martes, 3 de agosto de 2010

Escándalo (1950)

Estábamos hambrientos, literalmente hambrientos. Y las películas americanas eran algo más que meras películas. Eran como comida, que duraba mucho tiempo. Incluso aunque estuviéramos en contra de Estados Unidos y de la americanización de Japón, éramos apasionados partidarios de las películas americanas. Nagisha Oshima, director.

Escándalo
pasa por ser la película más occidental de un director al que siempre se consideró como el más "occidentalizado" de los grandes maestros de su generación. Gracias a la actitud liberal de su padre respecto al cine y las artes en general, Akira Kurosawa había crecido viendo tanto cine nacional como cine extranjero, pero para la gran mayoría de japoneses fue en aquella época, durante la reconstrucción y la ocupación Aliada, cuando los films extranjeros verdaderamente comenzaron a tener un profundo impacto, especialmente los americanos, repletos de grandes estrellas y presupuestos. Entre los cineastas japoneses no sólo fueron populares las cintas de Hollywood, sino que como pasó entre muchos otros cineastas de otros países el Neorrealismo italiano también comenzaba a ser tenido muy en cuenta.

El fin del régimen militarista y la ocupación extranjera habían traído también nuevas posibilidades y libertades, pero también nuevos problemas. Por ejemplo, y al igual que había ocurrido en la vencida Alemania nazi, una de las primeras preocupaciones del gobierno norteamericano había sido asegurar una libertad de prensa total (siempre que no se tratara de prensa que atentara contra los intereses Aliados, ensalzando el militarismo y demás) como medio para levantar una democracia estable y segura. Sin embargo esa libertad de prensa había tenido sus contrapartidas, como por ejemplo el nacimiento de la prensa amarillista. Durante la posguerra el fenómeno de la prensa amarilla o del corazón había ido en aumento, y, tal como pasara, por ejemplo, en la Nueva York de principios de siglo, la cada vez más feroz competencia entre los periódicos había llevado a empujar cada vez más los límites de la ética periodística, buscando cada vez más el titular sensacionalista antes que la veracidad de la noticia.

Ese nuevo periodismo de fácil digestión preocupaba cada vez más a Akira Kurosawa, quien ocupó alguno que otro titular de los periódicos menos serios, aunque tanto él como por ejemplo Toshiro Mifune aun habrían de sufrir, con el devenir de los años, verdaderas pesadillas por culpa de los periódicos sensacionalistas. De todas maneras en 1950 la gota que colmó el vaso de la paciencia de Kurosawa fue una noticia que atribuyó un falso idilio a una actriz japonesa. Fue entonces cuando Kurosawa decidió que se tenía que hacer algo al respecto, por lo que decidió denunciar la falta de escrúpulos de ese nuevo periodismo apuntando directamente a la prensa amarilla. Fue así como junto a su colega Ryuzo Kikushima dio forma al guión de Escándalo. La trama giraba alrededor de un pintor, Ichiro Aoye, a quien casualmente le toman una foto junto a la estrella de la canción Miyako Saijo. La foto pronto ocupa la primera portada de una revista titulada Amour, dando a entender sin ambages que existe una relación entre ambos. Indignado, Aoye no dudará en tomar acciones legales contra la revista.

Tal y como quedó acabado el guión, Escándalo terminó siendo algo más que un ataque contra la prensa rosa. Aunque el leitmotiv del alegato a favor de la intimidad y la ética nunca se pierde, la película deviene en una mezcla de melodrama y género judicial, donde cada vez más cobra importancia el personaje del abogado Hiruta.

Los primeros dos cuartos del film son electrizantes, desde el encuentro entre Aoye y Saijo siguiendo por el proceso de la publicación de la noticia y el impacto que supone, en unas escenas que como bien han notado muchos críticos, recuerdan bastante al estilo de escenas semejantes en Ciudadano Kane. En estos primeros compases de la cinta el editor de la revista es retratado como un verdadero arquetipo de la villanía. Kurosawa se encontraba en una cruzada y no dudó en retratar a los directores y editores de esos periódicos y revistas como verdadera escoria sin escrúpulos, capaces de todo por un buen titular y las ventas, y capaces de también de usar el chantaje y el soborno para evadirse de cualquier posible represalia.

El tono del film comienza a cambiar con la aparición del abogado Hiruta (un estupendo Takashi Shimura en estado de gracia), una figura tragicómica que al principio es retratado como un pobre diablo al estilo de Lionel Hutz, el abogado de poca monta de Los Simpson. Hiruta parece un ser encogido entre sus ropas, su abrigo y su gran bufanda, y de haber sido la película española no sería difícil imaginarse a Jose Luis Lopez Vázquez en el papel. Las primeras escenas de Hiruta son de tono cómico, dado lo ridículo del personaje, pero pronto Kurosawa nos habla de su drama personal reflejado en su hija, una joven postrada por la enfermedad. El personaje de Hiruta estaba basado en un ser anónimo a quien Kurosawa conoció años atrás en un bar. Al igual que Hiruta, aquel hombre ahogaba sus penas en un vaso, alabando la inocencia de su hija enferma, mientras se hundía en la autocompasión y tildándose de gusano y otros seres rastreros.

Es durante la segunda parte del film donde Hiruta cobra importancia, convirtiéndose verdaderamente en el protagonista de la película, por lo que no es de extrañar que Shimura acabe eclipsando fácilmente al propio Mifune, metido de nuevo en un papel bastante comedido, similar al de El perro rabioso. Seguramente el gran fallo del film sea la tendencia hacia un melodrama fácil (sobretodo en las escenas con la hija enferma de Hiruta) que resta enteros a momentos dramáticos más conseguidos, como el de la escena en un bar con un borracho Hiruta durante la celebración de Fin de Año. De hecho el drama del abogado con el trasfondo de la Navidad (una celebración de corte laico en Japón y bastante popular desde la Era Meiji, aunque por supuesto fue prohibida durante el gobierno militar) hace que el tono del film en esta segunda parte recuerde a la obra de Capra todavía más a como lo hacía en un film anterior de Kurosawa, Un domingo maravilloso. En realidad, como ya he dicho, Escándalo parece ser en todo momento un experimento por parte del director con el sano propósito de rodar una película lo más hollywoodiense posible.

Escándalo es un film menor dentro de la filmografía del gran director japonés, pero no está exento de interés, ya sea por la curiosidad de contemplar un film de marcado corte occidental o el acercamiento de Kurosawa al subgénero de juicios y abogados, o por disfrutar de la estupenda actuación de Shimura, que logra salvar los momentos menos inspirados del guión. Sin embargo, nada de todo esto podía evitar que la película quedara parcialmente olvidada cuando a finales de ese mismo año los estudios Toho estrenaran una película del director destinada a hacer historia.

2 comentarios:

Lobo de Bar dijo...

¡Vaya! No tenía controlada esta película.

Aún sin haberla visto trataremos de aceptar la comparación Shimura - José Luis López Vázquez para el papel :p

Möbius el Crononauta dijo...

Jaja bueno que pasa los dos son grandes actores, ¿nop?