jueves, 27 de agosto de 2009

Yo, Claudio

No sé si decir que Yo, Claudio es la mejor serie de la historia es exagerado, o si afirmar que es la mejor serie británica. Para no fallar, diré esto: Yo, Claudio es el mejor culebrón de la historia. Todas las hijoputeces a que nos tienen acostumbrados esas series sudamericanas tienen lugar aquí, pero yendo más allá, haciendo gala de una mala leche brutal y una gran mordacidad, y por supuesto sosteniéndose en ese magnífico par de novelas que Robert Graves escribiera en los 30. Graves fue uno de los padres de la novela histórica moderna, y uno de sus grandes aciertos fue no sólo elegir una época tan interesante como el nacimiento y establecimiento del imperio romano, sino hacer de Tiberio Claudio César Augusto Germánico no sólo un superviviente con problemas físicos y mentales, sino un superviviente que se había valido de todas sus taras y de una inteligencia oculta a los demás para sobrevivir a los complots palaciegos y a los psicópatas de la familia imperial. Una idea brillante que hizo en su día de Yo, Claudio una de las novelas históricas definitivas.
Yo, Claudio fue tan especial porque fue uno de esos momentos en que todo parece conjuntarse para dar a luz a un gran clásico, una serie de esas que la gente sigue recordando muchos años después, como imagino ocurrirá con series actuales como Los Soprano. Y ésta no es una comparación gratuita, pues en el enrevesado mundo de la familia Julia-Claudia los tejemanejes que se llevan y la doble moral recuerdan mucho al de una familia mafiosa.

El proyecto surgió en la BBC de la mano del experimentado productor televisivo Martin Lisemore, quien ya tenía unos cuantos éxitos en su haber. Contactó con el director Herbert Wise, quien también tenía experiencia televisiva, como casi todo el equipo que iba a formarse, y quien aceptó entusiasmado. No era el primer intento de llevar las novelas a la pantalla. Lisemore hubo de luchar por derechos de Yo, Claudio que estaban en posesión de la London Films, a consecuencia del fallido intento de Josef Von Stenberg de adaptar la obra para la gran pantalla ya en los años 30 con Charles Laughton como protagonista. Sin embargo el film nunca se acabó, así que Lisemore tuvo que recomprar los derechos de filmación. Una vez conseguido se comenzó a pensar en un guionista quie adaptara la obra.

Aparte de los méritos del refinado material de Graves, gran parte del mérito de la serie recae en la magnífica adaptación que de la obra hizo el guionista Jack Pullman, no sólo al lograr condensar las dos novelas en trece episodios de cincuenta minutos, sino al implementar la obra con grandes diálogos, mucha ironía y estupendos momentos de humor que encajaban perfectamente dentro de los asesinatos, envenenamientos, adulterios y demás vilezas. Ese facilidad para alternar terror y humor queda bien ejemplificada en esos estupendos villanos que son Livia y Calígula. Pullman fallecería poco después de que se acabara la serie, pero dejó para la historia un guión televisivo impepinable.

A la hora de buscar un protagonista, se barajaron muchos nombres, al principio desde la premisa de que habría dos Claudios, uno joven y otro más viejo. Cuando finalmente se decidieron por tener a un solo actor, y tras seguir descartando nombres, Wise finalmente contactó con el agente de Derek Jacobi, un joven actor teatral que ya había hecho sus pinitos televisivos junto al mismo Wise en Man of Straw. Por entonces sabían que Jacobi andaba buscando más papeles en películas o televisión y dejar el teatro por un tiempo, pero justo entonces el actor había recibido una oferta para interpretar a Hamlet en el National Theatre, y estuvo a un paso de dejar de lado el papel de Claudio, pero por suerte su agente le convenció, y simplemente Jacobi ofreció una interpretación inolvidable. Trabajó distintos tipos de tartamudeo, copiando aun ayudante del director artístico que era tartamudo, y también los tics de Claudio que de todas formas abandonó pronto, así como una cojera ad hoc a la hora de rodar. No cabe duda de que con su Claudio puso el listón muy alto.

Como se puede colegir al ver la serie, todos los intérpretes de la serie provenían del teatro y la televisión, y Yo, Claudio era casi una obra de teatro filmada, en la que se sucedían a menudo largas escenas repletas de diálogo grabadas en una sola toma. Así se eligieron a actores y actrices experimentados en el medio, que ya habían participado en otras series, y que se habían formado en el teatro. Por ejemplo Brian Blessed, quien en principio se veía mejor como Tiberio que como Augusto, a quien finalmente interpretaría. El Augusto de Blessed es muy bonachón y vivaz, y de hecho Herbert Wise le indicó que no actuara como un emperador, sino como alguien normal. Serían el resto de personajes quienes con sus actitudes y diálogos le harían verse como emperador. Blessed, con todas sus gesticulaciones y sus divertidas rabietas, realmente hizo también un trabajo espléndido, y a él le debemos algunos de los momentos más entretenidos de la serie.

Seguramente el personaje más poderoso de toda la serie, un pilar central de los eventos y una fuente de ironías, sarcasmos y mala leche era Livia, la mujer de Augusto, una emperatriz maquiavélica que en la serie organiza complot tras complot para allanarle el camino a su hijo Tiberio, fruto de un matrimonio anterior. Livia es la maldad personificada en la primera parte de la serie, y al mismo tiempo una inteligente emperatriz que mediante subterfugios conduce a su marido por soluciones retorcidas, pero pacíficas, como alternativa a las guerras civiles que han azotado a Roma. Y toda esa ironía, mala leche e hijoputez ocultas tras un sereno y elegante rostre fue excelentemente interpretada por Siân Phillips, una estupendísima actriz galesa que desde luego merecía ser la mujer de Peter O'Toole. Su Livia fue, sin duda, una de las malvadas definitivas de la televisión, y el epítome de la mezcla de belleza y maldad, comedia y horror que buscaban para la serie Wise y Pullman.

Uno de los personajes cómicos por excelencia de la serie es el pobre Tiberio, un hombre débil totalmente dominado por su madre Livia, quien teje para él una telaraña que en realidad no desea para sí mismo. Interpretado por George Baker, su Tiberio es desde luego de lo más gracioso que puede verse en la serie, buscando siempre un respeto y aprecio en los demás, y especialmente en su madre, que nunca consigue. Baker, que ya era un cuarentón, tuvo que seguir una estricta dieta para parecer un Tiberio de veintitantos, para luego pasar por varios cambios físicos hasta llegar al pestilente Tiberio decrépito de la etapa de Capri.


Livia, master of evil

Y sin duda el gran momento estelar de la serie es el corto reinado de Calígula, durante el cual Claudio tendrá que componérselas para no acabar en el hoyo. Y quien le dio vida fue un estupendo John Hurt, en su carrera pre-Alien, que estableció todo un world record en cuanto a la composición del emperador loco se refiere, y ni siquiera Malcom McDowell logró igualarlo, aunque su Calígula fuera realmente oscuro. Pero el Calígula de Hurt tiene esa mágica mezcla que impregna toda la serie, compuesto por escenas horribles y escenas graciosas a partes iguales. ¡Imposible olvidar el final del noveno capítulo! Y pensar que John Hurt estuvo a punto de rechazar el papel. Que habría sido de la bizarra danza del sol sin él.

En fin, como véis, la serie es que simplemente tenía un reparto superduble, que diría Flanders. Había otras grandes o interesantes interpretaciones, como la de Margaret Tyzack, quien en la serie era Antonia, la constantemente decepcionada y despreciativa madre de Claudio, que representaba a la Roma de la vieja República, y sus olvidados valores. O a un curioso Patrick Stewart, conocido por el mundo como capitán Picard, y que en Yo, Claudio interpreta a Sejano, el terrible segurata personal de Tiberio. O, por seguir citando, Sheila White, poseedora de unos esplendorosos ojos grandes y fino talle y busto, que también sabe interpretar a Mesalina, la primero apocada y luego ninfómana mujer de Claudio.

Todo ese gran reparto se reunió durante dos intensivas semanas de ensayos donde el consejero de la serie Robert Erskine les adoctrinó sobre lo cómo comportarse siendo romano, y hablándoles, por ejemplo de que debían tratar a los esclavos como objetos, nunca mirarles ni darles las gracias ni hablarles, ¡imaginad lo difícil que debió resultar para los educados actores ingleses comportarse como unos maleducados latinos como nosotros!
A los ensayos siguieron seis meses de rodaje, y un gran estreno en septiembre del 1976 que hizo historia, Yo, Claudio triunfó en todo el mundo, censurándose en algunos países (España por ejemplo), debido a sus altas dosis de hijoputez, pero aun así la serie era tan buena que no importaba. Ya desde el mítico principio, con la serpiente recorriendo las teselas de Claudio y esa extraña y magnífica música sonando de fondo, uno se da cuenta de que la serie va a estar repleta de mala leche y fino humor británico. Ya véis, una serie como Roma de la HBO está bien, pero lo que más le falta, a pesar de su violencia y su sexo, es eso: bad milk a la británica.

12 comentarios:

L´Esbarzer dijo...

Debería recuperar la serie, que vi en mi infancia. Las novelas me las leí a mitad de junio y aún las tengo presente.
Tal vez aciertas al cosiderarlo más un culebrón con mucha mala leche que un folletín.
Saludos

Erik dijo...

Sin haber visto Yo Claudio te diré que el mejor culebrón de la historia es Pasión de Gavilanes. También es el único al que me he enganchado...

Perem dijo...

Como bien dices, quedaría bastante exagerado lo de la mejor serie de la historia... uffff.... "24".... Lost.... X-files.........

Yo Claudio!!! creo que vi tres o cuatro capítulos, no despertándome un especial interés.

En fin, que me quedo con las que he citado al principio.

Un saludo, master.

TSI-NA-PAH dijo...

Eso era una serie y no las mi***as que nos ponen ahora.
saludos

paulamule dijo...

Pues si no era la mejor era una de las mejores. Cómo me gustaba oir decir a Derek Jacobi: Cacccaa- Calígula. Qué bueno. Que la repongan ya.
Salud.

Adrian Vogel dijo...

No, no es para nada exagerado decir que es la mejor serie de todos los tiempos. Con unos actores enormes -tuve la fortuna de ver en el teatro a Jacobi con la Royal Shakespeare Co. y aluciné-, una puesta en escena como sólo saben hacer los británicos, etc.

Angus dijo...

La tiene mi hermano en DVD, se la tendré que robar algún día...
Empecé a leer a lo novela, pero por circunstancias la tuve que abandonar tras pocas páginas. Recuerdo que era un poco enrevesada (se podría decir que densa), pero no pasé de la presentación de Claudio y sus ancestros, todo lleno de nombres. No llegué a la parte entretenida de las hijoputeces :)

Pitima dijo...

Entonces qué hago... ¿me leo primero las novelas o recupero la serie a pelo?
Un saludo

Lobo de Bar dijo...

Tendré que hacerme con la serie, pero tengo la misma duda que Pitima. ¿Hay que leer primero el libro o leerse la película? Yo suelo dar prioridad al libro por deferencia a su autor porque el 99% de las veces se publicó antes de que hicieran la película (o serie), pero creo que es una cuestión difícil...

Lobo de Bar dijo...

¿Leerse la película? Para ser viernes parece que estoy de lunes...

alicia dijo...

Dí que sí, Möbius, que Yo Claudio es de las mejores series que han hecho, con unas interpretaciones inolvidables e insuperables, brillando por supuesto Derek Jacobi, Sian Phillips y John Hurt, absolutamente soberbios.

Möbius el Crononauta dijo...

L'Esbarzer: un culebrón refinado y con bad milk a la inglesa, ciertamente

Erik: "Pasión de Gavilanes" no merece ni oler la mierda de "Yo, Claudio"!

Perem: ninguna de esas que citas me parece superior, la verdad.

Tsinapah: bueno, hay que reconocer que hoy en día hay bastante donde elegir, en ese aspecto estamos en un periodo más boyante que respecto al rock

paulamule: pillate los DVDs, es una delicia oirle tartamudear en british

Adrian: aparte de lo bueno del guión los actores son realmente lo mejor de la serie.

Angus: retoma las novelas y una vez dejés atrás la rama familiar verás como disfrutas. Y sí, robaselos un día de estos

Pitima: la adaptación es muy buena, creo que podrías empezar por las novelas o por la serie, obviamente en la serie se comprime mucho todo; si te gusta la novela histórica empieza por las novelas, si no, por la serie

Lobo de Bar: como ya le he dicho a Pitima, si te gusta el género empieza por las novelas. Si no te hace mucho, empieza por la serie. Y lo de leerse la película ciertamente me ha llegado, sí.

alicia: el Caligula de John Hurt, vaya psicópata más delicioso

Angus: