miércoles, 14 de julio de 2010

El reinado de Elvis: 1963

Para los más viejos del lugar el cambio que poco a poco se había ido produciendo en Elvis Presley desde el salto a la fama era evidente. Del chico extremadamente educado (de esa educación sureña anticuada), tímido y humilde había ido naciendo poco a poco un patrón por el que se podrían cortar muchas estrellas del rock que le siguieron (y seguramente muchos tenores, compositores de música clásica, actores teatrales, estrellas de cine y demás que le precedieron): un ego desmesurado, una paciencia muy corta, un deseo de satisfacción inmediata, una convicción de tenerlo merecido... en pocas palabras, un síndrome del "destino manifiesto". Tipos que habían estado allí casi desde el principio como Red West lo notaron. Los músicos de ensayo. Los pobres Scotty Moore y D.J. Fontana. Vernon también, aunque siendo su padre la relación era diferente.

Que muchos de los trapos sucios de Elvis vinieran de dos de sus más estrechos colaboradores que se sintieron traicionados (los hermanos West) debería hacernos tomar con cautela ciertas historias de las varias que contaron en aquel libro (hoy ya mítico) titulado Elvis: What Happened?. Por ejemplo, la siguiente anécdota, que tuvo lugar durante una fiesta, en algún momento de 1963.

Elvis y los chicos, y algunas groupies, se encontraban de fiesta en casa, tras acabar un rodaje. Elvis estaba aburrido, no tenía una buena noche. Sonny llegó con dos chicas que había conocido. Elvis le dijo que quería jugar al billar, y Sonny no tuvo más remedio que obedecer. Finalmente una de las chicas se aburrió de esperar, y se acercó a la mesa de billar cuando estaba a punto de tirar Elvis. Seguramente no debía ir ganando. Le pidió a Sonny que saliera a mover su coche para poder sacar el suyo e irse a casa. Sonny le dijo que esperara un momento. Elvis pregunto qué pasaba, y cuando Sonny se lo contó, Elvis le dijo que se lo pidiera a otra persona. La chica respondió que no conocía a nadie más. El cantante le gritó si no había escuchado lo que acababa de decir. La chica no dudó en responder llamándole hijo de puta. Era precisamente lo peor que se le podía decir. Ya sabéis, adoraba a su madre. En un abrir y cerrar de ojos, Elvis cogió el taco de billar y lo lanzó a la la chica. Le golpeó en el pecho, y la chica casi se ahoga allí mismo.

A no ser que uno pueda dar con la chica, en realidad se podría decir que se trata de la palabra de Elvis contra la de Sonny y Red. No sé si alguno más corroboró la historia, pero lo cierto es que ocurriera esa pelea o no, el cambio de Elvis con los años fue evidente. Muchos de los que le conocieron en los 50 y se reencontraron después con él lo atestiguaron. No había duda de que ya no era el mismo. ¿Y quién podía serlo?

Evidentemente las pastillas tuvieron mucho que ver. También se apunta a la muerte de Gladys. Y resultaría obvio decir que es prácticamente imposible que un chaval de 21 años que en pocos meses se convierte en una gloria nacional y luego en un ídolo mundial no acabara perdiendo la cabeza. Todo lo que tocaba se convertía en oro, y desde luego los chicos de la Memphis Mafia y otros acólitos a su alrededor no le ayudaban diciendo a todo que sí. Si por ejemplo en 1955 o 1956 Red West había sentido que era uno más aunque su amigo fuera una estrella de rock, en 1963 estaba claro que esa relación ya no existía. No podía decir no. Los deseos de Elvis eran órdenes. Y, al fin y al cabo, ¿quién pagaba las facturas?

A finales de enero Elvis entró en el estudio para grabar los temas que conformarían la banda sonora de su nueva película, El ídolo de Acapulco. Poco después comenzaría el rodaje, durante el cual Elvis pudo jugar a médicos y enfermeras con Ursula Andress.


Elvis de relax con Ursula

El 2 de marzo Priscilla llegaba a Los Angeles acompañada por su padre. En Alemania Priscilla había permanecido en una rabieta contínua, y Elvis le había prometido una y mil veces al Capitán Beaulieu que sus intenciones eran honestas, que Priscilla acabaría sus estudios y que viviría con Vernon hasta que llegara el momento. Finalmente el rocoso Capitán dio su visto bueno. Lo que a sus ojos convertía formalmente a Elvis en el prometido de Priscilla. La contenta joven completaría sus estudios en el Immaculate Conception High School, aunque Priscilla se muriera por dejar de ser inmaculada. Ironías de la vida. Para que pudiera ir y venir del colegio ella sola Elvis le compró un Corvair.

La vida en Memphis desde luego era extraña. Priscilla pronto se encariñó mucho con la abuela de Elvis, de una de las secretarias que trabajaban por allí y de un primo de Elvis, Patsy. Y como cualquier joven novia enamorada los días que Elvis pasaba fuera le parecían siglos. De cara a la prensa, Priscilla era, por el momento, "una amiga". Todo podía parecer familiar, pero luego estaban los chicos, que entraban y salían como pedro por su casa, y las pastillas. Priscilla no veía nada claro eso de tomar pastillas como si fueran cereales, pero Elvis le esgrimió el Manual de consulta médica (un libraco que se sabía de memoria) para convencerla de que aquello no era nada malo. Era como tomar vitaminas. Seguramente hasta un caramelo sería más perjudicial. Y por último estaban los celos y el los recelos. Es decir, los celos de Elvis respecto a Priscilla y los chicos, y los recelos de éstos hacia Priscilla. Muchos conoceréis la sensación. Ésa en que uno de la panda se echa novia, y parece que la fiesta se vaya a echar a perder. A Priscilla le llevaría tiempo sentirse segura en aquella gran casa, rodeada de tanta gente, pensando a cada paso si lo que hacía estaba bien o no, o si le gustaría a Elvis. Al fin y al cabo todo en Graceland giraba alrededor de él, y con ella no sería diferente. Por el momento, cuando Priscilla se graduó, Elvis le montó una fiesta por todo lo alto, sonriendo como lo haría un padre orgulloso de su hija.

En mayo Elvis entraba en el estudio para grabar catorce temas para un álbum ("Devil in Disguise entre ellas") que no se llegó a publicar. Las canciones fueron apareciendo con los años como sencillos o en bandas sonoras. De todos modos en verano Elvis marcha a California para comenzar a rodar Cita en Las Vegas.

Si hubiera que realizar un Top 5 de las chicas que marcaron a Elvis, muy posiblemente la espléndida Ann-Margret estuviera entre ellas. Lo cierto es que desde que conociera a Priscilla ninguna mujer le había impresionado tanto. La química fue instantánea, y las ganas de rockear la casbah eran mutuas. El flirteo era obvio, y seguramente los besos más apasionados de lo que exigía el guión. Y además, los dos eran intérpretes, cantaban, y adoraban la música. Y eran jóvenes, y guapos, y seguramente todo les olía a jazmín, incluso la barba de Red West. Y, por si fuera poco, Ann-Margret encajó en la pandilla como un guante. A diferencia de con Priscilla, la actriz parecía una más del grupo, y los chicos se sentían con ella muy a gusto. Y lo cierto es que Elvis comenzó a sentirse tan a gusto con Ann-Margret que ya no sabía que pensar. ¿Y si se había precipitado? Bien, cuando se llega a un atolladero, si uno está en Pulp Fiction habla con el Señor Lobo. Si uno es Elvis, habla con el Coronel Parker. Ambos solucionaban cosas.

Elvis fue con Ann-Margret a la oficina de Parker. Mientras ella esperaba en el coche, Elvis logró, en una de esas raras ocasiones, descolocar al Coronel por completo, sobretodo cuando le pidió que se convirtiera en mánager de la Margret. Recompuesto, Parker aceptó. Conocía muy bien a Elvis, y sabía que no podía dar un no sin más ni más. Pero tras aceptar, le recordó que hacer de Ann-Margret una estrella llevaría tiempo, tiempo que no podría dedicar a Elvis y sus negocios. Pero si seguían pensando igual, lo haría con gusto. Por supuesto, la estratagema funcionó. Cuando Elvis volvió al coche le dijo a Ann que quizás no fuera tan buena idea.

El contraataque del Coronel no se hizo esperar. Cayó en tromba sobre el rodaje y los productores. El amor una cosa, y el negocio otra. Por muy guapa o buena actriz que fuera Ann-Margret, no podía robarle protagonismo a la verdadera estrella. Se quejó al director de que la actriz tenía demasiados primeros planos, y ordenó recortar el número de duetos de la pareja. Y encima la película se pasó de presupuesto, y Elvis y el Coronel cobraban sólo cuando se recuperaban los gastos. Parker no había contado con esa contingencia, pero seguro que lo recordaría en el futuro.

¿Y qué pasaba con Priscilla? Bueno, pues antes de irse Elvis le había dicho que podría visitarle de cuando en cuando, pero en cuanto surgió el affair Ann-Margret el cantante le dijo que era imposible. Para combatir el aburrimiento Priscilla se apuntó a una escuela de modelos y dio algún desfile, pero Elvis le dijo que aquello no podía ser. Entonces Priscilla se pasó a la danza. Y los rumores en los periódicos acerca de Elvis y Ann-Margret seguían. Cuando en septiembre se acabó el rodaje de lo que sería una de las mejores películas de Elvis en bastante tiempo, Presley regresó a Memphis, con lo que Priscilla pudo respirar tranquila. Por el momento. Por lo pronto tenían un mes para pasar juntos antes del próximo rodaje.

Para el próximo proyecto, Primo querido, el Coronel se aseguró de dar con un director que no se pasara de los presupuestos. Dio en el clavo con Sam Katzman, un hombre cortado por el patrón de seriedad y trabajo de Parker. De hecho los dos congeniaron muy bien, tanto, que Parker le habló de un viejo proyecto que tenía entre manos: un biopic de Hank Williams. ¿Y por qué no podía interpretar Elvis el papel del viejo Hank? El proyecto finalmente se rodaría con George Hamilton. La viuda de Williams, la viperina Audrey, vetó explícitamente a Elvis.

El rodaje prosiguió sin demasiadas novedades, con las típicas bromas de los chicos, y el Coronel riéndose de Elvis y su peluca rubia (en la película Elvis interpretaba a dos personajes, un moreno y un rubio, y verle con la peluca rubia es algo epatante, cuanto menos. Elvis debía saberlo, porque odió cada minuto que tuvo que llevar aquella peluca). El frenético rodaje acabó a principios de noviembre, y Elvis estuvo encantado de olvidarse de aquel proyecto cuyo guión sabía ridículo y facilón. Lo único positivo que sacó de aquel rodaje fue volver a ver a Ann-Margret. Pero esa vez le costó mucho más retener a Priscilla en Memphis, y finalmente ésta fue a visitarle al rodaje. El último día de rodaje varios periódicos importantes sacaron grandes titulares con el romance de Elvis y Ann-Margret. Elvis se puso furioso, pero Priscilla se puso aún más. El cantante y su chica tuvieron una discusión de melodrama con jarrón roto incluido, pero al final se calmaron, y Elvis le dijo que eran muy buenos amigos y que no había nada entre ellos. Inventos de la prensa. Nunca más la volvería ver. Pero Priscilla debía volver por el bien de los dos. En cuanto Priscilla salió hacia Memphis, ¿adivináis a quién llamó Elvis? No fue al Coronel Parker.

Días después el presidente Kennedy fue asesinado. Ann y Elvis pasaron el fin de semana juntos, alterados, y, como muchos otros compatriotas, rezaron, temerosos por el futuro. Finalmente Elvis volvió a casa para pasar las Navidades en familia junto a Priscilla.

4 comentarios:

ROCKLAND dijo...

El gran amor de Elvis siempre fue Ann Margret y la verdad es que hacían una muy buena pareja.

Saludos.

Il Cavaliere dijo...

El Rey nunca tuvo mal gusto, algunas de las mujeres que pasaron por su vida eran auténticas reinas. No todas pero de estas mejor no comentar nada...jajaja


Muy buena la entrada, es la leche!


Saludos

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Bien, bien, aquí hay más carnaza: pastillas, peleas, jamonas, películas de las que no echan ni por La Sexta y más jamonas. Ay, Priscilla, si es que era un pichabrava, no es justo. Nah, un placer leer esta serie de posts, Crononauta.

Möbius el Crononauta dijo...

Rockland: sí que la hacían, dede luego lo tenían todo

Cavaliere: bueno, está claro que Ann-Margret era una diosa. ¡De eso no hay duda!

Aitor: y lo que queda por venir...