lunes, 30 de agosto de 2010

Los miserables de Victor Hugo

No sé si podría considerarse a los culebrones televisivos como una evolución (¿involución?) del folletín decimonónico, pero desde luego es su equivalente contemporáneo. Un drama, siempre con cuitas amorosas de por medio, de tono simplón, de fácil acceso, facilitado por entregas, y que el público devora con pasión en cada episodio, pidiendo siempre más. El formato es el mismo, cambian los medios, pero no así seguramente los parámetros y los arquetipos, ni el público fiel. Tan sólo cambian los medios. El fenómeno no es pues, nuevo. En el cada vez más alfabetizado occidente del siglo XIX, el folletín tenía el terreno abonado para triunfar. Las historias de amores imposibles, de huérfanos que venden cerillas llueva o haga sol, y, en fin, como diría mi santa madre, los dramones, calaban fácilmente entre los lectores de entonces, y quien no sabía leer hacía que se lo leyeran. Pronto surgieron publicaciones especializadas que daban por entregas los diferentes relatos que en muchas ocasiones no eran fácilmente distinguibles el uno del otro. Aunque como en todo género popular, el folletín estaba sembrado de literatura barata industrial, el fenómeno fue tal que también los grandes nombres se aventuraron a lidiar con el género. En Francia, cuna del folletín, firmas insignes como Balzac, Flaubert o el escritor folletinesco por excelencia, Dumas, no dudaron en experimentar con el género. Pero seguramente fuera Victor Hugo quien llegara a producir la obra total folletinesca: Los miserables.

Por supuesto, en manos de Victor Hugo, Los miserables era más que un folletín, parecía un principio de novela total, que bebe del objetivismo y del academicismo decimonónicos, del romanticismo (permítaseme llamarle "pop") imperante, de las primeras novelas negras. y de las memorias de Vidocq. En Los miserables, aprovechando los diferentes hilos argumentales, Victor Hugo puede muy bien digresar, y dedicar unas cuantas páginas a hablar de las revoluciones callejeras, del origen del caló, de las alcantarillas de París, o aprovechar para ofrecer un delicioso resumen de la batalla de Waterloo, que tal vez no goce de las actualizaciones al microscopio de la historiografía moderna, pero goza, evidentemente, de un estilo literario que ningún historiador puede alcanzar.

Pero por encima de todo ello, y aunque primera vista no pueda parecerlo (desde luego uno se acerca a la novela con diferentes ojos, por así decirlo, una vez sabiendo el dato), Los miserables era, para Victor Hugo, un libro religioso. Dios, el mundo, es decir, su obra, como la considera el escritor, está presente en todo el libro, y el personaje central de la novela es un hombre santo que a los ojos del lector casi pudiera parecer un nuevo Hijo del Hombre en la Francia de la Restauración, un hombre santo que no es un Mesías, pero que es superior al resto. Y, con todo, también Jesús llegó a dudar, y así lo hace el ex-presidiario de la novela en más de una ocasión, sometido a terribles combates interiores, descritor por Victor Hugo de forma electrizante.

Jean Valjean, el antiguo forzado, comprado al Diablo por un obispo honrado a cambio de algo de cubertería y dos candeleros de plata, va más lejos que el toque de atención del autor hacia el concepto de castigo y redención que se pone en práctica en las prisiones de Francia. El hecho de que las primeras sesenta páginas del libro estén dedicadas al buen obispo es buena prueba del objetivo religioso que perseguía el autor. Victor Hugo no sólo presenta al personaje, muestra un camino a seguir. Al igual que Jean Valjean, el venerable obispo llega a ser un ideal de hombre de la Iglesia.

En definitiva, Los miserables es un gran fresco de la Francia del XIX, en el que Victor Hugo parece querer volcar no sólo un retrato a través de unos personajes, sino dejar unas vivencias, un testamento vital y literario trascurridos cuarenta años desde sus primeras poesías publicadas. La lectura es ágil, salvo algún recoveco intrincado, las metáforas, poderosas, y la prosa del escritor es tan rica e imaginativa, y en ocasiones tan reflexiva, que casi en cada página se puede encontrar un axioma que llevarse a la mente.

Junto a Juan Valjean, son varios los personajes que, más allá del arquetipo, ofrecen ricos detalles, siendo importantes hitos en el camino de la trama. Sí, son parte del imaginario popular: la huérfana, la mujer perdida, el malvado... pero la prosa de Victor Hugo los eleva por encima su cliché popular. Fantina es más que la prostituta mísera, es el amor de madre, y es el error de la sociedad. Cosette es la luz huérfana, el ser mísero y puro. Nadie más arquetípica que ella, pero las descripciones que de ella hace Victor Hugo son espléndidas. Uno de los más poderosos personajes de la novela, quizás de toda la corriente romántica de la época, es Javert, el inquebrantable jefe de la policía, que representa a la maldad de la ley. No la maldad corrupta o vil, sino la maldad que se encuentra en la letra de la ley, y que no distingue más allá de las normas y las ordenanzas. Javert es ese letra impacable y fría, y de ahí proviene su maldad. No distingue al asesino del ladrón de pan, todos son criminales que deben ser entregados a la justicia. Quizás precisamente por ello Javert sea, hacia el final de la novela, una vez enfrentado a sus cuitas, el personaje más trágico de la novela. Por otro lado, Thénardier es el villano, el ser sin escrúpulo alguno, el hombre que si apareciera en una película muda tendría ojeras, bigotes y vestiría de negro. Por último, Mario es un autorretrato (algo idealizado quizás en algún aspecto, ¿quién no trataría de mejorarse a sí mismo en una cuartilla?) de la juventud del propio Victor Hugo. Al igual que el autor, Mario es hijo de un militar bonapartista, y pasa de bonapartista a revolucionario liberal, así como Victor Hugo pasó de monárquico conservador a decepcionado de Bonaparte para luego tomar partido por la Revolución (que le llevará al primero de sus exilios) para luego enfrentarse a Napoleón III, lo que le llevará a exiliarse de nuevo. Con el paso de los años Victor Hugo se reencuentra con la fe, que junto a su defensa de la justicia social, conforma uno de los pilares de Los miserables.

Los miserables es una obra monumental, tanto por su voluminosidad como por su gran calidad. Es una novela para la que Victor Hugo lleva preparándose dos décadas, recopilando información (se apunta a algún hecho real que inspira Jean Valjean), esbozando historias, y creando un intrincado drama tan sugerente y poderoso que se filtra en las modernas versiones televisivas y cinematográficas. La trama de Los miserables puede atrapar y entretener fácilmente al público de hoy, y a poco que se adapte con algo de talento, conmueve sin duda.


Javert, Darth Vader del siglo XIX

Los miserables es una de esas obras magnas que uno debe leer alguna vez en su vida, irradiando literatura con mayúsculas a sus compañeras de estantería. Y es que entre contemporáneos bestsellers no está de más poner a uno más, aunque sea de hace casi dos siglos.

13 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Otra que tengo pendiente.

Cinemagnific dijo...

La tengo pendiente, y no me he puesto a leerla por su voluminosidad. Pero la cogeré. Sí leí de Víctor Hugo "Nuestra Señora de París". Adoro las obras humanistas sobre la justicia social.

Adrian Vogel dijo...

Victor Hugo es una gloria de las letras francesas. De los 3 mejores. Que no es moco de pavo...

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Este verano he leído un montón, así que tengo coartada, Crononauta. Pero no me libraré, pienso leerlo, me gustaría para el verano que viene. El tamaño "monumental" del mismo lo requiere. No es un libro para leerlo durante dos semanas, dejarlo tres días, volver a leer otros dos, luego una semana sin tocarlo... es para meterse en él del todo. Además, la época histórica como dejas entrever es fascinante... vamos, que me has convencido, si es que no lo estaba ya. Gracias por recordármelo. El verano que viene Miller, Faulkner, más Bukowski y este monstrenco. Si lo consigo soy un jodido héroe.

John P. Maaaula dijo...

Sin dudas el mejor libro que he leído. Tanto por la calidad literaria, como por el placer de leer una gran historia.

Un saludo

David dijo...

Pues no la he leído. Pero trabajando en el almacén de reciclaje me cayó una edición muy maja, así que me pondré a ello (ya lo tenía pensado) después de otras lecturas que tengo muy atrasadas (para dentro de unos meses o añitos, no lo sé).
Siempre había visto el dibujo de la cabeza de la niña por el cartel del musical, pero nunca la imagen completa. Me encantaba ese dibujo.
Y bueno, Javert es también Tommy Lee Jones en El fugitivo, además de Darth Vader (ja,ja).
Un saludo.
Mi edición (en Debols!llo) no trae dibujos. Una pena.

El Mar no Cesa dijo...

Sabia tu señora madre: esto es el dramón de los dramones. NO he leido jamas otro drama de este calibre... no le falta de nada. Logico que se conviertiera en lo que es hoy en dia.
Un saludo!
Este Mar...

Claudia Worley dijo...

Estas son las cosas que me dan rabia, pensar en la cantidad de obras que hay ahí por leer y el poco tiempo que hay para ello.. Me paso el curso leyendo cosas para clase, unas increíbles, otras infumables, y deseo que llegue el verano para poder ponerme con lo mío. Y resulta que llega y salvo cuatro cosas contadas que tenía ganas de pillar por banda no he leído mucho más. Ahora me arrepiento de tantas noches por ahí,.. debería de haber parado más por casa! Va, no es para tanto tengo un curso entero para ello... aunque creo que esto no estará entre mis must de la temporada otoño/invierno, pero algún día SEGURO!

Lobo de Bar dijo...

Este libro hizo que cambiara mi visión sobre la literatura. Era muy jovencito y no había leído más que bestsellers hodiernos de escasa repercusión, con Los miserables comprendí que había algo más.

Tiene varias adaptaciones cinematográficas, alguna notable, pero creo que el libro es mucho mejor soporte para lo que transmite esta obra.

Möbius el Crononauta dijo...

supersalvajuan: es una pendiente muy pendiente, ¡pero todos las tenemos!

Cinemagnific: es voluminosa, pero deliciosa. Pero si ya has leído a Victor Hugo ya sabrás eso

Adrian: desde luego, y más en aquel siglo tan insigne para la literatura francesa

Aitor: yo he tenido el verano más lector en años, y desde luego es la época ideal para leerse "Los miserables". De lo contrario, durante un curso normal, puede eternizarse, ciertamente. Ves, yo a Bukowski aún no le he dado tiento alguno

John P. Maaaula: no me extraña que sea el favorito de muchos. Es colosal

David: sí, Tommy Lee Jones seguramente encaje más, pero al lado del gran Darth, ¡se queda en tan poco!
Por desgracia la mía tampoco, pero traía un prológo bien majo

El Mar no Cesa: no hubo mejor época para los dramones que el XIX

Claudia Worley: bueno, a mí me pasaba lo mismo, y lo malo es que leer en la universidad nunca lo disfrutaba. Pero en fin, acabada la carrera que por lo general se lee menos, en verano se pillan con más ganas. Eso sí, es difícil librarse de las citas sociales... en fin, como siempre, ¡no hay tiempo para todo! De todas formas, mientras tengamos salud, no hay prisa, todo llegará

Lobo de Bar: he visto un par, creo que teleseries ambas dos, y estaban bien. Pero con una historia tan magnífica muy mal hay que hacerlo para que, al menos, no entretegan

Castigadora dijo...

Y es uno de mis libros favoritos, no sé si es porque lo leí en el momento justo o por qué, pero siempre será una referencia este libro para mi.

Un saludo

Möbius el Crononauta dijo...

Desde luego debería serlo para todo el mundo, es un libro grandioso.

Lola dijo...

Me encantó el libro, una acaba empatizando con todos los personajes. No sabía que Victor Hugo había pasado 20 años recopilando información.