jueves, 22 de julio de 2010

El reinado de Elvis: 1964

El 9 de febrero de 1964 The Beatles se presentaban masivamente en América en el Ed Sullivan Show. Para entonces "I Want to Hold Your Hand" ya había sido número 1 en las listas, y apenas un mes después el grupo británico lograba copar los cinco primeros puestos de los superventas americanos con sus pegadizos sencillos. La "British Invasion" había comenzado. Para contrarrestarles América podía confiar en los Beach Boys y en los pujantes sencillos fabricados por la Motown. Por entonces al antiguo número uno de los charts cada vez le costaba más copar las listas de singles del Billboard.

Sí, quizás para Elvis los tiempos de "Heartbreak Hotel" comenzaran a quedar lejos, pero eso no quería decir que el dinero no siguiera fluyendo. Sus películas habían demostrado ser siempre uno de los taquillazos del año, y los álbumes de las bandas sonoras de sus films se vendían como rosquillas. Sin embargo Elvis comenzaba a ser consciente de que tanto sus películas como la música que había en ellas eran cada vez peores. Quizás por eso en enero entró en el estudio para perfeccionar una canción en la que había estado trabajando, una versión del "Memphis Tennessee" de Chuck Berry. Con esa canción Elvis pretendía darle nueva vida a su carrera musical y recordarle al mundo que todavía seguía siendo el mejor. Durante esas sesiones también grabó una nueva adaptación de un clásico italiano, "Ask Me", y una balada, "It Hurts Me", que había sido recomendada por Lamar Fike, el orondo bufón de la Memphis Mafia con quien Elvis se había acabado reconciliando. Tras acabar las grabaciones y volver a Memphis el cantante comenzó a prepararse para su siguiente proyecto, El trotamundos, una película en la que el Coronel puso bastante de sí y que acogió con entusiasmo. No era casualidad que la trama transcurriera en una feria, como ésas en las que Parker había comenzado su carrera de negociante y/o liante.

La espera en Memphis para el comienzo del rodaje en marzo agobió a Elvis, con lo que decidió marcharse con su séquito a Las Vegas. Allí pudo seguir con la rutina de fiestas, coristas, asistir como público a conciertos de las grandes estrellas negras o de Dean Martin, ir a ver a cómicos, etc. Presley incluso se atrevió a salir con una chica a pesar de que ésta era la novia del poderoso mafioso Sam Giancana. El cantante siguió vivo, lo que demuestra que o bien el capo nunca se enteró, o le dio igual. O quizás Sinatra le dijo que no valía la pena. Quién sabe.

En febrero los periódicos le sacaron el jugo a una noticia relacionada con Elvis. A instancias del Coronel, que consideró que sería una buena publicidad como lo había sido su concierto benéfico para recaudar fondos para el mítico portaaviones Arizona, hundido en Pearl Harbor, Presley compró el Potomac, el barco de Franklin D. Roosevelt, que languidecía en un fondeadero. Sin embargo lo que iba a ser un gesto publicitario fácil se convirtió en pesadilla cuando una institución tras otra rechazaban el viejo barco presidencial. Finalmente el Coronel logró endosárselo a un hospital, pero para entonces la prensa se había regodeado a gusto con la chapuza. La cosa no le gustó un pelo a Elvis, desde luego. Al menos el cantante se quedó a gusto cuando ese mes salió su nuevo sencillo, "Kissin' Cousins", cuya cara B era "It Hurts Me", una de las canciones grabadas en enero y que por una vez no tenía nada que ver con banda sonora alguna.

El rodaje de El trotamundos (en el que también participaba toda una Barbara Stanwyck) transcurrió sin demasiados incidentes, salvo una escena de lucha que Elvis insistió en hacer él mismo. Sin embargo algo fue mal y el cantante se hizo una brecha en la cabeza. El director que le había dado permiso para hacer la escena seguramente quiso en ese momento que se le tragara la tierra. Sin embargo finalmente la cosa se saldó con unos pocos puntos en la frente y una tirita que gracias a un accidente de tráfico en el guión permitió que el rodaje no se interrumpiera.

De todas formas el guión era de nuevo poca cosa, el rodaje se hizo de nuevo en el menor tiempo posible, y para acabar de arreglarlo todo, Elvis leyó un artículo en la prensa. En dicho artículo el periodista de turno afirmaba que un gran éxito como el de Becket (protagonizada por Richard Burton y Peter O'Toole) no habría sido posible sin las recaudaciones de las películas de Elvis. Además el productor de esas películas, Hal Wallis, dejaba unas declaraciones que parecían avanzar en la misma línea. Tras leer el artículo Elvis se puso furioso; llamó a Wallis "embustero hijo de puta", y cargó también contra el Coronel. Quizás el artículo fuera la última prueba de sus sospechas: parecía claro que nunca le llegaría un papel serio de verdad, y nadie le tomaría nunca en serio como actor. Sin embargo la rabieta fue la primera de muchas que no condujeron a nada. Elvis hacía saber su malestar a su entorno, que asentía sin rechistar, y luego todo quedaba olvidado. Más bien todo podría deberse a una frustración consigo mismo, por verse en una situación estancada. Enfrentarse al Coronel quedaba descartado. Era su talismán, y en definitiva Parker siempre sabía lo que se hacía. Sus promesas de más dinero entrando en caja siempre se cumplían.

Todo parecía indicar que Elvis necesitaba una nueva motivación, y fue justo entonces cuando su peluquero habitual decidió irse a buscar nuevos peinados a otra parte. Como sustituto el peluquero le recomendó a su ayudante en el último lustro, un tal Larry Geller.
El 30 de abril Elvis llamó a Geller a la mansión de la calle Perugia en Bel Air. El cantante decidió que trabajaran en el baño, donde estarían más tranquilos. Al principio la conversación fue bastante rutinaria, como cualquier conversación que uno pueda tener con su peluquero. Pero entonces Elvis le preguntó a Geller por sus intereses. Y éstos resultaron ser la espiritualidad, la búsqueda de la verdad y el hallar la respuesta al quiénes somos, de dónde venimos, etc. Elvis se quedó atónito, y comenzó a ametrallar a Geller con preguntas. La conversación se alargó horas, con un Elvis deseoso de saber y que le acabó hablando a su nuevo peluquero de su madre, de su carrera cinematográfica en la cima y varias intimidades más. Fue así como Elvis tuvo una revelación por parte de su peluquero. El cantante le persuadió para que dejara su trabajo y se convirtiera en su gurú personal. Por el momento Geller le prometió llevarle varios libros sobre espiritualidad y demás cosas profundas.


Elvis y Larry Geller

Estaba claro que Elvis siempre ha sido un tío religioso, a su manera, o quizás fuera más acertado decir que era un hombre espiritual. Y aunque disfrutara de su fama y su dinero muchas veces parecía no conformarse con su talento sin más, y se preguntaba por qué él había sido dotado con esa voz increíble, y por qué parecía que hubiera estado destinado a conocer al Coronel y a saborear las mieles del éxito. ¿Cual era su lugar en el mundo? ¿Formaba todo parte de un plan divino? ¿Había venido realmente para hacer feliz a la gente con su música? Elvis así lo creía muchas veces. Y, de nuevo, su encuentro con Larry Geller, el peluquero místico, no parecía casual. Como le sucedía a Elvis con cualquier aliciente nuevo que le llenara, el cantante se metió en ello a fondo. Leyó, uno tras otro, los libros que Geller le iba pasando. El que más le impresionó fue uno llamado La vida impersonal, del cual el cantante se aprendió párrafos completos. Con el pasar de los años Elvis volvería a releer pasajes del libro cuando le daba por ahí, y habló de las bondades del libro a cualquiera que le prestara oídos a sus tejemanejes místicos.

La irrupción de Geller en la vida de Elvis no cayo bien a los chicos de la Memphis Mafia. Salvo a Charlie Hodge, que también tenía inquietudes espirituales, y el primo Billy, a los demás eso de la espiritualidad y el hallar la verdad del universo les traía sin cuidado. Los chicos vieron en Geller a un afeminado comecocos que sólo buscaba aprovecharse del cantante. De repente en vez de fiestas había debates de espiritualidad y religión, y los acólitos de Elvis tenían que aguantarle las peroratas que lanzaba acerca de la búsqueda del yo, o lecturas de La vida impersonal. Mientras, la vida seguía, y en junio Elvis entraba de nuevo en el estudio para grabar lo que sería la banda sonora de su próximo rodaje, Loco por las muchachas.

La película suponía otro rodaje rápido más y un proyecto barato que no aportaba nada a su carrera como actor. De todas formas Elvis estaba enfrascado en la lectura de sus libros, con lo que esta vez hubieron pocos ligues o juergas con los chicos. En vez de eso leía sin parar y le hablaba mucho a Priscilla de Larry. Pero aquel verano llegó una amarga decepción para el cantante.
Desde que grabara "Memphis Tennessee" en enero, Elvis la había estado guardando para una ocasión especial. Tenía mucha fe en su versión, y le habló mucho de ella a todo el mundo, incluido el cantante Johnny River, que de vez en cuando se pasaba por Graceland para hablar con Elvis o hacer alguna jam juntos. Por eso la noticia de que River había publicado su propia versión del clásico de Chuck Berry fue todavía más devastadora. Todos tenían claro que River era plenamente consciente de los planes de Elvis. Aunque animaron al cantante a que editara su propia versión para eclipar la de Johnny, un abatido Elvis prefirió dejarlo pasar. Tras acabar el rodaje, Elvis volvió a Memphis en su autocaravana, a la que siempre seguía una fila de coches con los chicos, novias, mujeres y demás. El ambiente estaba enrarecido. Antes de partir el Coronel le había hecho saber a Elvis su opinión sobre su nuevo capricho (la búsqueda espiritual), lo que enfureció a Presley, que se tomaba la cosa bastante en serio. De regreso al hogar Elvis se peleó con Joe Esposito y, exceptuando a Larry, Elvis parecía recelar de todo y de todos. Sin Esposito para liderar a la Memphis Mafia, el papel recayó en Marty Lacker, que nunca había tragado a Joe. Los chicos también parecieron llevar mejor el nuevo estilo que impuso Lacker a la banda y la organización del día a día de Elvis.

De vuelta a Memphis Elvis llevó a Larry por su ruta habitual de "este soy yo" (Graceland, la tumba de Gladys, su antiguo instituto, etc.), trajo a la esposa de Larry y sus hijos, dio varios pases de su película favorita del momento (¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú) y siguió provocando la envidia de los chicos dedicando todo su tiempo a Larry y sus empanadas mentales.

Acabado el verano era hora de regresar a Hollywood para un nuevo rodaje, pero esta vez el viaje fue más feliz: a Elvis le habían nombrado alguacil adjunto del condado de Shelby, lo que despertó otra afición. Desde entonces el cantante comenzó a obsesionarse más por los uniformes, las armas y los títulos honorarios de las fuerzas de la ley. Siguiendo con los nombramientos, por entonces Elvis confirmó a Jerry Schilling como miembro oficial de la Memphis Mafia. Y en otro orden de cosas al Coronel se le ocurrió que en vez de grabar nuevas canciones para más rodajes podrían tirar del catálogo de grabaciones inéditas del Rey, lo que abarataría costes y significaría más ingresos por derechos de autor para Gladys Music, una sociedad creada para gestionar los derechos del cantante.

Tras acabar el rodaje Elvis volvió a casa mientras el Coronel negociaba nuevos contratos con la MGM y United Artists para más películas, teniendo en mente alcanzar la cifra mágica que llevaba ansiando bastante tiempo: un millón de dólares. Mientras, en casa, Elvis descansaba, hablaba con Larry, y los chicos le hacían el vacío a éste. Cuando Marty le regaló a Elvis una Biblia de lujo con un árbol de la vida grabado y firmado por todos, Elvis se negó a aceptarla hasta que no lo firmara también Larry. Para colmo de males Larry le habló a Elvis de la numerología judaica, lo que llevó a Elvis a llevar cadenas con un símbolo judío y a encargar relojes con la estrella de David grabada. Esa nueva concepción del judaísmo no importó a algunos de los chicos, como a Marty Lacker (su apellido lo dice todo), pero los chicos baptistas más acérrimamente sureños que habían crecido en la convicción de que los judíos habían matado a Jesús, vieron todo eso con recelo. Pero claro obviamente al Jefe no le decía nada, se limitaban a burlarse de Larry cuando Elvis no miraba. De todas formas, la influencia de Larry era mal vista por casi todos. Vernon tampoco entendía aquel súbito interés por el judaísmo, el hinduismo, y demás religiones raras, y Priscilla directamente odiaba al peluquero místico. Ninguna esposa podría haber llevado bien que su marido le dedicara más tiempo a un peluquero que a ella.

6 comentarios:

Madame de Chevreuse dijo...

¡Encantadora historia la del peluquero espiritual!
Por cierto, mataría por una cinturita como la de Ann Magrett
Baci e abbracci

M.o.N.t. dijo...

Estoy totalmente enganchada a tu blog, que lo sepas!

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Oh, empieza fuerte: tirarse a la churri de un capo sin ser capado. Y tener un peluquero medium-Yoko Ono, claro. O que un amigo te choricee tu versión de Chuck Berry. Algo con lo que todos nos sentimos identificados. En serio, un placer leer tu especial sobre Elvis.

ROCKLAND dijo...

Y seguimos difrutando del universo Elvis...



Saludos.

Il Cavaliere dijo...

Y que no nos cansamos del universo Elvis. Queremos más, please!

Möbius el Crononauta dijo...

Madame de Chevreuse: fíjate que yo también

Monty: ¡gracias!

Aitor: el pacer es mío, cual vaca lechera

Rockland: claaaaro

IlCavaliere: ¡me reino por un caballo!