jueves, 28 de enero de 2010

El reinado de Elvis: 1958

La multidud se agolpaba entorno al edificio M&M, en el 198 de la calle South Main, donde se encontraba el Memphis Draft Board, la Oficina de Reclutamiento de la ciudad. El coronel repartía globos publicitarios del film que su pupilo había rodado a principios de año, King Creole, para el cual había dejado también grabada la banda sonora. Un agobiado Elvis llegó acompañado por sus padres, algunos de sus amigos y su novia de entonces, Anita Wood. Delante de la prensa Elvis pasó las pruebas pertinentes, y fue declarado apto para servir en el Ejército de los Estados Unidos. Le dieron una sandwichera con algo de comida y leche, que devoró sin pensarlo. No había pegado ojo en toda la noche, ni había probado bocado. En cuanto pudo se echó una corta siesta en un sillón. A partir de entonces sería el recluta Presley, número 53310761. Se despidió de su madre y de Anita y se subió en un autobús junto a otros reclutas, dispuesto a partir hacia Fort Chaffee, donde le equiparían y le harían un nuevo peinado. Durante dos largos años Elvis estaría alejado de su querida Memphis, de los conciertos, Hollywood y muchos de sus amigos. Durante dos largos años el mundo del rock perdería a su más imponente estrella.

El joven Elvis, a medio camino entre la satisfacción por cumplir con su deber y el miedo a lo desconocido y a la soledad del recluta novato, había comenzado el año rodando a las órdenes de Michael Curtiz y grabando bajo la batuta de Leiber y Stoller. Fiel a su convicción de dar a la RCA sólo las canciones necesarias para tener una posición de ventaja a la hora de negociar, el coronel Parker, aparte de la banda sonora de la película, tan sólo concedió una sesión a Steve Sholes para que Elvis grabara algo de material para ser usado durante su larga ausencia. En aquellas sesiones, cercanas ya a la fecha de reclutamiento, el dúo mágico de Leiber y Stoller ya no participó. Decidieron desentenderse de Elvis cuando el coronel les envió un contrato en blanco, instándoles a que lo firmaran. Sencillamente los métodos de Tom Parker no iban con ellos.

El traslado de Elvis desde Memphis hasta su nuevo destino se convirtió, como era habitual, en un circo ambulante de fans y periodistas. El Ejército colaboró ampliamente, y dejaron que los periodistas asistieran a la primera paga (7 dólares) del recluta más famoso de la historia del país y a su primer corte de pelo militar, que provocó muchos desmayos e histerias entre sus fans, pero que fue bastante generoso. Sin cámaras delante le raparon aun más. Ya con su nuevo uniforme y su corte de pelo marcial, Elvis fue destinado a Fort Hood, en Texas, donde realizaría la instrucción durante los seis meses siguientes. Allí los periodistas tuvieron acceso el primer día. Después las puertas quedaron cerradas para los curiosos.

Si la mayoría de reclutas se sentían solos las primeras semanas en el ejército, Elvis se sintió aun más. Contó con el apoyo del coronel Parker, de algún que otro recluta como Rex Mansfield, y de su sargento de instrucción, que le abrió de par en par las puertas de su casa y su familia. La estrella de rock tuvo que afrontar bromas y burlas, y tratar de encajar y que le consideraran uno más. El proceso fue lento, pero poco a poco comenzó a ser uno más, y se acostumbró a los horarios militares y sus madrugones. Cuando los otros reclutas vieron que Elvis se comía guardias como cualquier otro, todo empezó a ir bien. El 31 de mayo consiguió su primer permiso, que pasó grabando en Nueva York (temas como "I Got Stung" o "A Big Hunk O' Love") sin contar, por vez primera, con Scotty y Bill, asistiendo a una sesión privada de King Creole con su familia y juntándose cuanto pudo con sus amigotes y con Anita.

Cuando Elvis regresó a Fort Hood lo hizo con mejores perspectivas. El coronel leyó de cabo a rabo el reglamento militar, y notificó a los superiores de Elvis que una vez acabada la instrucción básica un recluta podía vivir fuera del cuartel si tenía familiares a su cargo que vivieran cerca. Ése era el caso de Elvis, pues sus padres eran legalmente dependientes de Elvis, con lo que él, Vernon y Gladys pudieron irse a vivir juntos a una casa alquilada cerca del cuartel. Amigos y pedigüeños, y un reguero interminable de fans, no tardaron en llamar a la puerta de la casa. Gladys siempre tenía una palabra amable para ellos, limonada, y cualquier cosa que se les pudiera ofrecer.

La, por así decirlo, relativa calma, llegó a su fin durante el verano, cuando Gladys comenzó a sentirse mal del estómago. El 8 de agosto Vernon y Gladys partieron hacia Memphis para ver a su médico de cabecera, e inmediatamente la madre de Elvis fue hospitalizada. Le diagnosticaron una extraña suerte de hepatitis que le afectaba al hígado y le causaba coagulaciones. Elvis llegó el día 12, después de que le fuera concedido a regañadientes un permiso que el médico tuvo que arrancar a las autoridades militares. Fue directamente al hospital, y allí pasó varias horas junto a su madre, al igual que hizo al día siguiente. El día 14 le despertó el teléfono en Graceland. Su madre había muerto.

Se han escrito páginas y páginas sobre lo muchó que afectó la muerte de su madre a Elvis. Siempre habían tenido una relación muy especial, y nadie quiso más el cantante y nadie supo entenderle mejor que su madre. Un incosolable Elvis no hizo sino derramar lágrimas, ya fuera junto a su padre o amigos, durante los siguientes días. Muchas cámaras y periodistas fueron testigos públicos de ello. El cantante estuvo horas junto al cadáver de su madre, de una forma casi enfermiza, y en el sepelio tuvieron que arrancarle prácticamente de su lado. Según muchos que le conocieron, y según opinan muchos biógrafos, tras el fallecimiento de Gladys algo se rompió dentro de él. Quizás lo que le restaba de inocencia quedó hecho añicos, y se vio solo en un mundo al que, tal vez por primera vez, viera enteramente como algo hostil.


Elvis y Vernon lloran a Gladys

Hasta entonces el chaval que sólo bebía CocaCola y batidos y comía hamburguesas y sandwiches de plátano, y cuyo únicos vicios eran unos ocasionales puritos que fumaba a escondidas y las chicas, había llevado el peso de una carrera meteórica y encajado una fama indescriptible de nivel de una forma bastante saludable. Siguió siendo un chico educado y todo lo humilde que se podía ser en una situación así. Todos sus amigos sabían que sus decisiones eran inapelables, y que llevarle la contraria podía llevar a rabietas y enfados súbitos. Pero desde luego no era la peor de las estrellas. Si fue la muerte de Gladys, el ejército, o un destino inevitable, lo que llevó a Elvis a recorrer, muy poco a poco pero de forma inexorable, un camino de gloria pero también de excesos, que finalmente se lo llevó a antes que muchos otros, es una cuestión sobre la que cada fan tiene su propia opinión. De lo que no cabe duda es de que el Elvis que partió en septiembre desde el puerto de Nueva York hacia Alemania no parecía ser exactamente el mismo que regresaría casi dos años después.

Mientras una banda militar tocaba "All Shook Up", "Hound Dog" y otros de sus éxitos, Elvis dejaba a su país y sus éxitos detrás, poniendo rumbo hacia Friedburg, Alemania, donde estaría destinado los siguientes dieciocho meses agregado a la Tercera División Acorazada. Mientras se perdía de vista el puerto de Nueva York, Elvis llevaba, junto a su petate, la agridulce nostalgia de los recuerdos de su madre, y una creciente duda: ¿le esperaría alguien a su regreso? ¿se acordarían sus fans de él? ¿se seguirían vendiendo sus discos? Esos y muchos otros pensamientos se agolpaban, sin duda alguna, impresos entre las páginas de su mente.

6 comentarios:

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Rayos. No sabía cómo fue la muerte de su madre ni el lógico trauma que supuso para Elvis. Ni que el servicio en Alemania fuese de año y medio. Todo eso explica muchas cosas. O no. No lo sé. Tú sí. Ilumínanos cósmicamente, Crononauta.

TSI-NA-PAH dijo...

Como se nota que andas sumergido en el libro de Elvis.tambien lo he leido y es apasionante, como el mismo.
Un abrazo

ROCKLAND dijo...

Qué manera más absurda de perder el tiempo durante 2 años. ¿Cuántos clásicos hubieran caído más?
En fin...mejor no pensarlo y disfruta con lo que nos dejó.

Saludos.

L´Esbarzer dijo...

Sí. Sí. Sí.

Vale, Rockland tiene razón, la mili no le sirvió para nada.

Mi entusiamos tiene que ver con esta serie de post dedicados al Rey.

gracias

poncho dijo...

el rey y punto. no hay más.

Möbius el Crononauta dijo...

Aitor: es algo que siempre han comentado muchos críticos y biógrafos, que hubo un antes y un después de la muerte de su madre, con quien, como afirman todos los que le conocieron en la época, le unía un vínculo muy fuerte.

Tsinapah: vaya si ando sumergido, y espero, si logro hacerme con él, sumergirme en otro libro de Elvis bastante mítico

Rockland: mejor pensar que habría hecho películas, es menos doloroso

L'Esbarzer: cuadrémonos ante Elvis

poncho: tu lo has dicho