sábado, 17 de octubre de 2009

Cayo Largo (1948)

Cuando la cabeza te dice una cosa y toda tu vida te dice otra, la cabeza siempre pierde.

Cayo Lar
go significó el último film que Huston dirigió para la Warner, antes de dejar expirar su contrato e ir por libre. Huston se había disgustado por la forma en que los estudios habían tratado a su mentor y productor jefe del estudio, Hal Wallis. Los tiempos estaban cambiando. Huston pareció percibir esto, y tras la salida de Wallis de la Warner el director decidió ir por libre. Sin embargo un Huston en buena forma le regaló una última joya.
Cayo Largo fue en manos de Huston una actualización de una famosa Broadway de la era Roosevelt y sus ideales, adaptada a los nuevos tiempos de cambio que se estaban viviendo, tanto en el cine, como en el mundo del crimen, donde la Mafia estaba volviendo a resurgir con fuerza. Cayo Largo era la manera del director de hacer llegar al público el mensaje de que el futuro prometedor que se había atisbado con Roosevelt estaba desapareciendo.

Para escribir el film Huston viajó, junto a su colega y coguionista Richard Brooks, a los cayos de Florida, dodne transcurriría el film y donde se rodarían unos pocos planos generales y exteriores; la mayor parte del film se rodó en los estudios de la Warner. Durante el tiempo que estuvieron en Florida, alojados en un pequeño hotel, Huston se dedicó a trabajar en el guión y a jugar a la ruleta y al blackjack, y desde luego el bolsillo del director se resintió. De hecho fue durante el rodaje de la película cuando Huston sufrió uno de sus mayores descalabros económicos por culpa de las apuestas.

El reparto de Cayo Largo era de aupa: Bogart y su esposa Lauren Bacall, más que química en la pantalla, dinamita pura; Lionel Barrymore, ya postrado en una silla de ruedas por su artritis, pero capaz de seguir dando lecciones de interpretación, haciendo honor a su cinematográficamente hablando aristocrático apellido; Claire Trevor, otra magnifíca actriz, la inolvidable Dallas de La diligencia, y buenos secundarios como Thomas Gomez. El actor más difícil de convencer fue, sin embargo, el quizás brille más en el film: Edward G. Robinson. El legendario protagonista de Little Caesar (aquí, Hampa dorada) estaba cansado de interpretar a gángsters y mafiosos, pero supongo que dos coleccionistas de arte como él y Huston estaban condenados a entenderse, y finalmente aceptó, por suerte para la película. Es difícil imaginarse a al "caponiano" Johnny Rocco sin él, puro en mano y destilando poder y glamour por todas partes.

El film tiene muchos buenos momentos, y Bogart, aunque volvía a ser el héroe y el tipo duro, no era desde luego Sam Spade; durante gran parte de la película su personaje se ve reducido a usar el cerebro y no los puños, mientras se debate entre sus miedos, su ética y sus pensamientos. Sin duda una de mis escenas favoritas es aquella en que el personaje de Barrymore tratar de levantarse y dar su merecido a Johnny Rocco. La escena ya es de por sí un momento álgido del film, y doblemente dramático, ya que el propio Barrymore estaba prácticamente inválido, y su esfuerzo en la pantalla es cien por cien real. Pero, a fin de cuentas, ¿qué no haría un Barrymore por su personaje? Si algún día me encuentro a Drew se lo preguntaré.

7 comentarios:

TSI-NA-PAH dijo...

¿Quien hace peliculas como esta a dia de hoy?,¿Quien?

GINEBRA dijo...

Hola a los dos (autor y comentarista).. bueno, hay mucha gente que hace buen cine ahora, querido Tsi-Na-Pah, pero he de reconocer que Cayo Largo es purito cine clásico y bueno... El reparto verdaderamente de lujo y el director, pues muy bueno, ese Huston que sabía hacer las cosas con un toque bien personal...
En fín, besitos a ambos.

Adrian Vogel dijo...

Me han entrado ganas de volver a verla.

Lobo de Bar dijo...

Gran peli, sí señor.

WOOD dijo...

Obra maestra. Brutal. No digo nada más. Abrazo.

Señorita Puri dijo...

siempre pensé que callo largo era una peli sobre una onanista.

Möbius el Crononauta dijo...

Tsinapah: nadie que se le parezca que no sea Eastwood

Ginebra: pocos hay, aunque el alemán de "La vida de los otros" prometía

Adrian: normal, quien no quiere ver de nuevo a todos esos grandes

Lobo de Bar: en efecto

Wood: poco más se puede decir, amigo

Señorita: o sobre un podólogo, o una jugadora de baloncesto fea...