sábado, 28 de febrero de 2009

El monstruo de Sakhalin

Fue el año pasado si no me equivoco cuando saltó la noticia de que una extraña criatura había sido encontrada en un área militar rusa cercana a la población de Sakhalin. Como buenos militares, los descubridores se guardaron sus informes. Yo creo que encontraron una marioneta perdida de Jim Henson.

Molly Hatchet

Molly Hatchet, nombre de una prostituta que acababa sus trabajos decapitando a sus clientes, no podía encajar mejor con un grupo que fácilmente podía dejarte sin cabeza con una música tan poderosa como lo eran sus clásicas portadas de guerreros dibujadas por el gran Frank Franzetta, uno de los grandes del cómic norteamericano de aventuras y ciencia ficción de las últimas décadas.

A los Molly Hatchet los situaría sin problemas en el podio del southern rock tras los Allman Brothers y Lynyrd Skynyrd. Provenían del Sur más costero (Florida) la banda fundada por David Hlubek y Steve Holland (y pronto Duane Roland) fue una de las grandes formaciones de la segunda acometida de los caballeros sureños del rock. De hecho en su debut discográfico tuvieron mucho que ver sus paisanos de Lynyrd Skynyrd y Donnie Van Zandt de los 38 Special.
Junto a la base rítmica formada por Banner Thomas y Bruce Cramp y la poderosa voz de gran Danny Joe Brown los Molly Hatchet debutaron con un estupendo disco homónimo repleto de todos los ingredientes que un buen disco de rock sureño debe tener: grandes melodías vocales de un cantante poderoso, estupendos riffs, guitarras dobladas, solos esplenderosos y atmósfera de carretera, "moonshine" y bourbon. Los dos primeros cortes del álbum, "Bounty Hunter" y "Gator Country" ya definen la esencia de Molly Hatchet, con un sonido muy cercano al de unos Lynyrd Skynyrd que desgraciadamente les habían dejado via libre con el triste accidente aéreo que se llevó a gran parte de la banda. De todas formas ahí estaban los solos y las tres guitarras, Joe Brown y sus característicos silbidos y en resumen una banda con pelotas para que el legado de los ausentes perviviera. Como testimonio queden la emocionante versión del "Dreams I'll Never See" de Gregg Allman o el magnífico riff de "I'll Be Running".
En 1979, un año después del Molly Hatchet, llegaba Flirtin' With Disaster, su disco más recordado y exitoso. En realidad ambos eran estupendos discos, y el Flirtin' era más de lo mismo: portada con guerrero de Frank Franzetta, un poderoso arranque con "Whiskey Man" y más tonadas clásicas para el repertorio: la vacilona "One Man's Pleasure", ideal para una vacilona pelea de bar con tacos de billar; "Let The Good Times Roll", alegre canción para marchar hacia Gettysburg, la épica e hiperguitarrera "Boogie No More", y por supuesto su emblemática "Flirtin' With Disaster" que da nombre al disco. En conjunto, un gran disco que fue su mayor éxito.

Sin embargo el estado de gracia iba a durar poco. Cansado de las agotadoras giras y deseando volar por libre como la canción de los Lynyrd, Danny Joe Brown deja la banda para montarse su propia movida. Llega el momento de Jimmy Farrar, un buen cantante que le da un enfoque más melódico a la música del grupo. Beatin' The Odds es un buen disco que haría sonrojarse a muchos supuestos rockeros de pelo en pecho hoy en día, y eso que le falta el toque de los dos primeros trabajos de la banda. Pero ahí tenemos la marchosa canción que titula el álbum; "Double Talker", un perfecto golpe para caminar vacilando por la calle cual dibujo de Robert Crumb , y al que la voz de Farrar le da una atmósfera muy Whitesnake; "Dead And Gone", con sus coros femeninos, y la balada "The Rambler" le dan nuevos aires al grupo, mientras que temas como "Penthouse Pauper" o "Few and Far Between" siguen destilando orgullo sureño. Adentrándose en la peligrosa década de los 80 llegará otro álbum más con Farrar, Take No Prisoners.

1983 es el año del regreso de Danny Joe Brown, y a pesar de la nueva base rítmica su sola presencia parece bastar para devolver al grupo su clásico sonido de poderosa ametralladora Gatling. No Guts... No Glory parece ser un renacimiento del viejo espíritu, y como muestra no hay portada de guerrero, pero sí buenas canciones como "Ain't Even Close" o "Under The Gun" y épica en el corte "Fall of the Peacemakers". Sin embargo un tema como "What It's Gonna Take" ya auguraba lo que se nos venía encima.

Y eso era ni más ni menos que una banda con cada vez menos miembros fundadores en su banda (Steve Holland ya no estaba por allí), la inclusión de un teclista y un letal sonido AOR que hacen del The Deed Is Done un disco muy mediocre, del que sólo se salva una buena cara B donde Molly Hatchet parecen más los Molly de antes en temas como "Good Smoke and Whiskey", que sin embargo suenan demasiado endebles y accesibles debido a la espantosa producción 80s. Sin embargo la banda seguía teniendo garra en directo como demuestra el álbum en vivo Double Trouble Live. En la difícil década de las baterías programadas llegarán más cambios de formación que supondrán la marcha de Hlubek, la llegada del guitarrista Bobby Ingram, que con el tiempo se haría con las riendas de la banda, y la despedida definitiva de Danny Joe Brown debido a un ataque y a una lucha contínua con la diabetes que desgraciadamente finalmente perdería en 2005.

Y al igual que unos cada vez más irreconocibles Lynryd Skynyrd, Molly Hatchet han seguido vivos durante todos estos años bajo la dirección de Bobby Ingram, y hasta hace bien poco no contaron con ningún miembro fundador en sus filas hasta el regreso de Hlubek a la banda. Ahora los Hatchet campean por el reino de la nostalgia, pero en su día este guerrero con nombre de mujer portó bien alto el estandarte del rock sureño. Así que rindan tributo a estas sufridas huestes; no se arrepentirán.

viernes, 27 de febrero de 2009

Sterling Hayden, el hombre que vino del mar


I thought of the recent years, of the films I'd made since the war, stretching off into oblivion under a crust of wasted time, four or five each year. Bastards most of them, conceived in contempt of life and spewn out onto screens across the world with noxious ballyhoo; saying nothing, contemptous of truth, sullen and lecherous.

Como en muchas otras ocasiones en su vida, Sterling Hayden, de profesión marinero y aventurero, aunque para el mundo fuera un actor, reflexionaba a bordo de una pequeña galley, un barco flotando en un mar azul que se confundía con el cielo, en medio de la silenciosa y aparente nada, sobre el desperdicio que para él había supuesto permanecer tantos años en Hollywood. Películas rápidas, dinero rápido, un dinero que "ganado de esa manera no merecía ser ahorrado". Para Hayden era un dinero casi tan sucio como heredar una fortuna familiar.
Películas como Flechas incendiarias, Take Me to Town, Fort Defiance y muchas otras que le habían mantenido prisionero en la ciudad de los placeres y el glamour. Películas que efectivamente muy pocos recuerdan hoy en día. Películas que había hecho por el mismo motivo al que había llegado a Hollywood a principios de los 40. Dinero sucio y rápido para costear su gran pasión: la navegación.

Sterling Hayden, nacido en Nueva Jersey con un mundo en guerra, creció con los apellidos de su padrastro. Como muchos norteamericanos antes que él, sintió la llamada del mar y la libertad, lejos de un hogar que no le satisfacía. A los 17 años lo dejó todo para embarcarse en un carguero. Poco después sobrevivía como pescador en Terranova. Fue marinero y bombero en grandes buques, y a los 19 ya era el patrón de un barco que dio varias vueltas al mundo. La educación que abandonó pronto la concluyó en el mar. Los azotes de las tormentas y las aguas calmas, la vida, en definitiva, le instruyó, como le instruyeron los libros que devoraba en las horas muertas.

Pocos actores han sido más auténticos, más cercanos a sus personajes de tipo duro. Hayden no era una bonita cara de facciones duras, no era un modelo de gimnasio. Sus condiciones atléticas las había adquirido entre el salitre y el sol; sabía de primera mano lo que eran las peleas y el trabajo duro. Se sabía diferente, y eso podía ser incómodo. Como cuando se puso nervioso rodeado de neoyorquinos ("verdaderos actores"), sintiéndose incapaz de actuar en la obra teatral televisada A Sound of Different Drummers. Temía quedarse en blanco, como ya le ocurriera antes, en 1940, en un show radiofónico ante un público de dos mil personas.

De Nueva York a Los Angeles. Un viaje sin retorno. Bien sabía Sterling Hayden qué era trabajar duro. Pocas cosas hay más difíciles que sacarle algo de provecho al mar. Sus amigos le aconsejaron que se olvidara de la radio y de la Costa Este, y se fuera a la moderna Babilonia. Su impresionante altura y físico pronto le consiguieron un trabajo como modelo fotográfico. De ahí a la Paramount via Edward H. Griffith sólo hubo un paso. Le publicitaron como "el hombre más bello del cine". A Sterling le pareció más bello los doscientos cincuenta dólares que iba a ganar a la semana, comparado con los 450 que ganaba al mes como patrón de barco. Debutó en 1941. Su primera película fue una producción al uso de Griffith llamada Virginia. Aparte del sueldo, lo único que sacó en claro Hayden fue quedar deslumbrado por el suave tacto de satén que se respiraba en Hollywood, y por la actriz principal, Madeleine Carroll, con quien no tardaría en casarse. El matrimonio apenas sobrevivió a la guerra.

Hayden sólo tendría tiempo para rodar una película más antes de que los Estados Unidos entraran de lleno en la Segunda Guerra Mundial. Poco antes de Pearl Harbor el actor, que tal vez ya oliera la pólvora, se enroló en el COI, germen de los futuros servicios secretos de la OSS, agencia hoy conocida como la CIA. Bajo seudónimo, y con la guerra ya en marcha, se presentó como voluntario en los Marines. Hayden no iba a quedarse en casa con tanta marcha ahí fuera, y no siendo una estrella pudo disfrutar de la aventura sin tener que aguantar ser arropado por paños y favores. La guerra le devolvió al mar, sorteando el bloqueo alemán en el Adriático para llevar armas a los partisanos yugoslavos. Participó también en acciones de guerrilla en Croacia. Si en los 30 ya se había acercado al socialismo, en Yugoslavia se volvió comunista. Sus acciones le valieron condecoraciones y medallas y la simpatía del mariscal Tito. Hayden se afilió al Partido Comunista, el tiempo suficiente como para quedar marcado en unos pocos años.

Tras el divorcio Hayden retomaba el oficio de actor. También retomó la vida matrimonial junto a una tal Betty Ann de Noon. Tras unas pocas películas llegó su gran lanzamiento de la mano de John Huston y La jungla de asfalto, un clásico del cine negro donde el actor que no era actor dejó una impronta indeleble como el solitario perdedor Dix, un criminal maltratado por la vida pero que sigue descirniendo el bien del mal, y sigue valorando las palabras amistad y lealtad.

Sin embargo el actor no recordó esas palabras cuando el Comité de Actividades Antiamericanas le citó ante el tribunal acusador para saber si era comunista. El antiguo marinero aventurero, ahora casado y con hijos, y con barcos que mantener, cedió ante los buitres de McArthy y se declaró comunista, al menos haberlo sido hace tiempo. De paso dio también unos cuantos nombres de compañeros afiliados al partido. Probablemente no hubo nada de lo que no se arrepintiera más Hayden durante el resto de sus días. Pero para entonces ya era tarde. Ya como un chivato, el actor pudo seguir trabajando. Poco después trató de buscar la redención adheriéndose al Comité por la Primera Enmienda de Lauren Bacall, Bogart y otros actores y directores.

Sin embargo el empujó de La jungla de asfalto no le sirvió para alcanzar el estrellato definitivo. Era un actor de carácter, un gran tipo duro, pero no encajaba como seductor, ni tenía la curiosa versatilidad de un Bogart, ni su carisma. De los proyectos en que participó en los primeros 50 apenas ha quedado El principe valiente de Henry Hathaway en la memoria de los espectadores. Ese mismo año, sin embargo, llegaba otro suculento papel, el del pistolero guitarrista de Johnny Guitar. Tras un film noir menor participaba en la olvidada pero interesante Suddenly, un pequeño film de culto protagonizado por Frank Sinatra. En 1956 llegaba otro buen papel en otra gran película de cine negro, Atraco perfecto, dirigida por un joven talento llamado Stanley Kubrick. También tuvo el quizás dudoso honor de aparecer en Zero Hour!, la película que inspiró Aterriza como puedas.

En 1958, tras dos bodas y dos divorcios con Betty Ann, Sterling Hayden quedó arruinado y a cargo de sus cuatro hijos. Acosado por las deudas, rodó algunas películas más y apareció en unos cuantos programas de televisión, hasta que en 1960 se retiró con su familia yendo aquí y allá hasta que recaló en un apartamento del ferry Berkeley. Allí escribió su autobiografía, Wanderer, donde dejó patente su pasión por el mar y su desprecio por el oficio de actor. Sin embargo, volvió a la interpretación de la mano de Kubrick, interpretando al general Jack Ripper en Teléfono rojo: volamos hacia Moscú. Poco después Hayden se marchaba con sus hijos a Europa, recalando en Francia. Allí trabajó en algunos films europeos y en un par de proyectos hollywoodienses.

Cuando ya parecía que iba a tener que dedicarse a participar en extrañas coproducciones europeas y brasileñas, Francis Ford Coppola le rescató del limbo de los secundarios olvidados otorgándole el papel del corrupto policía McCluskey de El padrino, el que sería su último gran papel, aunque destacara también en Un largo adiós de Robert Altman. Con su carrera reflotada en los Estados Unidos, sus deudas le pusieron en problemas con el fisco yanqui, y Hayden tuvo que regresar a Europa de nuevo, dejando atrás un posible papel en Tiburón. En el viejo continente rodó allí su último gran proyecto, Novecento.

Solucionados sus problemas fiscales Hayden pudo regresar a los Estados Unidos, donde obtuvo pequeños papeles en películas de calidad cada vez más ínfima, como fue su último largo, Veneno, una de tantas copias baratas de Tiburón, en la que tuvo de compañeros de trabajo a otros descastados como Klaus Kinski u Oliver Reed.

Un cáncer se llevaba al actor trotamundos el 23 de mayo de 1986. Sin embargo, su poderosa personalidad sigue hoy dejando su impronta en un puñado de films inolvidables.

Feliz cumpleaños, señoras


Dos grandes damas del Hollywood clásico cumplen años hoy. Una es Joanne Woodward, conocida por films como Las tres caras de Eva o El largo y cálido verano, y que por desgracia seguramente sea hoy la viuda más famosa de Tinseltown tras el adiós terrenal del gran Paul Newman. Esperemos que lo esté llevando lo mejor posible.

Y la otra cumpleañera fue compañera y amiga de Paul, toda una Elizabeth Taylor, la mujer de los tropecientos matrimonios, las grandes joyas, la ruina de la Twentieth-Century Fox, y también de una larga filmografía con grandes títulos, la adherida a las causas sociales, y sobretodo, la mujer con los ojos más deliciosos del mundo.

Que cumplan ustedes muchos más.

jueves, 26 de febrero de 2009

Los Bravos

Los Bravos, epítome del poprock español de los 60, a los que siempre se cita como primer grupo español en conseguir una (efímera) relevancia internacional, con una vida corta pero intensa, repleta de alegrías, tragedias, cantantes y polémicas sobre si grababan o no sus canciones. ¿Hay vida más allá del "Black Is Black"? No conozco a fondo la discografía braviana, pero algo hay. De hecho en recopilaciones underground extranjeras aun cuelan algún tema suyo de vez en cuando.

Si los Beatles podían vestirse con casacas militares decimonónicas, ¿por qué no iban Los Bravos a vestirse de toreros? Y es que aunque se hubieran vestido de gorilas, versioneando a los Beach Boys era difícil fallar. Y fuera cosa de ellos, de músicos de sesión, o del productor, no todos los grupos hispanos actuales podrían hacer sonar tan bien al grupo de Brian Wilson.

martes, 24 de febrero de 2009

Vive y deja morir

Tras ser arrastrado (no contra mi voluntad pero sí contra mi sentido de la responsabilidad) a los Carnavales el sábado, este pasado domingo hemos asistido un amigo y yo por primera vez al quiz musical de un café cercano a mi hogar donde entre unas olivas y berenjenas picantes (ambos al estilo italiano creo), unos crujientes y sabrosísimos sandwiches y unas jarras de cerveza hemos pasado un buen rato en sana competición tratando de adivinar títulos y artistas de pop y rock, de un total de diez, más alguna prueba aparte como los cuernos de unicornio a la nata, que lamentablemente se ha acabado derrumbado en mi frente.
Pero no nos podemos quejar. Para ser el grupo competidor más reducido (sólo dos personas donde los grupos eran de cinco o seis personas por lo general) hemos logrado un meritorio cuarto puesto empatados con otros que nos ha dado para unos chupitos más una prueba extra que nos ha proporcionado una jarra de birra gratis. A la próxima hemos prometido volver con refuerzos para llevarnos el premio gordo crematístico y un nuevo nombre grupal (en honor a David St Hubbins y cía). En fin, que ahí va una de las canciones que han sonado (y hemos acertado). Lamentablemente las dos últimas han sido de pop contemporáneo donde mi adlátere y yo no somos demasiado duchos precisamente.

A la próxima no habrá cuartel. Ya lo dice Paul McArtney. You gotta live the other fella hell!

The Motorcycle Boy Reigns

Si había de ser alguien me alegro de que haya sido Sean. De todas formas poco importa. El chico de la motocicleta sigue siendo el rey.

lunes, 23 de febrero de 2009

Dos lugares del 23-F


Me sorprendía (o quizás no) el otro día viendo unas imágenes que no había contemplado del ex-guardia civil Antonio Tejero visitando el Valle de los Caídos un 20 de noviembre, lo que me hizo pensar que a veces la cárcel no parece cambiar mucho a la gente, o su ideología al menos. Mis neuronas más irreverentes e irresponsables también me hicieron pensar que sería interesante ver algún telediario junto al golpista, sobretodo cuando salga Carod Rovira o alguien así. Debe ser una mezcla entre el humor y lo terrorífico.

Pero mi reflexión de hoy viene al caso de los diversos programas que estos días se han dedicado al fallido intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Raro es el año que no cae algún documental a modo de efeméride, y la verdad es que personalmente la Transición me parece uno de los períodos más interesantes de la historia reciente de España. Es una lástima que aquí no haya una tradición de dramatizar hechos así, porque esos años darían para varios Todos los hombres del presidente, o para teorías conspiranoicas a lo JFK. Sin embargo tenemos que lidiar con teledramas de vodevil donde sólo ha faltado poner una coronilla de santo encima de la cabeza del interfecto. Y, dejando de lado el debate sobre la validez de la historia oficial, un guión se puede ceñir a ella sin pasarse. Al menos se agradece que los golpistas no hayan sido retratados con excesivo aire de villano de opereta. Pero estoy divagando.

De lo que quería hablar hoy es de algo que realmente me fascina. Bueno, la historia en sí para empezar. Pero también la idea de la historia vista como un polvo invisible que cubre las calles y edificios de nuestras ciudades y pueblos. En la mayoría de los casos uno va pendiente de sus asuntos y no le dedica muchos pensamientos al pasado, o simplemente desconoce lo que ocurrió en tal calle o edificio. Y es que sin saberlo uno puede estar tomándose un café en un lugar que pudo albergar acontecimientos de los que llegan a cambiar el rumbo de la historia.
Respecto al 23F, hay lugares cuya relevancia histórica es obvia, sean los estudios de Prado del Rey, la Zarzuela, el Congreso o la Capitanía General de Valencia y sus calles principales. Pero hay otros más cotidianos que formaron parte de aquellos hechos y que el tiempo ha hecho olvidar.

Dicha reflexión viene al caso de algunos sitios que podrían ser un buen ejemplo de cómo cambian los tiempos, y en el caso de España, para mejor. Y, claro está, la mayoría de dichos lugares (con respecto al golpe de Estado) se encuentran en Madrid. Pongamos por caso un establecimiento que tal vez los lectores madrileños conozcan o incluso hayan visitado, el Van Gogh Café. Situado cerca de la Universidad Politécnica, anteriormente fue el Café Galaxia, y en sus establecimientos se reunieron en 1978 Antonio Tejero con militares como Ricardo Sáenz de Ynestrillas para planear uno de los varios intentos de golpes abortados en los años previos al 23F, y que fue bautizado como "Operación Galaxia" debido al nombre de la cafetería. Imagino que el mobiliario y la decoración habrán cambiado, pero seguramente la mayoría de universitarios que pasen por allí a tomarse algo desconocen el dato.

O, en otro caso, podría darse el caso de que algún lector madrileño residiera en o cerca de la calle General Cabrera, donde el 18 de enero de 1981 se reunieron los golpistas (entre los que se contaban los generales Milans del Bosch, Alfonso Armada y Carlos Alvarado Largo, por citar algunos nombres) para ultimar los detalles de la sonada. ¿Quién sabe quién ocupará ese piso ahora?

Obviamente, cuanto más grande es la ciudad, mayores son los rincones con historias que contar, y las capitales como Madrid tienen miles en cada esquina. Estos son simplemente un par de ejemplos del bonito entretenimiento que puede ser pasear por las calles con la memoria histórica (término ciertamente desvirtuado hoy en día) a pleno rendimiento. Pero esto sólo solemos hacerlo cuando vamos fuera. Es como los museos. Repletos de foráneos, y con tan sólo algún oriundo despistado.

domingo, 22 de febrero de 2009

Breed to Breathe

He sido considerado y he buscado la canción más melódica de Napalm Death que conozco, lo cual tampoco es decir mucho, claro. En fin, ahi está, "Breed to Breathe", dedicado a Aitor Fuckin' Perry con todo mi cariño.

NOTA: se avisa de que el videoclip contiene imágenes que pueden dañar la sensibilidad del espectador. ¿Qué otra cosa se puede esperar de estos deliciosos garrulos?

viernes, 20 de febrero de 2009

Motociclón

Cuatro cerdopollinos sietemesinos madrileños en el otoño de sus vidas que se dedican a jevimetalizar el punk rock a su puta brundi. Cuatro tipejos que conforman una máquina berraca de apisonar jamás concebida. Cuatro vándalos de extrarradio liderados por un armonicista pureta llamado Robértez que puso su armónica al servicio de grupos como Bummer o Sin City Six, y que un buen día se juntó con tipos surgidos de grupos como Rip KC o Zinc para devolver al rock patrio la necesaria dosis de gamberrismo a ritmo de punk rock sucio y boludo. Aunando lo mejor del punk español y el legado de AC/DC con un lirismo de ladrillo y cemento, la singular conjunción de personalidades dio lugar a Motociclón, un grupo que en pleno siglo XXI nos devuelve el macarrismo del rock español 80s y la diversión de los Siniestro Total de los buenos tiempos.
Tras el consabido EP pubiclaron Himnos del extrarradio, un debut que poco a poco se ha ido haciendo su sitio entre los entendidos orejeros del panorama rockero español. Un disco redondo y lirondo, sin ínfulas de poesía social, directo a la jeta, y con un título muy acertado al que hacen honor canciones como "Crapulismo" o "Bocachanclas", o especialmente los dos grandes himnos del disco, "Warriors" y "Air Guitar (guitarras del rock)". Por estas fechas ya debería caer su segundo largo, Costras y tachuelas.

Para los amantes del rock irreverente y que se toma poco en serio, Motociclón deberían ser un referente ahora mismito. Si el ciclón llega a su barrio, ¡encierren a sus hijas!



PD: Qué grandes eran (por la escena de Cyrus) los doblajes de Rogelio Hernández, ¿verdad?

jueves, 19 de febrero de 2009

El insidioso Fu Manchu

Bromeaba Christopher Lee en un documental sobre el enigma que escondía el malvado Fu Manchu, al cual había encarnado en una serie de películas durante los 60 (algunas de ellas dirigidas por el recientemente goyarizado Jesús 'Jess' Franco). No fue, desde luego, el único en hacerlo. Desde los años 30 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial fueron varios los actores que encarnaron al amarillento genio del mal, entre los que destacó especialmente Boris Karloff.

Afirmaba, pues, el gran Christopher Lee, que siempre había estado intrigado por el sistema de financiación del gran Fu. ¿De dónde sacaba el dinero para sus diabólicos planes? ¿Era un hombre rico? El tal Fu había comenzado siendo un agente de los temidos Si-Fan, luego no era probable (aunque en realidad fuera reconvertido en el cine como potentado oriental). Tal vez, con algo de esfuerzo y una hipoteca, lograra reunir bastante dinero como para financiar su diabólico plan de dominación mundial para El regreso de Fu Manchu (1965). ¿Pero y en las siguientes cuatro ocasiones? ¿Cómo volvía a levantarse el malvado Fu tras cada fracasado plan? Bromeaba Lee pensando en un cariacontecido Fu Manchu acudiendo al banco a por el enésimo préstamo, y al señor banquero recibiéndole con un "Pero hombre, ¡otra vez!". Era evidente que el desastroso programa económico de Fu Manchu no llegaba a ninguna parte.

Y es que Fu Manchu era un genio del mal y un peculiar caballero que gustaba de idear extraños inventos y enrevesados planes para dominar el mundo y acabar con los agentes británicos y americanos que trataban de chafarle los planes. Como decía, Homer, los gobiernos, siempre poniéndole las cosas difíciles al pequeño empresario.
Y es que Fu Manchu no era de pistolazo y tentetieso, era un hombre refinado. Y como todo buen villano, ideaba una muerte lenta para el protagonista mientras le contaba sus planes para dominar el mundo, dándole al guapo de turno información suficiente para desmontarlo y todo y tiempo para pensar un modo de escapar a la "muerte segura" del gran Fu.

Pobre Fu Manchu, como todos los villanos, nació para perder. ¿Hay sitio para Fu Manchu en nuestro tecnológico mundo de hoy, repleto de ordenadores, gepeses, satélites localizadores, teléfonos móviles y otras mandangas que agradarían poco al tradicional líder de los Si-Pan? De momento sólo parece haberlo en las películas de Grindhouse. Pero no se confíen, agentes de los servicios secretos. El mal nunca duerme, y Fu Manchu menos. Siempre está atento. Porque los chinos no tienen ojos rasgados. Sólo sospechan todo el tiempo.

Marca de la casa: uñas largas y complejos planes de dominación mundial

martes, 17 de febrero de 2009

Everyone says te quiero

Iba a hablar de Todos dicen I love you de Woody Allen, pero como en realidad no tengo mucho que decir la paso de "películas" a "escenas de cine". Bonito homenaje a los musicales de antaño y al cine de los hermanos Marx. Me quedo con el hijo republicano de Alan Alda, el personaje de Tim Roth, el traje embutido de Drew Barrymore, el "I'm Thru With Love", y con Woody Allen tratando de ligar con Julia "Caribdis" Roberts. Y con la coreografía de este peculiar "Hooray for Captain Spaulding" a forma de homenaje al gran Groucho.

¡Ajenjo, ajenjo!

Sapristi, cómo odio/envidio al cantante de los jodidos Hamlet.

lunes, 16 de febrero de 2009

No hay comunicación

Y si la comunicación falla, las cosas pueden acabar mal. Como le ocurría a Bruce Willis en El último boy-scout. "Si me tocas otra vez, te mato". Y claro, luego pasaba lo que pasaba. En fin, que esta semana vuelven por aquí los Sewergrooves.

domingo, 15 de febrero de 2009

Topkapi (1964)

¿Qué diría Keith Richards de una película como Topkapi? Tal vez esto: "una pieza de artesanía y joyas extremadamente valiosa, un museo turco a prueba de ladrones, un grupo de entidades con un cerebro, un plan maestro, un imprevisto, un gilipollas, y ya lo tienes". Efectivamente, Topkapi es un claro ejemplo del subgénero de robos ingeniosos y complicados a bancos o museos.

Sin ser la joya de la corona de los atracos, Topkapi es una gema valiosa, un gran entretenimiento dirigido competentemente (que no brillantemente) por Jules Dassin, y cuyas principales bazas son la consabida trama del atraco perfecto, un reparto muy sólido y unas casi dos horas de metraje que son ligeras como plumas.
El tono general del fim es bastante desenfadado, y los toques de humor son una constante a lo largo del film. Las bromas ligeras no llegan a molestar, salvo por una escena final simpática que quizás debieran haberse ahorrado tras el desenlace de la trama principal. Aunque lo cierto es que desde luego personajes de humor in your face como el del cocinero borracho no suelen verse en películas del género, salvo en la serie de películas del felino rosa dirigidas por Blake Edwards.
Sin ser hitchcockiana, la atmósfera tiene algo que recuerda al gran maestro. Tal vez sea por la rubia elegante, los actores europeos, o la ambientación, pero Topkapi recuerda de algún modo a films como Atrapa a un ladrón, aunque en realidad sean bastante distintos.

Con un reparto europeo que parece el Festival de Eurovisión, donde parece haber representantes de todos los países, Topkapi deja caer gran parte del peso del film en unos actores que cumplen con su labor eficazmente, cuando no destacan como es el caso del Maximilian Schell o el sempiterno secundario de aire aristocrático Robert Morley. Pero el mejor intérprete de la película es sin duda un genial Peter Ustinov cuyo personaje es lo más parecido a Larry el hijo perdido del señor Burns que se haya visto en la gran pantalla.

En resumen, Topkapi es el vehículo perfecto para pasar una entretenida tarde de domingo. Una buena película sin más pretensiones. Veremos si el rumoreado remake llega siquiera a ese nivel.

sábado, 14 de febrero de 2009

Pijus Magníficus

Este pícago tiene cogaje...

Dios, ¿es La vida de Brian una de las mejores películas de todos los tiempos? ¡Sin duda!

Si fuera carpintero

Dedicado a todas aquellas parejas babosillas que gusten de celebrar el Día de San Valentín, fecha que los solteros solemos calificar de "fiesta inventada por los grandes almacenes", y en la que tratamos de evitar cenar en los restaurantes, poblados por bellas parejas cogiéndose de la mano y sorbiendo en pajitas metidas en un mismo batido, mientras en un rincón Bruce Willis no se ha enterado que está muerto.
Fuera de bromas, el "If I Were A Carpenter" de Tim Hardin me parece un tema preciso y precioso, muy adecuado para esta fecha infernal. Pensándolo mejor, quizás debería poner algo del EP de Motörhead/Girschool, pero en fin, el próximo año quizás. Sólo el montaje del videoclip ya merece la pena. ¡Ah, aquellos besos breves, castos y aun así, llenos de pasión!




viernes, 13 de febrero de 2009

El intercambio (2008)

¿Creen que a estas alturas Clint Eastwood puede salirnos con una mala película? Y con esta pregunta podría concluir mi alegato, señoría.

Parece que, al igual que le ocurrió con Los puentes de Madison, Clint llegó a El intercambio casi de rebote, ya que en principio iba a dirigirla Ron Howard, pero éste al final quedó en productor ejecutivo y fue Eastwood quien se puso tras la cámara. Al final la Imagine de Howard y la Malpaso de Eastwood se juntaron para crear una película estupenda estupendita.

Al fin y al cabo, la trama y subtramas de la película son temas que han aparecido en una u otra ocasión durante la carrera de Clint. Ahí tenemos la corrupción, la dualidad del ser humano como víctima y verdugo, los azares del destino, el heroismo invididual, y el terror más poderoso, cierta triste realidad, que vuelve al cine de Clint sin llegar a ser tan determinante en la historia como lo fue en Mystic River.
Al igual que ocurría en aquella, Eastwood da muestra de una curiosa mezcla de delicadeza y contundencia al tratar ciertos hechos en unas escenas que no necesitan de mostrar mucho para resultar realmente espeluznantes, lo que me lleva a pensar que ojalá el director nos regale algún día un verdadero film de terror, porque podría ser algo memorable. Pero de momento los rumores apuntan a que Clint tal vez tenga el gusanillo de recrearse en su propia película de capa y espada una vez finalice el rodaje del biopic de Nelson Mandela.

Volviendo a El intercambio, Eastwood ha hecho de la historia de Christine Collins un tronco del que poco a poco, según va avanzando la cinta, van surgiendo diferentes ramas en forma de subtramas que van desde la corrupción policial del LAPD (sólo falta Ice-T llamando a la matanza de maderos) y de otros estamentos hasta el género judicial y, por supuesto, el drama más cercano al teledrama vespertino de niños desaparecidos y madres angustiadas. Y aunque El intercambio no deja de mostrar ciertos tópicos al respecto, están muy bien mostrados, y cuando se aleja de los tópicos, ¡la cosa mejora ciertamente!

¿Es El intercambio una obra menor de Eastwood? Pues yo diría que no es Mystic River o Sin Perdón, pero aun así, como diría Ted Nugent, un mal pedo de Clint es mejor que el 99% del cine actual. Y con este quiero decir que El intercambio es una gran película del maestro, y eso no tiene precio. Bueno, sí, seis euros, que han subido la tarifa en el cine de los ·!@·%(&¨*:*¡

En el apartado actoral empezaremos por su protagonista, Angelina Jolie, con la que nunca he sido objetivo y no voy a empezar a serlo ahora. No es la mejor de las actrices, pero como le pasa a su maridito, con un buen guión y un buen director es capaz de ofrecer buenas interpretaciones. Los hay que dicen que su papel en el intercambio es el mejor hasta la fecha. Yo no he seguido en profundidad su filmografía, pero desde luego es el mejor y más completo papel que le he visto hasta la fecha. Cierto es también que un papel como el de Christine Collins es muy lucido y agradecido, pero eso no quita para que la Jolie lo saque adelante competentemente. Y, demonios, los primeros planos de su rostro son matadores. Y ese gorrito típicamente años 20... ains.
John Malkovich es un valor seguro, y de entre los niños a mí me gustó especialmente el pequeño ayudante de Psycho Claus. De los secundarios y desconocidos hay buenas interpretaciones. El capitán corrupto encaja muy bien, y el detective Ybarra no habría desencajado en Atraco perfecto. Tanto el actor como el personaje de Gordon me ha parecido ciertamente interesante, y el momento de protagonismo de Gordon hacia el final de la película es sublime. Y desde aqui querría recomendar a la compañera de habitación de la Jolie como protagonista para un posible biopic de Janis Joplin. Por parecido, al menos, encajaría de maravilla.
El intercambio es otra muesca de valor en el particular báculo de Clint, cuya inspiración, maestría y capacidad de trabajo en estos últimos tiempos es realmente impresionante. Es como los viejos piratas de los Rolling en los 70. El Black and Blue tal vez no fuera un Beggar's Banquet o un Let it Bleed, ¡pero era jodidamente bueno!

In slope

Encuestra cerrada, y ya hay opción ganadora. Una que no me esperaba ciertamente. Vayamos por partes, que decía Leatherface.

Primero, veo que pocos os preocupáis por mi futuro laboral, y sólo un 9% trata de convertirme en alguien responsable. No esperaba menos, chicos. ¡Yo tampoco me habría votado! Ya llegará el montonero y el tupamaro.

Un 22% ha optado por los cómicos, y aun así no ha sido suficiente. Quien me haya leído lo suficiente habrá supuesto que no me refería a cómicos como los del cochambroso SNL español, o a los nuevos stand up comedians patrios. El mejor humor español no es el que imita al norteamericano. Los cómicos españoles habrían sido algo más veteranos. Me refería sobretodo a los grandes cómicos norteamericanos, desde los clásicos del vodevil hasta los cómicos de pie y los de Saturday Night Live. Aunque no hayan ganado, algo caerá.

27% para los comentarios simpáticos de canciones. La verdad es que me alegro de que no haya ganado, porque cuánto más lo pensaba menos me convencía la idea. Pero dejaré aquí la letra que me dio la idea.

36% para los cineciclos asesinos. Como supongo que muchos os preguntaréis qué porras son, se merecen una oportunidad.

Y, qué curioso, han ganado los villanos, apartado que en su día no tuvo demasiado éxito. Tampoco a mí me acaban de convencer los resultados, pero les daremos otra oportunidad a ver. Y esto es todo, amigos.

martes, 10 de febrero de 2009

The Sewergrooves

Surgidos de la hornada escandinava de finales de los 90, The Sewergrooves destilan garaje rock y siempre aseguran unos cuantos buenos guitarrazos en cada disco. Últimamente parecen estar más melódicos que nunca, como demuestra este "Ain't Coming Home", que pertenece al que creo es su último disco, Revelation Time.

viernes, 6 de febrero de 2009

Lina Romay

Ahora que Jess Franco ha obtenido un merecido premio Goya a toda su carrera (los habrá que piensen que no se lo merecía... pero si Vicente Aranda tiene un Goya por un truño como Amantes, ¡el bueno de Jess se merece otro!) me ha dado por recordar los buenos momentos que nos proporcionó a muchos la que sería su musa y a la postre esposa, Lina Romay, que nació bajo otro nombre en la Barcelona de 1954.

Comenzó a colaborar con Jess Franco a principios de los 70, y no tardaron en convertirse en pareja y en matrimonio. Se suele decir que su período de gloria abarcó la mayor parte de los 70, destacando especialmente en el género de vampiros, sangre y sexo. Ya con la democracia Lina no tuvo problema alguno en saltar del erótico al porno londo y lirondo, protagonizando y dirigiendo unas cuantas películas subidas de tono. Y, aunque, que yo sepa, ninguno de los dos se ha retirado, en la última entrega de los premios Goya pudimos verle a los dos, juntos y tan inseparables como siempre, recogiendo el premio a toda una vida. Siendo justo yo creo que en ese busto (y me refiero a la cabeza del celebérrimo pintor) debería figurar el nombre de los dos.

Hay que ver, es acordarme de mi adolescencia y Lina no tarda en aparecer. A ver si un día tengo la suerte de encontrarla y contarle algunas cosas. Tenía un no sé qué que qué se yo.

Un botín de 500.000 dólares (1974)

Un ejercicio de piratería (...) y unos chistes tan malos que ni los Tres Stooges los hubiesen aceptado. Un tal Michael Cimino, de quien posiblemente nunca más volveremos a oír hablar, garabateó los diálogos y ha tenido el valor de admitir que ha dirigido la película (...) este tipo de bazofia comercial no debería estrenarse sino que debería reciclarse y utilizarse para recoger excrementos en los suelos de los gallineros. Rex Reed, The New York Daily Times.

Este texto no es sino una muestra de las muchas ocasiones en que el cine de Clint Eastwood fue atacado por la crítica como algo banal y carente de significado. Cierto es, por otra parte, que algunas de sus películas gozaron del favor de los entendidos, y que prácticamente todos siempre cosecharon algo positivo. Pero por lo general, para los sesudos críticos de la prensa especializada decir Clint Eastwood era decir cine palomitero. Claro que gente como Rex Reed, que en aquellos días parecían agonizar ante las películas más comerciales del actor y director, seguramente hoy estén contando los días para que llegue un nuevo film de Eastwood, dado el estado en que se encuentra el cine comercial de hoy en día.

Pero en 1974 Eastwood todavía no había rodado films com Bird o Sin perdón, y era además una de las estrellas más taquilleras del momento. Pero como siempre ha sido un independiente, el bueno de Clint iba a la suya rodando lo que apetecía en cada momento, con un pie en el arte y otro pie en la taquilla, a la que miraba de reojo de vez en cuando para mantener su Malpaso a flote. Un botín de 500.00 dólares es un ejemplo de esto último; la típica producción comercial Malpaso con vistas a recaudar dinero para financiar los proyectos más personales (y, por lo general, menos rentables) de Eastwood.

La trama gira alrededor de Thunderbolt y Lightfoot, dos tipos con distintas y marcadas personalidades que por casualidad unen sus caminos en la América profunda, quemando asfalto tras ellos mientras Thunderbolt trata de escapar de las represalias de Goody y Red Leary, dos ex-compañeros de Thunderbolt quienes tiempo atrás atracaron juntos un banco, y que acabó con el arresto de Red, quien creyó que Thunderbolt le había vendido a la policía.
Mientras Thunderbolt es un experto ladrón que se toma las cosas con calma y simplemente parece buscar una vida tranquila, Lightfoot es un joven alocado y repleto de hormonas que se mueve por impulsos y que sólo parece vivir para la velocidad y las mujeres. Sin embargo Thunderbolt le causa una gran impresión, y ambos, junto a los viejos colegas vengativos, se embarcarán en la repetición del golpe al banco que provocó las viejas disensiones entre Thunderbolt y Red, quienes se conocieron en la Guerra de Corea.

Fue Michael Cimino quien al parecer se aproximó a Eastwood con el guión de Un botín de 500.000 dólares, que había escrito él mismo. El jefe de la Malpaso, a quien había gustado el trabajo de Cimino para Harry el fuerte, le dio via libre y se dispuso a financiar lo que sería el debut de Cimino en la dirección. Y considerando que lo que vino después fue algo tan enorme como El cazador, Dios bendiga a Eastwood por esa oportunidad.

El debut de Cimino fue más que competente, logrando un rotundo film de coches, atracos y chicas en el que la acción no decae en ningun momento, convirtiendo las prácticamente dos horas que dura la película en un soplido. Ya que no sé si atribuirle el excelente y sólido reparto de la película, al menos hay que reconocerle a Cimino el haber perjeñado una entretenida historia y haberla sabido plasmar en la pantalla logrando un perfecto equilibrio entre el jaleo y las relaciones de los personajes que, sin ser especialmente profundos, son perfectos conductores de la historia, así como perfectos conductores de coches (ups, ¡no he podido evitarlo!).

Junto al protagonismo de Eastwood tenemos a un jovencito Jeff Bridges cuya energía y talento le pone las cosas difíciles al veterano actor, y es que probablemente desde que trabajara con Shirley MacClaine no tuvo a su lado Eastwood un coprotagonista de tanto peso. Completan el reparto un amiguete de Clint, el bueno de Geoffrey Lewis, y un genial George Kennedy que interpreta al irascible Red y que es de lo mejor de la película. En el apartado femenino, cuyo denominador común la son las curvas, el nombre a destacar es el de Catherine Bach, que tiene un pequeño papel de chica explosiva y que se ganaría el cielo por interpretar a Daisy en la mítica serie The Dukes of Hazzard.

Creo que si juntáramos Dos hombres y un destino con una road movie, el resultado sería Un botín de 500.00o dólares. Y digan lo que digan los críticos, es una buena mezcla. ¡Sólo por ver las pintas de Eastwood en la escena inicial merece la pena!

jueves, 5 de febrero de 2009

Lux Interior se ha ido

Nunca se me había pasado por la cabeza que alguien como él pudiera dejarnos. Ni siquiera aparentaba 62 años. Y en realidad aun estoy esperando que se confirme como un maldito rumor. Y pensar que la última vez que pisaron este país me consolé pensando que ya los vería en el futuro...

Lux Interior, colíder junto a su esposa Poison Ivy de The Cramps, nos ha dejado. Que nos siga iluminando desde el más allá. Adiós, amigo.

miércoles, 4 de febrero de 2009

A través del universo

Hace un año la NASA transmitía "Across The Universe" en dirección a la Estrella Polar, situada a más de 400 años luz de la Tierra. Hace 41 años The Beatles entraban en el estudio para grabarla. La insistencia de Cynthia, por entonces mujer de John Lennon sobre algún tema en particular hizo saltar la chispa dentro del cerebro de John, al que le vinieron las primeras líneas de las estrofas. Las Musas las mantuvieron en su cabeza hasta que el músico se puso a escribirlas. Mientras componía la melodía Lennon decidió usar el mantra traído de la india Jai guru deva om como puente entre la estrofa y el estribillo.
He escuchado, como cualquiera, multitudes de versiones de los Beatles, algunas mejores, otras peores. Que recuerde ahora mismo la única que me gustado más que la original es el "Across The Universe" de Fiona Apple. Esa voz tiene algo irreal, no sé que es, pero me encanta como casi susurra la letra. ¿Dónde andará ahora esa emisión espacial?

lunes, 2 de febrero de 2009

El día que murió la música

Tal día como hoy, hace cincuenta años, la música murió. Ya sabéis que se esconde tras ese impactante titular. La avioneta que transportaba a Buddy Holly, Richie Valens y a Big Bopper se estrellaba en un maizal sin dejar supervivientes. Si hay un tema que normalmente se asocia con esa tragedia es el tema de Don McLean "American Pie", aunque yo suelo recordarlo cada vez que escucho "Three Steps to Heaven" de Eddie Cochran, no me preguntéis por qué. Aparte del título no parece haber ninguna otra conexión, pero, ¡así funcionan mis neuronas!

En fin, un recuerdo desde aquí para Buddy y sus colegas.

Harry el fuerte (1973)

Harry Callahan podría haber tirado al río su placa de policía al final de Harry el sucio, pero como dijo Clint Eastwood, "quizá estaba atada a una goma elástica y le volvió a las manos después de que acabase la película". Lo cierto es que tras el enorme éxito de la primera entrega una nueva edición era algo que tenía que llegar tarde o temprano, por lo que el actor y director, y ahora también productor, se embarcó en otra nueva aventura del expeditivo policía como proyecto de su The Malpaso Company.

Tras una secuencia inicial con una mano que sostiene una Magnum 44 y en la que tras apuntar a la cámara se escucha parte de la mítica frase que aparecía en la primera entrega, arranca el film con el juicio de un mafioso italiano al que dejan en libertar por falta de pruebas. El sistema que tanto irritaba a Harry en su primera aventura sigue sin funcionar, y muchos delincuentes siguen sueltos en las calles ya que la justicia no logra atraparles. Sin embargo parece que un motorista de la policía ha decidido tomarse la justicia por su mano, y acabar con todos los asesinos y delincuentes que andan sueltos por la ciudad a base de bala en la cabeza. Harry, a quien han apartado del servicio activo (tiene, como siempre, problemas con sus superiores), es finalmente readmitido para que, obviamente, de su merecido a los malutos de turno.

Ninguna de las secuelas que sucedieron a Harry el sucio puede comparársele, y Harry el fuerte no es una excepción. Eastwood llamó a un viejo conocido, Ted Post, para la dirección, para filmar un guión comenzado por John Milius y acabado de perfilar por Michael Cimino. Idea de Eastwood fue poner de enemigos a un escuadrón de justicieros policías. Quizás no fuera casualidad que, tras la gran oleada de críticas que le granjeara el perfil del primer Harry, en esta ocasión el teniente se mostrara menos ambiguo y más activamente defensor de la ley imperante. Lo cual no quita para que la Magnum vuelva a hacer de las suyas.

Harry el fuerte es un buen film de acción, que nos muestra al duro Harry de siempre pero que se ve obligado a posicionarse en esta ocasión más cerca de la ley al tener que enfrentarse a un grupúsculo de policías que han llevado sus métodos a una ilegalidad total. Esta nueva visión de Harry es uno de los puntos más interesantes de la película, poniendo en contraste al viejo Callahan con sus nuevos "imitadores".
Salvo esa pequeña revisión del personaje, y salvo que en esta ocasión el resultado no es tan brillante, el resto de ingredientes del sucio policía siguen ahí. Disparos, frases socarronas, y escenas de Harry frustrando crímenes. Si antes eran atracos, en esta ocasión es el secuestro de un avión, en el que Eastwood muestra, antes de entrar en acción, una de sus típicas sonrisas socarronas.

En el reparto podemos destacar a dos populares rostros de las series policíacas de los 70 (David Soul y Robert Urich), a un secundario de carácter como es Mitch Ryan, con un breve pero interesante personaje de un policía corroído por la inoperancia judicial, con varios matrimonios fracasados, y que podría considerarse como una versión de Harry debilitada por el peso de la vida. Albert Popwell (que juraría es, junto al propio Eastwood, el actor que más veces repite en la saga de Harry) vuelve a aparecer en pantalla interpretando a un chulo que envenena a una prostituta, y que como no podía ser de otra acaba recibiendo. Para el espectador más voyeur, apuntar que la rubia que se despelota en la piscina durante la fiesta de unos gánsteres es Suzanne Somers.
Harry el fuerte es una digna continuación de la saga de Harry Callahan, y ello debería bastar para que cualquier seguidor del policía empuñamagnums que no haya visto esta segunda parte se decida a verla.

Leer critica Harry el fuerte en Muchocine.net

domingo, 1 de febrero de 2009

Margaret Nolan, la musa de Goldfinger


Margaret Nolan nacía en Hampstead, Londres, en octubre de 1943. Creció y estudio como cualquier chica normal, con las obras escolares como único contacto con el mundo de la interpretación. Iba para maestra, pero lo dejó tras conocer al que sería su primer marido, un actor británico que la animó a ser actriz. Sus primeros trabajos fueron como bailarina y modelo, hasta que una foto suya llegó a manos del productor de El santo, quien enseguida la contrató para unos cuantos capítulos de la mítica serie televisiva. Aquel sería el primero de muchos papeles en la televisión, antes de los cuales obtuvo pequeños papeles en algunas películas, llegando a aparecer brevemente en el A Hard Day's Night de los Beatles.
Fue su siguiente trabajo el que la catapultaría, sino a la fama, sí a la inmortalidad. En princicipio iba a ser la chica Bond de Goldfinger, pero deseosa de obtener papeles de más enjundia, finalmente su participación se redujo a unas pocas escenas y a, por supuesto, los que probablemente sean los créditos más recordados y sexy de la inacabable saga de 007. El cuerpo dorado de Margaret Nolan sobre el que se proyectaban escenas de películas anteriores de Bond a la par que suena el mítico tema cantado por Shirley Bassey es sencillamente inolvidable.


En el rodaje de 'Goldfinger'

Durante el resto de los 60 Margaret trabajó en diversas series y películas británicas, y poco a poco fue fue introduciéndose cada vez más en asociaciones políticas de actores y artistas, lo que en ocasiones le puso difícil encontrar trabajo. A principios de los 70 trabajó en una serie de películas conocidas como 'Carrry On', comedias bastante populares en Gran Bretaña que fueron obra del director Gerald Thomas y el productor Peter Roger. La experiencia fue insatisfactoria, y la actriz fue dedicándose cada vez más a la televisión. En los 80 el trabajo comenzó a escasear, y su última aparición en el cine fue en un subproducto llamado Sky Bandits. Poco después Margaret se retiró a vivir a España, donde se dedicó al montaje fotográfico artístico y la permacultura, y donde ha vivido durante muchos años.


Veinticuatro ojos (1954)

Cinta dirigida por Keisuke Kinoshita (del que nada sé), Veinticuatro ojos narra la historia de la joven Hisako, una profesora recién licenciada que en 1928 es enviada a una remota isla a impartir clase. Sus costumbres urbanitas chocarán a sus alumnos y a los familiares de éstos, quienes en principio rechazarán sus métodos, hasta que poco a poco, y sobretodo tras sufrir un esguince a causa de una broma de sus alumnos, se ganará a los pequeños y sus habitantes. Sin embargo, debido a la lesión debe abandonar la escuela, pero con los años irá reencontrándose con sus alumnos en diversas circunstancias.

Veinticuatro ojos es una historia de tinte costumbrista que por un lado nos narra la evolución de Japón desde finales de los años 20 hasta la Segunda Guerra Mundial, y por otro poetiza la relación entre profesores y alumnos, mostrando lo importante que puede ser cierto maestro o maestra en nuestras vidas.
Respecto a la primera tendencia, la película muestra diversos hechos que marcan el cada vez más marcado belicismo y totalitarismo del Japón de los años 30, donde cualquier pensamiento diferente u opinión pacifista puede ser tachada de comunismo o de antipatriotismo.
En el segundo el drama y la comedia ligera (aunque más el primero que el segundo)se entremezclan para describir la relaciíon de Hisako con sus alumnos, quienes al crecer van acusando algunos de ellos diversos problemas, como muertes de pariente o ruina económica. La evolución hacia la guerra se precipita tras la invasión de Manchuria, tras la cual los niños no desean sino ser soldados y servir a su patria.

Otro elemento interesante es la particular sensibilidad con el que se retrata la difícil posición de la mujer en el Japón de la época, país que siempre se ha caracterizado por una particular forma de machismo. Sin embargo en Veinticuatro ojos Kinoshita apunta con sencillez, y un melodrama bien llevado, la indefensión que en muchas ocasiones sufría la mujer nipona de aquella época, especialmente en los pequeños pueblos; consecuencia más que probable de que la película esté basada en la novela de una escritora japonesa.

Aunque por momentos haya más lloros que diálogos (y es que los nipones son dados a llorar) Veinticuatro ojos es un bonito drama que muestra un sesgo de la sociedad japonesa en la década de los 30 y 40. Aunque las sensibilidades y situaciones puedan ser muy distintas, para que se entienda el tipo de película que es diría que Veinticuatro ojos es una especie de La lengua de las mariposas a la japonesa, salvando la gran distancia entre ambas. La ventaja de la primera es que no se politiza demasiado la historia.

Veinticuatro ojos no es un film que recomendaría al espectador que no esté acostumbrado al cine japonés, pero que creo que podrá agradar al que guste del cine clásico del país del Sol Naciente.