miércoles, 21 de julio de 2010

El ángel borracho (1948)

El ángel borracho, considerada por muchos como la primera obra de verdadera importancia en la carrera de Akira Kurosawa, fue concebida como una especie de respuesta del director a la preocupante y creciente influencia de la yakuza en el Japón de posguerra. Aunque durante la redacción del guión (repitiendo con su colega Keinosuke Uekusa como coautor) la historia fue derivando en algo más personal, hay algunas frases en la película (las que le lanza el doctor al mafioso) que podrían corresponder plenamente al desprecio de Kurosawa por la mafia japonesa.
El ángel borracho nació, además, en una época en que el poder de los sindicatos en el estudio comenzaba a desmoronarse tras dos grandes huelgas y resultados paupérrimos en taquilla que estaban haciendo zozobrar al estudio Toho. Y la coyuntura era cada vez menos favorable al poder sindical de los comunistas. Si la taquilla no les hubiera hecho tambalearse, seguramente lo habrían hecho los norteamericanos. Por tanto El ángel borracho fue la primera película en la que Kurosawa se sintió realmente libre para hacer lo que quisiera, aun cuando tuviera todavía que contentar a la censura Aliada.
El ángel borracho gira alrededor de dos personajes: Sanada, un médico alcohólico, y Matsunaga, un joven mafioso enfermo de tuberculosis. Sanada vive una suerte de auto-exilio en un suburbio debido a un pasado truncado profesionalmente por algún error. Su enfermera comparte ese exilio atormentado con él. La chica fue una antigua paciente que acudió a él maltratada por su marido, un jefe yakuza que fue encarcelado. Sanada ayuda a la gente pobre del barrio, pero al mismo tiempo no deja de ser un hipócrita (como lo han sido muchos médicos del mundo) regañando a sus pacientes por beber y fumar, cuando él mismo bebe sake sin parar. En Matsunaga el médico ve una versión joven de sí mismo, y aunque le desprecia trata de ayudarle no sólo con su enfermedad, sino para que recobre el buen camino y no desperdicie su juventud. El escenario alrededor del cual transcurre toda la historia, una charca pútrida, podría considerarse como el cuarto personaje del film. Mediante simbólicos planos intercalados por Kurosawa la charca interactúa con Sanada y Matsunaga y los define como parte de ella y lo que representa.

Aparte de una dirección que demostraba que Kurosawa comenzaba a tomarle el pulso al oficio, el film destaca por el duelo interpretativo entre los personajes de Sanada (un estupendo Takashi Shimura, habitual con Kurosawa desde el debut de éste) y Matsunaga, interpretado por el indomable Toshiro Mifune.

Mifune era hijo de japoneses emigrados a Tsingtao, una ciudad industrial en la costa central de China, donde su padre había abierto un estudio fotográfico. El joven Toshiro, aunque apenas se relacionó con chinos en su gueto japonés, creció libre de la educación xenófoba antichina en la que crecieron muchos japoneses durante los años 20 y 30. Sin embargo después de 1931 los ecos de la guerra chino-japonesa pronto comenzaron a llamar a las puertas de su hogar. Mifune pisó por primera vez suelo japonés a los 20 años, cuando fue llamado a filas. Debido a sus conocimientos fotográficos fue destinado al departamento de Reconocimiento y Mapas de la Fuerza Aérea Imperial, lejos de los combates. En el Ejército Mifune se topó por primera vez con el rostro del Japón imperialista, autoritario y xenófobo, algo que siempre despreció y que le valió alguna trifulca con algún superior. Al acabar la guerra un Mifune que, al igual que muchos otros veteranos, no sabía que hacer con su vida, pidió ayuda a un amigo suyo del Ejército que trabaja en la Toho para que le facilitara la entrada al estudio como operador de cámara. Por el momento no parecía haber un lugar para él, pero su amigo le recomendó que se presentara a un casting como actor para entrar en el estudio. Una vez situado ya podría cambiar de departamento.

Mifune nunca había tenido inquietud alguna por ser actor, y aunque decir que le parecía algo afeminado sería exagerar, desde luego no lo veía como un trabajo idóneo para alguien como él, que en el fondo debía considerarse un tipo duro. De todas formas Mifune no tenía nada que perder ni nada más que hacer (todo lo que le había quedado tras pasar por el Ejército fueron dos mantas, con los que se hizo un traje y unos pantalones), y se presentó a las audiciones entre más de cuatro mil candidatos.

Fuera casualidad, o el destino, Kurosawa se asomó a las pruebas mientras Mifune estaba por allí, dando vueltas "como una fiera enjaulada", tal como lo describiría el propio Akira. El jurado le había pedido a Mifune que llorara, pero éste se encaró y dijo que no podía llorar, no estaba triste. Entonces le pidieron que dejara aflorar cualquier otro sentimiento, y Mifune optó por la furia. Tal como quedó en la leyenda, fue entonces cuando Kurosawa quedó impresionado por la energía que transmitía aquel aspirante. Mifune le dejó literalmente sin habla.

Tras volver al rodaje de No añoro mi juventud Kurosawa decidió acabar temprano para ir a hablar con el jurado. El que había sido mentor de Akira, el director Kajiro Yamamoto, también había visto algo en el joven actor. Los dos coincidían en que su actuación había sido demasiado tosca, pero desde luego Mifune prometía. Sin embargo los miembros sindicalista del jurado votaron en contra. Yamamoto hizo valer su voto de calidad, haciéndose responsable, apoyado por Kurosawa. Aunque por poco, Mifune pasó la prueba y entró a formar parte del plan de formación del estudio de actores y actrices. Tiempo después Mifune debutaría en Ginrei no hate, una película que Akira había escrito expresamente para el actor. Tras un par de pequeños papeles el director le llamó para El ángel borracho.

En comparación con futuras producciones, la interpretación de Mifune quizás necesitara todavía algo más de refinamiento, pero el actor daba de sobras muestras del talento natural que llamó la atención de Kurosawa. Si Miguel Ángel veía sus esculturas encerradas en enormes bloques de piedra, algo parecido le ocurrió al director nipón. Mifune llevaba a un gran actor dentro sin él saberlo, y sólo había que cincelar aquí y allá para hacerlo salir. Con los años Mifune brindaría auténticas interpretaciones magistrales, canalizando su desbordante energía en el momento justo, pero por el momento ya podía actuar cara a cara y al mismo nivel que Takashi Shimura, otro gran actor que además tenía mucha más experiencia que él. Además el carisma que desprendía el actor era algo que no se podía aprender. Verle derrochando poder mientras camina con su traje blanco por el barrio que domina, cogiendo (sin pagar, claro) una flor de un puesto para ponerse en el ojal (en la escena Mifune recuerda al Don Fanucci de El padrino II) resulta escandaloso para un actor tan poco experimentado.

En definitiva, Kurosawa vio en Mifune a un diamante en bruto que podía pulir él mismo, convirtiéndolo en un vehículo perfecto para sus futuros proyectos. Si su adorado John Ford tenía a Wayne, Akira tenía a Mifune. Además actor y director demostrarían con el tiempo compenetrarse muy bien, con visiones de la vida que en ocasiones estaban bastante cerca entre sí. Y como colofón, los dos eran formidables bebedores, algo que siempre une a las personas de esa condición.
El ángel borracho fue la primera de las muchas y fructíferas colaboraciones entre Kurosawa y Mifune, muchas de las cuales se convertirían en clásicos imperecederos del cine mundial. El compositor Fumio Hayasaka (al que muchos consideraban el mejor compositor de bandas sonoras de Japon) también comenzó una estrecha y duradera colaboración con Kurosawa en este film. En definitiva, las piezas de la maquinaria empezaban a encajar, y el director estaba ya preparado para comenzar a dar muestras de genio en la ya cercana Era Dorada del cine japonés.

3 comentarios:

Lobo de Bar dijo...

Interesante post para variar. Creo que tanto la película en conjunto como la actuación de Mifune quedan a un paso de las obras maestras que vendrían después, pero ya se aprecia un derroche de fuerza y autenticidad al alcance de muy pocos...

Y es una pena que Shimura se viera tan eclipsado por Mifune en su carrera, porque también era otro pedazo de actor.

paulamule dijo...

Toshiro Mifune y Akira Kurosawa, esa extraña pareja. Otra perfecta combinación casi mejor que la del Martini y George Harrison.
Salud.

Möbius el Crononauta dijo...

Lobo de Bar: bueno, yo no creo queShimura quede eclipsado, más bien al contrario, era de los pocos actores capaz de destacar junto a Mifune, y de hecho en esta peli Shimura está mejor que Mifune, pero lo que estaba claro es que el carisma de Mifune era inigualable

paulamule: pues sí, eran como la espuma de la cerveza y el lúpulo... supongo