martes, 13 de octubre de 2009

Sydney Greenstreet, el gordo malvado

Sydney Greenstreet fue sin duda un hombre peculiar, y su carrera cinematográfica es, desde luego, bastante inusual. No todos los actores suelen debutar en el cine a los 69 años. Pero así era el amigo Sydney, un hombre apegado al teatro, hasta que cruzó su camino con John Huston, quien le convenció para que actuara en (sí, recuerden, era un remake) El halcón maltés, algo (entre otros miles de motivos, ciertamente) por lo que siempre tendremos que estar agradecidos al gran director.

Supongo que un actor recordado por su imagen oronda no podría haber nacido en otro lugar, pero lo cierto es que Sydney Greenstreet nacía un 27 de diciembre de 1879 en la localidad de Sandwich, en el condado de Kent, dentro de la numerosa familia de un mercader local. Tras completar su educación partió en busca de fortuna a Ceilán (hoy Sri Lanka), hasta que una sequía le arrebató su sueño. De vuelta a la metrópolis puso una cervecería, pero tampoco eso le hizo demasiado feliz. Como entretenimiento decidió comenzar a tomar clases de interpretación. No tardó mucho en debutar (tenía 23 años) en una obra de Sherlock Holmes. Poco después comenzó a actuar para una compañía shakespeariana, con la que giró por toda Gran Bretaña. Su debut norteamericano en Nueva York no se hizo esperar. En 1905 Greenstreet cruzaba el charco.

Su meteórica carrera en el teatro es buena prueba de sus dotes interpretativas. Durante sus cerca de cuarenta años como actor sobre las tablas Greenstreet tocó todos los géneros, desde los clásicos de Shakespeare hasta la comedia musical. Su reputación fue creciendo al mismo ritmo que lo hizo su estómago. Para cuando Huston contactó con él en 1940, Greenstreet ya tenía el bagaje y el peso ideales para interpretar al enigmático villano Kasper Gutman "el Gordo" en una película que iba a dejar muchas cosas establecidas; por supuesto, ese film era El halcón maltés.

Decía Huston de Greenstreet que su transición del teatro al cine no fue para nada traumática, sino todo lo contrario; que su talento era tan grande que él sólo tenía que decir "acción" y sentarse a disfrutar con la interpretación del orondo actor. Seguro que en sus escenas no hubo demasiadas tomas.
Con su "Gordo" Greenstreet acabó de definir el estilo de los villanos elegantes, inteligentes, sarcásticos y por lo general de grandes estómagos, que seguirían a su Kasper Gutman. "El Gordo" se convirtió en una referencia para todos aquellos malutos fumadores de grandes puros, con gruesos anillos en sus dedos y gatos sobre sus regazos. Sin duda los famosos villanos de la saga Bond no habrían sido lo mismo sin él.

La fabulosa actuación de Greenstreet y el éxito de la película le valieron un contrato con la Warner, donde desarrolló el resto de su corta pero más que interesante carrera cinematográfica. Su segundo film fue Murieron con las botas puestas, y tras un corto papel en Casablanca rodó una suerte de secuela a El halcón maltés, titulada Across the Pacific, en la cual volvía a meterse en la piel de un maluto (un "Gordo" con distinto nombre) aliado con los japoneses.

En Background To Danger, del 43, Greenstreet volvió a coincidir con Peter Lorre por tercera vez, y la química entre ellos y en la gran pantalla fue lo bastante buena como para que colaboraran en más films durante el resto de la década, como Pasaje a Marsella (con Bogart y Curtiz en la dirección), La máscara de Dimitrios o The Conspirators.
Greenstreet siguió trabajando durante todos los 40, en títulos como Predilección, Retorno al abismo o Malaya. Algunos eran mejores que otros, pero poco importa; cualquier escena gana en puntos si el amigo Greenstreet se dejaba ver por allí. Con su carrera en Hollywood su estatus en el teatro no decayó, y todo un Tennesse Williams escribió para su lucimiento (con dedicatoria incluida) la obra The Last of My Solid Gold Watches. A principios de los 50 Greenstreet dejaba el cine momentáneamente para dedicarse a la radio. Nunca regresaría a él.

En 1954 Sydney Greenstreet, que padecía diabetes, fallecía a causa de ciertas complicaciones provocadas por su enfermedad. Su carrera cinematográfica fue corta, pero sus personajes y sus dotes interpretativas no sólo influyeron durante su vida (su "Gordo" sirvió para bautizar una de las bombas atómicas que cayeron en Japón), si no también tras su muerte. Pocos actores con carreras tan cortas han dejado una huella indeleble.


Fuera de cámara Jabba fue ornamentado con
el famoso gorro de Greenstreet


Y, sí, si hoy en día Jabba el Hutt es como es, se debe a que el diseñador que lo creó tuvo a Greenstreet como modelo de villano corpulento.

6 comentarios:

EURICE dijo...

Un gran villano, excepcional en el halcón maltes.
Me gusta muchisimo las criticas de cine que haces, son tan "especiales".
Un abrazo cálido Milord.
Al fin te enlazado correctamente y así nada más actualizas aterrizo en tu cinta ;)

GINEBRA dijo...

Interesante trayectoria, hasta una cervecería montó el señor!Me gusta leer "la vida y milagros" de actores poco conocidos, me gusta como lo cuenta usted, señor Crononauta.
En fín, besos y buen día.

supersalvajuan dijo...

Que todavía no he visto El Halcón Maltés. Lástima de tiempo perdido.

Belén dijo...

Los malos molan mucho mas que algunos hèroes... que no?

;)

Besicos

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Un post muy interesante. La verdad es que los malos siempre han tenido una especie de elegancia y distinción y sin duda son mucho más atractivos como concepto.
Saludos

Möbius el Crononauta dijo...

Eurice: enlazados, café para dos!!

Ginebra: sí, ¡hay tantos actores a los que se debe reconocerles el mérito!

supersalvajuan: pues este finde seguro que puedes

Belén: eso seguro

Crowley: ya zabes lo que dicen, para tener a un gran héroe hay que tener a un mejor villano