sábado, 24 de julio de 2010

Ataque (1956)

Robert Aldrich, ¡vaya tipo! Un tipo con estilo, no hay duda. Hasta en sus films más comerciales Aldrich dejaba caer alguna de sus perlas con las que chinchar a algún santurrón. La verdad es que dentro del mercado hollywoodiense y moviéndose entre la serie A y la serie B, Aldrich parece que inventara la subversividad y el dedo en el ojo del Tío Sam antes que los Arthur Penn y Francis Ford Coppola de este mundo. Desde luego al tío Eisenhower seguramente lo último que le habría gustado ver apenas tres años después de acabada la Guerra de Corea sería una película como Ataque.

La ventaja que tenía Aldrich respecto a otros es que comprendió que si quería libertad para rodar lo que quisiera debía establecer su propia productora, cosa que hizo apenas comenzada su carrera. Fue así como pudo rodar películas como Ataque, aunque las grandes distribuidoras y productoras, con las que al fin y al cabo había que lidiar, le jugaran alguna que otra. Ataque podría considerarse como una producción cara de serie B, ambientada en la Segunda Guerra Mundial, para la cual obviamente no contó con apoyo alguno del ejército. De hecho me pregunto que cara pondrían en el US Army cuando leyeron el guión bastante poco heroico del film.

En líneas generales Ataque puede recordar a alguna producción posterior como la excelente La cruz de hierro, donde la trama expone también la sinrazón de la guerra y el modo en que afecta a los personajes, que se mueven entre la aceptación de su rol, la camaradería, el egoísmo y la pura cobardía e hipocresía.

Como también ocurre en el film de Sam Peckimpah, en Ataque la trama gira alrededor de una compañía inmersa en una guerra, en la que el oficial al mando es un cobarde congénito, y más que eso, una especie de egoísta refinado que raya en la psicopatía. En este caso la oveja negra es el capitán Cooney (muy bien caracterizado por Eddie Albert, un actor que en otras ocasiones resulta demasiado gris), un militar con padre influyente que a las primeras de cambio deja en la estacada a una patrulla que ataca un nido de ametralladora, con lo que obviamente la patrulla deja de existir. Esa actitud cobarde y rastrera (anteriormente les había prometido por radio apoyarles con el pelotón bajo su mando) contrasta con las acciones de guerra de los soldados que le obedecen, y molesta especialmente al duro teniente Costa (un Jack Palance bastante por encima de la media de sus actuaciones), quien apenas si logra contenerse para no descerrajarle un tiro al idiota de Cooney. El teniente Woodruff (el debutante William Smithers) es el escudo de la razón entre Costa y Cooney, y trata de deshacerse del capitán cobarde por la via burocrática y las conversaciones off the record con el teniente coronel Clyde Bartlett (el siempre duro y eficaz Lee Marvin), amigo de adolescencia de Cooney. La pregunta inicial que se hace el espectador es saber si Woodruff logrará deshacerse del molesto capitán antes de que lo haga el teniente Costa.

Como véis, la trama de soldados norteamericanos con ganas de matarse unos a otros, capitanes cobardes y demás no se puede decir que estuviera en el estilo de Los boinas verdes de John Wayne. El efecto inmediato fue la obligación de ceñirse a un presupuesto bajo, algo que resulta evidente si se tiene en cuenta cualquier gran producción bélica de la época, pero en general gracias a la pericia de Aldrich el aspecto visual del film no interfiere en la credibilidad de la historia.

Sobretodo, Ataque se apoya en la gran labor de los actores mencionados y el apoyo de varios secundarios que cumplen. Curiosamente gran parte de los intérpretes eran veteranos de la Segunda Guerra Mundial (por ejemplo Marvin, que sirvió en el Pacífico en una de esas compañías que desembarcaban los primeros en todas partes, Palance, que tuvo que pasar por varias operaciones para no quedar desfigurado, o el propio Albert, el capitán cobarde, que en realidad fue honrado con el Corazón Púrpura), y en esta película algunos de ellos dieron lo mejor de sí mismos. Como ya he dicho Eddie Albert está en esta película mejor que en otras muchas, y Jack Palance, aunque no era precisamente De Niro, encaja de maravilla en el papel del aguerrido Costa, y además demuestra que bien dirigido era capaz de actuar muy bien dejando en pañales a muchas caras bonitas del celuloide. Su escena en las escaleras del sótano da escalofríos. Y qué decir del gran Lee Marvin. Tal vez no le hubiera ido bien interpretando a Hamlet, pero tenía un carisma aplastante y sus papeles de tipo enérgetico y duro los bordaba.

Bien, Ataque no es quizás uno de los films que más se mencionen al hablar de Robert Aldrich, pero es una gran producción dentro de sus limitaciones. Tiene una dirección sobria pero efectiva, y un reparto actoral acertado y con talento. Y estad atentos al final, a cierto gesto de Palance... no puedo detallarlo porque os estropearía la historia, pero es de esas escenas que no se olvidan fácilmente. He visto muchas películas bélicas, pero no recuerdo algo semejante. Y es que tengo que concluir como he empezado... ¡vaya tipo este Aldrich!

2 comentarios:

Noemí Pastor dijo...

En esto me brotan a mí los estrógenos, cosa infrecuente, y me quedo con Baby Jane.

Möbius el Crononauta dijo...

Algo huele a podrido en Dinamarca.