viernes, 6 de agosto de 2010

El reinado de Elvis: 1965

Su idea de la comida elaborada es un bistec con patatas. El desayuno consiste normalmente en bacon frito, huevos revueltos, tostadas y café.... Para picar le gustan los sándwiches de mermelada o mantequilla de cacahuete con plátanos machacados. Al periodista que elaboró el artículo en el que describía un día con Elvis, tras su trigésimo cumpleaños, se le olvidó mencionar las pastillas de todas las clases y colores, claro. Pero era enero de 1965 y la imagen de niño bueno del Rey seguía impoluta, y sus fans más críticos lo único que podían haber atisbado era algo más de sobrepeso en el sexy cantante, lo cual no era nada raro viendo su dieta de fritos, sándwiches de guarradas y helados.

En marzo Elvis y su séquito emprendían de nuevo la marcha hacia Hollywood. Como era habitual, viajaban en una caravana de coches y autocaravanas. Elvis seguía sin ver con buenos ojos eso de volar. El viaje iba a ser francamente extraño, y quizás Larry Geller, peluquero y nuevo gurú del cantante, debería haber sospechado algo cuando durante una parada de descanso un agrio Elvis le preguntó por qué tras casi un año de estudios místicos todavía no había sido tocado por la iluminación divina. Al pobre Geller le llevó un rato convencer a la gran estrella de que eso solía llevar años y décadas, y de que en muchos casos uno pasaba toda una vida sin llegar al Nirvana.
Quizás Elvis decidiera tomar más pastillas para alcanzar antes la iluminación divina, quién sabe, pero aparte de tratar de convencer a los chicos de que podía mover las nubes con su mente, la señal definitiva que Elvis estaba esperando tuvo lugar cerca de un lugar llamado Flagstaff. Sí, amigos, Elvis tuvo una visión. Una visión totalmente pasada de vueltas.

Mientras hablaba con Larry, Red y alguno más de sus cosas místicas, de repente Elvis se quedó bocabierto. Ordenó detener el trailer, y los chicos preguntaron qué rayos pasaba. El cantante, que debía ir ciego de pastillas, o que simplemente estaba deseoso de ver una señal, apuntó hacia el cielo, a una gran nube. Sí, allí estaba. ¡Era la señal! ¡No había duda! En aquella gran nube se dibujaba, sin lugar a dudas, ¡el rostro de Josef Stalin! Y lo que es peor, ¡los demás lo vieron también! ¿Histeria colectiva? ¿el poder hipnótico de Elvis del que pronto no dejó de presumir? ¿quería el viejo Stalin decirle algo al rey del rock? ¡Quién sabe! Había una cosa cierta: tal vez los Beatles vendieran más discos que él aquel año, ¡pero los dictadores soviéticos les ignoraban! ¡Ja! ¡Chúpate esa, Lennon! Prosiguiendo el viaje, un confuso Elvis agobió a todos buscando la explicación a su bizarra aparición en las nubes.


Dylan y Warhol, dos tipos que seguramente no habrían
sido bienvenidos en Graceland
.

Con una paupérrima banda sonora ya grabada, Elvis y su troupe llegaron a Los Ángeles para rodar A lo loco, un film donde Elvis, en plan Rodolfo Valentino, iría de aventura en aventura a través del desierto. Para entonces el naufrágo Joe Esposito, que había dejado a Elvis tras pelearse con él el año anterior, había vuelto, como hacían todos los que se peleaban con el Jefe, con el rabo entre las piernas. No era fácil lidiar con Elvis, pero era más difícil vivir con la cuenta a cero. Esposito compartiría a partir de entonces el liderazgo y la organización del grupo con Marty Lacker, su sustituto como caporegime de la Memphis Mafia. Mientras acababa el rápido rodaje de una peli barata que le importaba un comino, Elvis comenzó a frecuentar la Fraternidad de Concienciación de Lake Shrine.

La Fraternidad había sido fundada en los años 20 por el santón hindú Paramahansa Yogananda, que dejó sus pensamientos escritos en un libro, Autobiografía de un yogui, que por supuesto Elvis ya había leído por consejo de Larry Geller. Una joven norteamericana discípula del santón, reconvertida en Sri Daya Mata, se había hecho cargo de la Fraternidad a la muerte del gurú. Fue con ella con quien Elvis comenzó a entrevistarse y a hacer sesiones de yoga. Sí, el Rey siempre se adelantaba a todo, y antes de que los Beatles o Pete Townsend comenzaran a empaparse de enseñanzas de santones indios, Elvis ya vestía de blanco y llevaba guirnaldas, buscando la sabiduría eterna. Sri Daya Mata vio en Elvis a un chico tímido e inseguro con muchas ganas de aprender. Elvis se abrió a ella de forma incondicional. Tan sólo hablaba con cautela al charlar sobre su otro gran gurú, el Coronel Tom Parker. De nuevo, Elvis le pidió a la gurú una alternativa rápida para la Iluminación. Por supuesto Sri Daya Mata le respondió que no existía tal cosa.

Por supuesto, a los chicos (excepto a Larry Geller, claro), todo este misticismo cada vez les agobiaba más. Entre los rumores que envolvían a los chicos respecto a la mística de Elvis se hablaba de cantos de ruiseñores que se convertían en la voz de Cristo, del cantante fantaseando con subirse a una nave espacial e irse de viaje místico con los alienígenas, o de Elvis presumiendo de poder curar enfermedades o de poder encender el sistema de riego de Bel Air con la mente. Cuando a Elvis le daba el siroco se autoconvencía de que se estaba convirtiendo en nuevo ser, un ser místico, un ser de luz, un ser ¿divino? Tal vez no tanto, pero seguro que Dios tenía planes para él. Quizás la prueba fue el estreno en junio de aquel año de Tickle Me, un western musical que se convirtió en la tercera película más taquillera de la productora, Allied Artists.

Entretanto, no es raro que el siguiente paso en la búsqueda espiritual de Elvis fueran los libros lisérgicos de Timothy Leary. La obra del psicólogo futurista pronto se convirtió en lectura obligada para la Memphis Mafia. Era casi como si Elvis se hubiera convertido en hippie antes que nadie.

Mientras, el Coronel trataba de salvar A lo loco. El guión era tan malo que incluso él se horrorizó al ver el producto acabado. Sugirió meter a un camello parlante como narrador, para que los muchos momentos descabellados de la película parecieran intencionados. No he visto A lo loco, ¡pero si hay un camello parlante, seguro que la cosa promete!

El nuevo proyecto cinematográfico de Elvis fue un remake de un film de los 50, Frankie and Johnnie. La nueva versión sería dirigida por Fred De Cordova, que había perpetrado cosas como Bedtime for Gonzo (Ronald Reagan at his best!), y que más tarde se redimiría como productor del mítico The Tonight Show.

Fue por entonces cuando llegó al universo Elvis un objeto que le apartó momentáneamente de toda su empanda mística: la motocicleta. Todo empezó cuando un buen día Jerry Schilling apareció cabalgando una majestuosa Triumph 650. No es que Elvis no hubiera gustado antes de las motos. No era raro verle montado en una Harley. Pero el cantante se volvió loco con el modelo británico, y pronto les compró a todos una moto Triumph. Como Marty era de esos que no se veía montando en moto, Elvis le compró un coche. Qué diablos, ya puestos, compró nueve coches para todos los chicos. De todas formas, había llegado al grupo la moda motera. Cosa que a los vecinos ricachones de Bel Air no les gustó nada. Daba igual la hora del día. Aunque fueran las tantas de la madrugada, si a Elvis le daba por ahí todos salían en sus rugientes motos para montarse su Easy Rider de clase alta particular. Además, Elvis tenía motivos de celebración: su sencillo góspel "Crying in the Chapel", grabado cinco años atrás (se había retenido en los archivos porque Elvis lo consideraba inferior al original) había logrado sobrepasar el millón de copias, cosa que no conseguía desde el 62, con "Return To Sender".

El cantante acudió enfermo a grabar la banda sonora para su nueva película, Paraíso hawaiano, cuyo título dejaba a las claras que aquello no era cine de arte y ensayo. Al menos fue la enfermedad la excusa que puso Elvis al productor Hal Wallis para no ladrar como un perro en una de las canciones. Estaba claro que la tontería de sus películas era cada vez mayor, y no era lo mismo ladrar para una película titulada Paraíso hawaiano que en plan cachondeo como hicieron los Beatles en "Hey Bulldog".

Y es que, paradójicamente, Elvis envidiaba a sus grandes rivales. Quizás no tuviera demasiadas simpatías por el combativo Dylan (aunque como todo quisque, el Rey no era ajeno al infinito talento de pequeño judío) o por los desarrapados Stones, pero aunque hubiera hecho algún comentario negativo en público de los de Liverpool (seguro que ahora sabía lo que sintió Frank Sinatra cuando él mismo le quitó el trono en los 50), Elvis admiraba las composiciones de los Beatles (buena prueba de ello son las varias versiones que grabó posteriormente), la calidad de su cada vez más revolucionaria producción, y sobretodo, su libertad para grabar lo que quisieran. Pero aunque añorara los viejos días en que ir al estudio era excitante, sus películas seguían dando dinero, por muy tontas que fueran. ¿Y cómo enfrentarse al Coronel? El gran mánager nunca había dado un paso en falso.

De todas formas el todopoderoso mánager había comenzado a no ver con buenos ojos la influencia que Larry Geller estaba teniendo en su pupilo. Hasta entonces Elvis se había divertido con los chicos y sus caprichos, pero para quien tenía ojos y oídos era para él, Tom Parker, su fetiche, su mánager infalible. Pero los chicos estaban cansados de tanta palabrería mística, y hacían llegar al Coronel, sobretodo a través de Marty Lacker, lo que pensaban de Geller, y sobretodo las empanadas mentales que tenía Presley. Parker sabía que no podía espetarle a Elvis lo que pensaba de Geller, pero sí que podía hacerle saber al peluquero gurú lo que pensaba de él. Para empezar organizó una sesión de hipnosis con los chicos, un viejo truco de feria, con Geller presente. Y finalmente dio su mensaje al gurú nombrándole miembro de la Liga de los Embaucadores de América, una asociación ficticia creada por Parker en la que entraban todos aquellos que se ganaban el aprecio del viejo mánager. Pero el astuto Coronel sabía que Geller no se tomaría aquello como un cumplido, como así fue.
Elvis volvió de Hawai a mediados de agosto, y el día 27 recibió una visita muy especial. Sería una visita en la cumbre. Por fin, los Beatles se reunirían con Elvis. En calidad de mánager, Parker había reconocido pronto el talento de los de Liverpool, y tras la actuación en el programa de Ed Sullivan el Coronel había enviado al mánager de los Beatles, Brian Epstein, un telegrama de bienvenida al Nuevo Continente. Más tarde les había enviado regalos en nombre de Elvis. También había tanteado la posibilidad de que cantaran juntos los cinco, pero el contrato de Presley con Hal Wallis lo impedía. De todas formas una reunión con el grupo sensación del momento sería buena publicidad para las dos partes, por lo que el Coronel comenzó a preparla con Epstein. Elvis recibiría a los Beatles en su mansión de Bel Air, cosa que en principió no entusiasmó demasiado al cantante.

La banda inglesa llegó por la noche, en una nube de coches y sirenas desplegadas por el Coronel para armar barullo. En la mansión le esperaban Elvis, Priscilla, los chicos, sus novias y mujeres, y todo aquél que pudo tirar de contactos para estar allí y conocer a los Beatles. Cuando llegó el grupo reinó un pequeño silencio. Al fin y al cabo, los Beatles antes de ser rivales de Elvis habían sido sus fans. El cantante rompió el hielo a su estilo: "si se van a quedar ahí mirándome toda la noche, me voy a la cama". A continuación Elvis presentó a todo el mundo, para luego charlar sin poner demasiado énfasis, como hace cualquiera cuando tiene que hablar con alguien que no conoce. Después Elvis se puso a juguetear con un bajo eléctrico mientras pinchaba sin cesar un sencillo de Charlie Rich. Finalmente Elvis salió de su abatimiento cuando Paul se ofreció a enseñarle un par de trucos con el bajo. El ambiente se distendió. Elvis dejó de sentirse como un anfitrión atrapado, y los Beatles se olvidaron de que estaban en presencia de uno de sus ídolos. Ringo se puso a jugar al billar con algunos chicos, mientras Paul y John hacían una jam a las guitarras con Elvis de bajista. Como era de esperar, George se fue con Larry Geller a fumarse un porro y hablar de cosas místicas. El Coronel y Brian Epstein hablaban de sus cosas, mientras jugaban a la ruleta. John no dejó pasar la oportunidad de decirle a Elvis por qué no volvía a rockear, a lo que el Rey contestó que lo "intentaba". La reunión acabó con un ofrecimiento de los Beatles para que Elvis pasara un fin de semana con ellos en el campo, pero el cantante puso pegas. Los Beatles salieron de aquella mansión con sensaciones encontradas. Seguramente experimentaban la desilusión del fan al conocer a un ídolo que parecía bastante amuermado. De todas formas todos los del grupo declararían siempre que aquel encuentro fue uno de los más excitantes de sus vidas.

Poco después Elvis mostró un entusiasmo mucho mayor (auténtico entusiasmo de fan) cuando durante el rodaje de su próxima película le visitó Tom Jones, en la cresta de la ola gracias a su single "What's Up, Pussycat". Elvis adoraba la música de Tom Jones, y adoraba a Peter Sellers. El Rey del rock se hizo fotos junto a Tom para la prensa británica mientras cantaba canciones del galés. Jones no salía de su asombro.

Mientras Elvis rodaba y se encontraba con mitos del rock, el Coronel cuidaba del negocio. Tras un verano de negociaciones renegoció el contrato de Presley con la RCA, prorrógandlo hasta 1972, subiéndole cien mil dólares el salario anual, más primas, derechos, regalías anticipadas y cualquier otro aspecto que pudiera generar beneficios. En su mayoría Elvis y el Coronel iban a un 75/25 respectivamente. No era de extrañar pues que por mucho que envidiara a los Beatles, a la postre Elvis no dejara de confiar en su mánager.

De regreso a Memphis para descansar, el 21 de octubre el cantante recibía malas noticias. Bill Black, el bajista de Elvis en sus días de gloria rockera, fallecía de un tumor cerebral. Aunque hacía años que ya no tocaban juntos tras una separación agridulce, Elvis tuvo buenas palabras para él en la prensa. Para no provocar tumultos decidió no asistir al funeral, pero se reunió con la familia del bajista en privado.

Durante el resto del otoño Elvis pudo disfrutar de su nueva obra en Graceland, el Jardín de las Meditaciones, donde el cantante podía pasear, relajarse y hablar mentalmente con Venus o algo parecido. En Navidades los chicos le regalaron una estatua de Jesucristo para adornar el jardín. Aquellas fiestas la nueva pasión de Elvis y la Memphis Mafia fue el scalextric. Elvis comenzó a alquilar una sala de carreras de scalextric para pasar las noches jugando a los coches. Para celebrar la Nochevieja se reunieron de nuevo en el Manhattan Club, y este año en vez de emborracharse Elvis bailó con Priscilla.


14 comentarios:

Eurice dijo...

Amo a este hombre y amo su voz, es que cuando lo escucho se me eriza el vello y me hace estremecer...primero él y despues todos los demás.
Creo que voy a cambiar la música del desván y a poner este tema durante este mes...necesito llorar en la capilla, pero con él.
Abusó de joven de las anfetas ya lo decía "El hombre de negro"- Jhonny Cash-, despues la enfermedad renal de origen genético que heredó de su madre que le hacia ser hipertenso tampoco ayudo unido a que abusaba de las calorias.
Una lastima, pero vivió como quiso y será recordado eternamente por las generaciones venideras, ya te dije una vez que él es el único rey elegido democraticamente por el pueblo.
Besos My Lord, me ha encantado leerte escuchando de fondo su magnifica Crying in the Chapel.

El Mar no Cesa dijo...

Ja-Ja-Ja, chupate esa Lennon, JAJAJAJAJAJA. Tus post siempre son tan geniales y con ese sentido del humor tan tuyo, que por eso siempre vuelvo.
Un lujo leer algo asi.
Un gran artista, con la tipica locura lucida que los caracteriza.
Un saludo!
Este Mar...

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Bien, bien, rock & roll Babilonia, esto es lo que queríamos: nubes que se parecen a Stalin, camellos parlantes, experiencias místicas, yoga, Peter Grant aplastando al padre de Elv... ah, no, eso no, los que fueron de visita fueron los Beatles. Una vez más, un placer leer la saga de Elvis, Crononauta.

Perem dijo...

Joder (con perdón) master, pasaba a ver que te contabas y vaya entradon que tienes hoy. Bueno, prometo leerla con mas detenimiento a mi vuelta.

Se le saluda, Gran Möbius.

El rey lagarto dijo...

Hola Moebius gracias por tu visita por la ruta.

Pedazo de entradas que te curras, no me extraña que lleves escafandra. Sobre Elvis reconozco que en su día no me atraía mucho, pero gracias al paso del tiempo es una figura que cada vez me atrae mas, nunca es tarde.
El tema en cuestión se sale, como muchos otros no muy conocidos que gracias a mi amigo Ringo he ido conociendo con el tiempo.

Saludos, te enlazo.

Alí Reyes H. dijo...

Una entrada larguísima...No acostumbro a terminar de leer un texto tan largo, pero esto...¡ESTO VALIÓ LA PENA!

Möbius el Crononauta dijo...

Eurice: fue un grande, esa voz no era de este mundo, desde luego.

El Mar no Cesa: claro, un poco de sal nunca viene mal

Aitor: Peter Grant aplastando al padre de Elvis... mmm ¿seguro que no has visto tú también a Stalin en las nubes?

Perem: sí, es una entrada de extlaoldinalia magnitud

El rey lagarto: lo mismo digo. Elvis tenía de todo, y para todos los gustos, normal que acabe gustando... ¡para eso es Elvis!

Alí Reyes H: espero que haya merecido la pena

Señorita Puri dijo...

me imagino a elvis diciéndole al manager: traeme a Priscilla.
Y el otro que aparece con una roulotte de maromos vestidos de drag queen y elvis: no, no, no, joder, esta no, subnormal!!

Möbius el Crononauta dijo...

¡Dios mío! ¡El rey sin espada! ¡La tierra sin rey!

Tornado dijo...

Pasote de Post ! Joder como te lo curras Crononauta..


Saludos

Möbius el Crononauta dijo...

Bueno, eso intento. ¡Gracias tornado!

David dijo...

Lo de la "adoración" de Elvis por Tom no lo sabía. Sí lo de su bronca con el tema de las drogas... El comentario de Tom Jones que no le debió sentar nada bien a Elvis (ay). Me tendría que poner con todas estas entradas que te has currado sobre Elvis. No dan tan al ojo como la foto de Sophie Marceau, pero merecen mucho la pena... Un saludo.

Möbius el Crononauta dijo...

Es que hay cosas que saltan más a la vista... pero gracias por apreciar mis momentos más culturales jeje

Tumbaburras dijo...

Todos los grandes talentos han tenido y tendrán en su personalidad estos matices extraños para el común de la gente. Estas peculiaridades son la señal de su genialidad, no hay doble lectura al respecto. Sólo revisen lo que sabemos sobre Lennon,Warhol,Jagger,Sinatra y los más grandes del arte, la ciencia y la política, todos sin excepción podrían haber sido calificados como "seres extraños"... No hay ser humano genial con no raye en el límite de la cordura.