jueves, 18 de marzo de 2010

El reinado de Elvis: 1959

Las maniobras y el entrenamiento habían terminado. A principios de 1959 Elvis comenzaba el servicio propiamente dicho en Alemania. Se hacía duro estar alejado de la música, de los negocios, ser el blanco constante de las observaciones y ocasionales burlas de sus compañeros. Elvis tenía que demostrar constantemente que era uno más para ser aceptado. Y para colmo su padre Vernon, que había viajado a Alemania junto con la abuela Presley, había comenzado a ver con buenos ojos a una tal Dee Stanley, mujer de un sargento y madre de tres hijos. Todo eso cuando el recuerdo de su madre era todavía muy reciente. Huelga decir que Elvis no reaccionó bien ante esa relación. Se distanció de Vernon y tardaría en aceptar a Dee.
Pero no todo era negativo. Elvis recibía las visitas ocasionales de sus viejos camaradas de Memphis, y las travesuras constantes que organizaba junto con Red y el rollizo Lamar acabaron con la paciencia de los dueños del hotel donde se alejoban todos, con lo que el cantante y su corte se trasladaron a una vivienda alquilada de tres pisos. Nada cambió para sus fans germanas y las hijas de los militares yanquis. Cada día a las siete y media Elvis salía a firmar autógrafos y charlar con sus admiradores. Su colega Charlie Hodge del reclutamiento de Memphis le llevaba discos de espirituales, y juntos practicaban nuevas técnicas que iban ampliando el registro de la estrella. Y, por supuesto, había chicas. Elvis tuvo una querencia especial con una tal Elizabeth, con quien medio salió, pero por supuesto, eso no impedía que la estrella se viera con otras. Siempre había chicas. Para charlar, para estar abrazados. Y si se terciaba, para más cosas. Y también había una nueva y oscura afición: las pastillas, herencia de las maniobras en Grafenwöhr. Un sargento le había introducido al milagro de las amfetaminas, unas pastillas "inocuas" que eran mucho mejor que el café para mantenerse despierto y rendir muchas horas. Fue así como el chico que no bebía y apenas sí fumaba de vez en cuando algún purito comenzó a llevar a todas horas frascos de amfetaminas para mantener las energías.

Así pasó Elvis los primeros meses de su servicio en la RFA: haciendo el tonto con sus colegas, o teniendo celos de ellos (como por ejemplo de Red West y su brillante carrera en el ejército. ¡Le ascendieron antes que a Elvis! ¡Imperdonable); ganándose a sus compañeros de batallón y de compañía, mediante su simpatía, sus anécdotas de Hollywood y su disposición a cambiar guardias o prestar dinero; cuidando de sus fans, y "cuidando" de alguna de sus fans. Aprovechó un par de permisos para visitar Munich y ya en junio, París, donde se hizo un recorrido por el Moulin Rouge y varios otros locales de estriptis y prostíbulos.

En agosto llegaba a Biesbaden un nuevo capitán, Joseph Beaulieu, junto con su familia. Su preciosa hija de belleza sureña conocería a un tal Currie Grant en el club para militares. Fue Currie quien presentaría a Priscilla Beaulieu a Elvis Presley. Tras obtener el permiso de su padre, Priscilla fue con Currie a un guateque en casa de Elvis. La adolescente impresionó a todos, incluido Elvis. Fue amor a primera vista. A la manera de una estrella de rock, claro. Por supuesto Priscilla sabía quien era él, y estaba superada por las circunstancias. Elvis la trató con amabilidad, y tocó el piano y cantó para ella. Cuando Priscilla se tuvo que ir para no traspasar el límite de horario paterno, Elvis ya sabía que quería volver a verla a toda costa, y así se lo hizo saber a Currie.
Tras unas pocas citas Elvis conoció a los padres de Priscilla. El capitán Beaulieu trató a la estrella de rock como trataría a cualquier joven que se acercara a su hijita: le llevó aparte y le hizo una larga entrevista a base de preguntas, preguntándole por sus intenciones para con Priscilla, sus perspectivas de futuro y todo lo demás. Con su encanto sureño, sus modales y su sorprendente humildad, Elvis convenció al capitán de sus buenas intenciones. No tendría que preocuparse por la honradez de la familia. Aunque por supuesto seguirían viéndose bajo sus reglas, no las de Elvis. No había de qué preocuparse. Ciertamente Elvis no era Dickey Betts.


Elvis y Priscilla

Mientras Elvis proseguía con su servicio y con su cortejo de Priscilla, decidió contactar con una especie de médico sudafricano que ofrecía un tratamiento increíble para limpiar el cutis de las marcas del acné y demás zarandajas adolescentes. En noviembre el cantante comenzó el tratamiento con el misterioso doctor. Todo parecía ir bien hasta que un día de diciembre Elvis salió de la consulta del doctor a toda prisa. Como pareció expresar el cantante, "el hijo de puta era maricón". Todos quedaron horrorizados, especialmente Vernon, que vio en aquel tipo un peligro para la carrera de su hijo. Seguramente ya veía los titulares del médico hablando de sus "encuentros" con la estrella. Vernon contactó con el Coronel, quien de forma imposible pidió consejo a las autoridades militares. Éstas contactaron con el FBI, que a su vez contactó con el supuesto médico. A cambio de una pequeña cantidad, el curandero sudafricano desapareció de la faz de la Tierra. A partir de entonces sería mejor que Elvis se olvidara de su cutis y se centrara en el kárate, una disciplina a la que se acababa de aficionar tras asistir a una demostración por parte de un experto alemán.

Una vez más, el Coronel Parker se había mostrado como imprescindible. Era el hombre para todo, el hombre que lo resolvía todo, y por encima de todo, el hombre que cuidaba del negocio. No sólo había sido clave en el lanzamiento de Elvis a nivel nacional e internacional, sino que había demostrado ser capaz de hacer algo que parecía increíble. Era un tema que había aterrorizado a Elvis. ¿Y si su estancia alejado de sus fans en América, sin dar conciertos ni grabar, le dejaba sin fans? El Coronel le prometió que al volver todos sus fans estarían allí. Y hasta entonces, había cumplido. Mediante mil y una tretas, toneladas de publicidad, y un estricto control sobre la publicación de discos (Parker se negó a darle a la RCA ni una sesión de grabación en todo el año: tendrían que salir adelante con lo que tenían), el Coronel consiguió lo que nadie había conseguido antes: mantener la popularidad de su cliente durante todo un año de inactividad de Elvis. Al año siguiente Elvis volvería a casa, y comprobaría la magnitud de la obra de su mánager. Sería algo que Elvis no olvidaría.

9 comentarios:

salvadorpliego dijo...

Sorprendente la labor de el Coronel. Gracias por compartir esta historia.

Un fuerte abrazo.

ROCKLAND dijo...

Un periodo un tanto oscuro en la vida de Elvis.
Hay que destacar un par de cosas por encima que son su encuentro con Priscilla y su contacto con las pastillas.
La labor del coronel durante esos dos años de ausencia fue encomiable.

Excelente relato.

Saludos.

elprimerhombre dijo...

Se nota que se está leyendo el doble libro de Elvis. Tiene para rato porque ya vi que eran dos volúmenes bastante gordos. Un saludo!

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Lo de mi querido Dickey Betts no viene mucho a cuento, pero tenía a Elvis por más... pichabrava. De nuevo, a sus ilustres pies, Crononauta. Es un lujo leerte. No todo van a ser ingenuas camareras estonias en esta vida, el Coronel Parker también rockea.

supersalvajuan dijo...

Pelvis, pelvis!!!

L´Esbarzer dijo...

Uau, echaba de menos estas historias de Elvis, pero no tardes mucho en las siguientes que tengo la biografía en casa gritándome: léeme, léeme...

paulamule dijo...

Una pena lo de la mili. Nos privó de seguir teniendo a Elvis y su música durante un par de años a pesar de los singles.
Salud.

raúl dijo...

digamos que el hombre no tuvo un servicio militar muy sufrido, vamos. interesante este pormenorizado capítulo de la vida del rey del rock.

Möbius el Crononauta dijo...

salvadorpliego: por algo Elvis lo tuvo a su lado hasta el final, y a pesar de todo. Gracias por comentar

Rockland: el Coronel sabía hacer su trabajo, no cabe duda

elprimerhombre: sí, y aun quiero hacerme con otro para completar... pero ya veremos

Aitor: hombre, las aficiones de Dickey son las que son, oyes. Elvis era pichabrava, pero muy suyo, como con todo lo que hacía

supersalvajuan: ¡donde haya pelvis que se quiten los planetoides!

L'Esbarzer: ¡bueno, ves empezando, que mal no te hará!

paulamule: aunque en realidad para mí a partid del 65 casi estuvo ausente también...

raúl: pues no, pero también tuvo sus contratiempos, no creas, pero contratiempos de estrella al fin y al cabo