jueves, 10 de septiembre de 2009

Catorce horas (1951)

Leí en alguna parte que Federico Fellini quedó tan impresionado por la actuación de Richard Basehart en Catorce horas que decidió que tenía que llevárselo para Italia, cosa que acabó sucediendo con el rodaje de La Strada, en medio de una etapa profesional de Basehart en Europa, que llevó a rodar incluso con nuestro Luis García Berlanga.

Lo cierto es que Catorce horas es uno de esos films que a uno le cuesta entender por qué está tan olvidado, porque por ejemplo es bastante superior a otras cintas de la época que no dejan de ser inferiores, pero bueno, al fin y al cabo nada nuevo, el mundo del espectáculo es así.

Arropada por una cierta estética del cine negro, Catorce horas narra, por momentos de forma casi documental, las 14 horas que transcurren en cierta calle de Nueva York donde un joven llamado Robert sale a una cornisa de un hotel amenazando con suicidarse. Las alarmas se disparan en seguida, y pronto policía, bomberos y miles de curiosos se agolpan en la calle para seguir los acontecimientos.

Inspirada en hechos reales, la trama de Catorce horas se centra en la angustia del suicida y en su relación con un policía de tráfico, Dunnigan, quien casualmente es el primero en acudir a la habitación tras divisar desde la calle la escena. Además, cierto número de personajes secundarios interaccionan entre sí influidos por los acontecimientos que tienen lugar en la cornisa.
La película, dirigida por Henry Hathaway, es un prodigio de buen hacer cinematográfico, moviéndose constantemente entre el plano y el contraplano y tomas aéreas, y otro tipo de tomas que siguen el juego a la historia que se divide entre los hechos de la cornisa y la habitación y los de la calle. El director de fotografía Joseph MacDonald juega también un gran papel, ayudando a Hathaway a conseguir una atmósfera visual tan realista que uno se siente en todo momento como si fuera un testigo privilegiado asomado a la cornisa del hotel. De hecho si uno no se fija apenas se percibe que salvo unas cuantas tomas en exteriores todo el film está rodado en un estudio de Hollywood, pero la sobreposición de planos es excelente, y realmente parece que hubieran llenado los exteriores del hotel de cámaras colgantes.

La prácticamente ausencia total de música alguna, salvo en los créditos, ayuda a la sensación de estar viviendo casi una retransmisión o algo parecido, ya que el fondo sonoro de casi toda la película está compuesto de ruidos callejeros que acompañan a los diálogos de los personajes.

Catorce horas no es sólo la historia de un suicida subido a una cornisa, sino que es además un cínico retrato de ciertos sectores de la sociedad moderna. Aunque Dunnigan es retratado como un tipo familiar y afable pero que al mismo tiempo no puede sino jugar al gato y el ratón con el suicida, las jerarquías superiores policiales reciben un trato más amable. Las figuras religiosas quedan reducidas a un extraño fanático que sólo parece buscar algún oscuro objetivo, y la prensa es mostrada como un cazador omnipresente que deshumaniza al humano que es noticia, como se aprecia en espléndidos y sutiles planos del suicida Robert reflejado en ventanas tras las que se esconden periodistas o capturado por los objetivos de las cámaras. Los taxistas de Nueva York quedan prácticamente relegados a un heterogéneo grupo étnico que parece más preocupado por sus carreras y apuestas que por la vida del suicida.

Aparte de todos estos elementos la historia se centra en la causa de la desesperación de Robert, que se convierte en el misterio principal de la misma, sustituyendo al típico crimen del cine negro. Así, el descubrir sus motivos se convierte en el objetivo de una pesquisa que llegará hasta su familia y su desconocido pasado.

Richard Basehart logra construir con gran efecto a un nervioso suicida, tratando de llenar su actuación con pequeños detalles y gestos que indiquen al público su estado de ánimo, ya que por lo general Robert se niega a facilitar detalles personales. Es así como pasará por una montaña rusa de emociones, confianzas y desconfianzas, mientras Dunnigan, interpretado por Paul Douglas, un experto en hacer de bonachones, se convertirá en su principal interlocutor y aliado, aunque sin llegar a serlo del todo. Otro gran tanto actoral es el de Agnes Moorehead, toda una dama de la interpretación, que borda a una madre del suicida histérica, y que se convierte en una pista clave, como también lo será Barbara Bel Geddes, una actriz que no llegó a tener mucha suerte en el cine, y a quien la fama le llegó gracias a la serie Dallas.

Catorce horas se caracteriza también por agrupar a varios secundarios que no tardarían demasiado en convertirse en grandes nombres del Hollywood de los 50 y 60. Por ejemplo, Grace Kelly debutó con esta película, demostrando ya desde el principio que el cinematógrafo parecía haber sido inventado sólo para retratarla. Otra belleza de la época, Debra Paget, tiene también otro pequeño papel en el film, junto a Jeffrey Hunter, destinado a convertirse en el Cristo más apuesto de la historia de Hollywood. Hasta un jovencito Ossie Davis se dejaba ver por allí interpretando a uno de los taxistas.

No lo dudéis, echadle un vistazo a Catorce horas, y seguro que cada vez que veáis una cornisa os acordaréis del atolondrado Basehart con el Woolworth Building al fondo.

11 comentarios:

rasko porke pika dijo...

macho, igual llevo 15 pelis bajadas de tus recomendaciones que no sabia ni que existian.

Y no hay una puta mala!!!!!

No hay que ser matemático para saber que hay un 100% de probabilidades de que sea buena, por lo que dices tiene un aire a "Juan Nadie". Y esa me encantó.

Deprisa dijo...

Sin duda una grandísima película y de la que se pueden sacar lecciones importantes.

No siempre el cine antiguo es malo. Esta película es un claro ejemplo de buen hacer.

Un saludo.

Una senderista. dijo...

No dudo de que sea una película estupenda, pero no es muy de mi estilo, me cansan un poco. Saludos

TSI-NA-PAH dijo...

Ten por seguro que le pegare un repaso este fin de semana a la pelicula.
Saludos

Fantomas dijo...

Precisamente mientras escribía un artículo sobre Grace Kelly me topé con esta cinta la que me dejó bastante intrigado. Anoto la recomendación.

Saludos!

supersalvajuan dijo...

otra que me apunto para cuando esté aún más desocupado.

txinomandinga dijo...

Hey me ha encantado tu blog, no se porqué coño no te tenia enlazao en el mio (al que estás invitado), ya lo soluciono rapidamente... salud!!

Möbius el Crononauta dijo...

rasko: siempre hay una primera vez para todo, ya llegará. No la situaría al nivel de 'Juan Nadie', pero ésta es también una buena película

Deprisa: yo diría más bien que a veces el cine antiguo era malo

UnaSenderista: ¿el que te cansa?

Tsinapah: pues que lo disfrutes

Fantomas: que guapa sale Grace Kelly, como siempre

supersalvajuan: no sería mala forma de ocuparse

txinomandinga: ahora mismo paso a hacerte una visita. Welkomenn

Atticus Grey dijo...

La acabo de ver y los motivos de Basehart para el suicidio se me antojan más retorcidos de lo que supuestamente le sucede. Durante toda la película se van dando pequeñas pistas en los dialogos que por la censura de la época se limitaba a las insinuaciones. No olvidemos que esta peli es del mismo año que Un Tranvía llamado Deseo, y allí también atacó la censura. Solo así se comprende el papel del sacerdote y el "¡Arrepientete!" que proclama en varias ocasiones.

Atticus Grey dijo...

La acabo de ver y los motivos de Basehart para el suicidio se me antojan más retorcidos de lo que supuestamente le sucede. Durante toda la película se van dando pequeñas pistas en los dialogos que por la censura de la época se limitaba a las insinuaciones. No olvidemos que esta peli es del mismo año que Un Tranvía llamado Deseo, y allí también atacó la censura. Solo así se comprende el papel del sacerdote y el "¡Arrepientete!" que proclama en varias ocasiones.

Möbius el Crononauta dijo...

Buff! debería volver a verla, pero supongo que tienes razón.