a Elvis. ¿Y si su estancia alejado de sus fans en América, sin dar conciertos ni grabar, le dejaba sin fans? El Coronel le prometió que al volver todos sus fans estarían allí. Y hasta entonces, había cumplido. Mediante mil y una tretas, toneladas de publicidad, y un estricto control sobre la publicación de discos (Parker se negó a darle a la RCA ni una sesión de grabación en todo el año: tendrían que salir adelante con lo que tenían), el Coronel consiguió lo que nadie había conseguido antes: mantener la popularidad de su cliente durante todo un año de inactividad de Elvis. Al año siguiente Elvis volvería a casa, y comprobaría la magnitud de la obra de su mánager. Sería algo que Elvis no olvidaría.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Feliz Día de San Patricio

Pues nada, felicidades a todos los irlandeses y/o cerverceros que lean esto. Hoy es el día del color verde, las rubias con espuma o las negras sólidas de récord, los tréboles, un Jameson's en las rocas y los convertidores. No los informáticos, sino los católicos. Demos gracias a San Patricio por habernos regalado a unos anglosajones católicos tan majos, y dado que seguramente no sea el mejor día para celebrar St. Patrick's hasta sus últimas consecuencias (rabia rabiña que yo sí puedo), pinchemos algo de los clásicos irlandeses: Rory, Thin Lizzy, o algo de la nueva hornada, o incluso algo norirlandés, que al fin y al cabo todos sabemos que es Irlanda, por mucho que le duela a la entrepierna de Cromwell. Los habrá incluso quienes pinchen a U2. Bueno, totalmente respetable, al menos si es algún tema de los tiempos en que su cantante todavía no era el Cordero de Dios. Yo por mi parte elijo al gran Rory Gallagher, y "Too Much Alcohol", un grandísimo tema que nos recuerda no sólo que los excesos no son buenos, sino que Rory era tan sublime en eléctrico como en acústico. Las rondas de hoy van por él. Slàinte! (uséase, esloncha, o sea, salud).


lunes, 15 de marzo de 2010

Dibujos desanimados (IV)

Amiguetes, ahí va otra entrega de dibujos tarados.

Rainbow Brite: Si en esta serie había unos simpáticos bichejos llamados sprites no sé porque no había otros llamado cocacolos o fantos. En fin, nunca pude tener un Cinturón de Color, ni una Esfera de Luz. Sólo llegué a tener un cinturón blanco de judo y una bombilla rota que hacía ruido cuando la meneabas. Así comprendí lo poco mágico que era el mundo en que yo vivía. Fue entonces cuando, tras profunda reflexión, decidí mandar a tomar por culo a Rainbow Brite y todos sus colorines y me compré un disco de Motörhead.


Y a este recurso, queridos amiguitos, se le llama "elipsis".

Super Mario Bros: Bueno, reconozco que en su época, con todos esos saltitos, botes y retruécanos, y los famosos efectos sonoros del juego más vendido del mundo, la serie ésta entretenía. Y, además, cualquier excusa era buena para postergar el estudio y los deberes media hora más. En realidad lo más inquietante eran los tipos que encarnaban a los Mario y Luigi en carne y hueso. Eran como una reminiscencia de Laurel y Hardy traída a la memoria a base de cartones y vino barato. ¿Soy yo, o parecía siempre que aquellos tipos acabaran de aterrizar en un plató a cambio de un plato de sopa? No soy padre, pero no sé, dudo que hubiera dejado a mis hijos a solas con el tal Mario y su hermano Luigi. Vaya pareja de mastuerzos; no sé como no la titularon en América Super Mario Bums. De hecho juraría que el Mario presentaba la versión italiana de ¡Ay que calor!. No sé, no sé, pero creo que es él...

Super Mario Bros, o "demasiadas setas".

Denver, el último dinosaurio: ¿Dónde está un buen Tiranosaurio cuando se le necesita? Viendo Denver al principio esperé el entretenimiento. Esperé y esperé y nada pasó. Luego esperé a que saliera algún maldito bicharraco de la nada en plan Jurassic Park y le arrancara la cabeza al enervante dinosaurio con gafas de sol. Pero tampoco pasó nada. Por suerte esta chorrada de serie acabó durando un suspiro, y el dinosaurio idiota acabó desapareciendo de la faz de la Tierra. Y dudo que alguien lo eche de menos.
Viva la extinción, amigos.

Delfy y sus amigos: Luego nos extrañamos de que haya ecologistas que parecen vivir en los mundos de Yupi. Con patochadas verdes como Mofly, Seabert o el delfín lolailo este seguro que más de un infante acabó con una empanada mental de míticas proporciones, y ahora seguramente esté encadenado a un árbol de plástico protestando para que cesen los experimentos de medicamentos anticancerígenos en dodós. Está claro que Delfy y sus amigos no fue escrita por un delfín, porque era una patochada tremenda. Al delfín amanerado este lo debería haber atravesado algún buen arpón japonés antes de que confundiera a la infancia con sus miles de chorradas. Con toda la razón del mundo la cara de resignación del villano buitre de la serie era una constante inquebrantable. Creo que el buitre se suicidó poco después de que hiciera lo propio el de los medios limones.

Los guardianes de la galaxia: O vaqueros rangers del infierno empapados en crack biónico emulan a Chuck Norris y reparten estopa por el espacio manteniendo la ley y el orden. La verdad es que pasé unas buenas meriendas a ritmo de los caballos mecánicos de esta pasma espacial. Nuevamente, me asalta la duda. ¿Cómo porras llegábamos a babear sólo con ver el traje ajustado de la guardiana esa? Y para colmo sus poderes no se activaban al presionar la placa en el cinturón no, ella cada vez que quería activar algo se ponía la mano en la teta.
Maldita sea, vaya un grupo de berracos que éramos.

Pistolones, jamones y un negro. Sublime

Bésame Licia: Primero, vaya por delante una definición. Target: En marketing, dícese del tipo de público al que se dirige un mensaje publicitario o campaña. Bien, y ahora, considerando que Bésame Licia era una serie de anime sobre un grupo de ¿rock? donde la tal Licia era pretendida por dos de sus músicos, uno llamado Sergio y otro Borja, ya podemos deducir a quien iba dirigida esta serie. ¿A las féminas de las juventudes peperianas? ¿A futuros diseñadores gays que ven en un palillo un cánon de belleza? Tal vez. Yo me decanto por los futuros oncólogos. El extraño color del tupé de uno de los pretendientes nunca me dio buena espina. No sé si era un tupé o un gran tumor. Tampoco sé si era Sergio o Borja. La verdad, poco me importaba. Yo estaba más pendiente de calcular las héctareas que medían los extensos campos de fútbol en Japón.


Bésame Licia, culebrón oncológico

domingo, 14 de marzo de 2010

Trailer de Teenagers From Outer Space

La verdad es que todavía no he visto Teenagers From Outer Space, ¡pero no me negaréis que el título promete! Madre mía, el año de estreno de la peli lo explica todo: 1959. Tras diez años de loca (y a veces hasta majestuosa) ciencia ficción, ya no había pepitas de oro que arrancar en el agotado filón de los seres espaciales. Así que lo mejor era recurrir a la juventud de la era del rock. ¡Teenagers From Outer Space! Y esos "efectos" con los esqueletos tan de Mars Attacks!... Ay, a ver si doy con ella.

¿Y qué me decís de ésta? ¡The Giant Gila Monster! ¿Hablará el lagarto gigante por teléfono?

sábado, 13 de marzo de 2010

Aprenda estonio en 20 segundos

¿Cómo se dice "12 meses" en estonio?

20 segundos, amigos. Yo por mi parte no necesito saber nada más.



Cocks taste good.

jueves, 11 de marzo de 2010

Bronco Billy (1980)

Podría ser una buena tertulia para discutir con unas cervezas o envueltos en humo a lo Garci. ¿Cual debería ser considerada la primera película de autor de Clint Eastwood? Hasta entonces su carrera como director se había limitado a un film de suspense, un buen par de pelis de acción y dos westerns que sin duda habían constituido sus trabajos más personales hasta la fecha, junto a la olvidada película romántica Primavera en otoño, en la que Eastwood decidió dar por primera vez su particular versión del amor y sus vicisitudes. Por otro lado, en sus westerns Eastwood había jugado con una de las eternas inquietudes del género y del mismo Clint: la venganza, junto a una clara simpatía por los descolocados, desarraigados y perdedores, esos misfits que vagan de un lado a otro del continente buscando un perpetuo hogar.

Con todo, para muchos críticos Eastwood seguía siendo un buen director que había aprendido bien la lección de Leone, Siegel y los clásicos, pero que no dejaba de ser una estrella metida a director con buena fortuna y saber hacer, pero sin demasiado que decir. Por supuesto algunas de sus películas habían sido muy aplaudidas, mientras que otras habían sido masacradas, y sus éxitos en taquilla y sus películas con monos no ayudaban precisamente a que los estudiosos cinematográficos más correosos se decidieran a aceptarle como un gran director.

Cada uno tendrá su propia opinión de cuando Eastwood dejó de ser un aprendiz de otros para ser un maestro que sentaba cátedra. La crítica, especialmente el sector más 'artie', dio un primer paso en cambiar de opinión respecto a Eastwood al invitarle a que proyectara su último trabajo por entonces, Bronco Billy, en el MoMA de Nueva York.

Durante los 80 el largo gobierno republicano estadounidense incidió en más de una ocasión en recuperar los valores familiares que parecían difuminarse a una velocidad de vértigo. Esa línea de pensamiento tuvo su culminación cuando George Bush padre (¿el presidente americano más estirado de la historia?) afirmó que quería una América más como The Waltons y menos como Los Simpson. Eastwood, a causa, o no, de sus ideales republicanos, también compartía esa preocupación, y no fue la última vez que trataría el tema en sus películas. En 1980 el propio Clint comenzaba los trámites de divorcio para un largo matrimonio con la actriz Maggie Johnson que hacía años que estaba muerto. De hecho vivían separados desde principios de los 70, y ambos habían rehecho sus respectivas vidas sentimentales.

Así pues no debió ser casual que fuera entonces cuando Eastwood se destapara con Bronco Billy, una película en donde fusionó su querencia por la figura del eterno perdedor con algunas de sus ideas más personales respecto a la familia, el matrimonio, y algunos de esos ideales americanos que, como suelen decir políticos y un buen puñado de personajes cinematográficos, hicieron grande al país.

Bronco Billy, el personaje, es un ser anacrónico, una suerte de Don Quijote surgido del western, quien trata de salir adelante con un show ambulante del Salvaje Oeste de esos que hizo popular Búfalo Bill, y que ya a principios del siglo XX parecían totalmente trasnochados. Junto a una curiosa caterva de unos personajes tan perdedores como él, viaja de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, en un constante estado económico que bordea la bancarrota, tratando de llevar magia e ilusión a unos niños y jóvenes rodeados de películas, televisión y una creciente industria de los videojuegos. La pregunta es evidente: ¿queda sitio en un mundo tecnológico para Bronco Billy, sus chicos, y su espectáculo de indios y vaqueros?

En Bronco Billy Eastwood repitió con varios de los secundarios de El fuera de la ley y Duro de pelar, y compartía con la primera ese homenaje al extraño sentido de familia que puede crearse entre distintos personajes de diverso calado y origen, pero con unos cuantos e importantes puntos en común: la soledad, un pasado que olvidar y un constante anhelo por tener un hogar al que poder considerar como suyo. En ese sentido, Bronco y sus compañeros Lefty, Doc, Leonard, el Jefe Gran Águila y su mujer Agua Corriente, son una familia compuesta a base de retazos de recuerdos tristes, errores, soledad y unas familias de sangre muy poco recomendables. En el extraño circo de Bronco todos han encontrado no sólo un hogar, sino una expiación a sus pecados. El espectáculo de Bronco representa, en el fondo, el viejo Sueño Americano, el de la tierra de las oportunidades, donde cualquiera puede empezar de nuevo y sacar adelante su sueño. Bronco tiene un sueño, y sus compañeros una nueva oportunidad. La caravana ambulante de Bronco Billy es, en definitiva, la vieja América, una América que quizás nunca existió tal como la recuerda el consciente colectivo, pero que representa un eterno modelo que sirve tanto de guía como de espejo en el que reflejarse.

Bronco Billy podría ser considerado como un western urbano, pero en realidad por primera vez Eastwood dejaba atrás el cine de acción y los arquetipos del pistolero solitario para conformar un film en el que los personajes eran más reales que nunca, y la historia que Eastwood relataba era más una historia que avanzaba a través de esos personajes llenos de vida que con o a pesar de ellos. En ese sentido con Bronco Billy Eastwood se "humanizaba" más que nunca, acercándose a los personajes más sencillos y honestos, como no había hecho desde Primavera en otoño.

El plantel de actores representa, por otra parte, esos personajes a la perfección. Desde los secundarios hasta el propio Eastwood, todos rayan a un gran nivel. Geoffrey Lewis, por ejemplo, interpreta uno de los personajes más divertidos que le haya visto, alejándose de sus habituales roles de psicópata o paleto. El carismático Scatman Crothers está igual de bien que en El resplandor por ejemplo, y, aunque pocas veces tenga buenas palabras para Sondra Locke, hay que reconocer que su papel en la película es de lo mejor que hizo con Eastwood junto a sus papeles en El fuera de la ley y Ruta suicida.

Evidentemente no cabe duda de que Bronco Billy es uno de los films más clásicos de Eastwood, uno de sus mejores y más sencillos trabajos, y uno de los favoritos del propio Clint.

martes, 9 de marzo de 2010

Mano de muerte

En la etapa de Black Sabbath con Ozzy hubo preciosos momentos intrumentales y bellas baladas como "Changes" (el mejor recurso para los que nos gusta defender al Ozzy cantante), pero para mí su balada definitiva de la época siempre será "Hand of Doom". En realidad no tiene demasiado de balada, es más un medio tiempo y furia jazzístico-demoníaca, pero vaya... ¡es mi Scatergories y me lo llevo!

lunes, 8 de marzo de 2010

Shutter Island (2010)

Vaya por delante que soy de quienes piensan que ya resulta agobiante la manía que le ha dado a Scorsese con tener a DiCaprio en todas sus películas, y de que no le tengo especial inquina al actor por ser un guaperas o porque idiotizara a media humanidad femenina con Titanic, y, además, vaya también por delante que DiCaprio me parece un buen actor, sin más: ni el genio electrizante del que hablan unos, ni el gran paquete que comentan otros. Lo que sí creo es que no es De Niro ni Harvey Keitel, y no me hace olvidar que es DiCaprio en un nuevo papel. Tener su presencia tan continua en el cine de Scorsese me resulta algo pesado, y no acabo de entender que perra le ha dado al director con DiCaprio. Y bien, dicho esto, vayamos con la peli.

De entrada, Shutter Island tiene varias cosas a favor: una buen guión basado en una, presumo, buena novela de Dennis Lehane, autor también de Mystic River. Como he dicho al salir del cine, voy a tener que empezar a leer a Lehane, el tipo se saca unas historias extrañas de la manga que son realmente entretenidas. Otro punto a favor es que en la peli no sale Mark Wahlberg, y no hay Boogie Nights que valgan; todo perro tiene su día, que cantaba Bon Scott. Si en una peli no sale el amigo Wahlberg, punto a favor.

Bueno, pues he de decir que Shutter Island es la película de Scorsese y DiCaprio que más me ha gustado junto a Gangs de Nueva York. La trama me ha parecido entretenida, la ambientación del extraño manicomio-penal durante la parte inicial del film está muy cuidada, y hay unas cuantas contadas escenas inquietantes (¿lo más cercano al terror gótico que veremos en el cine de Scorsese?) muy conseguidas, y otras de un lirismo mórbido (léase la escena a ritmo de Mahler) que me han parecido bastante bellas. Además, a DiCaprio le he visto bastante bien, aunque un poco más y su compi policía Mark Ruffalo le eclipsa; Ben Kingsley está sobrio y elegante, tan bien como siempre, y Max Von Sydow, sin esforzarse ni casi aparecer en la película, demuestra que está por encima de todos los demás. Al fin y al cabo la veteranía es un grado.

No resaltaría elementos especialmente negativos que empañen la sensación general de buena película que me he llevado. Quizás, entre tanto flashback y ensoñación, hacia la última parte del film había en algunos momentos como un poco de confusión, y uno no acababa de tener claro si lo que se veía era realidad o ficción, pero presumo, claro está, que así lo quería Scorsese, que no es un recién llegado. No sé si para quien haya leído demasiado sobre la peli, esté demasiado atento o sea un experto historiador de la Segunda Guerra Mundial, el final no le pillará de sorpresa, lo que quizás le arruine la diversión. Yo me he dejado llevar sin problemas hasta el final, y sin parecerme un final rompedor, pues bueno, algo hay.

Pues nada, Shutter Island es una buena película con gran fotografía, técnica y demás, que al fin y al cabo aquí tenemos a Scorsese y no a quien sea que haya rodado el último blockbuster de turno. Sólo que sigo preguntándome si el amigo Martin se cansará de DiCaprio, si se cansará de poner su talento al servicio del cine más rentable, o si por el contrario hemos de resignarnos no ya a que nos regale otro Toro Salvaje o Casino, si no simplemente que Scorsese vuelva hacer cine de autor, su cine, algo en lo que realmente crea. No digo que Martin no crea en una historia como Shutter Island al rodarla pero da la sensación de que ya casi rueda como dejándose llevar. Pero eso ya son cosas mías supongo.