lunes, 8 de febrero de 2010

El tesoro de Sierra Madre (1948)

Hay muchos planos cinematográficos que si fueran congelados podrían representar fielmente esa extraña magia que esconde el cine. Seguramente difícilmente se puede presentar mejor el glamour y el lado sexy de as estrellas hollywoodienses que con esa falda juguetona que se le levantaba a Marilyn Monroe. Pero, por ejemplo, si tuviera que elaborar un álbum con los cien fotogramos más representativos de la historia del cine, uno de ellos sería sin duda el de un alegre Walter Huston ejecutando su baile de viejo minero ante unos atónitos Humphrey Bogart y Tim Holt.

El rodaje de El tesoro de Sierra Madre fue uno de los períodos más felices de John Huston, así como los meses que le siguieron, cuando tanto él como su padre fueron galardonados, con toda justicia, con el preciado Oscar. El proyecto, basado en la novela homónima del escurridizo escritor B. Traven, fue interrumpido al entrar los Estados Unidos en la guerra, pero al regresar a Hollywood Huston lo retomó en cuanto pudo. Huston mantenía con Traven una comunicación epistolar desde principios de los 40, y la historia de los intentos del director por citarse con el escritor desconocido en mitad de la selva darían para una entrada entera, así que permanezca esa historia pendiente. Pero tras sus intercambios de opiniones, borradores y demás con Traven, y tras lograr convencer a Jack Warner de rodar en exteriores, Huston y su equipo partieron hacia Méjico para localizar exteriores.

Justo cuando el equipo se encontraba rodando algunas escenas generales en Tampico, las autoridades aparecieron para denegar el permiso de rodaje, alegando que el contenido de la película era antimejicano. No tardaron en averiguar que las alegaciones procedían del periódico de Tampico, al que habrían tenido que dar un pequeño soborno para que sus redactores se hubieran quedado tranquilos. Finalmente la cosa se solucionó cuando unos amigos mejicanos de Huston intercedieron ante el mismo presidente mejicano, pero como tardaría en descubrir el equipo de rodaje, se iban a cruzar en su camino muchas autoridades a las que sobornar.

El rodaje estuvo lleno de anécdotas interesantes. John Huston se encariñó de un pequeño chaval mejicano que rondaba por el lugar, y no dudó en adoptarlo. En una localidad llamada Jumgapeo se corrió la voz de que había un médico mejicano con el equipo de rodaje, y en poco tiempo se formaron colas de enfermos para que los atendiera. Según Huston la pericia de aquel médico era increíble, llegando a ejecutar difíciles operaciones día y noche, usando el generador eléctrico de la compañía y linternas especiales manejadas por los técnicos. Para expresar su admiración, los mejicanos del equipo de rodaje se quitaron los pantalones y se pintaron sus partes con mercurio cromo. Huston no dudó en imitarles.

Mientras. el pobre Bogey trataba de recuperar su cabellera (se apuntaba a que se había quedado calvo usando unas hormonas para aumentar su fertilidad y tener hijos con Lauren Bacall) a base de vitamina B usó durante casi todo el rodaje una peluca, y aunque al final le creció algo de pelo, el actor nunca recuperó del todo su tupé. Al tiempo, Walter Huston, que no hablaba una palabra de español, tuvo que aprender sus largos diálogos hispánicos aprendiéndose de memoria (esto es, fonéticamente) las frases que un actor mejicano había dejado grabadas para él. El estupendo resultado habla mucho de lo duro que trabajó el padre de John para imitar el español.

Y es que El tesoro de Sierra Madre realmente es una película para Walter Huston, cuyo papel fue modificado y adaptado por John específicamente para que lo interpretara su padre. Humphrey Bogart está genial, y Tim Holt logra no ser eclipsado a pesar de que su papel no daba demasiado de sí, pero es Walter Huston quien realmente está por encima de todos. Su implicación en la película fue total, y aceptó, a sugerencia de John, actuar sin su dentadura postiza, para otorgarle más realismo al personaje. Si hubo un antes y un después en la imaginería de Santa Claus cuando se metió por medio la cola, hubo otro punto y aparte en la representación de experimentados mineros con mula cuando Walter Huston bordó el papel del experimentado y bonachón Howard. El veterano actor dejaría este valle de lágrimas poco después, pero gracias a su hijo había conseguido tener el papel de su vida en la gran pantalla.

El tesoro de Sierra Madre es un clásico inapelable, una de las mejores películas de todos los tiempos. Si es que existe un género minero en el cine, esta película es la joya de la corona. Cada vez que os discutáis con un amigo por quién paga qué, cada vez que veáis a tres chicos peleándose por un cómic en una casa-árbol, cada vez que el Pato Lucas pierda la cabeza por un diamante, o, simplemente, cada vez que la mente de alguien se nuble por un reflejo dorado, el espíritu de El tesoro de Sierra Madre estará allí, y, si escucháis atentamente, tal vez podáis escuchar la risa nerviosa de un enajenado Dobbs.

6 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Janfri forever!!!

paulamule dijo...

Clásico como la copa de un pino y soberbio reparto para una maravilla de principio a fin.
Salud.

sylvia dijo...

¿Te crees que aún no he visto esta peli?

Lobo de Bar dijo...

Gran peli. Por otra parte, ¿qué tipo de homenaje es ese de pintarse los genitales con mercurocromo?

Möbius el Crononauta dijo...

supersalvajuan: and ever

paulamule: se puede decir más alto, pero no más claro

sylvia: me cuesta creer que se pueda vivir sin haber disfrutado de esta joya. ¿A qué esperas?

Lobo de Bar: ¿y por qué hay tan pocos comentarios con una jodida maravilla como ésta?
No sé que tipo de homenaje será, pero es mucho más sentido que una estatuilla amorfa de esas que dan a las carreras de la gente

Tornado dijo...

Un pasote de flim crononauta

si señor