martes, 31 de marzo de 2009

Tonight's the (shaking) night

Hablando de noches mágicas y AC/DC no se me ocurre mejor tema para ilustrar la gallina en piel. Barcelona, allá voy. Y feliz cumple, Angus. ¡Regálate(nos) un concierto apoteósico!


lunes, 30 de marzo de 2009

El mundo está loco loco loco (1963)

El mundo está loco loco loco podría calificarse como un paseo del director Stanley Kramer por los terrenos de Blake Edwards. En realidad ambos corrían a la par, y ese mismo año se estrenaría también la primera entrega de La pantera rosa, y poco después Edwards rodaría más carreras para La carrera del siglo. Pero a pesar del esforzado intento de Kramer por reunir a un sólido reparto hecho a base de buenos actores y grandes cómicos, El mundo está loco loco loco, con su colección de golpes, carreras y ritmos frenéticos no llega a estar a la altura de las mejores obras cómicas de Edwards (es decir, aquellas en las que aparecía Peter Sellers). Aunque tiene sus momentos, la película me parece una comedia media para el americano medio de la media nacional de los Estados Unidos. Y del de hace cuatro décadas además. Un gran trabajo técnico el de Kramer, y una historia que hace de film todo un clásico del género, pero en conjunto El mundo está loco loco loco no es una gran comedia.

Y, en fin, reflexionando reflexionando mientras veía la película, he decidido hacer algo diferente y hacer de esta entrada un ejercicio de imaginación lucubrando, dado que estamos hablando de una película coral, sobre cual sería el reparto ideal para un posible remake de la cinta de Kramer. Y, claro está, vosotros podéis proponer a quién os de la gana.

Por orden de importancia, empezaremos con el gran Spencer Tracy, que encarna al capitán de policía Culpepper, un hombre a punto de jubilarse que por fin tiene la oportunidad de resolver un caso que le ha llevado de cabeza durante quince años. ¿Quién hay hoy sobre la faz de Hollywood que pueda ponerse en los zapatos de Tracy? Evidentemente nadie, así que podría haber optado por cualquier tipo con pelo blanco, como Steve Martin, o intentar buscar un intérprete mejor como Bobby De Niro. Pero como éste está más que aburguesado, propongo a Ed Harris, quien en muchas películas tiene el típico aspecto de policía agobiado a punto de retirarse.

Sigamos con el causante de toda la historia, el 'Narizotas' Grogan, un ladrón astuto que ha escondido un botín bajo una gran W. Lamentablemente en su huida de la policía se saldrá de la carretera, y, moribundo, contará su secreto a unos conductores que corren a asistirle. En la película original este breve pero importante papel era interpretado por Jimmy Durante. En mi versión del siglo XXI Grogan sería interpretado por Steve Buscemi. ¿Qué tiene que ver Durante con Buscemi? Nada, aparte de una anatomía peculiar. Así que 'Narizotas' Grogan podría convertirse en 'Ojazos' Grogan. Además, me apetecía darle un papel al bueno de Buscemi.

Comencemos ahora con todos los conductores y acompañantes que tras no lograr ponerse de acuerdo se lanzan a una loca carrera en la que encontrarán a distintos personajes y harán toda suerte de locuras para ser los primeros en hallar el botín. El pobre señor Finch, que viaja con su esposa y su dictatorial suegra, fue interpretado por el famoso cómico televisivo Milton Berle. Yo propongo a George Clooney para la nueva versión: nada como un guaperas de amplia sonrisa para ser agobiado por una terrible suegra. Además el señor Clooney se le ve cómodo en el papel de guaperas crash-test-dummie.



La señora de Finch, Monica, hija de una madre más que posesiva, y que parece ser la única que no ve claro eso de salir a buscar un dinero robado cometiendo toda clase de desastres y delitos, fue interpretada por la actriz Edie Adams. La nueva Monica sería interpretada por otra bella rubia, y además estupenda actriz, la ex de Earl Hickey, Jamie Pressly.
¡No es mala sustituta!

Y qué decir de la señora Marcus, la suegra horrible y perversa, dictatorial, que grita a todo y a todos y que arregla los problemas que surgen en el camino a base de paraguazos y bolsazos. El papel original lo interpretó Ethel Merman. Si no estuviera retirada y tan mayor desde luego habría sido un buen rol para la sin par Liz Taylor. Pero como no es el caso, pues opto por ofrecerle el papel a otra brujona sobre tacones, Katey Sagal, la celebrada Peggy de Matrimonio con hijos, y entre otras cosas, voz original de la cíclope Leela.
Sí, decididamente creo que la Sagal sería una suegra realmente infernal.



El devoto y macarra hijo de la señora Marcus, Melville, de profesión difusa y que se divierte bailando música surf hasta la extenuación con una amiga de danzantes caderas, tuvo en su día el rostro de Sid Caesar. Tanto por el aire de macarra italoamericano como por sus arranques de furias y lloriqueos de preocupación por su vieja 'mamma', y su verborrea mezclada con amenazantes gestos de puño, el papel de Mel en el imaginario remake lleva claramente el nombre de Joe Pesci.

Sobre la pareja de conductores de Benjy y Dingy, vayamos primero por el rollizo y asustadizo Benjy. En su día Benjy fue interpretado por Buddy Hackett. Yo propondría que el nuevo Benjy fuera Jack Black, un tipo que definitivamente estaría a la altura de las circunstancias. ¿Y que sería de Benjy sin su amigo Dingy?




El pequeño Dingy, una especie de niño de papá que conduce un lujoso descapotable, fue interpretado originalmente por Mickey Rooney, ex-niño prodigio y, muy a su pesar, ex de la diosa Ava Gardner. Aunque mi propuesta no sea actor ni haya sido niño prodigio que y sepa, es un tipo talentoso que tanto por color de pelo, como por por peinado como por histrionismo, encajaría muy bien como compañero de Benjy. Hablo del ínclito Conan O'Brien, uno de los reyes de la televisión nocturna norteamericana.


El nervioso y progresivamente menos cabal Sylvester, quien pasa de tratar infructuosamente de llegar a un acuerdo con los otros viajeros de la carretera a encender fuegos artificiales y jugar con dinamita, fue interpretado por Dick Shawn. Y como tipo nervioso no estaría mal John Lovitz, un secundario interesante que habría merecido mejor suerte. Y el bueno de Sylvester, aparte de unas ideas algo peregrinas, tiene también una esposa de fino talle y firme busto.



La sexy mujer de Sylvie, Emeline, cuya presencia es casi anecdótica, fue interpretada por la bella Dorothy Provine. No es que tenga mucho diálogo ni tenga mucha influencia en la historia, pero ahí está acompañando a Sylvester en sus frenéticos intentos por salir del sótano de los grandes almacenes. Así que para interpretar a una rubia sexy nada mejor que otra rubia sexy. Y se me ocurre que Charlize Theron creo que encaja dentro de esos parámetros. Y además no es mala actriz, aunque las hay mejores. Por lo tanto papel adjudicado.

Uno de los personajes más celebrados de El mundo está loco, loco, loco es el de Otto Meyer, el espabilado conductor de gafas de baja moral y que acaba hundido en un río con su coche gracias a las indicaciones de un niño algo cabrón, momento que fue magníficamente homenajeado en ese capítulo cuasi-homenaje de Los Simpson "Homer el vigilante". Phil Silvers fue quien interpretó al calvo y maquiavélico Meyer. Si al punto nervioso le añadimos un punto neurótico, y conservamos las gafas, ¿qué tenemos? Obviamente al otrora pelirrojo humorista, director, guionista y actor Woody Allen.



Otro importante personaje de la película es el rudo camionero Lennie Pike, furibundo enemigo de Otto, y capaz de destrozar una gasolinera si se interpone en su camino. En la producción original fue interpretado por el buen Jonathan Winters, siendo de lo mejor de la película junto a Tracy y Silvers. Y hoy en día, ¿quién podría ser lo bastante bruto como para destrozar un taller mecánico a patadas lanzando a tipos por los aires? Pues por ejemplo Tony Soprano. Aunque para mí James Gandolfini ya siempre será el jefe de la mejor familia mafiosa televisiva de la historia, sería, creo yo, un perfecto Lennie.

Por el camino hacia Santa Rosita el señor Finch se encuentra con un inglés que viene de recoger muestras de cactus por el desierto. Se trata del coronel Algernon Hawthorne, un hijo de la Gran Bretaña que se convertirá en uno más de los locos buscadores del botín. Si a su flema británica, su peculiar humor y forma de hablar, añadimos su peculiar bigote... ¿no os recuerda a nadie? A mí, la verdad, es que no se me ocurre otro nombre que encajaría mejor en la piel del coronel Hawthorne, a quien interpretó en su día Terry-Thomas. El nuevo Hawthorne sólo podría ser interpretado por el inmenso John Cleese.

Para ir terminando, vayamos con algunos personajes menores pero con cierta enjundia, teniendo en cuenta que en el film original muchos son los cameos de actores y cómicos como Buster Keaton o The Three Stooges. Vayamos con los taxistas que, naturalmente, acaban también en el ajo.

El taxista de color con acento de 'zeñoritou', que en su día fue Eddie 'Rochester' Anderson, es un papel pequeño que luce más que habla, así que por lo que a mí respecta cualquier cómico negro al uso me podría servir. Digamos, por ejemplo, Chris Rock.

El segundo taxista es un tipo con ojo de lince, y otro de cristal, que se huele que sus pasajeros algo traman. Estamos hablando del inimitable y superdublemente grande Peter Falk, al que todos conocemos por interpretar al detective más desaliñado y agabardinado de la historia. La verdad, aunque ya esté mayor, creo que merecería penta intentar que repitiera papel. Es un recurso entrañable y que siempre le da un toque simpático a los remakes, como cuando salía Lou Ferrigno haciendo de portero en la versión de Ang Lee del tipo verde de malas pulgas.

Y para acabar tenemos al señor Fitzgerald, piloto alcohólico al que, por decirlo de alguna manera, contratan los insensatos de Benjy y Dingy. En la versión original Fitzgerald tuvo el rostro de un tal Jim Backus. Como se me acaban las ideas y tengo ganas de acabar con este sinsentido que se me ha ocurrido hacer, elijo a un hombre amante de los guiños, los remakes, los homenajes, los autohomenajes, los automóviles y las autopatillas setenteras. Hablo, claro que sí, de Quentin Tarantino. ¡Seguro que estaría encantado de jugar a las películas de nuevo! No hay más que ver como se ríe solo de pensarlo.

Y no, no pienso incluir a Matt Sorum en el reparto.

sábado, 28 de marzo de 2009

Eisenhower y el complejo militar e industrial


Hace cuarenta años fallecía Dwight D. Eisenhower. Su carrera como militar y presidente de los Estados Unidos es bien conocida. Sin embargo su discurso de clausura como el jefe de Estado de la nación ha quedado relegado a un pequeño rincón. Se recuerdan mucho más partes de discursos de Kennedy que de la despedida de Eisenhower, que fue seguramente uno de los discursos más reveladores y sinceros que jamás haya pronunciado un presidente estadounidense. Muchos de los riesgos de los que Eisenhower advierte en dicho discurso, y que amenazaban a los Estados Unidos (y, por tanto, al resto del mundo), algunos ya una triste realidad en su momento, se han confirmado como una amenaza con el paso de las décadas, convirtiéndose en una triste realidad durante el infame gobierno de otro presidente republicano, George W. Bush.
A continuación dejo algunos fragmentos traducidos lo más fielmente posible. El discurso original y completo puede leerse aquí.

Public Papers of the Presidents, Dwight D. Eisenhower, 1960, p. 1035- 1040.

17 de enero 1961.

Mis conciudadanos americanos:

Dentro de tres días, tras medio siglo al servicio de nuestro país, dejaré las responsabilidades de la oficina puesto que, en una ceremonia tradicional y solemne, la autoridad de la Presidencia será investida en mi sucesor.

Esta noche comparezco ante vosotros con un mensaje de despedida y adiós, y para compartir unos cuantos pensamientos finales con vosotros, mis compatriotas. (...)

II.

Nos encontramos ya pasados diez años el punto intermedio de un siglo que ha sido testigo de cuatro grandes guerras entre grandes naciones. Tres de ellas han implicado a nuestro propio país. A pesar de estos holocaustos América es hoy la nación más fuerte, más influyente y más productiva del mundo. Comprensiblemente orgullosos de esta preeminencia, de nuevo nos damos cuenta de que el liderazgo y prestigio de América dependen, no sólo de nuestro inigualado progreso material, riqueza y fuerza militar, sino de cómo usamos nuestra fuerza en el interés de la paz mundial y el progreso humano.

III.

Durante la aventura de América como un gobierno libre, nuestros propósitos básicos han sido mantener la paz; fomentar el progreso en los logros humanos, y realzar la libertad, dignidad y la integridad entre las personas y las naciones. (...)

El progreso hacia estos nobles objetivos está permanentemente amenazado por el conflicto que hoy atenaza al mundo. Requiere nuestra total atención, absorbe nuestras mismas existencias. Afrontamos una ideología hostil -- de ámbito global, carácter ateo, propósito implacable, y método insidioso. Por desgracia el peligro parece prometer ser de duración infinita. (...)

Pero cada propuesta debe ser considerada a la luz de una consideración más amplia: la necesidad de mantener un balance en y entre nuestros programas nacionales -- balance entre la economía privada y pública, balance entre el coste y lo esperado para avanzar -- balance entre lo claramente necesario y lo cómodamente deseable; balance entre nuestras necesidades esenciales como nación y los deberes impuestos por la nación sobre el individuo; balance entre las acciones del momento y el bienestar nacional futuro. (...)

(...) Pero las amenazas, nuevas en su forma o nivel, surgen constantemente. Mencionaré sólo dos.

IV.

Un elemento vital para mantener la paz es nuestra clase militar. Nuestras armas deben ser poderosas, preparadas para la acción inmediata, para que ningún agresor potencial esté tentado de arriesgarse a su propia destrucción.

(...)

Hasta el último de nuestros conflictos mundiales, los Estados Unidos no tenían una industria armamentística. Los fabricantes americanos de arados podían también, con tiempo y si se requería, hacer espadas. Pero ahora no podemos arriesgarnos nunca más a la improvisación de emergencia de nuestra defensa nacional; hemos sido impelidos a crear una industria armamentística de vastas proporciones. Además, tres millones y medios de hombres y mujeres están directamente implicados en el complejo militar. Anualmente gastamos más en la seguridad militar que el ingreso neto de todas las empresas de los Estados Unidos.

La conjunción de un inmenso establecimiento militar y una gran industria armamentística es nueva en la experiencia americana. La influencia total - económica, política, incluso espiritual - se deja sentir en cada ciudad, cada capitolio estatal, cada oficina del gobierno Federal. (...)

En los consejos del gobierno, debemos guardarnos contra la adquisición de influencia injustificada, solicitada o no, por parte del complejo militar-industrial. El potencial para el incremento desastroso del poder desplazado existe y persistirá.

Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación haga peligrar nuestras libertades o procesos democráticos. No debemos dar nada por garantizado. Sólo una ciudadanía alerta e informada puede imponerse al engranaje propio de la enorme maquinaria industrial y militar de defensa con nuestros pacíficos métodos y objetivos, para que la seguridad y la libertad prosperen juntas.

(...)

En esta revolución, la investigación ha devenido fundamental; (...) más compleja, y costosa. Una parte incesantemente creciente es conducida para, por, o en su dirección, el gobierno Federal.

Hoy, el inventor solitario (...) ha sido eclipsado por fuerzas conjuntas de científicos en laboratorios y campos de pruebas. Del mismo modo, la universidad libre, históricamente la fuente de ideas libres y el descubrimiento científico, ha experimentado una revolución en la conducción de la investigación. En parte debido a los enormes gastos implicados, un contrato gubernamental se ha convertido prácticamente un sustituto de la curiosidad intelectual.(...)

La posibilidad de la dominación de los eruditos por el empleo Federal, las cuotas de proyectos, y el poder del dinero está siempre presente

  • y debe ser gravemente considerada.

(...) debemos también estar atentos al peligro similar y opuesto de que la misma política pública pueda devenir cautiva de la élite cientificotecnológica.

Es tarea del arte de gobernar moldear, equilibrar e integrar éstas y otras fuerzas, nuevas y viejas, conforme a los principios de nuestro sistema democrático, (...)

V.

Otro factor para mantener el equilibrio implica el elemento del tiempo. Mientras tratamos de vislumbrar la sociedad futura, nosotros -- vosotros y yo, y nuestro gobierno -- debemos evitar el impulso de vivir sólo para el presente, saqueando, para nuestro propio descanso y conveniencia, los preciosos recursos del mañana. No podemos hipotecar los activos materiales de nuestros nietos sin arriesgar también la pérdida de su herencia política y espiritual. (...)

VI.

(...)

Tal confederación debe ser una de iguales. Los más débiles deben acudir a la mesa de conferencias con la misma que confianza que lo hacemos nosotros, (...)

El desarme, con honor y confianza mutuos, es un imperativo continuo. (...) Debido a que esta necesidad es tan aguda y aparente confieso que dejo mis responsabilidades oficiales con una definitiva sensación de decepción. Como alguien que ha presenciado el horror y la persistente tristeza de la guerra (...) desearía poder decir esta noche que una paz duradera está a la vista. (...)

VII.

(...) A todas las gentes del mundo, expreso una vez más la continua (...) aspiración de América:

Rezamos para que (...), todas las gentes llegarán a vivir juntas en una paz garantizada por la fuerza vinculante del respeto y el amor.

viernes, 27 de marzo de 2009

Momento wiseguy con Epi y Blas

Steve Schirippa y Tony Sirico, a quienes deberíais conocer de Los Soprano, tienen problemas para meterse en la piel de Epi y Blas. Quienes al parecer vuelven a TVE. De donde nunca debieron haberse ido. Esos sí que eran unos buenos fellas.

Woodstock


Dice la wikipedia que Joni Mitchell compuso esta canción llorando ante la televisión viendo imágenes del festival de Woodstock, del que su novio Graham Nash vino hablando maravillas. Si su manager le dijo que le convenía más aparecer en el Dick Cavett Show, desde luego el hombre no tenía mucho ojo, aunque es fácil hablar a toro pasado.

Lo cierto es que no siento mucha predilección por Joni Mitchell, otra cosa es la versión que se marcó de su canción el grupo de su novio, nada menos que los Crosby, Stills, Nash & Young.

jueves, 26 de marzo de 2009

Death Proof (2007)

Bueno, he sobrevivido a Death Proof sin secuelas. Hoy en día lo de llegar tan tarde a ver ciertas películas es muy peligroso, y a estas alturas había escuchado e incluso leído muchas referencias a la hasta ahora última cinta de Tarantino, y casi todas la ponían a caer de un burro. Aunque antes de ponerme a escribir esto ha sido divertido leer unas cuantas críticas de gente que casi se ha tomado como un insulto la historia del coche a prueba de muerte. No creo que el señor Quentin trate de insultar nuestra inteligencia, pero vamos, está claro que le gusta jugar, y hay gente que paga por ver sus juegos. Yo pagué por Planet Terror y lo pasé chupi. Por suerte no he pagado por Death Proof, así que mi crítica será más benevolente.

Primero, confirmo que es lo peor que ha hecho Tarantino. Que aun así siempre es más interesante que lo que hacen muchos, pero obviamente eso no siempre es suficiente. Vamos, que el director espero que se haya puesto las pilas con Inglorious Basterds, porque va siendo hora. Además, Death Proof cuenta con el que es sin duda el principio más aburrido de la carrera de Tarantino, que, junto con la extraña recreación de cierta conversación de bar de Reservoir Dogs, me ha llevado a preguntarme, como a muchos, una cuestión respecto a los diálogos de las chicas de la película.
Por ejemplo, ¿los diálogos de las chicas son mongólicos porque los personajes se supone que son mongólicos, o le han salido así? ¿Están en huelga los monos con máquinas de escribir del cerebro de Quentin? ¿O simplemente ha tratado de hacer diálogos típicos de chicas y ha resultado que no sabe? ¿O los que nos preguntamos esto somos tiparracos que no entendemos nada y creemos que todo el monte es "Like A Virgin"?
Y es que si a la película le ha costado arrancar, cuando la cosa se había puesto interesante, tras la espectacular escena nocturna de coches tras la no-tan-mala escena del liquor store, con lap-dance incluído, ¡llegan de nuevo los largos y absurdos diálogos de las chicas! Lo cual me ha hecho desesperarme, la verdad. Me han entrado ganas de coger la última edición del Vogue italiano y recrear con el bueno de Quentin cierta escena de Alien, el octavo pasajero. Por suerte luego ha llegado el majestuoso coche blanco (ahora no recuerdo la marca, pero el típico coche deportivo 70s diseñado para ser conducido por las largas carreteras norteamericanas, y no por nuestro abrupto paisaje español, mal que le pese a muchos), la escena ligeramente hilarante en que dejan a la amiguita al cuidado del dueño del coche, y unas cuantas persecuciones que acaban mal, con un Mike el Especialista que se jiña enseguida, y que supongo que será parte de la gracia del personaje. Pero joder, si que aguanta poco el villano.

En fin, lo mejor, aparte de las chicuelas guapas (¡debe ser duro ser tía y tragarse todo Death Proof!), y los coches, y las demasiado escasas escenas de acción, es, para mi gusto, Stuntman Mike, un a pesar de todo gran personaje, interpretado por el más grande aún Kurt Russell, un tipo al que los Matt Damons y Orlandos Blooms de este mundo deberían estar abrillantándole las botas antes de considerarse dignos de embolsarse cualquier mísero dólar sin el permiso del gran Kurt. Enteraos, amiguitos, podéis tener a todas las tías que queráis, ¡pero Kurt se merece vuestro asqueroso estatus antes que vosotros, pulgas! Pero todos sabemos que si la vida es injusta, Hollywood lo es aun más.

Siguiendo con Death Proof, al menos Tarantino ha demostrado que aunque autocomplaciente sigue algo pirado y se ha atrevido a meter un típico final abrupto de muchas de las pelis barateras a las que homenajea, lo que sin duda habrá dejado perplejos a muchos espectadores que no saben de qué va la cosa. Y sólo por eso le doy a Death Proof un 4'5 que en realidad es un 5. Bueno, si en realidad yo nunca doy notas. Ya habrá tiempo para eso.
La verdad es que las conversaciones sobre coches europeos que mantienen a veces alguna gente que conozco me parecen absurdos. ¿Es que no han visto lo bonitos que son los coches yanquis? Además, de llamarse un grupo Renaultsmith, no quedaría muy cool. Dios mío, he usado la palabra. ¿Me estaré convirtiendo en Rosario Dawson?

miércoles, 25 de marzo de 2009

Jean Harlow, la bomba rubia

She didn't want to be famous. She wanted to be happy. Clark Gable.

En la transición del cine mudo al sonoro el único cambio no fue que el público pudiera por primera vez escuchar notas y palabras emitadas por Al Jolson. En aquellos días muchas carreras llegaron a su fin, mientras que otras estrellas mantuvieron su estatus sin problemas. En medio del caos creado por el sonoro nuevas generaciones de actores y actrices que no tuvieran acentos imposibles o dicciones desastrosas tenían una oportunidad de abrirse camino en la jungla de Hollywood. Una de aquellas chicas que trataban de hacerse un nombre en la industria del cine era Harlean Harlow Carpenter.

La historia de la futura Jean Harlow no era diferente de la de muchas aspirantes a actrices de aquellos días, y de las cientos de miles que la siguieron. La por entonces Harlean provenía del medio Oeste norteamericano, y era hija de un acomodado dentista de Kansas City. Tuvo una infancia normal, aunque no exenta de dificultades. Tuvo problemas de salud, y sus padres se divorciaron cuando Harlean contaba con once o doce años, y su inquieta madre se la llevó a Hollywood, donde la recién divorciada soñaba con convertirse en actriz. Pero esa oportunidad nunca llegó, y ambas regresaron a Kansas City un par de años después. Sin embargo, el sueño de California no había acabado para Harlean. En el instituto conoció a un chico con posibles y futuro heredero llamado Charles McGrew, quien probablemente no debía de tener muchas más virtudes, pero fue suficiente para que ambos se prometieran y se acabaran casando ante el disgusto de la madre de Harlean. Una vez Charles cumplió la mayoría de edad, y libres ya de cualquier autoridad paterna, la pareja se trasladó a Hollywood.

Cuenta la leyenda que la joven de dieciséis para diecisete años fue descubierta por un cazatalentos mientras esperaba en el coche a una amiga suya a la que había acompañado a un casting. Quizás Harlean no perdiera la cabeza por ser actriz, pero con una oportunidad y un sueldo delante, y una madre entusiasmada, la joven se decidió a probar suerte. Su nombre artístico lo sacó del nombre de su madre, Jean. Nacía para el mundo Jean Harlow.

Los comienzos de su carrera fueron los usuales, con pequeños papeles sin diálogo y apariciones como extra. Por esa época posó para unos desnudos artísticos que acabaron con su ya endeble matrimonio. Durante esos primeros años en Hollywood Jean cobraba pequeños salarios y saltaba de estudio en estudio, mientras su imagen iba siendo perfilada según los gustos de cada compañía cinematográfica. A finales de los 20 comenzó a destacar en películas de Laurel y Hardy.

La gran oportunidad para Jean llegó con a transición del mudo al sonoro. El estreno de El cantor de Jazz trastocó muchos planes, y de la noche a la mañana ya nadie parecía interesarse por el cine mudo. El cambio pilló por sorpresa incluso al todopoderoso Howard Hughes, que con su Hell's Angels casi completa tuvo que comenzar de nuevo y convertirlo en un film sonoro. Para ello necesitaba una nueva actriz (la anterior protagonista era una actriz sueca con acento cerrado), y la elegida para el puesto fue Jean. Si el rodaje del mudo había sido difícil, el nuevo tampoco fue moco de pavo. Unos potentes focos usados para un supuestamente revolucionario sistema casi dejan ciega a la pobre Jean, pero por suerte todo acabó bien y Hughes pudo por fin estrenar su soñada película en noviembre de 1930. El preestreno tuvo lugar en el Grauman's Chinese Theatre, y fue de los más espectaculares que se recuerdan en Hollywood, con multitudes enloquecidas y caos por todas partes. El film fue un gran éxito, y Jean pasó casi un año promocionando la película por todos los Estados Unidos. Mientras, se estrenaba Luces de la ciudad, un film de Chaplin donde Jean había rodado una pequeña escena que fue eliminada.

El siguiente proyecto de Jean fue un film de gángsters protagonizado por Wallace Beery llamado Los seis misterios cuya principal relevancia hoy en día es que en ese rodaje coincidió por primera vez con Clark Gable, la mejor pareja artística que tendría Jean y que acabaría siendo un gran amigo. Sin embargo por entonces su primer encuentro fue bastante frío y la película no ayudó en nada a la carrera de ambos.

En 1931 Jean rodaba para la Universal Iron Man, a las órdenes de Tod Browning, y El enemigo público, un clásico de la Warner Bros donde compartió protagonismo con un joven James Cagney. Con el siguiente film Jean acabó de ponerse definitivamente en nombre de todos montando uno de los grandes escándalos de la época con su sensual papel en Goldie, un remake hablado de un film mudo de Howard Hawks. Con el lamentable Código Hays todavía no establecido Jean se permitió el lujo no sólo de llevar sus habituales vestidos ceñidos sino de aparecer con ropa interior semitransparente. Demasiado como para que el pobre Spencer Tracy pudiera competir con eso. Goldie fue el típico film que encantó a medio país y soliviantó al otro medio, especialmente a las sempiternas asociaciones cristianas que trataron de boicotear la película. Muchos vaticinaron que había llegado el fin para la breve carrera de una Jean que apenas tenía veinte añitos, pero no podían estar más equivocados. El siguiente film de Jean Harlow iba a hacer de ella una de las mayores estrellas de su tiempo.
Platinum Blonde (aquí llamada Jaula de oro), dirigida por Frank Capra, demostró las dotes de actriz de Jean Harlow, quien se alejó de los papeles glamurosos y haciendo valer su vis cómica. El proyecto era de la Columbia, pero fueron los de la MGM quienes supieron ver el potencial de la actriz. Su entrada a los mayores estudios de la época prácticamente coincidió con su boda con Paul Bern, un ejecutivo de los estudios a quien había conocido en el rodaje de Hell's Angels. Con el apoyo de su marido los buenos papeles no iban a tardar en llegar.

Una vez bajo contrato de la MGM el estudio moldeó su imagen acentuando su rubio platino y depilándole las cejas a la actriz, conformando la imagen de Jean Harlow que conoce el mundo. Tras retomar el papel de chica fácil de sus comienzos en El monstruo de la ciudad y teñirse de pelirroja en (como no podía ser de otra forma) La pelirroja, la tragedia la alcanzó de lleno durante el rodaje de su próxima película, Tierra de pasión, junto a Clark Gable. La noticia inundó todos los periódicos: Paul Bern se había suicidado.

La muerte de Bern nunca estuvo clara del todo, y, como solía ocurrir en la época, y todavía ocurre hoy, la rumorología lanzó toda suerte de disparatadas historias. Lo cierto es que el matrimonio entre Paul Bern y Jean se había deteriorado, y el diabólico ritmo de trabajo de la Harlow no ponía más fácil las cosas. Paul Bern era mucho más mayor que Jean, un tipo completamente normal cuyo mayor atractivo era un gran intelecto y la prototípica imagen paternal que pudiera haber ejercido sobre la joven Jean. Pero Paul ocultaba un secreto, y es que años atrás había estado prometida con una tal Dorothy, pero el matrimonio no se había consumado debido a que la chica tuvo que ser internada en un psiquiátrico. Bern se había ocupado de ella durante todos esos años, y al parecer no le había contado nada a Jean. La noche de la muerte de Bern al parecer Dorothy había aparecido por allí, pero nunca estuvo claro qué había pasado, y Jean nunca lo aclaró. Los rumores más locos aseguraron que Bern se había suicidado por ser incapaz de satisfacer sexualmente a Jean. Fuera como fuere, cuando se supo la noticia de Bern, Dorothy también se suicidó.
Tan pronto como pudo Jean trató de olvidarse del que sin duda fue el escándalo del año enfrascándose de nuevo en su infernal ritmo de trabajo. Tras acabar Tierra de pasión (curiosamente muchas escenas fueron rodadas de nuevo con escotes más castos) volvió a coincidir con su amigo Gable en Tu eres mío, una película menor.

Por esa época Jean vería sus esfuerzos compensados con la adjudicación de un majestuoso camerino en el mismo edificio que otras grandes estrellas femeninas de la MGM como Joan Crawford, Myrna Loy o Greta Garbo. Cuentan que el camerino de la diva sueca estaba justo debajo del de Jean, y que la Garbo no tenía más remedio que soportar las largas sesiones de jazz a las que la sometía la Harlow, una apasionada de Cab Calloway y su orquesta.
De hecho Jean se diferenciaba mucho de sus compañeras de edificio reservado a estrellones. No era una reclusa como Greta, ni vivía su papel de estrella las veinticuatro horas del día como Joan Crawford. Como todas, Jean estaba sometida al estricto código de los estudios, que obligaba a las actrices a cuidar su imagen pública. Para cualquier gran estrella era impensable salir sin maquillaje a la calle, aunque sólo fuera para pasear al perro. Sin llegar a los extremos de Katherine Hepburn, que directamente llevaba pantalones y hacía lo que quería, Jean Harlow vestía muchas veces de forma sencilla, y dialogaba con sus fans, en caso de encontrárselos, de forma sincera, no para proyectar una imagen como hacía Joan Crawford. Jean había llegado al cine casi de casualidad, y trataba de vivir en Hollywood de la forma más normal posible.


Bucólica sesión nudie de sus inicios

Buena prueba del estatus que había alcanzado en la MGM fue su inclusión en el reparo coral de Cena a las ocho, el que quizás sea su clásico por excelencia, y que trató de repetir la exitosa fórmula de la anterior Grand Hotel. Cena a las ocho se reveló como una excelente comedia, y constituyó un gran éxito, como lo fue también Bombshell, otra gran comedia dirigida por Victor Fleming.
Los siguientes meses de la vida de Jean estarían llenos de acontecimientos. Contrajo matrimonio con un veterano cámara de la MGM al estilo de Paul Bern (un tipo maduro más bien poco sexy, serio e inteligente) y plantó cara a los estudios exigiendo la revisión de varias cláusulas de su contrato. Los estudios por supuesto se negaron y le suspendieron de trabajo y sueldo. Prosiguió una batalla de abogados que dio tiempo a Jean para comenzar una novela (Today is Tonight), y cuando se vio que batallar contra la MGM no conducía a ningún sitio, Jean aceptó volver con una subida de sueldo. Tras un nuevo divorcio, y trabajando de nuevo, Jean empezó a salir con el actor William Powell (otro tipo maduro), y los estudios no tardaron en juntar a la pareja en La indómita para aprovechar el tirón de publicidad. La historia de la película, basada en hechos reales, era morbosamente similar al asunto de Paul Bern, y Jean estuvo a punto de rechazar el papel, pues pensaba que trataban de atraer al público con el puro morbo. Y bueno, si tenemos en cuenta que era una producción de David O. Selznick, seguramente no debía ir muy desencaminada. Pero al parecer la actriz aceptó tras ser persuadida por su novio Powell.

En los siguientes dos años Jean trabajaría sin parar en proyectos más o menos interesantes, entre los que solían destacar aquellos en que coincidía con Clark Gable, como es el caso de Mares de China y Entre esposa y secretaria. Y es que la química entre ellos era innegable, y si tenía al lado al pobre Mickey Rooney desde luego la cosa se descompensaba. Tras otra estupenda comedia (Una mujer difamada) y un film junto al enemigo de comunistas Robert Taylor coincidió de nuevo con su gran amigo y partenaire Gable en Saratoga, la que desgraciadamente sería la última película de Jean Harlow.

Al parecer en los meses previos al inicio del rodaje, en 1937, Jean había venido sufriendo algunos síntomas a los que no había dado importancia. Durante el rodaje de Saratoga se indispuso y cayó enferma, por lo que fue trasladada a un hospital. En apenas una semana Jean Harlow fallecía, a los 26 años de edad, a causa de una infección en los riñones. De nuevo la rumorología dio pábulo a historias absurdas que hablaban de abortos, envenamientos por productos para el pelo, o incluso palizas que supuestamente habría recibido de Paul Bern. En realidad nada hubo de eso. El 7 de junio de 1937 una enfermedad se llevaba a Jean Harlow de este mundo. Tras de sí dejó un puñado de excelentes comedias y una inolvidable imagen de mujer fatal de pelo rubio que marcó el camino para otras futuras ambiciones rubias que habrían de venir.

martes, 24 de marzo de 2009

La duda (2008)


Dudas. Atenernos a nuestras convicciones o al reglamento establecido. Seguir nuestra conciencia o recurrir al sendero marcado por otros. Seguir adelante con o sin razón, o tratar de analizar los hechos fríamente. Disociar sentimientos de decisiones. Juzgar por apariencias y corazonadas. Escuchar al reptil o tratar de ayudar al prójimo. Acusar basándose en una certeza, o señalar al enemigo. Dudar es humano. Errar es humano. La duda, escrita y dirigida por el escritor y dramaturgo John Patrick Shanley, trata, con más o menos acierto, el tema del bien y el mal, de decidir qué es lo correcto. Pues, tras la duda del título se esconden, en realidad, muchas otras.

La historia de la duda transcurre a comienzos de los 60 en un colegio católico norteamericano. Allí poco a poco los cambios se van sucediendo, y por primera vez un niño negro (Donald) ingresa en la prestigiosa escuela. El colegio es dirigido con mano de hierro por la veterana hermana Aloysius, una monja estricta y anclada en el pasado que no ve con buenos ojos los aires modernos del nuevo pastor de la escuela, el padre Finney. Cuando la profesora de Donald, la hermana James, ponga en aviso a la hermana Aloysious sobre unas graves sospechas que conciernen a su alumno, se desencadenará una amarga guerra entre Aloysious y el padre Finney.
La duda es un film con unas importantes bazas y también con algunos inconvenientes. No cabe duda de que Shanley debe de ser un buen dramaturgo y escribe buenas historias, pero su escaso bagaje tras las cámaras (en su haber tan solo cuenta Joe contra el volcán, lo cual es mucho ciertamente) y por tanto su inexperiencia dirigiendo podría explicar el hecho de que el film no llegue a enganchar del todo, a pesar de que cuenta con una historia más o menos interesante. Pero que en un film corto (apenas una hora cuarenta minutos) se eche de menos más ritmo, y que el tratamiendo de su propia historia parezca restar algunos enteros al film, alejándolo del interesante drama que podría haber sido para acercarlo más a un melodrama al uso, son dos importantes hándicaps con los que lidiar como para que La duda acabe de despegar. De hecho cuando el film comienza a mejorar y ponerse interesante la historia se acaba. Habría faltado, pues, alguna otra subtrama y más metraje, o una mejor dirección que sacara más partido de un drama teatral. Con todo, el film es lo suficientemente bueno como para que la reflexión que pretende la historia quede ahí. Pero la presentación dista de ser la mejor.
Lo que nos lleva a analizar el por qué La duda se encuentra por encima de un teledrama de salón. Y la respuesta está en el apartado actoral. El enfrentamiento entre la veterana Meryl Streep, cuya dimensión como actriz y estatus la equiparan con la Estatua de la Libertad, y Phillip Seymour Hoffman, uno de los mejores intérpretes de la actualidad, es lo que hacen de La duda, aparte de la calidad plástica de un presupuesto hollywoodiense, una película que se deja ver, pero que le deja a uno la sensación de que podría haber sido más de lo que es.

lunes, 23 de marzo de 2009

Trailer de Terminator Salvation

Como muchos habréis visto ya hay al menos un par de trailers circulando de la que será la cuarta entrega de la saga de los cyborgs recubiertos de carne humana, Terminator Salvation. Estéticamente los retazos que iban llegando en forma de carteles y teasers prometían mucho, y los trailers prometen, cuanto menos, mucha acción. Tras la muy decepcionante Terminator 3 algunos viejos fans de la saga esperamos que el toque de Christian Bale haga por los T800 lo mismo que hizo por el caballero oscuro. En est ocasión ya no habrá viajes en el tiempo, y viviremos un presente a ritmo de Skynet.

El fin se acerca. Veremos si al menos sirve como nuevo principio.

domingo, 22 de marzo de 2009

La matanza de Texas (1974)

Hay momentos en la vida que uno no olvida, y que de hecho puede recordar bastante bien. Recordar lo que se sintió, lo que se pensó, las sensaciones que ha dejado, cualquier cambio o enseñanza que pudiera dejar tras de si. Es difícil olvidar el nerviosismo del primer polvo, el primer concierto, el primer trabajo... momentos vitales que más o menos todos viviremos en esta vida. A todos ellos yo añadaría uno: la primera vez que vi La matanza de Texas.

Hay películas intemporales, que uno puede disfrutar de chaval y redescubrir de mayor. Hay películas que uno sólo disfruta siendo niño. Y hay otras que aburrirían a cualquier imberbe, aun siendo maravillosas. Y hay películas hechas específicamente para ser vista en la adolescencia. Y no me refiero exclusivamente a cintas fabricadas expresamente para el palomitero con acné, sino a películas que, haya sido rodadas para eso o no, parece cobrar un sentido especial al verlas en la adolescencia, haciendo de su visionado una experiencia mágica que podría decirse sólo cobra sentido si uno la ve a la edad justo. Por ejemplo, no imagino que una película como Emmanuelle tendría cierta relevancia en mi vida si la viera hoy en día. O, como ya comenté en su día, ver The Warriors me dejó bastante frío, y estoy seguro que de haberlo hecho años atrás la experiencia habría sido muy distinta. Y desde luego La matanza de Texas es ideal para verla con catorce, quince o dieciséis años, siempre que uno no sea lo bastante imbécil como para entenderlo todo al revés. Y a buen entededor... En fin, que todavía recuerdo cuando gracias a un fantástico programa de televisión (uno de esos que ya no se hacen, Noche de lobos) pude ver la mítica película de Tobe Hooper, que me dejó noqueado. Bien, basta de recuerdos personales, y encendamos la motosierra.

Como todos habréis leído u oido en centenares de ocasiones, el género cinematográfico de terror dio un paso de gigante de la mano de (no podía ser de otra forma) Alfred Hitchcock y la thou-who-cannot-ne-named mítica Psicosis, que renovó el género desde el suspense que siempre trabajó el director, demostrando además que, aparte de ser el gran maestro que era, Hitch podía dejar a todos en pañales de nuevo forzando un poco el paroxismo de la maldad. El guante que dejó el británico no pareció calar hondo inmediatamente, aunque el género gore no tardó en irrumpir (aunque fuera en la serie B) de la mano de Herschell Gordon Lewis y su Blood Feast. No fue hasta la llegada de los 70 que Psicosis tendría retoños que el mundo entero podría admirar. Y fue un desconocido camarógrafo y profesor universitario llamado Tobe Hooper quien reintegraría las villanías del psycho Ed Gein que ya inspiraron a Hitchcock añadiéndoles un toque de realismo noticiario, de ciertos crímenes en Houston, de mentiras presidenciales y Vietnam. Si Hitchcock puso el metal líquido del terror al rojo vivo, Tobe Hooper le acabó de dar forma en forma de sierra mecánica y maza de matadero, conformando para siempre el subgenéro cinematográfico de los asesinos en serie que predominaría a partir de entonces, y que todavía persiste en nuestras días, alimentándose de remakes y de glorias pasadas.

Fue en los primeros setenta cuando Hooper y su colega Kim Henkel comenzaron a darle vueltas a una historia retorcida de psicópatas asesinos y unos pobres chavales de ciudad perdidos en medio de la naturaleza y el horror. Puedo imaginar perfectamente la sonrisa que debió de dibujarse en el rostro de Hooper cuando, en una época en que dedicaba sus ratos muertos a pensar en el argumento, se encontró un buen día rodeado de una gran multitud en unos grandes almacenes y como, pensando en la forma de escapar de esa masa humana, su mirada se posó sobra la sección de sierras mecánicas.
Tras una ímproba tarea de encontrar un reparto, un equipo técnico y sobretodo, financiación, apartado último que llevó a crear dos compañías y un complicado sistema de participaciones que no satisfizo a los actores, el 15 de julio de 1973 comenzaba el rodaje en distintas localizaciones de Texas, un mes antes de la fecha que se daba en la película para los "hechos reales".

La trama definitiva parecía una actualización de la historia de Ed Gein escrita por Charles Manson. La historia era simple: cuatro jóvenes hijos del Amor acompañados por el hermano paralítico de una de las chicas se embarcan en un viaje en furgoneta por la Tejas profunda, acudiendo a un cementerio donde últimamente han habido diversos saqueos de tumbas. La excursión prosigue hacia la vieja casa del padre de los dos hermanos, que trabajó cerca del matadero local. En su camino encontrarán, aparte de a un extraño autoestopista, al terror mismo, que cobrará vida en la forma de uno de los más populares villanos y psychos de la historia del cine, Leatherface.

En la creación del mítico Leatherface no hay que desdeñar la aportación del tipo que lo encarnó, Gunnar Hansen, quien aportó ideas para la caracterización del personaje y lo preparó a conciencia, visitando centros psiquiátricos donde trabajaban con disminuídos psíquicos y autistas. Su trabajo tuvo su recompensa, y Leatherface se encuentra hoy a la altura de los Darth Vaders y Harry Powells de este mundo.

En medio del abrasador calor tejano comenzó un rodaje con un presupuesto limitadísimo (buena prueba de ello es el hecho de que la furgoneta de los jipis pertenecía al técnico de sonido) que pronto fue sobrepasado así como las dos semanas iniciales de rodaje que pronto se convirtieron en un mes. Mientras el reparto trataba de dejar de lado a Paul A. Partain, que interpretaba al impedido Franklin, al igual que hacían los personajes, éste les respondía con su humor negro. Al final del rodaje quien realmente acabó en el ostracismo fue Gunnar Hansen, quien tuvo que llevar la misma máscara y el mismo traje durante todo el caluroso rodaje, por lo que al final el hedor era insoportable.
De hecho el rodaje fue casi tan doloroso y agotador como la propia película. Edwin Neal, que interpretaba al autoestopista y había combatido en Vietnam, ha afirmado que rodar La matanza de Texas ha sido la experiencia más difícil de su vida. Los actores aguantaban apenas un minuto dentro de la furgoneta, y un minuto colgada con unos arneses dolorosos que la sujetaban por la parte de abajo era todo lo que podía aguantar la actriz Teri McMinn en la escena del gancho. John Dugan, que interpretaba al abuelo, se sentía tan incómodo bajo el complicado maquillaje que exigió rodar todas sus escenas seguidas, lo que llevó más de un día entero de duro trabajo.
Seguramente la escena de la cena fue la más agotadora, con los actores repitiendo escenas rodeados de un montón de comida y una extraña colección de animales muertos que iban pudriéndose poco a poco en medio del calor matutino de Tejas. Además para entonces Gunnar ya olía como un estercolero, con lo que el hedor dentro de la casa (una casa alquilada a una familia que siguió viviendo en ella durante el rodaje) era insoportable. Aunque quien seguramente sufrió más fue Marilyn Burns, atada durante horas soportando escobazos, golpes, sangre falsa que se confundía con la verdadera, y el olor a podrido.

El resultado de todo ese esfuerzo fue una película increíble, en la que la labor del director artístico Robert A. Burns probablemente fuera tan decisivo como la del mismo Tobe Hooper, quien montó la película en el salón de su casa. La matanza de Texas era un film impactante, rompedor, que llegaba incluso a dar asco al público más sensible, a pesar de que en realidad había muy poca sangre. Es probable que en muchos films de acción de hoy en día se vea más sangre que en La matanza de Texas. Pero éste era un film en que la atmósfera era lo realmente horrible, más que la visión de la sangre en sí. Salvo algunas escenas aisladas, donde destaca la del gancho, es el ambiente el que realmente construía en nuestra psique todo el horror que podía albergar la casa de la familia más disfuncional de la historia del cine.
Y es que la atmósfera de La matanza de Texas era pesada, pegajosa, donde uno casi podía sentir el sudor, el calor y percibir el hedor de la muerte, de los huesos humanos y de animales. Sólo el interior de la casa ya era horripilante, y era fácil que el espectador sintiera la agonía de estar atrapado en un lugar así con los personajes. Y aquella fue desde luego una lección que tuvo muy en cuenta Ridley Scott al rodar otra obra maestra del horror, algunos años más tarde.

La matanza de Texas abrió una nueva etapa en el cine de terror estableciendo unas pautas que todavía hoy siguen manteniendo muchas películas del género. La falta de presupuesto se combatió con talento, imaginación y una historia y puesta en escena tan pertubadoras que todavía hoy continuan surgiendo nuevos fans de la película. En definitiva, La matanza de Texas tiene todos los ingredientes que hacen de cualquier film un clásico a reivindicar.

Leer critica La Matanza de Texas en Muchocine.net

La motosierra es la familia

A todos aquellos ahí fuera con un estado alterado de conciencia, os saludo con sangre.

sábado, 21 de marzo de 2009

Trailer original de Alien

Debía ser alucinante estar en un cine allá por marzo o abril del 79 y ver un trailer así.

Hoy en día ya no se hacen películas como los de antes, ni trailers como los de antes. Lo que antes no abundaba tanto, ahora abunda mucho. O son colecciones de mil imágenes por segundo que cuando acaban no sabes qué coño has visto, o te sueltan escenas a troche y moche que sólo les falta contarte el final (cuando no lo hacen directamente). Quiero decir, que, en general, los trailers son un petardo.

El trailer original de Alien, el octavo pasajero, sin embargo, me encanta. La verdad es que siempre me fascinaron esos créditos que surgían de la nada (creo recordar que lo hicieron rellenando moldes de no sé que líquido), eran inquietantes. Y luego está el silencio, y esos extraños sonidos que van subiendo... qué angustia, por Dios. ¡Contemplar eso en una sala de cine debía ser desasosegador y excitante!

jueves, 19 de marzo de 2009

Orden: Caza sin cuartel (1948)


Si hay dos cosas que Orden: Caza sin cuartel y El tercer hombre tienen en común son direcciones sin crédito (si hay que hacer caso de las teorías y rumores que hablan de Orson Welles metiendo mano en El tercer hombre) y una larga persecución por las alcantarillas. Ambas cuentan también con una excelente fotografía, pero si muchos consideramos El tercer hombre como una obra maestra, en cambio no creemos que Orden: Caza sin cuartel lo sea. Pero es desde luego una película interesante que cualquier buen degustador del cine clásico debería ver.

Orden: Caza sin cuartel es una producción de serie B dirigida por Alfred Welker, aunque varias escenas fueron dirigidas por un joven Anthony Mann. Basada, según reza el prólogo, en una historia real, narra los hechos concernientes a un difícil caso de un escurridizo asesino y ladrón que al parecer mantuvo en jaque durante meses a la policía de Los Ángeles, "un suburbio en busca de una ciudad".

Aunque por la estética del film y la fotografía podría encuadrarse en el subgénero del film noir, la trama de Orden: Caza sin cuartel va más allá de las chicas vamp y los detectives duros. En esta película encontramos en realidad un tono semidocumental que nos imbuye de lleno en el proceso de la busca y captura de un criminal, la cual depende más en pruebas científicas y declaraciones de testigos que en información sacada a golpes y tiroteos callejeros. De hecho el asesoramiento policial es más que evidente, ya que los visos de realismo del film son realmente altos.

De hecho fue ese realismo el que inspiró a uno de los protagonistas, Jack Webb, en crear la serie (primero radiofónico y luego televisiva) Dragnet. El papel principal, el del esquivo delincuente, recae en Richard Basehart, un eventual protagonista y secundario de confianza.

Orden: Caza sin cuartel es una película que, dadas las limitaciones de las cintas de bajo presupuesto, agota todos sus recursos al máximo, logrando un film compacto cuya principal baza es un aproximamiento realista al género policial tan en boga en la época.

Leer critica Orden: caza sin cuartel en Muchocine.net

miércoles, 18 de marzo de 2009

BSO: Emmanuelle

Emmanuelle, una de las películas eróticas definitivas, que lanzó a la fama a la bella Sylvia Kristel, y descubrió a muchos nuevas posibilidades de pasar el rato en un avión, amén de hacer cruzar a algún que otro antepasado nuestro los Pirineos, marcó sin duda una época, poniendo el género erótico de moda para ser copiada por muchas cintas "S" de baja calidad. Probablemente hasta que no llegó Instinto Básico no se produjo un impacto igual en el género de las caricias, besos y pieles desnudas.
La banda sonora de Emmanuelle, compuesta por Pierre Bachelet y Hervé Roy, es básicamente música jazzy en plan easy listening que me sirve hoy de excusa para recordar un film mítico que me hizo pasar buenos ratejos.

lunes, 16 de marzo de 2009

Forrest Gump (1994)

Forrest Gump, una de esas cintas que en su día encantó a unos y aborreció a otros, pero que guste o no ha dejado su huella en la historia del cine y en la cultura popular (quién ha dicho lo de la caja de bombones o tonto es el que hace tonterías, o ha gangueado diciendo Gambas Bubba-Gump), y que dio un exagerado segundo Oscar consecutivo al señor Tom Hanks por hacer del tonto cinematográfico más famoso de los últimos lustros. En fin, yo me posiciono del lado de los gumperos, pues Forrest Gump me resulta muy entretenida, tiene una banda sonora excelente y repasa de forma ligera la historia de los Estados Unidos en la segunda parte del siglo XX. Y como eso incluye a Elvis, Vietnam o el Watergate, pues se me antoja de lo más interesante, oigan.

Supongo que la trama debe ser más o menos conocida por todos: un niño algo retrasado y con polio o algo así, llamado Forrest Gump, cuyo padre al parecer se largó nada más ver lo que se le venía encima, sale adelante gracias al indomable espíritu de su madre (una estupenda Sally Field), rompiendo barreras y hierros de las piernas, y sin enterarse demasiado acaba siendo protagonista de prácticamente todos los acontecimientos importantes de los Estados Unidos. Tras una tremenda y larga historia de amor no especialmente correspondido, Forrest acude un día a ver su amor de toda la vida, Jenny, quien le ha enviado una carta. Mientras espera el autobús y las plumas vuelan alto, Forrest pasa el tiempo dando la tabarra y ofreciendo bombones a quien quiera se siente a su lado en el banco.

Por lo pronto entre sus logros cabe destacar el haber inspirado ciertas posturas escénicas a Elvis, haberse convertido en un atleta de fútbol huyendo de los gamberretes del instituto, convertirse en un condecorado héroe en Vietnam, dar un inaudible discurso en una masiva protesta anti-Vietnam, representar a su país jugando al ping pong contra China, ser la chispa que inicia el caso Watergate, inspirar el modismo shit happens y las alegres caras yupis, poner de moda el correr de un lado a otro como una especie de apoyo a una causa, montar una exitosa industria de pesca gambitera, tener participaciones de Apple y un porrón de cosas más. Y todo eso mientras bebe los vientos por Jenny (la incomensurable Robin Wright Penn), una vecinita a la que conoce desde pequeño, y cuya relación siempre me ha intrigado.

A medio camino entre el pagafanteo y la hijoputez, Forrest siempre está allí para intentar salvar a Jenny, una chica que ya desde pequeñica tuvo problemas y que crece como una belleza bala perdida que trata de probarlo todo, y acaba convirtiéndose en la típica angel with broken wings, que va de desdicha en desdicha sin ser capaz de ver que Forrest será algo lento pero es un buen tipo que podría hacerla feliz. Pero que si quieres arroz, Catalina.
Aparte de que el bueno de Forrest de vez en cuando irrumpa en la vida de Jenny liándose a porrazos con el imbécil de turno que hace sufrir a la Jenny, la verdad, hay que reconocer que la Jenny es un poco putón. Entre mantener a Forrest entre el "te quiero pero de otra forma" y el "seamos amigos" y el "no soy buena para ti", para luego aparecer por su casa cuando no tiene a dónde a ir, para luego seguir lamentándose de lo malo que es el mundo con ella, la verdad es que no para de hacer sufrir al chico. Vale que la primera vez que intiman Forrest sufra de eyaculación precoz, pero cuando Jenny ya las ha pasado canutas, con prostitución y drogas de por medio, va a casa del por entonces ya millonario Forrest, se abrazan y lo pasan bien, se acuestan, ¡y se vuelve a largar! Y encima va y le suelta al pobre que no sabe lo que es el amor. Y no le escupe en la cara no sé por qué oigan. Y para colmo va Robert Zemeckis o el guionista o quien sea y le hace soltar a Forrest un extrañamente patético (al menos en el doblaje) "¿Por qué no me quieres, Jenny?" que por muchas veces que lo vea siempre me desarma, el tío cabrón. Y es que yo también he pasado por mis etapas Jenny-Forrest.
Y, en fin, la que le juega al final, ya es de juzgado de guardia. Que el pobre se pone nervioso y no sabe ni donde mirar. No me extraña, vaya hijoputez. Y es uno de esos momentos que dices, vale, Tom Hanks lo hace bien, pero vamos, tampoco es para tanto premio. O igual sí. Pero se lo podían haber dado a Travolta por ejemplo, que se lo merecía sólo por resurgir de los mira quien habla.

En fin, aparte de la intrincada historia de Forrest con el mundo y con Jenny, Forrest Gump hace gala de unos efectos especiales que en su día dieron mucho que hablar, haciendo babear a los de los telediarios y tal, y que desde luego eran curiosos. Vistos hoy en día en la tele se les ve un poco el plumero, pero bueno, ya se sabe que el CGI avanza que es una barbaridad.
Resumiendo, que Forrest Gump me parece una buena película, muy entretenida, y con una historia de historias y un desamor que, en el fondo, es bonito, pero en la forma, joder. Esa Jenny es un peligro emocional con patas.
Y no sé si Forrest será tonto, pero Sean Penn, ése, ése es muy listo.

Jump In The...


domingo, 15 de marzo de 2009

Anda suelto Santana

"Peace On Earth... Mother Earth/Third Stone From The Sun". Kilométrico título, jam sobre el tema de Hendrix, y uno de los mejores temas que le he escuchado a Santana en los últimos tropecientos años, antes de que tanta espiritualidad le absorviera el seso.

Video aquí.

viernes, 13 de marzo de 2009

Burt Reynolds imita a Brando

Y no es algo que el gran Burt esconda, en alguna que otra entrevista ha imitado al fénix de los intérpretes y no lo hace nada mal. Quizás fue por eso que, siendo todavía un principiante, lo eligieran para interpretar a un joven e irrespetuoso actor del método, quien casualmente viste, se mueve y casi habla (por mantener algo las distancias tal vez) como el señor Brando.
La imitación corresponde a "The Bard", un capítulo de la cuarta temporada de The Twilight Zone; fue la temporada más floja de todas, pero tiene sus momentos. El capítulo en cuestión es el típico episodio ligero de la serie, con momentos cómicos aquí y allá. En este fragmento el alter ego de Brando se muestra desdeñoso ante un redivivo William Shakespeare.
Me pregunto si el genial Rod Serling tenía algo en contra de los actores del Método, o era una simple broma.

Happy rockin' birthday, Mr. Stoller

Tal día como hoy nacía hace 77 años Mike Stoller, un tipo que al igual que Tom y Jerry, Astérix y Obélix o Greta Garbo y la soledad, no puede ser nombrado sin su sosias Jerry Leiber. Entre los dos escribieron multitud de canciones de las cuales muchas, especialmente en los 50 y primeros 60, fueron grandes éxitos. Sus composiciones ayudaron a hacerse aún más grandes a muchos artistas. Por ejemplo, Su Majestad Elvis, quien grabó un buen puñado de las canciones de Leiber y Stoller. Entre ellas, "Jailhouse Rock".


jueves, 12 de marzo de 2009

Nueve reinas (2000)

No faltan putos, lo que faltan son financistas.

El hijo de la novia
y Nueve reinas fueron el aviso de que en Argentina algo se cocía con un nuevo cine fresco y de calidad que merecía la atención de los cinéfilos y de los sumiller de historias clásicas. Fueron las dos piedras de toque que dieron paso a otras producciones que, amém de poner de moda en España a Ricardo Darín, parecían no estar a la altura de sus predecesoras. Y así poco a poco, y salvo algún caso aislado, el cine argentino pareció diluirse de las grandes salas y volver al rincón de las filmotecas. Así que si me estoy perdiendo alguna otra Nueve reinas, por Dios que alguien me lo diga. Porque el saber hace unos meses que el autor de la misma, Fabián Bielinsky, había fallecido, fue triste. No conozco el resto de su filmografía, pero desde luego tenía talento.

Nueve reinas, a pesar del obvio toque argentino, no dejaba de remitirle a uno a las historias de listos y más listos de David Mamet, que a su vez bebían del imaginario clásico de Hollywood. Las historias sobre pillos y estafas alcanzaron su culmen popular con El golpe, e inevitablemente Nueve reinas tiene puntos en común con la mítica película de George Roy Hill.

Evidentemente, y para quien no haya visto el film, cuanto menos se hable de la trama de la película, mejor. Simplemente referir que se trata de la clásica historia de dos estafadores (uno mayor y más experimentado, otro más joven e inexperto) que, por decirlo así, unen fuerzas para participar en una estafa a lo grande en la que participan unos raros sellos y un empresario español. Está de más decir que, por supuesto, habrá sorpresa. Y es que ese toque de "corralito" que tiene lugar es genial.

Bielinsky se destapó con un estupendo guión y una dirección acorde al mismo que hacían de Nueva reinas una película no sólo entretenida sino un film a reivindicar, demostrando una sorprendente madurez cinematográfica que por ejemplo dejaba a la mayoría de thrillers españoles en pañales.

Las historias de estafadores siempre tienen un halo especial, y Nueve reinas tiene ese toque de magia callejera. Es gran película, de esas que uno puede revisar cada cierto tiempo sin temor al hastío. Lo cual dice mucho del film. Vamos, que si no la han visto, corran a verla, como si le hubieran robado una cartera con nueve reinas dentro.

lunes, 9 de marzo de 2009

Mis villanos del cine: Dick Jones

I remember when I was a young executive for this company. I used to call the old man funny names. "Iron Butt." "Boner." Once I even called him..."asshole." But there was always respect. I always knew where the line was drawn. And you just stepped over it, buddy-boy. You've insulted me.

Si Michael J. Fox representó las bondades de las megaempresas y los encorbatados yupis en los 80, Michael Douglas y Ronny Cox se encargaron de mostrar la cara depredadora de los altos ejecutivos. Y el bueno de Ronny, que pudo solazarse interpretando a un maluto por una vez en su vida, se ganó un cacho de baldosa en algún lugar del Sunset Strip del Viejo Detroit poniéndose en el papel de Dick Jones, el ejecutivo sin escrúpulos que no duda en valerse de sus contactos con el crimen callejero (por medio del gran Clarence Boddicker) para hacer frente a otros trepas como él, como por ejemplo Bob Morton, el jefe del proyecto del ciberpolicía definitivo.
Cualquier fan de Robocop recordará con cariño el fallido intento del sorderas robot-policía de Jones, con la consiguiente alegría de Morton que corre a hablarle de su proyecto al jefazo, cosa que no gusta al quisquilloso Dick, quien, tras provocar con su salida del baño unas cuantas manchas de orina en algún que otro ejecutivo asustadizo, mantiene una rica charla con Bob Morton, a quien, literalmente, le acaba tomando el pelo.
Y por supuesto el simpático Dick, aguafiestas como él solo, le arruinará la pequeña una orgía prostitutil a Bob enviándole a Clarence quien con sus típicas frases lapidarias (Bitches, leave!) dejará a Bob sin chicas y sin el uso de las piernas. Entonces le pondrá un discurso grabado de Dick, quien muestra más gracia para estas cosas que nuestro campechano rey, y le dirá un "Adiós, Bob" muy simpático. Y del momento granada subsiguiente para qué hablar. Uno de los mejores momentos cómicos de los 80.

Sí, Dick Jones, un gran personaje. Lástima que en la realidad los ejecutivos desalmados no tengan su savoir faire ni su distinción. Lástima que en el mundo real muchos sean realmente unos hijos de puta. Reflexión ésta que a algunos nos hace querer todavía a más a Dick Jones. ¡Muy bien, Dick, eres el uno!

Marca de la casa: sonrisas para el jefe, juego sucio por la espalda, y tonillo irónico cuando se sabe con mano ganadora.

domingo, 8 de marzo de 2009

The Moody Blues


La influencia de la cultura romana y el Latín en Gran Bretaña durante el período en que Roma subyugó gran parte de Inglaterra fue más bien escasa. Tras las primeras tentativas de Julio César los pueblos británicos no cedieron ante las tropas romanas hasta el mandato del emperador Claudio, apodado "Británico" tras la hazaña de la conquista en la remota isla del norte. Salvo por algunas infraestructuras y patrones económicos, cuando los romanos abandonaron la isla a principios del siglo V los bretones siguieron usando sus propias lenguas y costumbres. El Latín hablado desapareció con la marcha de los soldados y los administradores.
Uno de los grandes cambios que sobrevivió a los romanos quedó reflejado en una de las pocas influencias que el Latín dejó en las lenguas autóctonas: los topónimos. Muchas de las ciudades inglesas de hoy en día deben su nombre a los romanos o su denominación. Ciudades como Manchester o Lancaster cuentan con un sufijo latino, -castra, "campamento militar". Otras, como Greenwich o Warwick, provienen del sufijo -vicus, "poblado" o "villa". Un significado similar tiene el sufijo -ham, "poblado" u "hogar". Por ejemplo, Birmingham.

Y uno de los primeros grandes grupos británicos surgidos de Birmingham fueron The Moody Blues, formados en 1964 por Michael Pinder y Ray Thomas. Su primogéneo sonido que bebía del rythm & blues y los sonidos norteamericanos derivó poco a poco hacia el más británico sonido sinfónico, con largos pasajes instrumentales y melódicos. Con todo, The Moody Blues son uno de esos grupos eclipsados por una canción. En su caso, la inmortal y emotiva "Nights In White Satin" que los adolescentes compungidos por el desamor (quizás otros los denominarían pagafantas) deberían pinchar al menos una vez, mientras contemplan, como reza cierta estrofa, esas cartas escritas que nunca serán enviadas. "Nights In White Satin", un gran tema sin duda.